Ahora jugando al escondite

Titulamos así en alusión a una entrada anterior de Voluntad, Jugando al Parchís con la historia. Aunque los [ir]responsables municipales y autonómicos estén, a lo mejor, jugando a las prendas. O al Monopoly.

Hace décadas que en nombre de la arqueología se perpetran fechorías en Gijón y en toda Asturias. En la actualidad, la FSA/PSOE está utilizando la arqueología (y hasta redefiniéndola, pues la etnografía no es exactamente la misma disciplina) para apuntalar su red caciquil en el occidente de Asturias, como ha saltado a la luz con el asalto al Museo Etnográfico de Grandas de Salime y el cese de su impulsor José Naveiras, Pepe el Ferreiro. Al frente de la institución asaltada –e inmediatamente deteriorada– han puesto a un foriato de sus filas, Francisco Cuesta Toribio. El intruso había dejado rastro en Gijón; rastro que sigue hoy La Nueva España.

Atentado contra el patrimonio arqueológico
Halladas en el búnker de la Campa Torres más de 20.000 piezas de las excavaciones

El ex director del yacimiento y actual responsable del Museo de Grandas atribuye a la gerencia del parque el mal estado del material encontrado
Oviedo, M.S. MARQUÉS

Aspecto que presentaba el depósito cuando fue encontrado.

Aspecto que presentaba el depósito cuando fue encontrado.

El grueso de los materiales procedentes de las excavaciones de la Campa Torres de Gijón, un conjunto de más de veinte mil piezas, entre las que se encuentran bronces, cerámicas y otros elementos exhumados de las construcciones castreñas, fue localizado hace unos meses en una especie de zulo clausurado en la zona del antiguo búnker del actual museo.

El paradero de una parte importante de la colección procedente de las excavaciones de la Campa era una de las incógnitas más comentadas del mundo de la arqueología asturiana, si bien nunca se cursó denuncia alguna que pudiera arrojar pistas sobre su localización.

Las excavaciones del yacimiento castreño de la Campa, dirigidas por el fallecido José Luis Maya y por Francisco Cuesta, actual director del Museo Etnográfico de Grandas de Salime, se iniciaron a mediados de los años ochenta para finalizar a finales de los noventa. En ese tiempo ambos firmaron diferentes artículos dando a conocer la tipología del yacimiento. En alguno de ellos se hace el estudio de piezas cuyo paradero se desconoce aún hoy, como es el caso de las ánforas.

José Luis Maya, izquierda, y Francisco Cuesta, en la Campa Torres.

José Luis Maya, izquierda, y Francisco Cuesta, en la Campa Torres.

Francisco Cuesta niega cualquier responsabilidad sobre lo sucedido, aludiendo a los más de diez años que lleva sin pisar la Campa Torres. «Hace mucho que no voy por allí, casi milenios, por tanto no sé qué se hizo con los materiales que depositamos en una especie de almacén. Estaban en perfecto estado y recogidos en bolsas y cajas», declaró a LA NUEVA ESPAÑA. A Cuesta no le sorprendió el hallazgo porque «sabía que estaban allí», lo que el arqueólogo dice desconocer es el estado en que se encontraron, responsabilidad que atribuye a la actual directora de Museos del Ayuntamiento de Gijón, Paloma García.

Los cientos de cajas con las piezas de la Campa se localizaron tras descubrir una puerta que se encontraba oculta tras un armario. Una vez abierta, la escena que ofrecía no era la propia de un depósito arqueológico, sino más bien cientos de cajas apiladas y revueltas que llenaban la totalidad del espacio. La humedad y el abandono hicieron el resto, pudriendo etiquetas y deshaciendo paquetes, con el consiguiente perjuicio para la clasificación y contextualización de los materiales.

Las cajas tal como se encontraron en el zulo hace pocos meses.

Las cajas tal como se encontraron en el zulo hace pocos meses.

Paloma García, que lleva la gestión del parque de la Campa Torres desde el año 2000, desconocía el paradero de las piezas. «Me ocupo del parque, pero los responsables de los materiales procedentes de una excavación son los arqueólogos que la dirigen, así lo recoge la ley de Patrimonio». «Ellos son los responsables hasta que hacen la entrega y en este caso ni el Ayuntamiento de Gijón ni la Consejería de Cultura tenían constancia de su entrega».

La responsable del parque afirma que los arqueólogos no dieron parte oficial del depósito a ninguna institución, como era su obligación. Paloma García asegura que el Ayuntamiento de Gijón es especialmente cuidadoso con las colecciones arqueológicas, de las que siempre se hace un inventario para después, en la mayoría de los casos, hacer un seguro a las piezas. Pone como ejemplo las procedentes de las excavaciones de la fábrica de salazones, de Veranes o Cimadevilla, yacimientos cuyas colecciones se custodian en las mejores condiciones, tras ser depositadas por los responsables de la excavación.

Las piezas ahora localizadas son de vital importancia para situar cronológicamente el yacimiento, aunque la falta de clasificación las descontextualiza e impide saber su localización estratigráfica. Las excavaciones de la Campa fueron paralizadas en 1996 por Cultura tras evaluar un informe técnico que revelaba graves incorrecciones en la forma de desarrollar el trabajo, denunciadas por la Junta de Excavaciones.

Lo de la desaparición de fondos museísticos tiene antecedentes. Sin necesidad de remontarnos al saqueo sistemático perpetrado por los socialistas entre 1934 y 1937, la etapa postfranquista da para mucho. Como aquel anunciado museo de la historieta (los cursis dicen cómic) cuyos fondos, algunos únicos, desaparecieron misteriosamente en la época en que el socialista Francisco Villaverde Suárez (el que confundía al masonazo del General Evaristo Fernández San Miguel con el Arcángel San Miguel) era concejal de Cultura (oh la la, la culture) del Ilustre Ayuntamiento de Gijón. (Luego fue diputado autonómico, y hace dos meses volvió a los titulares por sus, ejem, habilidades al volante inmediatamente sucesivas a sus habilidades en la barra del bar).

¿No habrá llegado el momento de jugar a policías y ladrones?

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11 comentarios

Archivado bajo 02.- Gijón, Medio ambiente, Política local

11 Respuestas a “Ahora jugando al escondite

  1. ¿Por qué no nos sorprende? La edición local del bilbaíno Correo ex Español (cabecera El Comercio) se marca un dribling de esos que nublan la vista. Aquí no ha pasado nada, como dicen desde el Ilustre Ayuntamiento y desde el comisariado de la FSA/PSOE en Grandas de Salime. Negación de la evidencia, sí; pero, ¿a quién le importa la verdad? No lo reproducimos entero pero, si tienen estómago y lentes, les dejamos el enlace:

    La Campa Torres prepara una muestra con piezas de las excavaciones hasta hace un año ocultas

    La Nueva España sigue con la historia de ayer. Por las declaraciones de Carmen Fernández Ochoa (quien también ha dejado en Gijón un rastro poco agradable) se ve que le gustaría echar tierra al asunto, pero también que la evidencia es abrumadora: no puede negarla en plan Vocento, vamos.

    Los arqueólogos ven «ocultación y dejación» en el abandono de piezas en la Campa Torres
    La falta de registro supondrá la imposibilidad de conocer la evolución del poblado que se desarrolló en la zona durante más de ocho siglos

    Oviedo, M.S. MARQUÉS

    La noticia del hallazgo de más de veinte mil piezas arqueológicas abandonadas en un zulo del museo de la Campa Torres y procedentes de las excavaciones realizadas en ese castro durante varias campañas ha causado sorpresa e indignación en ámbitos científicos y políticos. Las valoraciones, que en su mayoría han hecho hincapié en la responsabilidad de los propios directores de la excavación y de las administraciones vinculadas a las mismas, subrayan la gravedad de unos hechos que consideran merecedores de alguna sanción.

    Para el arqueólogo Jorge Camino lo ocurrido permite hablar de «ocultación de patrimonio público» y de «incumplimiento de las obligaciones profesionales». Como responsable de diferentes campañas de excavación, Camino sabe que contextualizar el material es fundamental «porque ahí está todo el valor, es lo que va a indicar la edad del material y el contexto histórico al que pertenece». También considera procedente realizar un inventario con los datos de identificación de la pieza y su contexto, y someterla a limpieza y restauración. «Todo lo que no sea seguir estas pautas, que por otro lado son las que exige la legislación, va a restar fiabilidad a la excavación. Sin datos de procedencia se pierde el valor histórico contextual».

    De este razonamiento se desprende que lo sucedido en la Campa Torres «va a impedir que tengamos conocimiento pormenorizado de la evolución del poblado vigente en la zona durante más de ocho siglos». Los expertos saben bien que la tipología de las piezas por si misma no es suficiente para identificar su historia ya que en muchas ocasiones siguen el mismo modelo varios siglos lo que dificulta poder realizar una datación concreta. Tras lo sucedido tampoco será posible conocer el área de distribución al que estaban asociadas, es decir, el lugar en el que aparecieron, bien sea una de las cabañas, una calle u otro lugar. Según el arqueólogo la pérdida es considerable. «Un depósito de materiales que no esté bien referenciado hace que el yacimiento pierda parte de su significado histórico y cronológico».

    Tras calificar de grave lo ocurrido, sostiene que la Administración no puede desentenderse de este tema y debe averiguar que pasó. «Es su competencia saber por qué se llegó a esta situación». También mantiene que Cuesta es responsable como director de la excavación y «no puede trasladar esa responsabilidad a nadie».

    Siguiendo la legalidad vigente, lo mismo opina Carmen Fernández Ochoa, actual directora de las excavaciones de Gijón, que entiende que la responsabilidad de los materiales arqueológicos es del director mientras los tenga en depósito para su estudio. Del hallazgo desconoce los detalles y el elenco de materiales «por lo tanto no sé hasta donde puede llegar el perjuicio ocasionado al patrimonio». Catedrática de Prehistoria de la Universidad Autónoma, Fernández Ochoa, que dice no tener relación alguna con la Campa Torres, subraya que situaciones como ésta tienen mucho que ver con el acopio de materiales que hacen los investigadores para su estudio, una tarea para la que carecen del apoyo y que muchas veces acaba como lo visto ahora.

    Añade que tras el fallecimiento de José Luis Maya se desconoce en que situación quedaron esos bienes. «De cara a una posible continuidad debería estar todo registrado», afirma. Aunque en esta ocasión Fernández Ochoa no ha querido cargar las tintas sobre lo sucedido, con anterioridad cuestionó la labor de Maya y Cuesta en la Campa Torres en un artículo sobre los castros y el inicio de la romanización en Asturias en el que hablaba de dudas sobre el procedimiento empleado en la excavación.

    No fue la única en poner en duda la forma de llevar el desarrollo de la excavación, otros como Almudena Orejas, Javier Sánchez-Palencia, Alfredo González-Ruibal, Elías Carrocera, María Dolores Fernández-Posse o el mismo Jorge Camino también fueron críticos con los resultados presentados. El mayor desacuerdo estuvo en la datación de la muralla de módulo, que llevó a los expertos a referirse en varias publicaciones a «los más que dudosos datos de la Campa Torres».

    Sobre el reciente hallazgo de las piezas en el búnker de la Campa opina también el catedrático de prehistoria de la Universidad de Oviedo, Miguel Ángel de Blas, que lo considera un «hecho extraño e infrecuente» y se confiesa muy sorprendido por la noticia. «No me podía imaginar que hubiera un cúmulo de testimonios arqueológicos aparcados en un lugar del que no se tenía constancia».

    Al profesor, la sensación que producen los hechos es de «dejadez», de «olvido». Tampoco entiende la respuesta de Francisco Cuesta «afirmando no saber nada», lo que le parece tan extravagante como la propia historia. «Esto no es respuesta para un hecho tan grave, aumenta el desconcierto y el aire extraño de la noticia. Es un caso claro de abandono que legalmente debería tener una sanción». Para De Blas, que dirigió durante muchas campañas las excavaciones del Monte Areo, en Carreño, la destrucción de datos por falta de catalogación de los objetos supone la pérdida de un montón de materiales que se quedan sin valor científico.

    «La respuesta de Cuesta no es la apropiada para un hecho tan grave»
    Miguel Ángel de Blas, Catedrático de Prehistoria

  2. Cilúrniga

    Cui prodest? Pienso que esta noticia ha salido a la luz porque a alguien le ha interesado. ¿A quién?

    Ambos, Paloma García y Francisco Cuesta, son del PSOE, y se llevan a matar, por momentos. Hicieron frente común en el famoso “caso de los arqueólogos”, en 1994/1995, cuando fueron enjuiciados –junto con Carmen Fernández Ochoa– por filtrar las preguntas de los exámenes, campaña tras campaña. No recuerdo exactamente cuál fue la condena para cada uno. Lo cierto es que la plaza que se creó para Paloma, no salió hasta que le levantaron la inhabilitación.

    Los investigadores del yacimiento tienen por ley derecho a tener el material consigo un tiempo, en proceso de estudio, para luego hacer la memoria.

    El paso siguiente es dejarlo en los depósitos del Museo Arqueológico de Asturias. La Consejería de Cultura también debía haberlos reclamado. ¿Lo hizo? ¿Por qué no? Y Paloma García y Paco Cuesta, ¿qué han hecho todos estos años?

    En los años en que se estuvo excavando en la Campa mucha información se perdió; había un interés desmedido por quitar tierra y justificar teorías. Se hizo un primer libro con el material del período protohistórico que publicó VTP; por cierto muy polémico. Estaba previsto un segundo, sobre los restantes siglos de ocupación del castro; no sé si se llegó a redactar, porque José Luis Maya murió. ¿Quizá por eso se quedó el material a la espera en el búnker?

    El desastre podría tener remedio parcial, porque aunque las bolsas y las etiquetas estén ilegibles existían cuadernos de campo (¿quién los tiene ahora?) que llevaban los directores de la excavación. También, si existe ese segundo libro que aún no ha visto la luz podría solventar parcialmente esas carencias. Otro problema más añadido es que muchos arqueólogos actuales podrían utilizar esa información “desaparecida” como arma para apoyar o desmontar hipótesis.

    • Los comentarios anteriores prueban que la credibilidad de Francisco Cuesta Toribio es nula. Por eso es razonable sospechar que con la denuncia que ha presentado por una supuesta agresión, ayer en Grandas de Salime, busca presentarse como víctima en lugar de como culpable, aunque sea a costa de un vecino de Grandas.

      La consejera de Cultura (oh la la, la culture), Mercedes Álvarez (cuya extrema cursilería busca hacer olvidar su pasado de ultraizquierdista soez, matona y malhablada y ultrarrepetidora de cursos en la Escuela de Magisterio, pero no consigue ocultar su extrema ignorancia) se ha lanzado a una cruzada en defensa del probín Francisco Cuesta Toribio. El periódico oficioso del arecismo, El Comercio, presenta los supuestos hechos tan favorablemente a a Cuesta Toribio, que resulta enternecedor. Ayer ya había adelantado la supuesta noticia en su edición electrónica. En los comentarios a la misma, el industrial –persona al parecer respetabilísima de Grandas de Salime– acusado por Cuesta, insertó el siguiente comentario, que fue enseguida borrado:

      Luis López Fernández. Soy el presunto agresor del Señor cuesta, tengo bastante más limpio mi historial delictivo y espero no ser el tonto de turno que tape sus inventarios y demás delitos en Campa de Torres. No salgo de ningún bar ni le agredo. Simplemente subo andando por la acera y al cruzarme con el me dice que soy un sinvergüenza. Lo sujeto por la camisa y le digo, si me vuelves a insultar te parto la cara. Que no diga que se encuentra en casa recuperándose de sus lesiones porque en estos momentos está en un bar contando sus películas, no precisamente las de la Campa de Torres. Para más información les doy mi teléfono.

      Significativamente (o no tanto, porque ya no pinta nada) el panfleto progre por excelencia, que utiliza la cabecera de La Voz de Asturias, no se ha ocupado del asunto de la Campa Torres.

      En La Nueva España (que informa más sensatamente de la denuncia, aunque titula mal, de forma que da la impresión de que los hechos denunciados sean verdad), escribe Luis Arias Argüelles-Meres:

      De clanes, zulos y premios
      Carta abierta a Pepe el Ferreiro

      Las cosas que nos pasan, compañero! ¿Por qué será que no me sorprendió lo más mínimo lo que acaba de publicarse sobre los materiales enterrados en ese extraño zulo de la Campa Torres? ¿Por qué será que tampoco me causó extrañeza que, coincidiendo en el tiempo con tan bochornosa información, este periódico diese noticia del premio «Profesor Alonso Olea» que tan merecidamente te has ganado?

      De la Campa Torres a Grandas de Salime, el currículum de tu sucesor parece ampliarse cada vez más, y no precisamente del lado del lustre.

      Dando por sentada la obviedad de que habrá que esperar a que se sepa con más detalle lo sucedido, la verdad es que el asunto se las trae.

      Y, de momento, las personas más autorizadas en materia arqueológica a las que entrevista LA NUEVA ESPAÑA se manifiestan con la claridad y contundencia que era de esperar. ¿Con qué argumentos pueden defender ahora la idoneidad del señor Cuesta para el puesto que ocupa (confieso que no puedo poner la «k» ni siquiera en este caso)?

      Hasta los más desmemoriados pueden recordar la forma en que se te destituyó, con un afán nada disimulado de desprestigiarte. La respuesta que dio la Consejera a los clamores públicos en contra de tan arbitraria y atrabiliaria medida no fue otra que insistir en llenarte de oprobio, al tiempo que obvió sin despeinarse tu larga y meritoria labor al frente del Museo de Grandas.

      Enfangaron tu nombre y tu trayectoria, o al menos pusieron toda la voluntad imaginable para ello, y, sin que haya transcurrido mucho tiempo, sale esto del zulo en el que inexplicablemente aparecieron unos materiales que dan cuenta de sus trabajos y días al frente de aquello. ¡Mira tú por dónde!

      No nos queda otra que barruntar que la cercanía a un partido, cuando no la militancia, así como la mayor sumisión imaginable, son los principales puntos de la singular meritocracia astur. Y, para mayor baldón, habría que preguntarse si estos criterios se los trajo de casa nuestra consejera, es decir, si no fueron también los que aplicó en su etapa de concejala de Cultura en la villa de Jovellanos. Ítem más: no vendría mal hacerse una pregunta muy retórica consistente en inquirir cuáles fueron los merecimientos que concurrieron en doña Mercedes para los cargos políticos que viene desempeñando desde el Ayuntamiento de Gijón hasta el Gobierno de Asturias. En lo académico, desconozco qué publicaciones e investigaciones ha llevado a cabo la buena señora, así como en qué ámbitos impartió docencia, y en eso a lo que llaman gestión su trayectoria no parece precisamente muy gloriosa.

      ¿Cabe, metafóricamente hablando, el occidente asturiano en un zulo en el que, por dejadez, desinterés y otras muchas cosas, se van sepultando las personas, obras y cosas que mejor nos vinieron definiendo?

      El Gobierno asturiano te cesa con las peores formas que son capaces de exhibir, al tiempo que pretenden echar por tierra los méritos que sólo ellos te quieren negar. Desoyen los clamores ciudadanos. No conformes con eso, desconocemos qué piensan hacer tras la votación que hubo en el Parlamento asturiano instando a que se anulase tu destitución. Y después de todo esto salta el escándalo de la Campa Torres.

      Prisa se dieron en cesarte, en orquestar una campaña contra ti. Todo eso, claro está, a distancia. Grandas de Salime les queda muy lejos.

      Pero, ¡oh paradoja!, lo que tenían más cerca en la Campa Torres no lo vieron, tuvo que salir a la superficie haciendo, me atrevería a decir, justicia poética.

      ¿Qué van a hacer ahora? ¿Qué van a decir? ¿Cómo asumirán este escándalo? Ya se sabe que es difícil que adopten otra posición distinta a seguir actuando como si aquí nada hubiese ocurrido; el papel de los comunicados oficiales lo resiste todo, Pepe, bien lo sabemos.

      Un zulo en Gijón, con unas piezas que, tras haber sido secuestradas por la dejadez, emergen de repente. Un Museo en Grandas de Salime en el que, con el rigor científico que parece ser marca de la casa, sobran las pitas pintas. ¡Qué clarividencia, Dios mío!

      Clanes políticos con su zulo en Gijón y su despilfarro en su Kremlin reconvertido tras la estela de Girón de Velasco. Clanes políticos que, en un momento dado, van a por ti, ensañándose con tu prolongado trabajo en el que conservaste todo lo que da cuenta de un pasado del occidente de Asturias al que ellos sólo ven como un solar de alquiler para empresas eólicas; pero, ¡ay!, todavía se encuentran con el obstáculo de gentes que no abandonaron, a pesar de todo, la tierra en la que decidieron asentarse.

      ¡Cuánto estorbamos, querido Pepe! En las crestas de las montañas, parques eólicos, y en los pueblos no hay más que impedimentos humanos que entorpecen la creación de ese parque temático plastificado que pretende enterrar la vida que aún perdura en estos parajes gracias a la obstinación de muchos de nosotros.

      Desde la torre de su Kremlin, el occidente de Asturias es algo apenas perceptible de lo que tienen noticia a través de sus redes de sumisión a su Politburó delirante.

      Y, por último, ¡qué desquite el premio que acaban de concederte! ¿Te felicitará doña Mercedes?

      ¡Ay!

      A pesar del esfuerzo del arecismo y de sus medios afines, siguen saliendo noticias:

      Las piezas que faltan en la Campa Torres
      Los expertos denuncian que hay objetos del yacimiento fuera de Asturias, incluso algunos en casas particulares

      Oviedo, M.S. MARQUÉS

      ¿Hay más piezas del yacimiento de la Campa de Torres fuera de Asturias, como denuncia el arqueólogo Alfonso Fanjul, que asegura que así se lo comunicó Francisco Cuesta, actual director del Museo de Grandas y director en su momento de las excavaciones de la Campa Torres junto al fallecido José Luis Maya?

      Fanjul, que participó en una de las campañas arqueológicas, tuvo después interés por realizar estudios de algunas de las piezas del horizonte más antiguo. Se puso en contacto con Cuesta y, según afirma, «me comunicó que esos materiales estaban en un domicilio privado en Barcelona y que no era posible su consulta».

      Ahora, el arqueólogo se pregunta qué piezas son las que realmente han sido sacadas de Asturias y dónde se encuentran. Por la gerente de museos de Gijón se conoce que entre los materiales localizados no figuran algunos objetos, caso de las ánforas que ya habían sido dadas a conocer por los arqueólogos. Así las cosas, los expertos ven conveniente que la Consejería de Cultura «se interese por el paradero de dichos bienes de los que Francisco Cuesta debe tener conocimiento, según manifestó en alguna ocasión».

      En el ambiente arqueológico, el caso de la Campa Torres no deja de sorprender, y no sólo a los que se manifiestan con su nombre y apellidos. Son muchos más los que prefieren no darse a conocer pero muestran su perplejidad por un caso para el que piden responsabilidades. «El estudio, catalogación y registro es lo que da el valor científico a una excavación, lo contrario sería expolio», afirman.

      Las piezas que fueron descubiertas en la Campa Torres tras una puerta cegada por un armario representan el grueso de los contenidos de más de diez años de trabajo. Son un total de 8.322 registros, según el inventario encargado tras su localización por la Fundación Municipal de Cultura, pero el número de piezas es mucho mayor, porque cada registro corresponde a una de las pequeñas bolsas donde se introducen los restos, y muchas de éstas contienen más de una unidad, como sucede en el caso de los materiales cerámicos. Por tanto, las piezas recuperadas pueden sobrepasar la cifra de 20.000.

      Una cuestión que no debe pasar desapercibida es que la Campa Torres es Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1980, lo que incluye la especial protección que concierne tanto al espacio como a los objetos extraídos de las excavaciones. La ley del Patrimonio Histórico español en su artículo 42.2 «obliga a entregar los objetos obtenidos debidamente inventariados, catalogados y acompañados de memoria al museo o centro que la Administración determine». Requisito que no se ha cumplido en este caso si como se dice esa comunicación no consta en ningún sitio.

      Si no consiguen acallar el escándalo –durante muchos años han demostrado ser capaces no sólo de denuncias falsas, sino de cosas peores–, necesariamente salpicará a Carmen Fernández Ochoa, máxima comisaria (en el sentido de comisario político) de las fechorías arqueológicas en Gijón y luego en toda Asturias durante tres décadas. Y por supuesto al Ayuntamiento frentepopulista de Gijón, Alcaldón entonces y Alcaldesa ahora, y a concejales, ex concejales y ex vicealcaldes.

      El PP intenta sumarse al follón (algo hay que hacer, de vez en cuando) presentando también una denuncia ante los juzgados. Comprenderán que de eso ni nos ocupemos. En cuanto a lo de Grandas de Salime, puede seguirse en Facebook: http://www.facebook.com/group.php?gid=279148793240

      • Lo hemos dicho alguna otra vez: no solemos estar de acuerdo con Javier Neira. Pero es inevitable que, escribiendo una columna diaria, alguna vez acierte. Como hoy, si olvidamos esa tontería de que Gijón ingrese «en la leyenda, ya que se queda sin raíces históricas» (el sueño carbayón produce monstruos), o esa otra de «los estándares contemporáneos». La Nueva España:

        Cien líneas
        Penita, pena

        La comedia asturiana, de Gijón a Grandas, nos sitúa fuera de los estándares contemporáneos

        De ésta, Grandas de Salime ingresa en el teatro del absurdo; Gijón, en la leyenda, ya que se queda sin raíces históricas, y Asturias, en las brumas nunca disipadas del colectivismo de corte soviético.

        Me refiero, claro, a unos episodios cruzados que tienen varios hitos: primero, la purga de Pepe el Ferreiro, en la línea de aquellas actuaciones revolucionarias que están en la historia aunque millones de personas sigan sin querer enterarse; después, la estancia en el limbo de varios miles de piezas de las excavaciones realizadas en la Campa Torres gijonesa a cargo de un señor que ha sustituido al purgado Pepe -significativa manera de premiar a los propios-, y, por último, la agresión sufrida por ese señor de parte de un vecino de Grandas molesto por no sé qué decisiones del arqueólogo despistado y director asediado, porque ríanse ustedes del cerco de Oviedo comparado con el cerco del Museo Etnográfico de Grandas de Salime a cargo de los innumerables vecinos, amigos, admiradores y simpatizantes del Ferreiro, víctima de estos epígonos del colectivismo salvaje.

        ¿Puede decirse todo en una sola palabra? Por supuesto: Albania.

        Es lo de siempre pero con marcas especialmente crudas, insospechadas y pintorescas.

        El régimen progre que manda aquí desde tiempos de la amnistía que ahora quieren abolir pero sólo para los que no son de la tribu -la amnistía fue la gran línea estratégica de la izquierda y una vez alcanzados los últimos objetivos quieren retirarla para proceder contra los ingenuos que creyeron en sus buenas intenciones-, pues eso, la izquierda transformadora, unida jamás será vencida, y segura de que otro mundo es posible funciona con una ley de hierro: sólo cuenta la obediencia ciega a los jerarcas, de manera que los así aptos valen para una excavación, aunque se pierda casi todo, o para dirigir un museo recién purgado o para lo que sea. Resumiendo: Asturias está aún muy lejos de los estándares contemporáneos.

        La edición asturiana del Periódico [del Tripartito] de Catalunya, cabecera La Voz de Asturias, se da por fin por enterada del affaire Francisco Cuesta… Desde el enfoque que el arecismo y el propio Cuesta Toribio, para ver de ocultar los escándalos de la Campa Torres y del Museo Etnográfico de Grandas de salime, quieren darle al asunto. Sintetizado en esta frase del presunto arqueólogo: «Fui agredido y yo soy la víctima. Llevo siéndolo muchos días».

        Por cierto: la versión de hoy de Cuesta Toribio y La Voz de Asturias incurre en contradicción con otros relatos procedentes del intruso y de quienes le apoyan.

      • ¿Leerá Voluntad Manuel Pecharromán Sánchez? Porque el rapaz, versión algo más joven de su conmilitón y socio mercantil (PPSOE, S.A.) Fernando Goñi Merino, tampoco destaca por su preclara inteligencia. Sin embargo –con cierto retraso– se ha enterado del viejo affaire de los arqueólogos prevaricadores. La Nueva España:

        Ocultos durante una década
        El PP acusa al Ayuntamiento de ‘ocultar’ los restos de la Campa Torres
        Las piezas permanecieron olvidadas desde el año 2000 y fueron localizadas por “casualidad” con motivo de la remodelación del espacio museístico
        18:16

        El grupo municipal del PP en el Ayuntamiento de Gijón ha asegurado hoy que el equipo de gobierno “ocultó” a la Junta Rectora de la Fundación Municipal de Cultura el hallazgo de los restos arqueológicos localizados durante la última década en las excavaciones de la Campa Torres a pesar de la contratación de un estudio para su inventariado.

        Las pieza permanecieron olvidadas desde el año 2000 y fueron localizadas por “casualidad” con motivo de la remodelación del espacio museístico.

        En rueda de prensa, el concejal de la oposición Manuel Pecharromán ha recordado que el espacio se descubrió en marzo y en mayo se contrató una empresa, a la que se le pagó 11.800 euros, para inventariar las piezas.

        Esta contratación, ha apuntado, no aparece en la memoria de la Fundación Municipal de Cultura ni se notificó a los miembros de su órgano de gobierno.

        El PP ha insistido en que existen “muchas responsabilidades políticas” y ha protestado porque el concejal de Cultura, Justo Vilabrille, no ha informado de “muchos” temas.

        Así, se ha preguntado por qué el Ayuntamiento no adoptó medidas para proteger el patrimonio, por qué nadie reclamó las piezas y quién las ocultó en el búnker.

        Ha asegurado que el Ayuntamiento debería haber informado a la Consejería de Cultura de los hallazgos, los cuales deberían haberse inscrito en un libro de registro, inventariado y anotado en un catálogo pormenorizado con fotos.

        El edil ha recordado que no se trata de la primera vez que los arqueólogos Paloma García -directora del museo de la Campa Torres- y Francisco Cuesta -encargado de las excavaciones- aparecen rodeados de polémica.

        En marzo de 1996, ha recordado, el juez Lino Rubio condenó a García a seis años de suspensión de su trabajo, por “filtrar exámenes” y Cuesta empadronó a varios profesionales en su domicilio para que pudieran participar en las excavaciones. EFE

      • Estos últimos días han seguido los intentos del arecismo, fielmente secundado por la edición local del bilbaíno Correo ex Español (cabecera El Comercio), para marear la perdiz de la Campa Torres. Por otra parte, desde Voluntad constatamos con placer que se nos lee en las redacciones. Véanse estas dos muestras de La Nueva España, y compárense con los comentarios anteriores de este hilo.

        La Campa Torres recobra su patrimonio
        El nombramiento de Cuesta como director del Museo de Grandas desveló un secreto bien guardado

        La noticia del hallazgo de las 20.000 piezas se extendió como la pólvora entre los arqueólogos
        Oviedo, M.S. MARQUÉS

        Las cosas casi nunca ocurren sin un motivo justificado. Hace ahora un año que se encontraron las piezas que han devuelto a primera línea de la actualidad el yacimiento de la Campa Torres (Gijón) y con él el cruce de acusaciones entre Gobierno y oposición. ¿Por qué sale ahora a la luz la desaparición de los materiales, cuando hace casi una década que fueron abandonados en un semisótano de la Campa?

        La respuesta tiene dos líneas argumentales. La primera responde al hecho de que hasta hace pocos meses no se conocía el paradero de los vestigios ni se sabía el volumen de lo desaparecido -un conjunto de cientos de cajas con más de veinte mil piezas encontradas fortuitamente al mover unas estanterías que cegaban el acceso a los restos-. Los expertos presumían que faltaban objetos, pero no se tenía la certeza de cuál había sido su destino y, unos por otros, nadie puso el dedo en la llaga para reclamar unos materiales que bien podrían estar depositados en el almacén del Museo Arqueológico.

        Fue hace tan sólo unos meses cuando se tuvo conocimiento exacto de lo ocurrido y comenzaron a extenderse los comentarios, lo que levantó la veda para su salida a la luz pública. Pero, probablemente, el hecho que desencadena la denuncia haya estado más vinculado con el nombramiento de Francisco Cuesta -codirector de las excavaciones de la Campa hasta el año 2000- como director del Museo Etnográfico de Grandas de Salime. A su llegada a dicho cargo se suma el extendido rumor que vinculaba su nombre con futuras responsabilidades en los yacimientos arqueológicos de la zona. El propio Cuesta desmintió esta posibilidad en una entrevista publicada en este diario, pero otras fuentes sostienen que esa era la «genial» idea que se barajó en un principio en el entorno del presidente del Principado cuando se optó por Cuesta para sustituir a Pepe el Ferreiro.

        Fuera de una u otra forma, el caso es que en el mundo de la arqueología asturiana -por cierto, no exento de tensiones internas desde hace años- comenzó a gestarse un frente contrario a la posible asunción de nuevas responsabilidades por el arqueólogo. A todo esto se añade que la labor de Cuesta en la Campa Torres ya había sido cuestionada en su momento por los expertos, que no comparten la atribución cronológica realizada para la muralla y las cabañas vecinas. Sus conclusiones, acertadas o no, fueron muy contestadas desde distintas publicaciones científicas, llegando a hablarse de «escasa fiabilidad de la metodología empleada en la obtención de los datos de la excavación de la muralla y cabañas adjuntas».

        A la enemistad que todo esto produjo se agregó el malestar por su nombramiento para dirigir el Museo de Grandas, en un momento de fuerte respuesta social por la destitución de José Naveiras, y el runrún de que podría acaparar otras responsabilidades arqueológicas.

        Fue la chispa necesaria para hacer estallar un secreto muy bien guardado por el Ayuntamiento de Gijón y la Consejería de Cultura. Las habladurías sobre su actuación en el castro de Gijón corrieron como la pólvora una vez que se supo la situación en que se encontraron las más de veinte mil piezas arqueológicas.

        La consejera de Cultura, Mercedes Álvarez, que negó esta semana en el Parlamento asturiano la pérdida de información de las excavaciones, considera la denuncia «una excusa» para meterse con el actual director del Museo de Grandas. Sostiene que los materiales estaban «perfectamente identificados» porque los informes de todas las campañas anuales realizadas hasta el año 2000 constan en el archivo de la Consejería.

        Lo que no explicó es por qué, si el depósito era conocido, se mantuvieron los restos en un lamentable estado de abandono en lugar de formar parte de la colección del Museo de la Campa Torres. Tampoco se informó del paradero de piezas como las «ánforas grecoitálicas y romanas que sirvieron de envase a cargamentos de vino», a las que ya se hace alusión en 1995 en el catálogo de la exposición «Astures» que se presentó en Gijón. De momento no hay respuesta, pero hay quien dice que se trata de tirar balones fuera o de lanzarlos a otras administraciones.

        Dolores de consejeros
        ARTURO ROMÁN

        Malas lenguas -todas las que bisbisean a este gacetillero- cuentan que el día en que el conspicuo arecista Francisco Villaverde, gerente de la empresa de Servicios del Principado (Serpa), dio positivo en una prueba de alcoholemia en Gijón venía de dar consuelo a su amiga y compañera de partido, la consejera de Cultura, Mercedes Álvarez. Al parecer, la Consejera le había llamado para desahogarse por todos los quebraderos de cabeza que le estaba dando la destitución de Pepe el Ferreiro al frente del Museo Etnográfico de Grandas de Salime. Cuentan que Villaverde prestó su hombro para que la titular de Cultura llorase un poco las penas políticas que sufría por haber cortado la cabeza emboinada del Ferreiro y que después se subió al coche y que fue entonces cuando comenzó su tribulación con el alcoholímetro. Desconocemos si luego Villaverde llamó a la Consejera para contarle sus penas con el carné de conducir y si ella después de consolarle se subió al coche y fue pillada y acabó soplando y luego llamó a Villaverde para contarle sus penas con el alcoholímetro y luego él volvió a soplar y…

        Más malas lenguas cuentan que la Consejera, en uno de sus viajes fuera de Asturias, comentó que los muchachos y muchachas de Izquierda Unida, socios en el Gobierno del Principado, resultaban muy molestos en su ámbito porque siempre estaban dando la matraca con «la cultura de la madreña» y que no dejaban desarrollar la idea de cultura que ella tiene, como más global osea y multimoderna.

        A la de Cultura le dolía el Ferreiro y al de Infraestructuras le dolía una muela. El viernes Francisco Buendía, titular de Infraestructuras, acudió a inaugurar la Casa del Río en La Rodriga (Cornellana) bastante dolorido porque le habían sacado una muela. Aguantó como un jabato y tras el discurso preguntó si se le había notado.

      • No crean que estos días ha dejado de haber noticias, aunque los medios vayan poco a poco perdiendo interés, como para no tirar demasiado de una manta –la de la corrupción– que abriga a todos los parásitos que padecemos. Dicen que mañana el pleno municipal se ocupará del escándalo de la Campa Torres. Ya se sabe lo que dan de sí los plenos municipales (es decir, nada).

        Al calor del escándalo, de la «Consejería de Cultura» van apareciendo cosas, de aquí y de allá, que indican que más bien se dedica a la destrucción del patrimonio arqueológico, histórico y artístico de Asturias. Sus intervenciones (el penúltimo disgusto que ha saltado a la prensa ha sido el estado de la Colegiata de Teverga) dejan los monumentos y yacimientos en mucho peor estado que antes. Por supuesto, todo a cargo de militantes y simpatizantes distinguidos del PSOE: quienes no lo son, resultan eliminados.

        El Parlamentín que usurpa el nombre de la Junta General del Principado rechaza investigar el escándalo. Reaparecen inventarios publicados que incluyen piezas desaparecidas. Pruebas fehacientes de que Francisco Cuesta Toribio miente como un bellaco: cuando, inhabilitado judicialmente, le habían colocado en la dirección del Archivo Histórico de ENSIDESA, dirigió visitas guiadas a la Campa Torres (2008) y volvió a participar en cursos de verano sobre el mismo asunto (2009). El sospechoso había declarado que llevaba diez años sin nada que ver con el yacimiento saqueado:
        http://www.uned.es/ca-gijon/web/activida/verano/07-08/02-Castros.pdf
        http://apliweb.uned.es/cverano/cursos.asp?idcurso=060

        La fiscalía decide investigar:
        http://www.lne.es/gijon/2010/05/07/fiscalia-decide-investigar-hallazgo-material-arqueologico-campa-torres/911652.html

        Pero se está librando Paloma García, actual directora de Museos del Ayuntamiento de Gijón, y sus protectores Vicente Alberto Álvarez Areces y Mapi Fernández Felgueroso. Un año después de su inhabilitación judicial, y en plena vigencia de ésta, el consistorio frentepopulista de Gijón obligaba a los gijoneses a pagar una publicación de Palomita:
        http://www.ayto-gijon.es/Contenido.aspx?id=763&zona=3&leng=es

        Suma y sigue.

      • Fíjense, por favor, en el comentario anterior: «cuando, inhabilitado judicialmente, [a Francisco Cuesta Toribio] le habían colocado en la dirección del Archivo Histórico de ENSIDESA». Sí, parece que era él el irresponsable responsable. Parece que no fue sólo la Campa Torres (y ahora, el Museo Etnográfico de Grandas de Salime): por donde pasa Francisco Cuesta/PSOE, el patrimonio se pierde. La Nueva España:

        Preocupación por el legado fabril
        Réquiem por la memoria siderúrgica

        Los expertos en patrimonio industrial alertan del peligro que corre el archivo de Ensidesa, pendiente desde hace más de un año de su traslado a Oviedo
        Francisco L. JIMÉNEZ

        «Cada día que pasa aumentan las probabilidades de que alguien ordene tirar a la basura el archivo de Ensidesa, cuyos contenidos no son vistos por los actuales responsables de Arcelor precisamente como un tesoro sino como un estorbo». De este modo llama la atención Javier Gancedo, ex responsable del servicio de documentación de la multinacional del acero, sobre el incierto futuro de un legado documental que retrata medio siglo de historia siderúrgica. Probablemente, uno de los archivos de empresa más valioso de los que se conservan en España. Así sea porque explica un fenómeno irrepetible: la puesta en marcha de una industria que transformó a una región entera y movilizó a miles de personas en toda España.

        La alarma de Gancedo, al que secundan más personas interesadas por el patrimonio industrial y la conservación de la huella siderúrgica, tiene que ver con el hecho de que ha transcurrido más de un año desde que la Consejería de Cultura anunció su intención de trasladar el material al Archivo Histórico de Asturias, instalación de reciente apertura en la vieja Cárcel de Oviedo, y apenas se ha depositado en lugar seguro el 5 por ciento del contenido del archivo.

        Esta situación intranquiliza a quienes vivieron en el pasado experiencias tan inexplicables como la quema en el foso de la escoria de la factoría de Gijón parte de los archivos de Uninsa, o recibido órdenes taxativas -ignoradas las más de las veces- para deshacerse de «esas montañas de papel que no valen para nada», en alusión a libros de actas, fichas de producción o cualquier otro documento relativo a la actividad de la fábrica.

        Javier Gancedo, que ya ha finalizado su periplo laboral como jefe de documentación de Arcelor, avisa de que «tal y como están las cosas en la empresa, y a la vista de que nadie se interesa por llevarse el archivo, cualquier día pueda ocurrir que alguien dé la orden de llamar a Cogersa, cargar un par de camiones y deshacerse de todo los papeles». La empresa, de hecho, había dado un ultimatum en su día para que las instituciones interesadas se hicieran cargo del archivo. Tal plazo expiró a comienzos de este año y en ese tiempo sólo se trasladó a Oviedo el contenido de la oficina sita en la plaza Mayor de Llaranes y al pabellón de exposiciones de La Magdalena un lote de maquetas que quedaron bajo la custodia del Ayuntamiento de Avilés. Otras maquetas se encuentran en una tienda gijonesa para su reparación y alguna más aún no ha salido de las instalaciones de Arcelor.

        El resto del archivo de Ensidesa continúa desperdigado por los sitios más inverosímiles: el centro de documentación de la avenida de Gijón, el sótano del laboratorio de de Avilés, una subestación eléctrica fuera de uso próxima a Trasona, las soficinas centrales, algunos locales de la factoría de Gijón… Dado este desbarajuste es imposible precisar cuántos documentos y objetos componen el archivo, así como qué merece la pena realmente ser salvado. Gancedo estima que, a falta de un inventario exhaustivo del archivo, el mismo está compuesto por «papel» suficiente como para llenar, debidamente guardado en carpetas, unos dos kilómetros de estanterías. La inmensa mayoría de ese material se halla literalmente apilado sin orden ni concierto en cada una de las dependencias antes citadas, en dudosas condiciones de conservación y expuesto a todo tipo de daños.

        Los planos originales de la factoría siderúrgica y de sus más destacados edificios, los planos de diversas obras de asistencia a proyectos para fomentar la construcción con acero -lo cual es tanto como decir la semilla de la arquitectura modular en España-, los libros de matrícula que dejan constancia de los miles de trabajadores que pasaron por la fábrica, el archivo fotográfico de Armán (1.500 fotografías en papel y 2.000 tomas en negativo aún sin positivar), revistas y libros sobre siderurgia, una extensa filmografía condensada en 54 DVD (aparte las películas originales en sus correspondientes latas), las actas de los consejos de administración, las memorias económicas de la empresa…

        Aparte del material en papel, el archivo también se nutre de piezas singulares relacionadas con la siderurgia: maquetas, mecanismos, trofeos, placas conmemorativas, ordenadores de época, piezas procedentes de ensayos… Todo esto y un sinfín de objetos más es lo que contiene el archivo histórico de Ensidesa, enriquecido durante los últimos sesenta años y ahora tan pendiente de que se aclare su futuro como hace año y medio, cuando se dispararon las primeras alarmas sobre su conservación.

      • La Nueva España:

        Eufemismos arqueológicos
        FRANCISCO GARCÍA

        Lo que este periódico calificó de «zulo» o «búnker», el agujero donde aparecieron unas veinte mil piezas de las excavaciones arqueológicas de la Campa Torres, la consejera de Cultura del Principado lo define como «depósito deslocalizado». Y es, pásmese el lector, «almacén oculto» para el Ayuntamiento de Gijón. Por esa misma regla de tres lingüística, no hay crisis, sino desaceleración; y no existe el aborto, sino interrupción voluntaria del embarazo. La costumbre de no llamar a las cosas por su nombre es hábito frecuente en política, pariente de la práctica habitual del disimulo, de esconder la realidad para que no atropelle los intereses de los que mandan. El eufemismo en el lenguaje político, frecuente estafa léxica o suerte de germanía, tiene como objetivo que las mentiras parezcan verdades: es como llamar Euménides a las Erinias. Los políticos usan el eufemismo o el disfemismo según ocupen la bancada del Gobierno o de la oposición. Ocurre que el lenguaje no se inventa, se hereda.

      • Aunque la fuente sea carbayona, es un resumen sensato de la situación a fecha de ayer. Del cuaderno de bitácora de José Sobrado García:

        ASTURIAS: Cacicada, cese Director-creador Museo Etnográfico (20)

        José Luis Vega: «En la Campa Torres no hay que buscar culpables, sino soluciones». El director de Patrimonio defiende al responsable de la excavación, Francisco Cuesta, (premiado con la dirección del Museo Etnográfico de Grandas de Salime) «porque damos por hecho que fue él quien metió los restos en el búnker».

        ¡Y ESTO LO DICE EL DIRECTOR GENERAL DE PATRIMONIO!

        Vega afirma respetar el decreto de la Fiscalía en el que se dictamina que el hallazgo de restos arqueológicos en mal estado en un búnker de la Campa constituye un delito tipificado en el Código Penal, aunque prescrito por el tiempo transcurrido. Y defiende a quien era entonces director de la excavación y, según el dictamen jurídico, «máximo responsable» de lo ocurrido, Francisco Cuesta, en la actualidad director del Museo Etnográfico de Grandas de Salime.

        «Creo que al final no hay nadie culpable. Estamos dando por hecho que Francisco Cuesta metió los materiales en el búnker, habría que preguntarle a él. Sigo pensando que todo forma parte de una campaña de acoso y derribo contra su persona».

        Tanto los populares como IU, socio de gobierno del PSOE, coinciden en subrayar que el claro pronunciamiento del fiscal exige la adopción de medidas por parte de Cultura. «No se puede premiar al autor de un delito contra el patrimonio con la dirección de un museo»,

        ¡Y TODOS SIGUEN COBRANDO Y NADIE DIMITE! Así es la política que tenemos que sufrir, de vergüenza.

        VER: ASTURIAS: Cacicada, cese Director-creador Museo Etnográfico (19)

        No es baladí recordar que el propio José Luis Vega sigue encausado por las irregularidades de su breve etapa como alcalde de Corvera de Asturias. En premio a lo cual la FSA/PSOE + IU/BA/Verdes lo hicieron Director General de Turismo y Patrimonio Cultural. Mafia en estado puro.

  3. Cecilia

    ¿Qué más cosas tendrá escondidas el señor Cuesta? Bueno, eso de señor, le queda muy grande, hay que ser paisano pero veo que no lo es.

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