Ha muerto Kity Cangas

Sólo una pequeña esquela en la prensa de hoy da noticia de la muerte anteayer, en su casa de Somió, de Cristina Cangas Suárez-Pola. Kity Cangas, como todo Gijón la conocía, contaba ochenta y siete años.

Ese silencio, esa ignorancia de la vida gijonesa, es otra consecuencia de la venta de la prensa local a grandes grupos mediáticos foráneos. A los que sí somos de aquí nos queda el recuerdo de una mujer simpática y amable, montada en su Vespa –fue seguramente la primera gijonesa en conducir una– con su cabello pelirrojo recogido por un velito.

Kity era hija del empresario gijonés Enrique Cangas, que fue responsable de la Compañía de Tranvías de Gijón y jefe comarcal de la Falange de antes de la guerra. Había sido detenido en Madrid, en la Puerta del Sol, el 19 de mayo de 1936. Trasladado a la cárcel de Oviedo, fue liberado junto con otros el 20 de julio, por el Comandante Castañón. Defendiendo Oviedo del asedio rojo, el 31 de julio Enrique Cangas fue herido de gravedad en Olivares, y murió el 3 de agosto. Su hija continuó su militancia política.

Requiescat in pace.

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2 comentarios

Archivado bajo 02.- Gijón, Uncategorized

2 Respuestas a “Ha muerto Kity Cangas

  1. Puedo comprender que la hora del fallecimiento de Kity Cangas justifique la imposibilidad de publicar, siquiera, una breve necrológica; como así ocurrió con la esquela. Lo que no alcanzo a entender, tampoco quiero hacerlo, es el silencio sepulcral (valga la expresión) de ese Gijón de toda la vida que, escribiendo, día si día también, en los periódicos locales no ha sido capaz de hacer ni el mas mínimo comentario.

    En el día de hoy, el diario ovetense “La Nueva España”, en su edición de Gijón, publica una necrológica de Kity Cangas, así como dos reseñas de “Ladis” y “Cuca” Alonso. Demos a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César (o lo que el César pilla por el camino).

    Es lógico, todos sabemos que Oviedo está más cerca de Gijón que Bilbao…

  2. El mismo día 23 La Nueva España demostró mejores reflejos con una breve necrológica de Elisa Ortiz Ordiz, viuda de Aurelio Fernández Escandón, fallecida el jueves.

    A continuación reproducimos lo publicado en el mismo diario sobre Kity Cangas:

    Adiós a Kity Cangas en Somió

    Hija del fundador de la Falange en la ciudad y mujer que marcó una época, falleció a los 87 años

    A los 87 años falleció el miércoles Cristina Cangas Suárez-Pola, conocida como Kity Cangas, una de las más relevantes figuras del Gijón de su tiempo. En los últimos meses había sufrido un empeoramiento físico que, según sus allegados, no mermó en nada su ánimo y vitalidad. La hija del fundador de la Falange en Gijón, Enrique Cangas, es recordada con cariño por sus conocidos. Soltera, pero siempre rodeada de primos, sobrinos y muchos amigos, Kity Cangas era una persona simpática, amena y avanzada para su tiempo. Como recordaba ayer la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, que mantenía una afectuosa relación con «Kity Cangas», cuando ambas eran las únicas mujeres que se distinguían por sus peripecias en Vespa.

    Kity Cangas perteneció a la Sección Femenina y fue de las primeras mujeres en jugar al tenis, esquiar y hacer natación, deporte en el que ganó alguna competición en su etapa más juvenil; pero sus allegados siempre la recordarán como «la de la Vespa». Esa joven que bajaba de Somió a Gijón en moto, una de las primeras que circuló por la ciudad, para ir a la playa.

    «Activa y dinámica», dicen de ella los que la conocieron, nunca se significó públicamente a nivel político, pero siempre dignificó la figura de su padre, Enrique Cangas, fundador de la Falange en Gijón, que falleció en agosto de 1936, semanas después de iniciarse la guerra, tras caer herido en una batalla en Oviedo.

    En los últimos años Cristina Cangas sufría una enfermedad de los huesos que la había postrado en una silla de ruedas. José Rubio, amigo desde hacía más de una década y que cuidaba tanto de la ganadería como de la propia Cristina Cangas, admira «su capacidad de superación. Nunca bajó el ánimo ni perdió la alegría, aunque la enfermedad le había mermado los movimientos». El pasado mayo todavía celebró su cumpleaños. «Era muy religiosa y ahora ya no podía ir a misa, pero el cura de Somió iba a su casa todos los jueves. Eso la reconfortaba», dice Rubio. La parroquia de Somió la despidió ayer en un funeral que se ofició al mediodía.

    Lo que la gatopardesca Alcaldesa de Gijón olvidó decir es que, cuando mantenía esa «afectuosa relación» con Kity a propósito de sus Vespas (Kity empezó primero, que Mapi no se ponga más medallas), ella, la Alcaldesa, era también de la Sección Femenina de FET y de las JONS.

    Curiosa la insistencia en la falta de militancia política de Kity. Hasta entrada la década de 1980 ella era consejera provincial de FE de las JONS. Decimos insistencia, porque lo mismo vienen a decir los otros dos que escriben sobre ella, con cierta pretenciosidad y cursilería, como en ellos es costumbre:

    Del Gijón de toda la vida
    Ladislao de Arriba

    Cristina Cangas Suárez-Pola es otra de las figuras del Gijón «de toda la vida» que también se han ido. Fue la última superviviente de una familia necesariamente mencionada en la historia de esta villa y esa parroquia señera que algún día fue Somió.

    La traté menos que a su hermano Colín y a sus primos Fernando Cangas y Mariano y Antón Suárez-Pola, pero la recuerdo bajando de Somió a la City, primero en bici y después en Vespa, anticipándose al feminismo que parece imperar ahora.

    Para mí lo difícil no era bajar, sino subir «el repechu» entre el Pisón y el abrevadero frente al fielato donde el cruce para Villamanín. Puede que Kity Cangas haya sido uno de los personajes de «Elena y el mar de verano» que es la mejor descripción de un paisaje gijonés que pudo haber escrito Julián Ayesta.

    Creo que quedamos muy pocos de los que guardamos la imagen de Kity en el álbum de los recuerdos que hace la historia. Su padre, Enrique, tuvo calle (entre Santa Rosa y el paseo de Begoña), que la democracia le quitó. Pero eso nada tiene que ver con la dolorosa pérdida de una gijonesa que determinó una época que dista años luz del hoy que aún nos toca vivir.

    Descanse en paz.

    Kity Cangas, un hito de su tiempo
    Cuca Alonso

    Aunque Kity Cangas llevaba varios años recluida en su preciosa residencia de Somió, no por propio gusto sino obligada por serias dificultades de locomoción, hoy, al celebrar su despedida buena parte de Gijón la recordará como aquella mujer audaz, moderna y rompedora que marcó un hito en la ciudad al adelantarse a su tiempo sin perder nunca de vista el estilo prudente y refinado en que fue educada. Dicen que la evolución de la mujer ha sido un proceso natural que partía de las propias exigencias sociales, por tanto no hubiera necesitado ni nombres propios ni adalides, aunque a estos siempre habrá que agradecerles su esfuerzo y su valor a la hora de dar la cara. En tal sentido, Kity Cangas representa la prueba de esa tesis. Ella, que únicamente reverenció hasta su muerte el ideario falangista, habiendo perdido muchos años atrás toda conexión con su militancia, fue una feminista por libre. Es decir, nunca necesitó exhibir una bandera para reivindicar sus derechos de independencia y libertad. Se subió en una Vespa en el año 1950, o sea, cuando éstas eran de uso exclusivo de la chavalería masculina, y con su melena rojiza al viento atravesaba el Muro camino de su devociones, bien religiosas, bien deportivas. La natación fue una de sus pasiones veraniegas, y al llegar el invierno, curtida en el amor a la naturaleza, se calzaba los esquís con la caída de las primeras nieves, alternándolos con el montañismo.

    Con la desaparición de Kity Cangas se va una de las últimas memorias de la Falange asturiana, se pierde el testigo de un romanticismo que enamoró a media España en los años convulsos anteriores a la guerra civil. Ella siempre recordaba la impresión vivida por su padre, el ingeniero Enrique Cangas, cuando asistió, por pura curiosidad, al acto fundacional de Falange Española, celebrado en el teatro de la Comedia de Madrid en noviembre de 1933. De su entusiasmo por la doctrina falangista, por la personalidad de José Antonio Primo de Rivera, devendría su muerte, en agosto de 1936, unos meses antes de la ejecución de su líder. Esos pocos años, de 1933 a 1936, marcarían de modo definitivo la vida de Kity Cangas; en su alma quedaron grabados aquellos lemas: «A los pueblos no los mueven más que los poetas…», o «Estaremos en las estrellas…».

    Kity Cangas ha alcanzado al fin las suyas. Aquí se queda su jardín, la suave inclinación de sus praderas, las borduras de flores a las que amó hasta el fin de sus días. Hoy, esa fortaleza de espesura a la que fue capaz de defender de las voraces avanzadillas del hormigón, se ha quedado a la intemperie. El tiempo y sus mudanzas… Ella era una ideología, una forma de vivir, una elegancia y un temperamento. Alguien tendría que inmortalizar su memoria en Somió.

    Ni Kity Cangas fue feminista, Cuca (un respeto), ni la Falange «enamoró a media España en los años convulsos anteriores a la guerra civil». Antes del Alzamiento Nacional, Falange era un partidito minúsculo, sin siquiera representación parlamentaria propia, en la muy politizada España de aquellos días. Así que lo de «media España» a lo mejor se queda en diezmilésima. Hay que leer más. Sin embargo, no nos duelen prendas: Cuca Alonso acierta de lleno en su último párrafo.

    (Tal vez algún día nos ocupemos de los aires de beautiful people que se dan estos dos columnistas; porque en el Gijón de toda la vida se recuerda de dónde vienen. Que nada tiene de malo. Lo malo son las pretensiones; lo insufrible, el tono aleccionador).

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