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Innecesaria contribución de las ambulancias al ruido nocturno en Gijón

El ruido nocturno en Gijón va en aumento. El grado de incivismo y barbarie al que hemos llegado resulta insufrible. Un largo paseo a hora avanzada anoche hizo a un propio de Voluntad cruzarse con automóviles estacionados con la música a tope en pleno centro; viandantes hablando a grandes voces entre ellos o por teléfonos móviles; motocicletas estruendosas; establecimientos de hostelería semicerrados (es decir, semiabiertos) con los televisores al máximo volumen); moros en la terraza de un piso dando gritos en su jerigonza.

Y una contribución adicional. Varias ambulancias cruzando el casco urbano haciendo uso de sus penetrantes señales acústicas innecesariamente. Sin casi circulación de vehículos y con plena visibilidad para sus señales luminosas.

Poder dormir y descansar se ha convertido en casi un milagro para la gran mayoría de vecinos de Gijón. Sería de exigir que al menos los servicios de emergencia dejaran de contribuir al deterioro de la salud de los gijoneses.

El Ayuntamiento, como de costumbre, no hace nada.

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Un recordatorio siempre oportuno: la leche, que sea de verdad

Saben los seguidores de Voluntad que aquí le damos mucha importancia a la leche. Es natural: somos asturianos de los de antes. Para comprobarlo bastará un repaso a nuestras entradas antiguas (hay un útil motor de búsqueda en la columna lateral derecha) y a nuestros tuits. Como estos días vemos que arrecia la publicidad de los sucedáneos de la leche, además de continuar la omnipresencia comercial de la leche esterilizada o de larga duración (UHT, prácticamente materia inerte sin las propiedades beneficiosas de la leche de verdad) recuperamos de la región vecina una interesante entrevista de hace casi año y medio, publicada en Campo Galego. Aun sin darle enteramente nuestra bendición, su lectura resulta muy útil.

«Las leches vegetales son un engaño publicitario, sus propiedades no son comparables a las de la leche de vaca»

Entrevista a Carlos Spuch Calvar, investigador del Instituto de Investigación Biomédica del Complexo Hospitalario Universitario de Vigo.

David Glez. Eirexas – 03/12/2015

Carlos Spuch Calvar. Autor: Universidade de Vigo

Carlos Spuch es investigador desde hace más de una década en el Instituto de Investigación Biomédica del Complexo Hospitalario Universitario de Vigo. Está especializado en enfermedades neurológicas y degenerativas y en como la alimentación afecta a esas enfermedades. Acaba de participar en la Semana Gandeira de Mazaricos para apoyar con datos científicos los beneficios del consumo de la leche, en especial de la leche pasteurizada, «un alimento completo y con numerosos efectos beneficiosos sobre nuestra salud».

¿Qué beneficios aporta el consumo moderado de leche?

Por ejemplo, el tomar leche caliente antes de acostarse aporta triptófano, un aminoácido esencial, que incrementa los niveles de serotonina en el cerebro y proporciona la sensación de placer, favoreciendo la entrada en un sueño de calidad. También está comprobado que la leche, y en especial la leche entera pasteurizada, ayuda a recuperar la flora intestinal, reduce las infecciones por bacterias malas como el Helycobacter Pylori y mejora las diarreas producidas por antibióticos.

Además, el consumo diario de leche tiene efectos anticancerígenos y protectores, sobre todo para cáncer de próstata, de mama, de ovarios y colon-rectal. Y para los deportistas es el alimento ideal, ya que tiene una alta concentración de proteínas.

Por otra parte, está demostrado que consumir leche habitualmente reduce la hipertensión arterial.

En este sentido, una de las líneas de trabajo en la que quiero trabajar es en los efectos beneficiosos de la leche para reducir la inflamación de células cerebrales, así como sus efectos antiproliferativos de células tumorales en el cerebro.

¿Son comparables las propiedades nutricionales de la leche de vaca con las llamadas «leches» vegetales?

No son comparables, la leche de vaca es mucho mejor. De hecho, la leche de vaca es imposible de replicar en laboratorio por la cantidad de vitaminas, factores de crecimientos, nutrientes etc.; mientras que las mal llamadas leches vegetales es muy sencillo replicarlas.

Los zumos de soja, avena etc., no son leche. Que los fabricantes les llamen leche es un engaño publicitario y no entiendo como no interviene el Ministerio correspondiente para obligarles a cambiar el nombre.

¿A qué obedece la campaña contra el consumo de leche de vaca?

Es algo que no me explico. Hace 8.000 años que en Europa tomamos leche y en los últimos 20 años se cambió todo. Lo lógico es que se consuman los productos locales, como la leche para apoyar a nuestros ganaderos y a nuestro rural, y no los jugos vegetales elaborados a partir de soja u otros vegetales, procedentes, en gran medida, de la deforestación de la Amazonía. Y desde el punto de vista nutricional, no hay comparación con la riqueza de la leche de vaca.

¿Qué se debería hacer para contrarrestar esta campaña contra la leche de vaca?

Creo que la Administración debería publicitar más la calidad de los productos lácteos gallegos*. Es algo que se ha hecho, por ejemplo, con el vino: gracias a las campañas de información a la opinión pública hoy casi todos los consumidores conocen y valoran las propiedades beneficiosas de un consumo moderado de vino. Se deberían dar a conocer a la opinión pública a través de campañas de información los numerosos estudios científicos que avalan las propiedades beneficiosas del consumo de leche.

Algo que tenemos pendiente en España es crear una interrelación entre investigadores, ganaderos, consumidores, industria y Administración para defender al sector lácteo y las propiedades de la leche. Si cooperamos todos podemos aportar algo positivo para el sector.

En los últimos años se han disparado en España los casos de intolerancia a la lactosa. ¿A qué se debe esta proliferación?

Es cierto que las consultas de pediatría están ahora llenas de gente intolerante a la lactosa y al gluten. Lo más fácil para el médico es retirar la leche sin averiguar realmente las causas.

Porque en la mayoría de los casos en Europa la leche no es el problema de las inflamaciones intestinales, sino más bien la solución, sobre todo la leche pasteurizada.

Para consumir leche necesitamos una enzima, la lactasa, que está en el intestino y en las bacterias, los lactobacilus. El problema es que consumimos demasiada leche UHT y al tomarla durante muchos años y mucho tiempo acaba destruyendo flora bacteriana como los lactobacilos. Por eso, un vaso de leche pasteurizada es muy recomendable y tan efectivo o más que los yogures o demás derivados lácteos que nos venden con lactobacilos.

No es casual que la implantación del sistema UHT en España durante los últimos veinte años coincida con un aumento de las intolerancias a la lactosa, debido a que al calentarla a 138 grados tanto la caseína como el triptófano se alteran, de forma que se reduce el efecto beneficioso tanto sobre la flora intestinal como el efecto placentero. El sistema UHT es muy bueno desde el punto de vista comercial, ya que permite transportar la leche a mercados lejanos y conservarla durante varios meses. Pero en Galicia y en España deberíamos volver a la leche pasteurizada, mucho más beneficiosa y nutritiva, y que podemos conservar en la nevera durante varios días.

Estuve viviendo en Suecia, uno de los mayores consumidores de leche del mundo, y toda la leche que se vende es pasteurizada y procede de granjas suecas. Además, no se retira tanta grasa de la leche como en España.

¿Pero no es mala la grasa de la leche para la salud?

La grasa de la leche es buenísima, al mismo nivel que la grasa de pescado. De hecho la grasa de la leche tiene un equilibrio óptimo entre ácidos grasos Omega 3 y Omega 6. El problema en España es que se le retira demasiada grasa a la leche. De hecho, en los países nórdicos la leche desnatada es como nuestra leche entera y es toda pasteurizada, y no existen prácticamente problemas de intolerancias a la lactosa.

Lo hemos venido sosteniendo en Voluntad. La leche comercial, sólo pasteurizada. De mínima pasteurización, a ser posible. De producción local y con toda su grasa. Pero también debemos retornar a la venta directa de leche cruda por los ganaderos, como siempre se hizo, para quien quiera comprarla. Y estimular la ganadería ecológica (esto es, la tradicional) contra la convencional actual de «Frankenvacas» importadas, estabuladas y medicadas.

Los quesos, siempre de leche cruda. La pasteurización los mata.

¿Por qué no se empieza por dispensar leche de verdad en los comedores escolares y en los centros hospitalarios?

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Ruido en domingo: la intolerable tolerancia gijonesa (Día del Libro o día de la aspirina)

El primer domingo después de Pascua, el Domingo in albis, cae este año en la fiesta del mártir San Jorge, el Matadragones, y en el Día del Libro. Ya saben: el 23 de abril fue enterrado Miguel de Cervantes y murieron el Inca Garcilaso de la Vega y William Shakespeare (éste, según el calendario juliano: que Inglaterra siempre fue un país bastante atrasado). Fatídico año aquél de 1616. Aunque no tanto como éste de 2017, en el que el Ministerio de Educación del PP, con la aquiescencia de sus adláteres y su supuesta oposición, ha eliminado definitivamente al autor del Quijote y a otros muchos de las enseñanzas no ya obligatorias, sino incluso optativas del Bachillerato. El Nuevo Orden Mundial (N.O.M.) quiere asegurarse de la subnormalidad de las nuevas generaciones.

¿Qué tiene todo esto que ver con el ruido? Bastante. Empezando por la imposibilidad de concentrarse en la lectura. Con la violación del descanso dominical, también. Y con lo incompleto de las ordenanzas municipales, como a continuación veremos.

Gijón. Avenida de los Héroes del Simancas, por mal nombre Pablo Iglesias (el del PSOE). Una de las más ruidosas de la villa. Los domingos y festivos suponen una cierta tregua para los vecinos, muy bienvenida.

Local que últimamente ocupaba la Sidrería Parrilla «La Xuanina», que cerró sin previo aviso hace unos meses. Obras. (¿Con licencia municipal?). Trabajando en domingo, lo cual ya es suficientemente grave y muestra en qué decadencia estamos sumidos. Trabajando con maquinaria extremadamente ruidosa.

Consultada la Ordenanza municipal del ruido del Ayuntamiento de Gijón, resulta que las limitaciones a estas actividades son horarias (se prohíben entre las 22:00 y las 08:00) pero no se hace mención de domingos y festivos.

O sea: se permite la violación del descanso dominical propio y ajeno. Porque no hay manera de descansar con ese ruido. La contaminación acústica, con su secuela de dolores de cabeza, es dueña hasta del domingo.

Ni leer a gusto se puede así. Y, Señor, ya no nos queda ni el Calmante Vitaminado Pérez Giménez, otra víctima de la democracia

Destacamos hoy este atropello en concreto. Pero en Gijón son constantes, en todos sus barrios. La tranquilidad y el descanso, necesarios en la vida civilizada e imprescindibles para la salud, han sido proscritos.

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Destruir para construir… ¿Es construir?

Los seguidores de Voluntad conocen nuestra preocupación por el deterioro urbanístico de Gijón (y de Candás y de Villaviciosa). Un proceso que lleva décadas produciéndose y que vuelve a acelerarse. La desaparición de los edificios bellos, representativos o simplemente interesantes y su sustitución por horrores anónimos y cosmopolitas. La destrucción de los paisajes de la villa y sus alrededores. La supresión de rincones con historia y encanto y su sustitución por calles feas y sin alma.

Recuperamos un artículo publicado hace un mes en Cosas de Arquitectos. Revista digital de Arquitectura, por Juan Ignacio Vallet. Él se refiere al caso de la ciudad portuaria argentina de Rosario. Cámbiese por Gijón y se verá que su aplicabilidad, mutatis mutandis, es evidente.

Destruir para construir… ¿es construir?

Como estudiante de arquitectura tengo la cualidad de mirar un poco más en detalle el paisaje urbano mientras recorro la ciudad y además aprendí con el tiempo que muchas veces lo mejor se encuentra mirando al cielo y no solamente hacia adelante.

En ese ejercicio diario e inconsciente que realizo noté con gran tristeza en estos últimos años cómo la especulación inmobiliaria destruyó innumerables inmuebles de principios de siglo de un valor arquitectónico incalculable.

Destruir para construir…

Vale aclarar que estas líneas no tienen como finalidad atacar la evolución lógica que se da en todas las grandes ciudades con respecto a la construcción de edificios, reconociendo que hoy por hoy la demanda exige albergar en pequeños lotes una cantidad mayor de personas que la que era necesaria hace un siglo.

Rosario es una ciudad que ha evolucionado en muchos aspectos los cuales entiendo aceleraron este proceso de modernización y de estructuración en la forma en que se encara el problema de la vivienda.

La enorme oferta de universidades e institutos hicieron que se convierta en un polo de atracción de jóvenes no sólo de las ciudades o pueblos cercanos sino también de provincias limítrofes, que vienen a formarse como profesionales y cuya estadía no implica los 5 o 6 años que normalmente demanda una carrera universitaria sino que luego de recibidos deciden instalarse definitivamente en Rosario. Sumado a esto está la presencia del puerto, el más importante del país, el cual ha generado que las empresas más importantes en el rubro cerealero tengan sus oficinas en la ciudad demandando personal capacitado el cual se instala en la ciudad de forma temporal en algunos casos y en forma definitiva en muchos otros. Es innegable que todas están circunstancias y muchas otras hacen que el modo en que se va configurando una ciudad tenga que cambiar y adaptarse a los nuevos requerimientos.

… ¿es construir?

Ahora bien, este progreso implica que muchas viviendas de un alto valor patrimonial sean destruidas. Y al referirme de valor patrimonial no hablo únicamente de la vivienda en sí y su forma de construcción, distribución interna, su ornamentación, etc. Hablo de aquellas cosas tan o más importantes que lo material que no se ven a simple vista. Al destruirse una vivienda construida en el 1900 se pierden años de recuerdos, momentos, rituales familiares, sabores, olores, sonidos, silencios, costumbres, risas, llantos. Esas viviendas fueron protagonistas de las grandes inmigraciones que poblaron este país desde toda Europa y claramente volver a empezar de cero en estas tierras fue una tarea muy dura y para nada fácil. Dejar tu tierra, abandonar tus raíces y embarcarte a otro continente en un largo viaje en el cual en los pequeños bolsos solo entraban unas pocas prendas pero muchos miedos e incertidumbres.

En pos de la modernización hemos cambiado viviendas de grandes puertas de madera o hierro —tras de las cuales había un trabajo artesanal y representaban muchas de ellas obras de arte en sí— las cuales invitaban a descubrirlas, por edificios de ingresos ínfimos, con cámaras de vigilancia y rejas; cambiamos grandes habitaciones compartidas por hermanos los cuales a fuerza de la imaginación creaban infinidad de mundos de fantasía para jugar, por habitaciones semejantes a una caja de zapatos donde escasea la imaginación y la única manera de divertirse o pasar el tiempo es a través de un televisor y una PlayStation; cambiamos una abuela amasando una pasta con salsa casera, una rica torta, un café batido con amor, una comida reunidos en familia, por el delivery más cercano, comiendo solo o reunidos hipnotizados por la televisión; cambiamos juntarnos en el gran patio familiar de las viviendas chorizo a tomar mates y conversar de la vida, por sentarnos frente a una pc o un Smartphone a chatear.

En el pasado las viviendas eran grandes, vivían varias familias, ocupaban una importante superficie de la manzana pero contrariamente a lo que se piensa sus habitantes eran unidos, solidarios, compañeros, se ayudaban, se apoyaban, conocían a sus vecinos. Hoy por hoy los departamentos son muchos más pequeños lo cual no implica cercanía sino todo lo contrario, cada hijo está en su pieza encerrado con la pc o el celular, escasea el dialogo y predomina la televisión, desconocemos a nuestros vecinos, desconfiamos de todos, no nos importa ayudar.

Quizás sea una visión anticuada pero es doloroso pasar por una vivienda antigua demolida y verla así, con sus ambientes desmembrados, vestigios de paredes revestidas de viejos azulejos, paredes destruidas. Es una herida desgarrada en esa manzana que la comprende, una herida que por más que se intente cerrar con un nuevo edificio de varios pisos nunca va a terminar de cicatrizar, porque hay risas que ya no se oyen, hay olores que ya no invaden la manzana, hay sonidos que no están y esto es obvio porque ya los dueños de esas risas, esos olores y esos sonidos no están entre nosotros físicamente… Pero viven en la memoria, en el corazón y en el alma de quienes los conocieron.

Mi nombre es Juan Ignacio Vallet, tengo 37 años, soy casado con 2 hijos y soy estudiante de la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la Universidad Nacional de Rosario donde restan 8 materias para recibirme. Siempre me interesó escribir artículos de Arquitectura y poder tener la posibilidad de que alguien los publicara.

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La devastación urbana de Gijón sigue su curso

Esquina de la Calle de Santa Doradía con la de Dindurra

Hace ya algún tiempo que está colocado el cartel de «próxima construcción» en las antiguas viviendas situadas en la esquina de las calles de Santa Doradía y de Dindurra, colindantes con el bello edificio del Garaje Asturias, con el que forman un conjunto armonioso.

Las viviendas de la primera planta, habitadas hasta no hace tantos años, eran amplias y civilizadas, como tantas otras que han ido desapareciendo en nuestra villa. Cada una con su propio acceso a la calle. Los bajos albergaron un acreditado horno de panadería, entre otros negocios.

El edificio es digno, de los últimos representantes en el centro de Gijón de una forma de vida y de habitación mucho menos antinatural que la actualmente corriente. Es, además, casi el único que deja pasar la luz a unas calles singularmente deprimidas y oscurecidas por las feas moles levantadas a partir de la década de 1970.

Dicen que la constructora Fercavia S.A. es rara avis que trata bien a los inquilinos de renta antigua y a los que se ven obligados a vender sus viejas moradas. Benditos sean por ello. Pero lamentamos, porque amamos Gijón, que se reanime la construcción. Un parón o moratoria de cincuenta o cien años para levantar nuevos edificios sería la mejor noticia para nuestra triste y hasta repulsiva geografía urbana de hoy.

Que desaparezcan los pocos testimonios de lo que fue, nos entristece aún más. Se terminará pensando que Gijón fue siempre este cruce entre Benidorm y Marrakech que nos han ido imponiendo en los últimos cuarenta o cincuenta años. Se terminará olvidando que esta antigua capital de la Costa Verde fue una hermosa urbe.

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Manifestación gijonesa contra la regasificadora, o contra las intrigas consistoriales en pro de ésta

Decimos «manifestación gijonesa» y decimos bien. Aunque los manifestantes apenas superaran el centenar, se trataba principalmente de vecinos de Gijón, en especial de las proximidades del Musel. Sin apoyo de sindicatos ni partidos políticos (los que se dicen contra la regasificadora o son microorganizaciones marginales, o lo dicen con la boca pequeña, como PodemosXixón Sí Puede, sin cuyo constante apoyo no estaría en el poder municipal el actual consistorio casquista empecinado en continuar los desmanes del PSOE) y víctimas de una campaña sistemática de desinformación por parte de unos medios que hace tiempo olvidaron qué puedan significar la objetividad, la independencia y la defensa del bien común. Con el apoyo de algunas asociaciones de vecinos (principalmente las que resultan representativas, como las de la zona rural) y el apoyo a medias de otras (las urbanas son poco representativas y llevan años controladas por la misma izquierda que apoya la ilegal regasificadora del Musel, o que acepta sin rechistar las pretensiones contaminantes de Arcelor-Mittal).

Recapitulemos. Dentro del inmenso latrocinio de la innecesaria y dañina ampliación del Musel, el PSOE inició y el PP mantuvo una regasificadora ilegal y peligrosa, además de innecesaria. Tras el espectacular dispendio, nunca pudo entrar en funcionamiento.

Todavía el pasado mes de noviembre los tribunales exigieron su derribo.

A iniciativa de Josechu-Marichu Pérez (PSOE), el Ayuntamiento de Gijón se permitió el pasado febrero pedir al Gobierno central el «desbloqueo, con carácter urgente, de la planta regasificadora de El Musel» (sic). El desvergonzado disparate contó con el apoyo del gobernante Foro-FAC y de ese otro desvergonzado disparate que es el partido político Ciudadanos. Los concejales de Podemos (Xixón Sí Puede) e Izquierda Unida votaron en contra del acuerdo; pero como cuando quieren imponen su voluntad a Carmen Moriyón, resulta difícil tomarse su oposición en serio.

La manifestación de ayer se hizo contra tanto dislate, contra tanta decisión contraria a Gijón y a los gijoneses, contraria a derecho y al sentido común. En un tiempo como el nuestro, con un pueblo aborregado y perezoso cuya actividad viene a reducirse a la virtual en los foros de Internet y las redes sociales, el Ayuntamiento debería tomar nota. Los gijoneses que se mueven, se mueven contra la oligarquía local. Sigue leyendo

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Se constata que a ALIMERKA y a COGERSA les importa poco el reciclado de materiales peligrosos

El 16 de febrero último hablaba Voluntad de lo difícil que resulta llevar bombillas LED a reciclar, a pesar de la publicidad de COGERSA. Y de la ausencia de contenedores para ese fin en los supermercados de ALIMERKA, por ejemplo.

Por ver qué nos podían decir ambas empresas, se les dirigió un tuit directo con enlace a nuestra entrada:

¿Saben cuáles fueron las respuestas?

Lo han adivinado. No las hubo.

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