Ruido en domingo: la intolerable tolerancia gijonesa (Día del Libro o día de la aspirina)

El primer domingo después de Pascua, el Domingo in albis, cae este año en la fiesta del mártir San Jorge, el Matadragones, y en el Día del Libro. Ya saben: el 23 de abril fue enterrado Miguel de Cervantes y murieron el Inca Garcilaso de la Vega y William Shakespeare (éste, según el calendario juliano: que Inglaterra siempre fue un país bastante atrasado). Fatídico año aquél de 1616. Aunque no tanto como éste de 2017, en el que el Ministerio de Educación del PP, con la aquiescencia de sus adláteres y su supuesta oposición, ha eliminado definitivamente al autor del Quijote y a otros muchos de las enseñanzas no ya obligatorias, sino incluso optativas del Bachillerato. El Nuevo Orden Mundial (N.O.M.) quiere asegurarse de la subnormalidad de las nuevas generaciones.

¿Qué tiene todo esto que ver con el ruido? Bastante. Empezando por la imposibilidad de concentrarse en la lectura. Con la violación del descanso dominical, también. Y con lo incompleto de las ordenanzas municipales, como a continuación veremos.

Gijón. Avenida de los Héroes del Simancas, por mal nombre Pablo Iglesias (el del PSOE). Una de las más ruidosas de la villa. Los domingos y festivos suponen una cierta tregua para los vecinos, muy bienvenida.

Local que últimamente ocupaba la Sidrería Parrilla «La Xuanina», que cerró sin previo aviso hace unos meses. Obras. (¿Con licencia municipal?). Trabajando en domingo, lo cual ya es suficientemente grave y muestra en qué decadencia estamos sumidos. Trabajando con maquinaria extremadamente ruidosa.

Consultada la Ordenanza municipal del ruido del Ayuntamiento de Gijón, resulta que las limitaciones a estas actividades son horarias (se prohíben entre las 22:00 y las 08:00) pero no se hace mención de domingos y festivos.

O sea: se permite la violación del descanso dominical propio y ajeno. Porque no hay manera de descansar con ese ruido. La contaminación acústica, con su secuela de dolores de cabeza, es dueña hasta del domingo.

Ni leer a gusto se puede así. Y, Señor, ya no nos queda ni el Calmante Vitaminado Pérez Giménez, otra víctima de la democracia

Destacamos hoy este atropello en concreto. Pero en Gijón son constantes, en todos sus barrios. La tranquilidad y el descanso, necesarios en la vida civilizada e imprescindibles para la salud, han sido proscritos.

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Turismo interior y observancias de Semana Santa

No es la Semana Santa época de vacaciones, en el sentido que este término ha cobrado desde la década de 1960. Existe para el recogimiento y la devoción religiosa: su única razón de ser es la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Desde la noche de hoy hasta la tarde del sábado deberían estar cerrados todos los establecimientos de ocio y asueto, incluyendo los de hostelería, con las obvias excepciones de los hoteles y similares. Como siempre se hizo, a excepción de los breves períodos de desmadre, hasta que llegó el desmadre definitivo.

A veces las circunstancias obligan a eso que ahora se unifica bajo el término «turismo». Viene esto a cuento porque unos familiares de un propio de Voluntad, muy necesitados de descansar y reponerse, le contaban hoy que han optado por retirarse estos días a un balneario de Ponga.

Si tomasen ejemplo los muchos asturianos empeñados en hacer «turismo» estos días y escogiesen el turismo interior, el beneficio para nuestra región, para todos nosotros, sería considerable.

Los demás, a asistir a las procesiones. (En cambio, de los ridículos oficios de la secta vaticanosegundista mejor lejos).

A quien no le gusten las procesiones, ni las observancias tradicionales de estas fechas, ni las expresiones públicas de Fe, les queda, naturalmente, el turismo exterior. A países paganos o protestantes. Lo malo es que dejarán muy bajo el pabellón español, y darán mal ejemplo. Pero mejor que lo den lejos.

Aunque lo más honrado por su parte sería renunciar a estas vacaciones, y dedicarse discretamente a sus trabajos y tareas.

Como todos los años Voluntad, por su parte, cesa toda actividad hasta la tarde del Sábado Santo.

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1º de abril, Día de la Victoria. Recuerdos gijoneses de hace 78 y 70 años

El periódico VOLUNTAD del 1 de abril de 1947 anunciaba los actos organizados para ese día en Gijón

No queríamos dejar pasar este LXXVIII aniversario del final de la Guerra de España sin una aportación de la hemeroteca de VOLUNTAD a eso que ahora llaman, tan mal, «memoria histórica». Hace setenta años se conmemoraba aquel estallido de la paz ocurrido ocho años antes. Aún se conmemoraría treinta años más.

Clic sobre la imagen de arriba para ampliarla y leerla cómodamente.

Sic transit gloria mundi.

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El Ayuntamiento de Gijón, otra vez indiferente a los intereses locales

Reverso de una notificación del Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica remitida por correo ordinario este año. Nótese, además del mal troquelado que mutila tanto la información como el documento de pago (en el anverso), la ausencia de la Caja Rural de Gijón entre las entidades bancarias mediante las que puede efectuarse el pago

El pasado viernes publicaba Voluntad una pregunta sencilla al Ayuntamiento de Gijón acerca del Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica, la impopular «viñeta»: ¿Cómo es posible que entre las entidades bancarias donde puede efectuarse el pago, no figure la Caja Rural de Gijón?

En la misma entrada se explicaba por qué no sirve de excusa que su gestión se haya cedido a los Servicios Tributarios autonómicos.

Aunque nos consta que Voluntad es seguido desde el consistorio, quisimos asegurarnos remitiéndoles la pregunta directamente, unos días más tarde, vía Twitter:

No ha habido respuesta.

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LXXV aniversario de Miguel Hernández. ¡Ay España de mi vida, / ay España de mi muerte!

Homenaje a Vicente Aleixandre, 1935. Miguel Hernández es el primero de pie, por la izquierda. A continuación, Juan Panero, Luis Rosales, Antonio Espina, Luis Felipe Vivanco, Rafael Montesinos, Arturo Serrano Plaja, Pablo Neruda, Leopoldo Panero. Sentados: Pedro Salinas, María Zambrano, Enrique Díez-Canedo, Concha Albornoz, Vicente Aleixandre, Delia del Carril y José Bergamín. Sentado en el suelo, Gerardo Diego. Nótese el número de poetas falangistas, además de otros que un año después también apoyarían el Alzamiento Nacional

Medios y redes sociales nos han bombardeado hoy con el recuerdo de Miguel Hernández, muerto hace setenta y cinco años. Un recuerdo casi siempre deficiente: ora desmemoriado, ora selectivo, ora falsificado.

Porque el poeta de Orihuela, el mejor con gran diferencia de los poetas «rojos», es también el menos recordado fuera de ocasiones como la de este martes. El menos leído, al margen de algún poema suelto. El más incómodo para la culture izquierdista oficial. Una nota disonante en la orquesta roja, que lo convierte en inadecuado para los bombos mutuos que desde hace un siglo han encumbrado a la «intelectualidad» bolchevizante.

Miguel Hernández Gilabert militó unos (pocos, se afilió en el verano de 1936) años en el Partido Comunista. Es verdad. Hizo la guerra como comisario político en el Ejército rojo. Es verdad. Pero no se dedicó a los saqueos, torturas y asesinatos de retaguardia, a diferencia del ripioso y panfletario Rafael Alberti y la mujer de éste. Con quienes tuvo un famoso incidente en plena guerra, que se saldó con Miguel Hernández agredido por María Teresa León. Que el poeta aguantó impávido: el que fuera cabrero era también un caballero.

Tras la derrota, Miguel Hernández no huyó. Su pena de muerte fue conmutada. El que iba a ser su suegro (en la posguerra contrajo matrimonio canónico con la madre de sus hijos, Josefina Manresa) había sido asesinado por los rojos poco después de iniciada la guerra. Su tuberculosis lo mató, en la enfermería del Reformatorio de Adultos de Alicante, tal día como hoy de 1942.

En todo momento se interesaron por él e intentaron protegerlo amigos y admiradores tan importantes entonces como José María de Cossío, Rafael Sánchez Mazas, Mercedes Fórmica y su marido Eduardo Llosent Marañón, Carlos Sentís… Falangistas todos ellos. Más otros del campo católico (Miguel Hernández había sido católico devotísimo, y su breve desviación a la izquierda vino condicionada por la influencia del «cristianismo» progresista, muy minoritario entonces pero ya existente: la «democracia cristiana», culpable de tantos males de España y de la Iglesia). En 1939 habían obtenido incluso su libertad, aunque luego fuera juzgado y condenado. El régimen fue trasladándolo de prisión, y hasta a algún sanatorio, con el fin de que su salud mejorara. Murió cristianamente, y sus restos compartieron cementerio durante algún tiempo con los de José Antonio Primo de Rivera. Tras las anuales exequias por éste, Mercedes Fórmica y otros mandos destacados de la Sección Femenina iban a rezar el Rosario ante la tumba de Miguel Hernández.

Su enemistad con quienes permanecerían en los círculos de poder del Partido Comunista en los años posteriores; el testimonio de su honradez, que por sí misma afeaba el comportamiento de los demás y lo convertía en incómodo para ellos, con toda probabilidad le habrían condenado a un destino peor de haber optado por el exilio en la Unión Soviética o en cualquier otro lugar donde los comunistas ejercerían después poder (en plena posguerra mundial, los sicarios de Carrillo asesinaban impunemente a otros frentepopulistas españoles en el sur de Francia, por citar sólo un ejemplo).

Miguel Hernández fue un patriota sincero y apasionado. Un «españolista» radical, como se dice ahora. Durante la guerra, la propaganda roja intentó utilizar también la pulsión patriótica. Pero no resultaba creíble: el Frente Popular mantuvo y extremó incluso la prohibición republicana del grito, subversivo, de ¡Viva España! En Miguel Hernández, en cambio, era perfectamente creíble. Tanto, que aún hoy el poder de estos versos suyos nos conmueve. Incluso cuando, en su confusión, llamaba a la juventud al bando equivocado:

Los quince y los dieciocho,
los dieciocho y los veinte…
Me voy a cumplir los años
al fuego que me requiere,
y si resuena mi hora
antes de los doce meses,
los cumpliré bajo tierra.
Yo trato que de mí queden
una memoria de sol
y un sonido de valiente.

Si cada boca de España
de su juventud, pusiese
estas palabras, mordiéndolas,
en lo mejor de sus dientes:
si la juventud de España,
de un impulso solo y verde,
alzara su gallardía,
sus músculos extendiese
contra los desenfrenados
que apropiarse España quieren,
sería el mar arrojando
a la arena muda siempre
varios caballos de estiércol
de sus pueblos transparentes,
con un brazo inacabable
de perpetua espuma fuerte.

Si el Cid volviera a clavar
aquellos huesos que aún hieren
el polvo y el pensamiento,
aquel cerro de su frente,
aquel trueno de su alma
y aquella espada indeleble,
sin rival, sobre su sombra
en entrelazados laureles:
al mirar lo que de España
los alemanes pretenden,
los italianos procuran,
los moros, los portugueses,
que han grabado en nuestro cielo
constelaciones crueles
de crímenes empapados
en una sangre inocente,
subiera en su airado potro
y en su cólera celeste
a derribar trimotores
como quien derriba mieses.

Bajo una zarpa de lluvia,
y un racimo de relente,
y un ejército de sol,
campan los cuerpos rebeldes
de los españoles dignos
que al yugo no se someten,
y la claridad los sigue
y los robles los refieren.
Entre graves camilleros
hay heridos que se mueren
con el rostro rodeado
de tan diáfanos ponientes,
que son auroras sembradas
alrededor de sus sienes.
Parecen plata dormida
y oro en reposo parecen.

Llegaron a las trincheras
y dijeron firmemente:
¡Aquí echaremos raíces
antes que nadie nos eche!
Y la muerte se sintió
orgullosa de tenerles.

Pero en los negros rincones,
en los más negros, se tienden
a llorar por los caídos
madres que les dieron leche,
hermanas que los lavaron,
novias que han sido de nieve
y que se han vuelto de luto
y que se han vuelto de fiebre;
desconcertadas viudas,
desparramadas mujeres,
cartas y fotografías
que los expresan fielmente,
donde los ojos se rompen
de tanto ver y no verles,
de tanta lágrima muda,
de tanta hermosura ausente.

Juventud solar de España:
que pase el tiempo y se quede
con un murmullo de huesos
heroicos en su corriente.
Echa tus huesos al campo,
echa las fuerzas que tienes
a las cordilleras foscas
y al olivo del aceite.
Reduce por los collados,
y apaga la mala gente,
y atrévete con el plomo,
y el hombro y la pierna extiende.

Sangre que no se desborda,
juventud que no se atreve,
ni es sangre, ni es juventud,
ni relucen, ni florecen.
Cuerpos que nacen vencidos,
vencidos y grises mueren:
vienen con la edad de un siglo,
y son viejos cuando vienen.

La juventud siempre empuja,
la juventud siempre vence,
y la salvación de España
de su juventud depende.

La muerte junto al fusil,
antes que se nos destierre,
antes que se nos escupa,
antes que se nos afrente
y antes que entre las cenizas
que de nuestro pueblo queden,
arrastrados sin remedio
gritemos amargamente:
¡Ay España de mi vida,
ay España de mi muerte!

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Destruir para construir… ¿Es construir?

Los seguidores de Voluntad conocen nuestra preocupación por el deterioro urbanístico de Gijón (y de Candás y de Villaviciosa). Un proceso que lleva décadas produciéndose y que vuelve a acelerarse. La desaparición de los edificios bellos, representativos o simplemente interesantes y su sustitución por horrores anónimos y cosmopolitas. La destrucción de los paisajes de la villa y sus alrededores. La supresión de rincones con historia y encanto y su sustitución por calles feas y sin alma.

Recuperamos un artículo publicado hace un mes en Cosas de Arquitectos. Revista digital de Arquitectura, por Juan Ignacio Vallet. Él se refiere al caso de la ciudad portuaria argentina de Rosario. Cámbiese por Gijón y se verá que su aplicabilidad, mutatis mutandis, es evidente.

Destruir para construir… ¿es construir?

Como estudiante de arquitectura tengo la cualidad de mirar un poco más en detalle el paisaje urbano mientras recorro la ciudad y además aprendí con el tiempo que muchas veces lo mejor se encuentra mirando al cielo y no solamente hacia adelante.

En ese ejercicio diario e inconsciente que realizo noté con gran tristeza en estos últimos años cómo la especulación inmobiliaria destruyó innumerables inmuebles de principios de siglo de un valor arquitectónico incalculable.

Destruir para construir…

Vale aclarar que estas líneas no tienen como finalidad atacar la evolución lógica que se da en todas las grandes ciudades con respecto a la construcción de edificios, reconociendo que hoy por hoy la demanda exige albergar en pequeños lotes una cantidad mayor de personas que la que era necesaria hace un siglo.

Rosario es una ciudad que ha evolucionado en muchos aspectos los cuales entiendo aceleraron este proceso de modernización y de estructuración en la forma en que se encara el problema de la vivienda.

La enorme oferta de universidades e institutos hicieron que se convierta en un polo de atracción de jóvenes no sólo de las ciudades o pueblos cercanos sino también de provincias limítrofes, que vienen a formarse como profesionales y cuya estadía no implica los 5 o 6 años que normalmente demanda una carrera universitaria sino que luego de recibidos deciden instalarse definitivamente en Rosario. Sumado a esto está la presencia del puerto, el más importante del país, el cual ha generado que las empresas más importantes en el rubro cerealero tengan sus oficinas en la ciudad demandando personal capacitado el cual se instala en la ciudad de forma temporal en algunos casos y en forma definitiva en muchos otros. Es innegable que todas están circunstancias y muchas otras hacen que el modo en que se va configurando una ciudad tenga que cambiar y adaptarse a los nuevos requerimientos.

… ¿es construir?

Ahora bien, este progreso implica que muchas viviendas de un alto valor patrimonial sean destruidas. Y al referirme de valor patrimonial no hablo únicamente de la vivienda en sí y su forma de construcción, distribución interna, su ornamentación, etc. Hablo de aquellas cosas tan o más importantes que lo material que no se ven a simple vista. Al destruirse una vivienda construida en el 1900 se pierden años de recuerdos, momentos, rituales familiares, sabores, olores, sonidos, silencios, costumbres, risas, llantos. Esas viviendas fueron protagonistas de las grandes inmigraciones que poblaron este país desde toda Europa y claramente volver a empezar de cero en estas tierras fue una tarea muy dura y para nada fácil. Dejar tu tierra, abandonar tus raíces y embarcarte a otro continente en un largo viaje en el cual en los pequeños bolsos solo entraban unas pocas prendas pero muchos miedos e incertidumbres.

En pos de la modernización hemos cambiado viviendas de grandes puertas de madera o hierro —tras de las cuales había un trabajo artesanal y representaban muchas de ellas obras de arte en sí— las cuales invitaban a descubrirlas, por edificios de ingresos ínfimos, con cámaras de vigilancia y rejas; cambiamos grandes habitaciones compartidas por hermanos los cuales a fuerza de la imaginación creaban infinidad de mundos de fantasía para jugar, por habitaciones semejantes a una caja de zapatos donde escasea la imaginación y la única manera de divertirse o pasar el tiempo es a través de un televisor y una PlayStation; cambiamos una abuela amasando una pasta con salsa casera, una rica torta, un café batido con amor, una comida reunidos en familia, por el delivery más cercano, comiendo solo o reunidos hipnotizados por la televisión; cambiamos juntarnos en el gran patio familiar de las viviendas chorizo a tomar mates y conversar de la vida, por sentarnos frente a una pc o un Smartphone a chatear.

En el pasado las viviendas eran grandes, vivían varias familias, ocupaban una importante superficie de la manzana pero contrariamente a lo que se piensa sus habitantes eran unidos, solidarios, compañeros, se ayudaban, se apoyaban, conocían a sus vecinos. Hoy por hoy los departamentos son muchos más pequeños lo cual no implica cercanía sino todo lo contrario, cada hijo está en su pieza encerrado con la pc o el celular, escasea el dialogo y predomina la televisión, desconocemos a nuestros vecinos, desconfiamos de todos, no nos importa ayudar.

Quizás sea una visión anticuada pero es doloroso pasar por una vivienda antigua demolida y verla así, con sus ambientes desmembrados, vestigios de paredes revestidas de viejos azulejos, paredes destruidas. Es una herida desgarrada en esa manzana que la comprende, una herida que por más que se intente cerrar con un nuevo edificio de varios pisos nunca va a terminar de cicatrizar, porque hay risas que ya no se oyen, hay olores que ya no invaden la manzana, hay sonidos que no están y esto es obvio porque ya los dueños de esas risas, esos olores y esos sonidos no están entre nosotros físicamente… Pero viven en la memoria, en el corazón y en el alma de quienes los conocieron.

Mi nombre es Juan Ignacio Vallet, tengo 37 años, soy casado con 2 hijos y soy estudiante de la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la Universidad Nacional de Rosario donde restan 8 materias para recibirme. Siempre me interesó escribir artículos de Arquitectura y poder tener la posibilidad de que alguien los publicara.

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Pregunta sencilla al Ayuntamiento de Gijón

El Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica, la impopular «viñeta», es municipal. Aunque lo gestionen los Servicios Tributarios autonómicos.

Pues bien. ¿Cómo es posible que entre las entidades bancarias donde puede efectuarse el pago, no figure la Caja Rural de Gijón?

Tanto el facilitar los trámites a los vecinos de nuestro concejo, como la defensa de lo propio, son deberes de ese Ayuntamiento. Que tiene, o debe tener, peso más que suficiente para hacer valer sus criterios ante la administración autonómica.

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