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Turismo interior y observancias de Semana Santa

No es la Semana Santa época de vacaciones, en el sentido que este término ha cobrado desde la década de 1960. Existe para el recogimiento y la devoción religiosa: su única razón de ser es la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Desde la noche de hoy hasta la tarde del sábado deberían estar cerrados todos los establecimientos de ocio y asueto, incluyendo los de hostelería, con las obvias excepciones de los hoteles y similares. Como siempre se hizo, a excepción de los breves períodos de desmadre, hasta que llegó el desmadre definitivo.

A veces las circunstancias obligan a eso que ahora se unifica bajo el término «turismo». Viene esto a cuento porque unos familiares de un propio de Voluntad, muy necesitados de descansar y reponerse, le contaban hoy que han optado por retirarse estos días a un balneario de Ponga.

Si tomasen ejemplo los muchos asturianos empeñados en hacer «turismo» estos días y escogiesen el turismo interior, el beneficio para nuestra región, para todos nosotros, sería considerable.

Los demás, a asistir a las procesiones. (En cambio, de los ridículos oficios de la secta vaticanosegundista mejor lejos).

A quien no le gusten las procesiones, ni las observancias tradicionales de estas fechas, ni las expresiones públicas de Fe, les queda, naturalmente, el turismo exterior. A países paganos o protestantes. Lo malo es que dejarán muy bajo el pabellón español, y darán mal ejemplo. Pero mejor que lo den lejos.

Aunque lo más honrado por su parte sería renunciar a estas vacaciones, y dedicarse discretamente a sus trabajos y tareas.

Como todos los años Voluntad, por su parte, cesa toda actividad hasta la tarde del Sábado Santo.

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Destruir para construir… ¿Es construir?

Los seguidores de Voluntad conocen nuestra preocupación por el deterioro urbanístico de Gijón (y de Candás y de Villaviciosa). Un proceso que lleva décadas produciéndose y que vuelve a acelerarse. La desaparición de los edificios bellos, representativos o simplemente interesantes y su sustitución por horrores anónimos y cosmopolitas. La destrucción de los paisajes de la villa y sus alrededores. La supresión de rincones con historia y encanto y su sustitución por calles feas y sin alma.

Recuperamos un artículo publicado hace un mes en Cosas de Arquitectos. Revista digital de Arquitectura, por Juan Ignacio Vallet. Él se refiere al caso de la ciudad portuaria argentina de Rosario. Cámbiese por Gijón y se verá que su aplicabilidad, mutatis mutandis, es evidente.

Destruir para construir… ¿es construir?

Como estudiante de arquitectura tengo la cualidad de mirar un poco más en detalle el paisaje urbano mientras recorro la ciudad y además aprendí con el tiempo que muchas veces lo mejor se encuentra mirando al cielo y no solamente hacia adelante.

En ese ejercicio diario e inconsciente que realizo noté con gran tristeza en estos últimos años cómo la especulación inmobiliaria destruyó innumerables inmuebles de principios de siglo de un valor arquitectónico incalculable.

Destruir para construir…

Vale aclarar que estas líneas no tienen como finalidad atacar la evolución lógica que se da en todas las grandes ciudades con respecto a la construcción de edificios, reconociendo que hoy por hoy la demanda exige albergar en pequeños lotes una cantidad mayor de personas que la que era necesaria hace un siglo.

Rosario es una ciudad que ha evolucionado en muchos aspectos los cuales entiendo aceleraron este proceso de modernización y de estructuración en la forma en que se encara el problema de la vivienda.

La enorme oferta de universidades e institutos hicieron que se convierta en un polo de atracción de jóvenes no sólo de las ciudades o pueblos cercanos sino también de provincias limítrofes, que vienen a formarse como profesionales y cuya estadía no implica los 5 o 6 años que normalmente demanda una carrera universitaria sino que luego de recibidos deciden instalarse definitivamente en Rosario. Sumado a esto está la presencia del puerto, el más importante del país, el cual ha generado que las empresas más importantes en el rubro cerealero tengan sus oficinas en la ciudad demandando personal capacitado el cual se instala en la ciudad de forma temporal en algunos casos y en forma definitiva en muchos otros. Es innegable que todas están circunstancias y muchas otras hacen que el modo en que se va configurando una ciudad tenga que cambiar y adaptarse a los nuevos requerimientos.

… ¿es construir?

Ahora bien, este progreso implica que muchas viviendas de un alto valor patrimonial sean destruidas. Y al referirme de valor patrimonial no hablo únicamente de la vivienda en sí y su forma de construcción, distribución interna, su ornamentación, etc. Hablo de aquellas cosas tan o más importantes que lo material que no se ven a simple vista. Al destruirse una vivienda construida en el 1900 se pierden años de recuerdos, momentos, rituales familiares, sabores, olores, sonidos, silencios, costumbres, risas, llantos. Esas viviendas fueron protagonistas de las grandes inmigraciones que poblaron este país desde toda Europa y claramente volver a empezar de cero en estas tierras fue una tarea muy dura y para nada fácil. Dejar tu tierra, abandonar tus raíces y embarcarte a otro continente en un largo viaje en el cual en los pequeños bolsos solo entraban unas pocas prendas pero muchos miedos e incertidumbres.

En pos de la modernización hemos cambiado viviendas de grandes puertas de madera o hierro —tras de las cuales había un trabajo artesanal y representaban muchas de ellas obras de arte en sí— las cuales invitaban a descubrirlas, por edificios de ingresos ínfimos, con cámaras de vigilancia y rejas; cambiamos grandes habitaciones compartidas por hermanos los cuales a fuerza de la imaginación creaban infinidad de mundos de fantasía para jugar, por habitaciones semejantes a una caja de zapatos donde escasea la imaginación y la única manera de divertirse o pasar el tiempo es a través de un televisor y una PlayStation; cambiamos una abuela amasando una pasta con salsa casera, una rica torta, un café batido con amor, una comida reunidos en familia, por el delivery más cercano, comiendo solo o reunidos hipnotizados por la televisión; cambiamos juntarnos en el gran patio familiar de las viviendas chorizo a tomar mates y conversar de la vida, por sentarnos frente a una pc o un Smartphone a chatear.

En el pasado las viviendas eran grandes, vivían varias familias, ocupaban una importante superficie de la manzana pero contrariamente a lo que se piensa sus habitantes eran unidos, solidarios, compañeros, se ayudaban, se apoyaban, conocían a sus vecinos. Hoy por hoy los departamentos son muchos más pequeños lo cual no implica cercanía sino todo lo contrario, cada hijo está en su pieza encerrado con la pc o el celular, escasea el dialogo y predomina la televisión, desconocemos a nuestros vecinos, desconfiamos de todos, no nos importa ayudar.

Quizás sea una visión anticuada pero es doloroso pasar por una vivienda antigua demolida y verla así, con sus ambientes desmembrados, vestigios de paredes revestidas de viejos azulejos, paredes destruidas. Es una herida desgarrada en esa manzana que la comprende, una herida que por más que se intente cerrar con un nuevo edificio de varios pisos nunca va a terminar de cicatrizar, porque hay risas que ya no se oyen, hay olores que ya no invaden la manzana, hay sonidos que no están y esto es obvio porque ya los dueños de esas risas, esos olores y esos sonidos no están entre nosotros físicamente… Pero viven en la memoria, en el corazón y en el alma de quienes los conocieron.

Mi nombre es Juan Ignacio Vallet, tengo 37 años, soy casado con 2 hijos y soy estudiante de la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la Universidad Nacional de Rosario donde restan 8 materias para recibirme. Siempre me interesó escribir artículos de Arquitectura y poder tener la posibilidad de que alguien los publicara.

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Un poco de sana provocación en diecinueve de marzo

Hoy, 19 de marzo de 2017, es el tercer Domingo de Cuaresma. Razón por la cual la fiesta litúrgica del glorioso patriarca San José se traslada a mañana lunes, día en que Voluntad, homenajeando a la llorada Hoja del Lunes, descansa. Lo cual, sumado a la creciente irritación que nos causa la falsa y desmelenada «memoria histórica», nos mueve a recuperar un artículo de portada del diario VOLUNTAD de 19 de marzo de 1939 (que también cayó en domingo). Recuerden, todavía faltaban unos días para el Parte de la Victoria, 1º de abril de aquel año: «En el día de hoy, cautivo y desarmado…».

VOLUNTAD, Gijón, domingo 19 de marzo de 1939

Y es que alguien tiene que devolver la irritación a los reescribidores de la historia empeñados en olvidar y hacer olvidar lo obvio.

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Hórreos y paneras, en peligro. (Aquí peligra todo)

Hórreos y paneras derribados por la ZALIA en San Andrés de los Tacones en 2009 (foto Luis Sevilla, El Comercio)

Hórreos y paneras derribados por la ZALIA en San Andrés de los Tacones en 2009 (foto Luis Sevilla, El Comercio)

La voracidad recaudatoria de los ayuntamientos democráticos ha extendido a hórreos y paneras el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI). Ello a pesar de que el derecho consuetudinario asturiano, y el sentido común que tan bien queda reflejado en él, los considera bienes muebles. Esta medida viene a sumarse a una normativa enloquecida y enloquecedora y pone a nuestros hórreos en serio peligro de desaparición, como hace unos días destacaba hasta El Confidencial madrileño.

Ese peligro es grave en Gijón, y parecido puede decirse de los concejos limítrofes. Izquierda Unida de Gijón (olvidando angelicalmente su complicidad en la destrucción masiva de hórreos en el municipio) ha sorprendido con una propuesta bastante sensata: la de dejar exentos de IBI a hórreos y paneras de más de cien años. Extrañamente pacata, sin embargo, viniendo de un partido político tan dado a estridencias. Todos los hórreos y paneras deben quedar exentos de IBI.

¿Queda algo nuestro, de lo poco que nos han dejado, que no peligre bajo este régimen voraz, desvergonzado y torpe de Foro + Podemos + PP + PSOE + C’s + IU etc.?

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Hoy, el patrono de los periodistas

VOLUNTAD, Gijón, martes 29 de enero de 1957

VOLUNTAD, Gijón, martes 29 de enero de 1957

Pues sí. Hoy, día veintinueve de enero, se celebra en la Iglesia romana la festividad de San Francisco de Sales, obispo, confesor y doctor, patrono de los periodistas. Este año de 2017 cae en el cuarto Domingo después de Epifanía. No se dejen liar por los calendarios modernos, que dan otras fechas. Para confirmar lo que decimos pueden ver a la derecha (y leerlo, que lo merece) un suelto de la primera plana de VOLUNTAD de tal día como hoy hace sesenta años, en tiempos más seguros en materia litúrgica (y en otras).

Mucho han cambiado las cosas desde entonces. Casi todas para mal, o más bien para peor. Para los periódicos y para los periodistas han empeorado especialmente. ¿Se acuerda alguno aún de cuando éste día era verdaderamente festivo para ellos? Hoy lo habría sido doblemente: por domingo (con los beneficios añadidos que suponía la difunta Hoja del Lunes) y por el Patrón.

Quienes hoy se dediquen a esta profesión y a pesar de ello no hayan perdido el norte ni el oremus, entenderán y disfrutarán este Orbayu firmado por Javier (el director de VOLUNTAD en aquellos días, el gran Francisco Villalgordo), de la misma primera plana. Los demás también agradecerán leerla, por lo bien escrita (buen estilo, algo escaso en el periodismo actual), por su tono de donosa gracia y porque resulta evocadora:

VOLUNTAD, Gijón, martes 29 de enero de 1957

VOLUNTAD, Gijón, martes 29 de enero de 1957

Y es que no podemos evitarlo. Casi cualquier tiempo pasado fue verdaderamente mejor.

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Marañuelas: ¿Carreño (y Gozón), expoliados?

Hace casi un año advertíamos en Voluntad contra el peregrino proyecto de «unificar» y poner uniforme oficial a las marañuelas de Candás (mejor, de Carreño) y de Luanco (mejor, de Gozón). Mas, ay, ya sabemos que la necedad se impone. Oficialmente, las marañuelas dejan hoy de ser de Candás y de Luanco para convertirse en «Alimentos del Paraíso Natural» con «sello de calidad del Principado». Una campaña, la de los «Alimentos del Paraíso Natural», que puede no haber sido mala idea, pero que está siendo gestionada de manera pésima. Pero, atención: si la redacción del Comercio es correcta, Carreño y Gozón habrían perdido la exclusividad del producto, algo que hasta ahora tenían sin necesidad de que nadie lo regulase. Negritas nuestras:

Les marañueles ya están en el Paraíso

Los tradicionales dulces de Candás y Luanco ya lucen el sello de calidad
La Consejería de Desarrollo Rural aprobó el reglamento de uso para su elaboración, aplicando los requisitos artesanales locales

Artesanas del horno de Luanco, durante el proceso de elaboración artesanal de las marañuelas. / P. G.-P.

Artesanas del horno de Luanco, durante el proceso de elaboración artesanal de las marañuelas. / P. G.-P.

Fue una carrera de largo recorrido que hoy alcanzará su meta final que no es otra que la garantía de un producto elaborado con los cánones tradicionales y artesanales. Así quedará recogido en el decreto que hoy publicará el Boletín Oficial del Principado de Asturias (BOPA), en el que el típico dulce candasín y luanquín contará con el amparo que ofrece el sello de calidad del Principado ‘Alimentos del Paraíso Natural’.

La consejería aprobó el documento definitivo del reglamento que regulará su producción. Para ello fue preciso unificar criterios y aprobar las diversas formas de elaboración, especialmente por parte de los artesanos de Candás. No fue así en Luanco al aceptar una sola fórmula de sus ingredientes. Ahora, con la entrada en vigor de la norma que regula su elaboración, cualquier artesano interesado podrá hacer uso de esta marca siempre y cuando se ajuste al método de confección descrito. Para garantizar estas condiciones, una firma externa se encargará de efectuar los controles anuales garantes del cumplimiento.

En el proceso se implicaron la consejería de Desarrollo Rural y Recursos Naturales, la Unión de Comerciantes del Principado de Asturias y el Ayuntamiento de Carreño.

Así, la definición del producto queda como una «pasta seca a base de harina, mantequilla y azúcar con un peso aproximado de cuarenta gramos por unidad». En cuanto a las materias primas, las elaboradas en Luanco serán a base de harina de trigo, azúcar blanca, mantequilla de vaca, huevos enteros, yemas de huevo y limones.

La variante candasina supone el añadido de ingredientes como el anís y la canela, entre otros.

«Cualquier artesano interesado podrá hacer uso de esta marca». ¿Sólo de Carreño y de Gozón, como es de justicia, o también los «artesanos» de Avilés que ya la usan? ¿Y los de Gijón? ¿De la Pola? ¿De Peñamellera? ¿De Villalpando? ¿De Majadahonda? ¿De Pekín?

¡A ver si el escatológico titular debería ser más bien

Les marañueles ya están en el camposanto!

La protección del producto se impuso a las rivalidades locales

La historia de les marañueles de Candás y Luanco está marcada especialmente por la defensa de su origen. En el debate se escucharon muchas opiniones que, únicamente, dejaron claro que la única peculiaridad del dulce es su forma de presentación. O sea una maraña que simula algunos nudos empleados por los marineros. El resto, como la base de los productos empleados, son clásicos de la repostería con las peculiaridades del empleo de los huevos con su yema y clara o solo con yemas. Las variedades que se dan en su confección en Candás, con anís, canela y otros añadidos para potenciar el sabor también son empleadas en Luanco en las diferentes elaboraciones caseras.

Durante la tramitación del sello de calidad, los artesanos productores de ambas villas se olvidaron de estas diferencias, apostando por la protección de los productos que lo definen.

Lo dicho. Si la mostrenca redacción de la noticia que elabora El Comercio ha de entenderse literalmente, los elaboradores de marañuelas van a tener que lamentar no haber optado, ya que denominación querían, por dos diferenciadas: «Marañuelas de Candás» (o «de Carreño», las mejores) y «Marañuelas de Luanco» (o «de Gozón»). Ponerse en manos del Gobierno autonómico conlleva demasiados riesgos innecesarios.

 

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Aquel Gijón que perdimos. Justificada nostalgia en el Año Nuevo

Calle Jovellanos, década de 1850. En primer plano, a la izquierda, el Antiguo Instituto; a continuación, el primer Teatro Jovellanos. Al fondo, la calle de los Moros

Calle Jovellanos, década de 1850. En primer plano, a la izquierda, el Antiguo Instituto; a continuación, el primer Teatro Jovellanos. Al fondo, la calle de los Moros

Primera entrada del año 2017 en este cuaderno de bitácora. Pero ya saben nuestros seguidores que Voluntad se actualiza diariamente (excepto los lunes) en su cuenta de Twitter.

El año nuevo hace buena excusa para volver la vista al pasado. Algo que en Gijón sólo puede hacerse con nostalgia. Si pensamos en la historia de la villa, en su urbanismo, su paisaje y sus edificios, el sentido de pérdida irreparable se impone.

Ahora que se discuten mil y un usos improcedentes para el edificio de la antigua Escuela de Comercio (por no hablar, que ya se habla demasiado y sin sentido, del Convento de las Madres Agustinas Recoletas de Cimadevilla, la añorada fábrica de tabaco), vamos a posar los ojos en la manzana anterior. El antiguo Instituto Jovellanos, segundo edificio que ocupara el Instituto de Náutica y Mineralogía fundado por don Gaspar (el primero fue destrozado para convertirlo en un chigre con hostal, por obra de cierto comunista con la activa complicidad del consistorio socialista). Bello y proporcionado edificio de una planta, la posterior adición de la segunda no lo afearía ni desfiguraría, al contrario de los recrecidos que se estilan desde que se impusieron los ayuntamientos «democráticos» en las últimas décadas del siglo XX.

A su derecha, el Teatro Jovellanos. El original. (El actual del Paseo de Begoña nació, como es sabido, llamándose Teatro Dindurra). Un bello edificio, casi copia a escala del Teatro Real de Madrid, levantado entre las décadas de 1840 y 1850. Obra del arquitecto Andrés Coello. Que pasó hasta al imaginario popular de los concejos limítrofes: en alusión a la enorme lámpara de araña que pendía de su techo, decíase aquello de «¿Viste l’araña?» «¡Vi l’arañón!» «¿Dónde lu viste?» «¡Vilu’n Xixón!» (porque a Gijón lo llamaban Xixón los campesinos de otras partes del centro de Asturias; nunca los gijoneses). El primero de España que tuvo iluminación eléctrica.

Pero llegó la cachonda Segunda República y enajenó el edificio, que fue derribado para levantar en su solar otro (bastante digno, pero muy inferior) destinado al Banco de España; donde hoy se aloja la Biblioteca Pública Jovellanos.

El fondo de la imagen, ya en la calle de los Moros, muestra edificios extraordinariamente interesantes, de los que ni traza queda. Despiertan la curiosidad, y hasta cierta fascinación, por los detalles que pueden distinguirse. ¡Qué Gijón tuvimos, qué Gijón pudimos tener! Pero nos han dejado esta pesadilla urbanística, entre Benidorm y Marrakech. Y empeorando.

Cualquier tiempo pasado parece verdaderamente mejor.

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