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Manifestación gijonesa contra la regasificadora, o contra las intrigas consistoriales en pro de ésta

Decimos «manifestación gijonesa» y decimos bien. Aunque los manifestantes apenas superaran el centenar, se trataba principalmente de vecinos de Gijón, en especial de las proximidades del Musel. Sin apoyo de sindicatos ni partidos políticos (los que se dicen contra la regasificadora o son microorganizaciones marginales, o lo dicen con la boca pequeña, como PodemosXixón Sí Puede, sin cuyo constante apoyo no estaría en el poder municipal el actual consistorio casquista empecinado en continuar los desmanes del PSOE) y víctimas de una campaña sistemática de desinformación por parte de unos medios que hace tiempo olvidaron qué puedan significar la objetividad, la independencia y la defensa del bien común. Con el apoyo de algunas asociaciones de vecinos (principalmente las que resultan representativas, como las de la zona rural) y el apoyo a medias de otras (las urbanas son poco representativas y llevan años controladas por la misma izquierda que apoya la ilegal regasificadora del Musel, o que acepta sin rechistar las pretensiones contaminantes de Arcelor-Mittal).

Recapitulemos. Dentro del inmenso latrocinio de la innecesaria y dañina ampliación del Musel, el PSOE inició y el PP mantuvo una regasificadora ilegal y peligrosa, además de innecesaria. Tras el espectacular dispendio, nunca pudo entrar en funcionamiento.

Todavía el pasado mes de noviembre los tribunales exigieron su derribo.

A iniciativa de Josechu-Marichu Pérez (PSOE), el Ayuntamiento de Gijón se permitió el pasado febrero pedir al Gobierno central el «desbloqueo, con carácter urgente, de la planta regasificadora de El Musel» (sic). El desvergonzado disparate contó con el apoyo del gobernante Foro-FAC y de ese otro desvergonzado disparate que es el partido político Ciudadanos. Los concejales de Podemos (Xixón Sí Puede) e Izquierda Unida votaron en contra del acuerdo; pero como cuando quieren imponen su voluntad a Carmen Moriyón, resulta difícil tomarse su oposición en serio.

La manifestación de ayer se hizo contra tanto dislate, contra tanta decisión contraria a Gijón y a los gijoneses, contraria a derecho y al sentido común. En un tiempo como el nuestro, con un pueblo aborregado y perezoso cuya actividad viene a reducirse a la virtual en los foros de Internet y las redes sociales, el Ayuntamiento debería tomar nota. Los gijoneses que se mueven, se mueven contra la oligarquía local. Sigue leyendo

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Ampliación del Musel, peor (y más dañina) que el Aeropuerto de Castellón

Un tribunal de Madrid requiere a Enagás

La Nueva España, domingo 27 de noviembre de 2016

Desde hace ya años es constante el goteo de noticias sobre las irregularidades en la ampliación del Musel (que desde el principio denunciamos en Voluntad por innecesaria, además de destructiva). A veces ese goteo se acelera; luego, no se sabe (aunque se intuya) por qué clase de presiones, disminuye. Estos últimos días se encadenan unas cuantas. Tomamos tres de La Nueva España. No reproducimos todo el texto; las negritas son nuestras. Empezamos por una de hoy, retrocedemos al domingo y volvemos de nuevo a este martes.

Enagás asegura que la sentencia del Supremo no le obliga a demoler la regasificadora

La compañía prepara el envío al Tribunal de las medidas tomadas para cumplir el fallo

M.C. 29.11.2016 | 03:15

Enagás, operador logístico del sistema gasista español y propietario de la regasificadora de El Musel, insistió ayer a través de un portavoz en que los fallos del Tribunal Supremo que anularon la autorización administrativa a la planta gijonesa no obligan a la compañía a su demolición.

Los servicios jurídicos de la sociedad están redactando el informe que ha requerido a la compañía el Tribunal Supremo, en el que explicarán qué ha hecho hasta el momento Enagás para «cumplir» la sentencia que anuló la autorización administrativa de la planta por incumplir el Reglamento de Actividades Molestas, Insalubres, Nocivas y Peligrosas (Raminp), que estaba vigente cuando se inició la tramitación administrativa de la planta de regasificación. El Raminp obligaba a construirla a más de dos kilómetros de cualquier núcleo habitado, lo que no ocurre en el caso de la regasificadora.

La instalación, que nunca ha entrado en servicio, terminó de construirse en octubre de 2012 y fue una de las justificaciones que en su día se dieron para la obra de ampliación de El Musel. Actualmente la planta permanece “hibernada” por decisión del gobierno central ante la caída de la demanda de gas natural en España.

Pero la literalidad de la sentencia y del requerimiento parecen contradecir la versión que ahora da ENAGÁS.

Un tribunal de Madrid requiere a Enagás para que derribe la regasificadora

La planta del puerto de El Musel nunca entró en servicio y costó 382 millones de euros

J.M. Ceinos 27.11.2016 | 04:47

La Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha requerido a Enagás, S.A. (la principal compañía de transporte de gas natural en España) y al Ministerio de Industria, para que en el plazo de diez días informen por escrito a dicho tribunal sobre las actuaciones que han realizado o prevén realizar para la demolición de la planta de regasificación de gas natural del puerto exterior de El Musel, que nunca entró en servicio. Contra la resolución del Tribunal Superior de Justicia de Madrid cabe interponer recurso de reposición.

Tras las denuncias presentadas por varios colectivos ciudadanos contra la construcción de la planta de regasificación, en 2013 el Tribunal Superior de Justicia de Madrid anuló la autorización administrativa para la construcción de dicha instalación, por lo que los demandantes consideran desde entonces que la sentencia debe conducir a su demolición.

Ya en el año 2008 la plataforma contra la regasificadora advertía de que la planta incumplía el radio legal de seguridad: 2.000 metros como mínimo con las viviendas más próximas, en este caso las situadas en el barrio de El Muselín.

La planta se construyó en terrenos de la ampliación de El Musel, después del compromiso adquirido, en septiembre de 2005, por el entonces presidente del Gobierno de la nación, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero. La regasificadora fue incluida en el plan energético nacional en 2006, tras haber sido excluida por los gobiernos precedentes del Partido Popular, con el argumento de que la instalación no tenía justificación, dado que en Bilbao y en la ría de Ferrol ya había regasificadoras.

La construcción de la regasificadora del puerto exterior de El Musel costó 382 millones de euros y, en su día, era una de las piezas del denominado «polo energético» de El Musel, que también se fue al traste.

La ampliación del Musel, un derroche obsceno (al que se añaden agujeros de millones y millones de euros sin justificar) para un puerto que cada día tiene menos tráfico:

La familia Ruiz de Velasco cierra sus oficinas en Gijón y Avilés

La sociedad naviera fundada en 1941 en Asturias y con sede actual en Madrid sale de Actividades Generales Portuarias

M.C. 29.11.2016 | 03:53

Ruiz de Velasco, uno de los operadores portuarios históricos en El Musel y el puerto de Avilés, va a cerrar sus oficinas en Asturias mañana miércoles y también acaba de salir del accionariado de la empresa estibadora Actividades Generales Portuarias S. L., que realiza los embarques de productos acabados de las factorías asturianas de ArcelorMittal.

Compañía de origen gijonés fundada en 1941 por Andrés Ruiz de Velasco, llegó a disponer en 1981 de una flota propia de 18 buques. La empresa cuenta actualmente con tres oficinas en España, su sede central en Madrid y las dos que va a cerrar en Asturias en Gijón y Avilés, respectivamente.

Su principal vinculación al mundo portuario asturiano era en los últimos tiempos las participaciones que tenían tanto Ruiz de Velasco S.A. como la familia Ruiz de Velasco Coca (a través de Inversora Técnica Financiera) en la estibadora Actividades Generales Portuarias, en la que estaban asociados al grupo Algeposa.

Tanto la sociedad de inversión de los hermanos Ruiz Coca como Ruiz de Velasco SA han salido a mediados de este mes del accionariado de Actividades Generales Portuarias. La salida se realizó mediante una reducción de capital de un millón de euros y una posterior ampliación de capital de 100.000 euros suscrita enteramente por Inversiones Algeposa, que ha quedado como accionista único.

En cuanto al cierre de las oficinas de Ruiz de Velasco en Gijón y Avilés, cesarán de hecho su actividad el 30 de noviembre, si bien la empresa mantendrá a uno de sus seis trabajadores hasta el cierre del ejercicio. En los últimos tiempos estas oficinas se dedicaban al despacho de aduanas y consignación de buques, fundamentalmente. Uno de sus principales clientes es Arcelor. El motivo aducido para el cierre es, al parecer, la falta de rentabilidad del negocio.

[…]

En 2006 una de las sociedades del grupo Andrés Ruiz de Velasco, Elogia, Energía y Logística, solicitó una concesión de 28.200 m2 en los muelles de La Osa para instalar una fábrica de biodiésel. No lo pudo hacer, al decantarse la Autoridad Portuaria por la oferta que presentó el grupo Jiménez Belinchón —tras abrir un trámite de competencia— aunque aquel proyecto nunca llegó a ejecutarse, renunciando la adjudicataria tras haber colocado la primera piedra.

La ampliación del puerto del Musel. Un escándalo con sordina. Recientemente definido como «el mayor latrocinio de la historia de Asturias», no sólo salpica, sino que empapa, a la Port Authority (la ridícula denominación cosmopolita y democrática de la que fue benemérita Junta de Obras del Puerto). Moja también a la totalidad de los partidos políticos participantes del Gobierno autónomo y del Ayuntamiento de Gijón en las legislaturas anteriores. Especialmente a sus máximos representantes. Y a muchas fuerzas vivas locales. El castellonense Fabra, famoso por su colosal aeropuerto sin vuelos, ingresó en prisión. Si se guardase la proporción con la atrocidad del Musel (y si el Código Penal lo permitiese), los responsables de ésta deberían ser condenados a galeras para el resto de sus días…

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Hablemos de pescado: aquella plaza que Gijón perdió

Hablábamos de carne hace unos días. Como ahora andamos en plena Cuaresma, toca hablar de pescado. Aunque hoy domingo sea día en que los cristianos no hacen ayuno ni abstinencia. También es San Valentín, y lo de hoy va un poco de enamoramientos. De amores perdidos.

Nos ha sorprendido gratamente el bilbaíno Correo ex Español de Benavente para Gijón. Hoy tiene un artículo gijonés de verdad. Bastante correcto, además: rara avis. Por un momento nos ha recordado a cuando era de verdad El Comercio.

Aquella maravillosa plaza del pescado

elcomercio14febrero2016

Ocho mujeres reviven para EL COMERCIO los 61 años de la pescadería, hasta su cierre en 1991 para reconvertirla en edificio administrativo
Veinticinco años después del cierre, las vendedoras supervivientes rememoran sus décadas de esplendor. «Era todo precioso, no sé cómo la pudieron cerrar», critica Ángeles ‘la Tarabica’

ADRIÁN AUSÍN

Luisa Álvarez Lete, ‘la de Nadie’, lleva la plaza del pescado en la sangre. En la suya, en la de su madre y en la de su abuela. En estas tres generaciones se sustancia la historia del precioso edificio gijonés proyectado por Miguel García de la Cruz en 1928, abierto en marzo de 1930, tras una inversión de 509.985 pesetas, y cerrado en el primer trimestre de 1991 por «una mamarrachada» del alcalde, como a ella le gusta decir. Luisa ‘la de Nadie’ nació en la calle Atocha y heredó al instante el mote paterno, cumpliendo la norma del barrio alto («’salimos que no falta nadie’, dijo el patrón de un pesquero y entonces llegó mi padre. Se habían olvidado de él»). Su abuela, Elvira, fue vendedora ambulante por el Campo Valdés y el Muro y estrenó la pescadería municipal aquel flamante 13 de marzo de 1930. Su madre, Maruja, heredó el puesto. Y ella, Luisa, la sucedió a los 23 años, cuando ésta murió repentinamente mientras hablaban por teléfono. Ocurrió en 1961. «No tenía experiencia y lloré lo que quise». «No llores fía que buen oficio es el que mantiene a su amo», le decía Asunción Montero, su vecina laboral. Con el tiempo, sería ‘La de Nadie’ quien la reprendiese a ella por tener «coses de neña». Pero siempre con familiaridad, «en un ambiente extraordinario».

De sus treinta años en la plaza del pescado, Luisa lo recuerda todo. La distribución, con las marisqueras en un lateral y las vendedoras de pescado en el centro (126 puestos), mientras la planta baja era ocupada por carnicerías y fruterías, además de acoger subastas de marisco. El sonido de la campana de la rula del Muelle que escuchan desde casa por las tardes. «Sentíesles tocar y cuando bajabes ya estaban entrando los barcos», recuerda. (Por la tarde eran los de altura, que llegaban por parejas; a primera hora los de bajura y por la noche los del abareque, de sardina grande). El ambientazo que reinó siempre en la plaza. Entre las vendedoras. Con el público. Con visitantes ilustres como Garci, Sabina o Arturo Fernández. Y el declive final, cuando el Ayuntamiento empezó a no renovar licencias hasta que quedaron unas pocas -Luisa, Dora, Veli, Chelo, la Tara…- y acabaron por ser indemnizadas. «Echáronnos a todas para quitar al pobre lo poco que tiene», lamenta. Luisa tenía aún edad laboral y se instaló rápidamente con pescadería propia en Nuevo Gijón, pero no abandonó nunca su Cimadevilla natal, la del 99% de las inquilinas de la plaza del pescado. Hoy, a sus 77 años, ya viuda (su marido trabajó en Tabacalera) tiene a su única hija en Burgos y la casa llena de recuerdos. Sin embargo, busca entre sus fotografías y no aparece ninguna de aquel gran mercado cerrado ahora hace 25 años para reconvertirlo en edificio de oficinas.

Ángeles Sánchez ‘la Tarabica’
«Había mucho cachondeo y también un poco de pelusilla»

Si nunca tuvo pelos en la lengua a los 84 años, menos. Ángeles Sánchez, ‘la Tarabica’, ‘la Tara’ conoció como nadie los tiempos de esplendor de la plaza del pescado, donde regentó un floreciente puesto que vendía marisco «a los mejores restaurantes de Gijón» (Zamorana, Justo, Vitorón, Casa Marcelo…) e incluso a un tal Joaquín Sabina que un buen día se paró ante su mostrador y preguntó si aquellas cigalas estaban reservadas. Cuando ‘La Tara’ le dijo que no, él no dudó: «Ponme la caja». Y se llevó para Madrid cinco kilos de ‘material’ de lo que hoy se conoce tristemente como Antigua Pescadería.

Aquél fue el esplendor. Pero antes fueron los duros inicios. ‘La Tara’ las pasó canutas en la infancia, cuando «los evacuaos», y empezó a trabajar de niña en una conservera, donde robaba trozos de bonito que constituían su alumerzo diario. Luego vendió por la calle, primero con la caja en la cabeza con la que iba hasta La Calzada, luego con carrito. Ya casada, suministraba a la plaza las capturas de su marido, Manuel Batalla, quien salía a faenar con la embarcación ‘Geles’. Sin embargo, un buen día se dio cuenta de que el negocio no era para ella. «Me pagaben les andariques a 20 y les vendíen a 40. Y me dije: ‘A mí no me putea ni dios’». Había una señora que se jubilaba y ‘La Tara’ consiguió un puesto. Arrancó tímida, con lo que pescaba su marido. Luego empezó a acudir a las subastas en la planta baja y fue ganando en presencia, especializada ya en marisco, hasta convertirse en una de las grandes referencias del mercado. «Los negocios ye ‘ésta’ (espeta señalándose la lengua)» y a eso pocas podían ganar a esta mujer de rompe y rasga que presume hasta de haber tenido teléfono en su puesto. Con el negocio en auge, ‘La Tara’ compró un Renault 4, sacó el carné y expandió sus ‘tentáculos’ a Avilés, Candás, Luanco, Bañugues… donde adquiría el marisco que le faltaba, abrió un almacén en la calle del Rosario, donde despachaba los domingos… Y ganó dinero, casó a sus dos hijos…

Hoy, en el salón de su casa, contempla la única foto que conserva de aquella plaza del pescado y queda abrumada por la nostalgia: «’Tara’, ¡qué guapa estabes!», se autoelogia. Y añade al instante: «¡Y qué mala hostia tenía!». «Parecía una marquesa, no una marisquera. Era muy coqueta; no guapa, pero sí muy curiosa», dice risueña. A sus 84 años, conserva la energía intacta, aunque su salud está bastante quebrada. Dos operaciones de riñón, la cadera, la ciática… Y la muerte de su marido («mi calvín», al que lanza un beso al aire al instante) en 2012. «Fue lo peor que me pasó en la vida. En cuatro años me han caído veinte encima. Conocilu con 14. Era tan suave y yo, ya ves… Pero nunca nos faltamos al respeto».

‘La Tara’ fue de las últimas en abandonar aquel barco. Empezaron a ser cada vez menos. El Ayuntamiento no permitía renovar las licencias y la cosa comenzó a languidecer hasta su cierre en 1991. «Era todo precioso. No sé cómo cerraron esa plaza. Echonos Areces, ¡ese h… de la gran p…!», retruena tras rememorar aquel intenso ambiente matinal de lunes a sábado. «Había mucho cachondeo y también un poco de pelusilla». Como su ‘calvín’ «era celosu», ‘La Tarabica’ no acudía a los festejos cuando las pescaderas se iban los domingos de parranda. Para ella, la fiesta era aquel puesto floreciente.

Asunción Álvarez Loché, ‘La Guapita’
«Fueron los treinta años más felices de mi vida»

Si en Cimadevilla nadie se queda sin mote, el de Asunción Álvarez Loché fue ganado a pulso. Uno, por guapa. Y otro, por presumida. Asun tiene los 95 cumplidos y apenas sale de casa, en su barrio alto querido. Pero la visita de EL COMERCIO, a media mañana, sin cita previa, no la pilla desprevenida. Abre la puerta perfectamente peinada y maquillada, como una efigie. Primero rehúsa amablemente hablar por cuestión de edad. Luego, añade dos datos: «Mi puesto era el número 66. Fueron los treinta años más felices de mi vida». Y se despide.

Eladia Santurio, ‘la de Valienta’
«Cuando nacieron les neñes empecé a ayudar a mi suegra»

«Empecé cuando nacieron les neñes (gemelas imprevistas). Mi marido ganaba poco, mi suegra estaba en la plaza y me metió a ayudarla. Enseguida vio que valía y pude tener un puesto propio». A sus 94 años, Eladia Santurio irradia bondad. Ella vendía «pescado bueno» (pixín, merluza, salmonetes, lenguado…) y lo hacía en un ambiente sano.

«Estábamos muy unidas, trabajábamos mucho, pero era muy rentable. Cuando lo cerraron para hacer oficinas me llevé un disgusto muy grande». Pese a tener poca escuela, Eladia se manejaba con soltura con la báscula con gran agilidad mental para hacer las cuentas sobre la marcha. No olvida tampoco las esperas en la rula por la entrada de los barcos («a veces hasta las tres de la mañana») y los cientos de kilos de pixín que peló para Las Quintanas. Todo mereció la pena. «Hacía la vida por ellas (dice mirando a una de sus hijas, con la que vive) y pude llevar a las dos al Santo Ángel pagando (cuenta dolida cómo entonces quienes no pagaban no podían llevar uniforme)».

Eladia trabajó en la plaza hasta cumplir la edad de jubilación. Desde 1950 hasta 1986, aproximadamente. Luego regaló los bártulos a una compañera y asistió al triste desenlace del mercado. «Nos fastidiaron las pescaderías. Abrieron muchas de repente y eso, unido a la decisión del Ayuntamiento, fue el fin». Hace dos años, Eladia sufrió un ictus. En Cabueñes no paraban de preguntar qué pastillas tomaba. Pero las hijas no paraban de replicar que ninguna. Hoy, a los 94, sale a la peluquería, no perdona el vino en la comida y queda de cuando en cuando con ‘La Guapita’, quien solo sale, precisa, «si está guapa, guapa». ¿No tiene mote más que el nombre materno? Parece un milagro, pero no. Ahora bien, la hija hace una aclaración: «A mi abuelo lo llamaban ‘el Titi’».

Avelina Artime, ‘Veli la del Pálido’
«Al principio no tenía puestos asignados ni horarios»

Según le contaba Natalia Cuesta, ‘la del Moscalu’ a su hija, Veli, la plaza no tenía puestos asignados en sus inicios, ni tampoco horarios. Las mujeres los ocupaban según llegaban a diario y allí estaban mañana y tarde de lunes a domingo. Natalia ‘la del Moscalu’ (1924-1997) fue de las que empezó vendiendo por la calle con una caja de ‘menudo’ (parrocha, sardina, bocarte) sobre su cabeza que se envolvía al cliente en papel de periódico. Luego tuvo puesto en la plaza y ahí empezó su hija tras unos inicios laborales en una librería y una imprenta. Veli ‘la del Pálido’ vivió los últimos años del mercado y pese a ser los del declive los recuerda con gran cariño. «Aquello era lo mejor. No había sitio como aquél. Siempre había algún pique, alguna cosa, pero lo normal. No lo tenían que haber quitado nunca».

Los buenos recuerdos no son incompatibles con los horarios leoninos, pues Veli rememora tardes y noches de compra en la rula cuando llegaban los barcos para estar luego en la plaza, entre las 6 y las 8, para colocar la mercancía. Cuando cerró la plaza ella se alió con Dora e inmediatamente abrió una pescadería en la calle Melquíades Álvarez, a apenas unos metros de distancia, adonde se llevó su clientela. Allí estuvo hasta su jubilación hace cinco años. A sus 68, si aguza la memoria, aún resuenan en su mente aquellas frases: «Ven mocina, ven a comprar algo, mira lo guapo que lo tengo…». «Se vendía mucho», insiste. «Si lo cerraron no fue porque no se vendiera. Fue por lo que fuera».

Teodora de Blas, Dora ‘la del Chita’
«Lo mejor de Gijón ye lo que quiten. Una plaza como ésa…»

Tiene 84 años, la memoria lúcida y el reproche a flor de piel: «Lo mejor de Gijón ye lo que quiten porque una plaza como ésa no la hay en ningún lado». Teodora de Blas, ‘Dora la del Chita’, nació en Boo de Aller en 1931, mataron a su padre en la guerra y fue acogida por unas tías en Cimadevilla que «exportaban» pescado. Tenía 12 ó 13 años cuando se inició en aquel ambiente marinero del barrio de pescadores. Compraban pescado en la rula, lo llevaban a una bodega a La Soledad y a las seis de la mañana llegaba Santiago con su carro de caballos para transportarlo hasta el tren, desde donde se distribuía hacia Sama, La Felguera, Mieres… Una socia de una de sus tías tenía puesto en la plaza y Dora empezó a llevar baldes de pescado para vender, amparada por ella, sin puesto fijo. Así germinaron casi 50 años de actividad que acabaron en marzo de 1991 con el cierre definitivo.

En ese largo período vendió todo tipo de pescado, peló cientos de kilos de raya y riñón y se lo pasó de lo lindo. «Había de todo, pero lo pasábamos como dios», sentencia. Hasta tal punto que cuando abrió la pescadería con Veli en Melquíades Álvarez y le llegó la hora de la jubilación lo hizo a regañadientes. «Fue por ésta (dice señalando a la hija). Yo por gusto iba a vender otra vez», sentencia a sus 84 años. «Mira que en una ciudad como Gijón no haya una pescadería municipal…».

Ana María García ‘la Polesa’
«Empecé cubriendo las vacaciones de mi prima»

Ana María García empezó en la plaza tras 12 años en Alemania de donde se trajo un marido gallego (César el taxista), dos hijos y unos ahorros. Corría 1976 y a sus 45 años, tras limpiar en un par de casas, se estableció primero cubriendo vacaciones de su prima Chelo ‘la Mulata’ y luego sola, en el puesto vecino al de Eladia, quien le cortaba el bonito y le regalaría a su jubilación numerosos útiles. De todas habla maravillas. «De la hospitalidad de Eladia, de mi prima Chelo, de Asunción ‘la Guapita’, que me cogía a veces lo que no vendía…». ‘La Polesa’, a punto de cumplir 85, asocia el declive a la apertura de pescaderías por todo Gijón y aunque asevera que «debía seguir abierta», muestra dudas sobre su rentabilidad en estos tiempos.

Consuelo García, ‘Chelo La Mulata’
«Arturo Fernández venía mucho y hablaba con todas»

Chelo ‘la Mulata’ se acuerda del balneario de Las Carolinas, de un hospital en San Bernardo y de Arturo Fernández repartiendo juego en la plaza. «Cuando entraba ya estaba todo revuelto. Venía mucho, era muy popular y hablaba con todas». A sus casi 89 años, que cumple en abril, Chelo ‘la Mulata’ (por su madre) o ‘la Piguacha’ (por su padre) conserva una mirada pícara, una gran simpatía y muchos recuerdos. Desde la fábrica de conservas Vigil, en La Soledad, donde trabajó ocho años; a la Laboral, donde limpió; o su inicio «vendiendo pescado con la cajina (en la cabeza) por Ezcurdia». Se introdujo en la plaza arrimada a Nieves ‘la de Celsa’ y logró un puesto en 1960. Su hermano tenía lancha y si la pesca era escasa acudía a la rula a por bacalada, chicharro, parrocha, sardina…

Chelo siempre vendió menudo y así lo hizo hasta el final cuando recibió una indemnización de un millón de pesetas por los derechos acumulados. Pero aún no le daba para la jubilación. Y continuó en la propia plaza, en el soportal, a cubierto. «Los conocidos seguían viniendo a comprarme e incluso tenía una gaviota que me cuidaba el pescado cuando iba a tomar el cafetín. Lo dejaba tapado con un plástico y al volver le daba una propina», asegura. Pero aquello no era en absoluto legal y ‘La Mulata’ recibió la visita de Marichu, la secretaria del alcalde, diciéndole que la querían ver. «Consuelo, no puede estar ahí». «Les expliqué que me faltaban unos meses para la jubilación y di mi palabra de dejarlo tras ese tiempo». Así fue.

No olvida Chelo aquellos tiempos cuando los barcos salían al abareque y ya de noche ‘despescaban’ las sardinas de la red en la rampa de la rula, aquellos tiempos de la plaza en los que «vendíes lo que queríes. Te lo quitaben de las manos».

Todo ello es historia viva de Gijón, una ciudad marinera que, por extraño que parezca, desde hace 25 años carece de pescadería municipal.

Efectivamente. La Pescadería Municipal, la plaza del pescado, cayó víctima de la megalomanía, los antojos y los oscuros manejos del Alcaldón socialista, excomunista, actual senador socialista (tras un negro período en que fue el Fabra de esta provincia, con su propio Aeropuerto de Castellón: El Musel ampliado) y todavía candidato socialista a concejal en las listas electorales del PSOE, en puesto discreto: Vicente Alberto Álvarez Areces, alias Tini. Para quien, como se puede leer arriba, las pescaderas sólo tienen malas palabras. Con razón. Gijón (villa, no ciudad) pierde todo lo bueno. A cambio tiene un ayuntamiento hipertrofiado y carísimo, un miniestado bananero.

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Algo huele mal en Gijón (y en Carreño)

Especialmente al oeste de Gijón y al este de Carreño. Pero no sólo en esas zonas.

No se trata de una evocación hamletiana. En sentido estricto, físico, sólo huele a podrido cuando las emanaciones son sulfurosas. En Gijón, a menudo. (En sentido figurado, huele a podrido permanentemente, y más cuando los políticos publican sus informes). Este martes se notaba mucho. Aunque el pasado febrero Ayuntamiento gijonés, Gobierno autonómico (Foro y PSOE de la mano, como casi siempre) y sus sociedades anónimas difundieran un triunfalista y chiripitifláutico «primer Informe del Comité de Coordinación y Seguimiento del Plan de Mejora de Calidad del Aire en la Zona de Aglomeración de Gijón» (¿por qué será la jerga de los politicastros siempre tan pretenciosa y agotadora?), el aire trae otros olores.

Los olores de hoy nos recordaban los informes independientes de hace sólo una semana. Olores de intoxicación y envenenamiento masivos. ECOticias.com. Negritas nuestras:

Asturias. Se dispara la contaminación en Gijón, que nos dirán que es otra avería

Los peores valores horarios de partículas (1) fueron de La Arena 242 µg/m3 este lunes, La Calzada 135 µg/m3 el domingo, La Calzada 176 µg/m3 hoy, un valor disparatado para una zona urbana donde viven miles de personas que padecen esta contaminación.

Enviado por: ECOticias.com / Red / Agencias, 14/04/2015, 11:15 h

Caseta de control atmosférico en La CalzadaLa Coordinadora Ecoloxista ha preguntado a la Consejería de Fomento del Gobierno de Asturias si se averiaron varias estaciones de control de la contaminación a la vez, ante la disparatada contaminación padecida por los vecinos de Gijón estos últimos días, donde se han alcanzado valores desproporcionados en el caso de partículas de menos de 10 micras, sin que se hayan tomado medida alguna. Los peores valores horarios de partículas (1) fueron de La Arena 242 µg/m3 este lunes, La Calzada 135 µg/m3 el domingo, La Calzada 176 µg/m3 hoy, un valor disparado para una zona urbana donde viven miles de personas que padecen esta contaminación. La OMS recomendó en 2005 unos valores límite para partículas PM10 aún más restrictivos que los vigentes en la Unión Europea (CEE), en sus Guías de Calidad del Aire. Así, mientras la CEE considera un valor límite promedio anual de 40 µg/m3 de acuerdo a la mencionada norma transpuesta a España en el RD 102/2011, la OMS lo establece en 20 µg/m3, la mitad. La propia CEE había propuesto en el 2010 reducir los valores límites diarios para la protección a la salud 20 µg/m3 (reducción que de momento esta aplazada). La contaminación en partículas está asociada a la aparición y el agravamiento de múltiples patologías respiratorias y cardiovasculares. Las partículas pueden entrar en el sistema respiratorio, llegando y adosándose en los alvéolos, impidiendo un intercambio adecuado de oxígeno entre los pulmones y la sangre. Los valores recomendables se deben interpretar, no como un umbral de PM por debajo del cual ningún daño a la salud se observa, sino como un objetivo aceptable y alcanzable para minimizar los efectos de salud.Hay que recordar que un año más la zona central asturiana ha sido la única de España que supera todos los días el umbral de protección a la salud en contaminación del aire por partículas. Como se puede ver los valores que se superaron de forma preocupante sin que ni el Principado ni el Ayuntamiento avisen a la población del riesgo que padecían en estos días, valores que pueden seguir siendo altos mientras no llueva o disminuyan las emisiones.

[1] En estos datos la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies aplica el factor de corrección de 1,2 a las partículas PM10, tal como exigió el Ministerio de Medio Ambiente según estudio realizado por el Área de Sanidad Ambiental del Instituto Carlos III, siguiendo las recomendaciones el grupo de trabajo en Material Particulado de la Comisión Europea que recomendaba un factor de corrección de 1,3 tanto para corregir las medias diarias como las medias anuales obtenidas mediante los equipos automáticos de la red de control de calidad del aire. El Principado no aplica este factor desde el año 2006, de manera intencionada, y publica los valores crudos indicados por las estaciones de control.

Nuestros lectores repararán en que también el oriente de la zona urbana de Gijón, el barrio de La Arena, da cifras alarmantes de contaminación. A pesar de su situación, abierta a la mar y con zonas arboladas y semiruralres próximas.

La distribución de la contaminación y sus características apuntan a que la circulación de automóviles es sólo una parte del problema, y una parte más bien pequeña. ¿Será que el gas natural no es tan poco contaminante como nos vendieron? ¿Será que el Ayuntamiento de Gijón se dedica a la tala de árboles, con la consiguiente pérdida de estas «unidades de limpieza de aire», que así podría llamárseles en jerga de europolítico?

¿Será, mirando hacia el oeste del concejo de Gijón y al este del de Carreño, que las emanaciones de ciertas industrias parasitadas (la antigua ENSIDESA en manos principalmente indias de Mittal-Arcelor Steel Company; la central térmica de la antigua Hidroeléctrica del Cantábrico en manos de EDP – Energias de Portugal, S.A., a su vez controlada por especuladores internacionales, principalmente chinos; es decir, dos culturas económicas contaminantes al máximo) crecen y crecen sin que se les aplique ni siquiera la normativa vigente? No vaya a ser que Mittal cierre y se vaya. O que los consejos de administración de las eléctricas reduzcan las fastuosas sinecuras para políticos. O que los chanchullos del carbón importado dejen de nutrir las cajas B del PPSOE, del SOMA-UGT, de CC.OO., etcétera.

Naturalmente, ningún capitoste del régimen osará tampoco sugerir que la siderurgia se renacionalice y que Hidroeléctrica vuelva a manos asturianas. Las normas medioambientales podrían aplicárseles sin temor a consecuencias sociales y laborales destructivas. España necesita una siderurgia integral pública. La producción de energía debe dejar de hacerse para beneficio de la casta. Pero nada de eso va a decirlo un representante de la misma. La fatua jactancia del liberalismo económico impregna por igual al PSOE, al PP, a Foro-FAC, a IU, a UPyD en tránsito a Ciudadanos, a los nacionaliegos, y hasta a Podemos.

¡Y aún siguen queriendo poner una planta incineradora en Serín!

Y no hemos hablado hoy de contaminación acústica, de contaminación del agua

Huele mal. Huelen mal.

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Polvos de especulación, lodos del Musel

Si ayer volvíamos sobre la inútil –salvo para contratistas y para cajas B– ampliación del Musel y sus indeseables consecuencias, hoy La Nueva España trae una noticia que amplía lo que ya sabíamos. Cuatro de las cofradías de pescadores que aún conservan barcos pequeños y medianos, Gijón, Candás, Luanco y Bañugues, intentan que se les compense por la pérdida de caladeros tradicionales a causa de la susodicha ampliación. Por supuesto, la Junta de Obras del Puerto (alias Port Authority) intenta escabullirse: financiar las ocurrencias de Álvarez Areces ya les cuesta bastante dinero. Pobre Cantábrico.

Cuatro cofradías exigen al Puerto indemnizaciones por los dragados
Pescadores de Gijón, Candás, Luanco y Bañugues piden una reunión con responsables de la Autoridad Portuaria

J. M. CEINOS

Los armadores y marineros de las cofradías de pescadores de Gijón, Candás, Luanco y Bañugues, reunidos ayer en una asamblea, decidieron pedir una entrevista con los máximos responsables de la Autoridad Portuaria de Gijón, a quienes pretenden trasladar su exigencia de recibir indemnizaciones por los daños que, en la actividad pesquera de bajura, causarán los dragados, en caladeros tradicionales, para las obras de construcción del superpuerto de El Musel. Armadores y marineros fueron asesorados legalmente por un abogado contratado expresamente y, en principio, pretenden conseguir de la Autoridad Portuaria las compensaciones que reclaman sin necesidad de acudir a los tribunales de justicia, lo que, en última instancia, harían de no ver satisfechas sus reclamaciones, indicó Florentino Sánchez, que es el patrón mayor de la Cofradía de Pescadores «Virgen de la Soledad», de Gijón.

Asimismo, las cuatro cofradías citadas llevarán este asunto a la reunión que el próximo día 27 de este mes celebrará en Gijón, en la Casa del Mar, la Federación de Cofradías de Pescadores del Principado de Asturias, con el objetivo de obtener su apoyo frente a la Autoridad Portuaria.
La postura de la Autoridad Portuaria es tratar de llegar a un acuerdo que satisfaga a ambas partes, pero, en principio, sin pagar indemnizaciones por unos dragados que consideran que se realizan en aguas portuarias, es decir, en la zona de fondeo situada al norte y noroeste del puerto de El Musel. Los dragados son esenciales para la construcción de los nuevos muelles del superpuerto.

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