Vuelven los confinamientos. A Asturias podría acabársele la suerte


Con las noticias de los confinamientos de comarcas enteras en Cataluña y en la vecina Galicia, sin necesidad de estado de alarma, más los confinamientos extremos de edificios bajo vigilancia policial —lo cual sería innecesario simplemente efectuando pruebas rápidas de detección del coronavirus COVID-19— en Albacete y en el también vecino Santander, en Asturias deberíamos poner nuestras barbas a remojar.

El presidente del Gobiernín autonómico, Adrián Barbón Rodríguez, va de admirador y premiador de su difunto predecesor Vicente Alberto Álvarez Areces, bajo cuyo corrupto mandato se desorganizó la sanidad asturiana hasta extremos de completo desquiciamiento. No se ha recuperado; la inferior incidencia de la pandemia en Asturias ha resultado, en gran medida, cuestión de suerte. Por más que el citado Adrián Barbón saque pecho.

Relatamos telegráficamente un ejemplo del que tenemos constancia en la redacción de Voluntad.

Fin de semana pasado. Un gijonés, grupo de riesgo por problemas cardíacos, se siente mal.

Médico de atención primaria pide pruebas de coronavirus.

Tras los inevitables trámites, el gijonés se dirige al Hospital de Cabueñes el lunes 29 de junio.

Le contestan que, por ser festivo en la villa, no hay nadie de quienes se dedican a las pruebas.

Ése es el concepto de emergencia sanitaria de la nefasta Consejería de Sanidad («de Salud» la llaman ahora).

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Quienes no han tenido infancia quieren robarnos la nuestra. ¡Vivan los conguitos!


Todos los que peinan canas, y también algunos que todavía no, han comprado conguitos cuando eran niños. No en los inhumanos hipermercados, ni en las antipáticas máquinas expendedoras: los comprábamos en los puestos y en los quioscos, con las monedas que nos daban en casa para chucherías y tebeos.

En esta triste España de hoy —en manos de progresistas aculturados e ignorantes, de gentes cuya vida electrónica les ha aislado de la vida real, de seres políticamente correctos que enseguida se aprestan a imponernos a nosotros la penúltima majadería surgida entre la progresía estadounidense— a algún tarado se le ha ocurrido ahora iniciar una campaña contra los conguitos. No pasaría nada si los grandes medios no le hicieran caso. Pero esos grandes medios, en manos de tarados y aculturados parecidos, se deleitan en convertir esas ocurrencias en noticia nacional.

Vamos a comprar conguitos. Masivamente.

Y ya de paso, vayamos cantando la vieja canción del Cola-Cao:

Yo soy aquel negrito
del África tropical
que cultivando cantaba
la canción del Cola-Cao.
Y como verán ustedes,
les voy a relatar
las múltiples cualidades
de este producto sin par…

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