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La venta directa de leche cruda, ¿un poco más cerca?

Pues sí y no. La web RedQueserías.org (Queserías de campo y artesanas. Red española) resume bien la normativa vigente y los cambios previstos. Como ellos mismos dicen en su página de Facebook, es paradójico que aun ALCANZANDO LOS MISMOS OBJETIVOS SANITARIOS, se permita la venta en establecimientos con registro sanitario y se prohíba a ganaderos. Queremos venta directa de leche, ya.

Venta de leche cruda para consumo

Publicado por: Ángel Nepomuceno Sánchez
Publicado el: 23 mayo, 2017

En España la venta de leche cruda para consumo humano está permitida sólo si se comercializa desde un establecimiento autorizado con registro sanitario (ej.: quesería)

En la actualidad en España no se permite la venta directa de leche cruda para consumo humano desde explotación de ordeño al consumidor final. Sin embargo, nada impide la venta de leche cruda para consumo humano desde un operador o transformador lácteo (que tenga registro sanitario). Así, por ejemplo, una quesería con registro sanitario puede vender leche cruda para consumo humano directo. Un productor que tenga su propio ganado de ordeño y una quesería, no podría vender leche cruda desde la explotación de ordeño pero sí podrá hacerlo desde su quesería (si en la actualidad está autorizado para elaborar queso, tendrá que solicitar ampliación de actividad para poder vender leche cruda).

Los requisitos para poder vender leche cruda para consumo humano directo desde una empresa láctea se describen en el Reglamento (CE) Nº 853/2004, y básicamente consiste en que la explotación de la que procede la leche cumpla los criterios de medias geométricas de gérmenes (y de células somáticas, si es leche de vaca), y que cumpla los criterios relativos a Brucelosis/Tuberculosis. Además, tendrá que considerar, como para cualquier otro producto lácteo, el control de peligros en le venta de esta leche (plan de autocontrol, con aplicación de criterios de flexibilidad). En este sentido, la guía europea en la que ha trabajado QueRed, contempla este producto, por lo que os será muy útil para el control de peligros en la venta de leche cruda para consumo humano directo.

En la actualidad, desde Aecosan se está trabajando para elaborar un proyecto normativo que regule la venta de este producto. Desde QueRed se han presentado alegaciones y consideraciones. Esperemos que el texto normativo sea aceptable.

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LXXV aniversario de Miguel Hernández. ¡Ay España de mi vida, / ay España de mi muerte!

Homenaje a Vicente Aleixandre, 1935. Miguel Hernández es el primero de pie, por la izquierda. A continuación, Juan Panero, Luis Rosales, Antonio Espina, Luis Felipe Vivanco, Rafael Montesinos, Arturo Serrano Plaja, Pablo Neruda, Leopoldo Panero. Sentados: Pedro Salinas, María Zambrano, Enrique Díez-Canedo, Concha Albornoz, Vicente Aleixandre, Delia del Carril y José Bergamín. Sentado en el suelo, Gerardo Diego. Nótese el número de poetas falangistas, además de otros que un año después también apoyarían el Alzamiento Nacional

Medios y redes sociales nos han bombardeado hoy con el recuerdo de Miguel Hernández, muerto hace setenta y cinco años. Un recuerdo casi siempre deficiente: ora desmemoriado, ora selectivo, ora falsificado.

Porque el poeta de Orihuela, el mejor con gran diferencia de los poetas «rojos», es también el menos recordado fuera de ocasiones como la de este martes. El menos leído, al margen de algún poema suelto. El más incómodo para la culture izquierdista oficial. Una nota disonante en la orquesta roja, que lo convierte en inadecuado para los bombos mutuos que desde hace un siglo han encumbrado a la «intelectualidad» bolchevizante.

Miguel Hernández Gilabert militó unos (pocos, se afilió en el verano de 1936) años en el Partido Comunista. Es verdad. Hizo la guerra como comisario político en el Ejército rojo. Es verdad. Pero no se dedicó a los saqueos, torturas y asesinatos de retaguardia, a diferencia del ripioso y panfletario Rafael Alberti y la mujer de éste. Con quienes tuvo un famoso incidente en plena guerra, que se saldó con Miguel Hernández agredido por María Teresa León. Que el poeta aguantó impávido: el que fuera cabrero era también un caballero.

Tras la derrota, Miguel Hernández no huyó. Su pena de muerte fue conmutada. El que iba a ser su suegro (en la posguerra contrajo matrimonio canónico con la madre de sus hijos, Josefina Manresa) había sido asesinado por los rojos poco después de iniciada la guerra. Su tuberculosis lo mató, en la enfermería del Reformatorio de Adultos de Alicante, tal día como hoy de 1942.

En todo momento se interesaron por él e intentaron protegerlo amigos y admiradores tan importantes entonces como José María de Cossío, Rafael Sánchez Mazas, Mercedes Fórmica y su marido Eduardo Llosent Marañón, Carlos Sentís… Falangistas todos ellos. Más otros del campo católico (Miguel Hernández había sido católico devotísimo, y su breve desviación a la izquierda vino condicionada por la influencia del «cristianismo» progresista, muy minoritario entonces pero ya existente: la «democracia cristiana», culpable de tantos males de España y de la Iglesia). En 1939 habían obtenido incluso su libertad, aunque luego fuera juzgado y condenado. El régimen fue trasladándolo de prisión, y hasta a algún sanatorio, con el fin de que su salud mejorara. Murió cristianamente, y sus restos compartieron cementerio durante algún tiempo con los de José Antonio Primo de Rivera. Tras las anuales exequias por éste, Mercedes Fórmica y otros mandos destacados de la Sección Femenina iban a rezar el Rosario ante la tumba de Miguel Hernández.

Su enemistad con quienes permanecerían en los círculos de poder del Partido Comunista en los años posteriores; el testimonio de su honradez, que por sí misma afeaba el comportamiento de los demás y lo convertía en incómodo para ellos, con toda probabilidad le habrían condenado a un destino peor de haber optado por el exilio en la Unión Soviética o en cualquier otro lugar donde los comunistas ejercerían después poder (en plena posguerra mundial, los sicarios de Carrillo asesinaban impunemente a otros frentepopulistas españoles en el sur de Francia, por citar sólo un ejemplo).

Miguel Hernández fue un patriota sincero y apasionado. Un «españolista» radical, como se dice ahora. Durante la guerra, la propaganda roja intentó utilizar también la pulsión patriótica. Pero no resultaba creíble: el Frente Popular mantuvo y extremó incluso la prohibición republicana del grito, subversivo, de ¡Viva España! En Miguel Hernández, en cambio, era perfectamente creíble. Tanto, que aún hoy el poder de estos versos suyos nos conmueve. Incluso cuando, en su confusión, llamaba a la juventud al bando equivocado:

Los quince y los dieciocho,
los dieciocho y los veinte…
Me voy a cumplir los años
al fuego que me requiere,
y si resuena mi hora
antes de los doce meses,
los cumpliré bajo tierra.
Yo trato que de mí queden
una memoria de sol
y un sonido de valiente.

Si cada boca de España
de su juventud, pusiese
estas palabras, mordiéndolas,
en lo mejor de sus dientes:
si la juventud de España,
de un impulso solo y verde,
alzara su gallardía,
sus músculos extendiese
contra los desenfrenados
que apropiarse España quieren,
sería el mar arrojando
a la arena muda siempre
varios caballos de estiércol
de sus pueblos transparentes,
con un brazo inacabable
de perpetua espuma fuerte.

Si el Cid volviera a clavar
aquellos huesos que aún hieren
el polvo y el pensamiento,
aquel cerro de su frente,
aquel trueno de su alma
y aquella espada indeleble,
sin rival, sobre su sombra
en entrelazados laureles:
al mirar lo que de España
los alemanes pretenden,
los italianos procuran,
los moros, los portugueses,
que han grabado en nuestro cielo
constelaciones crueles
de crímenes empapados
en una sangre inocente,
subiera en su airado potro
y en su cólera celeste
a derribar trimotores
como quien derriba mieses.

Bajo una zarpa de lluvia,
y un racimo de relente,
y un ejército de sol,
campan los cuerpos rebeldes
de los españoles dignos
que al yugo no se someten,
y la claridad los sigue
y los robles los refieren.
Entre graves camilleros
hay heridos que se mueren
con el rostro rodeado
de tan diáfanos ponientes,
que son auroras sembradas
alrededor de sus sienes.
Parecen plata dormida
y oro en reposo parecen.

Llegaron a las trincheras
y dijeron firmemente:
¡Aquí echaremos raíces
antes que nadie nos eche!
Y la muerte se sintió
orgullosa de tenerles.

Pero en los negros rincones,
en los más negros, se tienden
a llorar por los caídos
madres que les dieron leche,
hermanas que los lavaron,
novias que han sido de nieve
y que se han vuelto de luto
y que se han vuelto de fiebre;
desconcertadas viudas,
desparramadas mujeres,
cartas y fotografías
que los expresan fielmente,
donde los ojos se rompen
de tanto ver y no verles,
de tanta lágrima muda,
de tanta hermosura ausente.

Juventud solar de España:
que pase el tiempo y se quede
con un murmullo de huesos
heroicos en su corriente.
Echa tus huesos al campo,
echa las fuerzas que tienes
a las cordilleras foscas
y al olivo del aceite.
Reduce por los collados,
y apaga la mala gente,
y atrévete con el plomo,
y el hombro y la pierna extiende.

Sangre que no se desborda,
juventud que no se atreve,
ni es sangre, ni es juventud,
ni relucen, ni florecen.
Cuerpos que nacen vencidos,
vencidos y grises mueren:
vienen con la edad de un siglo,
y son viejos cuando vienen.

La juventud siempre empuja,
la juventud siempre vence,
y la salvación de España
de su juventud depende.

La muerte junto al fusil,
antes que se nos destierre,
antes que se nos escupa,
antes que se nos afrente
y antes que entre las cenizas
que de nuestro pueblo queden,
arrastrados sin remedio
gritemos amargamente:
¡Ay España de mi vida,
ay España de mi muerte!

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Manifestación gijonesa contra la regasificadora, o contra las intrigas consistoriales en pro de ésta

Decimos «manifestación gijonesa» y decimos bien. Aunque los manifestantes apenas superaran el centenar, se trataba principalmente de vecinos de Gijón, en especial de las proximidades del Musel. Sin apoyo de sindicatos ni partidos políticos (los que se dicen contra la regasificadora o son microorganizaciones marginales, o lo dicen con la boca pequeña, como PodemosXixón Sí Puede, sin cuyo constante apoyo no estaría en el poder municipal el actual consistorio casquista empecinado en continuar los desmanes del PSOE) y víctimas de una campaña sistemática de desinformación por parte de unos medios que hace tiempo olvidaron qué puedan significar la objetividad, la independencia y la defensa del bien común. Con el apoyo de algunas asociaciones de vecinos (principalmente las que resultan representativas, como las de la zona rural) y el apoyo a medias de otras (las urbanas son poco representativas y llevan años controladas por la misma izquierda que apoya la ilegal regasificadora del Musel, o que acepta sin rechistar las pretensiones contaminantes de Arcelor-Mittal).

Recapitulemos. Dentro del inmenso latrocinio de la innecesaria y dañina ampliación del Musel, el PSOE inició y el PP mantuvo una regasificadora ilegal y peligrosa, además de innecesaria. Tras el espectacular dispendio, nunca pudo entrar en funcionamiento.

Todavía el pasado mes de noviembre los tribunales exigieron su derribo.

A iniciativa de Josechu-Marichu Pérez (PSOE), el Ayuntamiento de Gijón se permitió el pasado febrero pedir al Gobierno central el «desbloqueo, con carácter urgente, de la planta regasificadora de El Musel» (sic). El desvergonzado disparate contó con el apoyo del gobernante Foro-FAC y de ese otro desvergonzado disparate que es el partido político Ciudadanos. Los concejales de Podemos (Xixón Sí Puede) e Izquierda Unida votaron en contra del acuerdo; pero como cuando quieren imponen su voluntad a Carmen Moriyón, resulta difícil tomarse su oposición en serio.

La manifestación de ayer se hizo contra tanto dislate, contra tanta decisión contraria a Gijón y a los gijoneses, contraria a derecho y al sentido común. En un tiempo como el nuestro, con un pueblo aborregado y perezoso cuya actividad viene a reducirse a la virtual en los foros de Internet y las redes sociales, el Ayuntamiento debería tomar nota. Los gijoneses que se mueven, se mueven contra la oligarquía local. Sigue leyendo

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Y hasta el próximo martes, si Dios quiere.

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Destrucción del patrimonio gijonés: La Arena

Como para quitarnos la razón, tras la andanada que Voluntad lanzaba en Twitter en la noche del domingo contra el bilbaíno Correo ex Español, edición de Benavente para Gijón, el diario vizcaíno-benaventino publicaba este lunes una página de interés. Firmada por Rafael Suárez Muñiz, geógrafo urbanista y responsable de la página Facebook Gijón. De Siempre, ya conocida de nuestros seguidores:

Rara avis: una página del actual EL COMERCIO que merece atención

Rara avis: una página del actual EL COMERCIO que merece atención

Pulsen sobre la imagen para ampliarla. Como decíamos, la lectura merece la pena. Echamos de menos algunos edificios que conocimos, pero evidentemente el autor no pretende ser exhaustivo. Echamos de menos, sobre todo —aunque entendemos que no es ése el planteamiento del artículo— el recuerdo de otros distintos: vivienda popular de tipología asturiana, caserío típico del Gijón de entresiglos (XIX-XX), huertas, prados y hasta almacenes y naves industriales que estaban construidos con gusto y con cierta dignidad. O el convento, jardín y casa del catecismo de los Capuchinos; el convento y asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. O los árboles. Y tantos otros elementos de aquel Gijón vivo, bello e interesante que cayó bajo la piqueta. También después de la Ley del Suelo de 1976 y del «Plan Rañada» de 1986, fechas de referencia de una especulación urbanística aún más furiosa, si cabe, que la del desarrollismo. Qué sólo se ha ralentizado, de momento, gracias a la recesión económica. Algún beneficio había de traer.

Las fotografías del antes y el después que muestra el artículo de Suárez Muñiz son más que suficiente para echarse a llorar. Por Gijón, y por los gijoneses que se han resignado a vivir en el indigno hormiguero en que se ha transformado nuestra villa.

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