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Destruir para construir… ¿Es construir?

Los seguidores de Voluntad conocen nuestra preocupación por el deterioro urbanístico de Gijón (y de Candás y de Villaviciosa). Un proceso que lleva décadas produciéndose y que vuelve a acelerarse. La desaparición de los edificios bellos, representativos o simplemente interesantes y su sustitución por horrores anónimos y cosmopolitas. La destrucción de los paisajes de la villa y sus alrededores. La supresión de rincones con historia y encanto y su sustitución por calles feas y sin alma.

Recuperamos un artículo publicado hace un mes en Cosas de Arquitectos. Revista digital de Arquitectura, por Juan Ignacio Vallet. Él se refiere al caso de la ciudad portuaria argentina de Rosario. Cámbiese por Gijón y se verá que su aplicabilidad, mutatis mutandis, es evidente.

Destruir para construir… ¿es construir?

Como estudiante de arquitectura tengo la cualidad de mirar un poco más en detalle el paisaje urbano mientras recorro la ciudad y además aprendí con el tiempo que muchas veces lo mejor se encuentra mirando al cielo y no solamente hacia adelante.

En ese ejercicio diario e inconsciente que realizo noté con gran tristeza en estos últimos años cómo la especulación inmobiliaria destruyó innumerables inmuebles de principios de siglo de un valor arquitectónico incalculable.

Destruir para construir…

Vale aclarar que estas líneas no tienen como finalidad atacar la evolución lógica que se da en todas las grandes ciudades con respecto a la construcción de edificios, reconociendo que hoy por hoy la demanda exige albergar en pequeños lotes una cantidad mayor de personas que la que era necesaria hace un siglo.

Rosario es una ciudad que ha evolucionado en muchos aspectos los cuales entiendo aceleraron este proceso de modernización y de estructuración en la forma en que se encara el problema de la vivienda.

La enorme oferta de universidades e institutos hicieron que se convierta en un polo de atracción de jóvenes no sólo de las ciudades o pueblos cercanos sino también de provincias limítrofes, que vienen a formarse como profesionales y cuya estadía no implica los 5 o 6 años que normalmente demanda una carrera universitaria sino que luego de recibidos deciden instalarse definitivamente en Rosario. Sumado a esto está la presencia del puerto, el más importante del país, el cual ha generado que las empresas más importantes en el rubro cerealero tengan sus oficinas en la ciudad demandando personal capacitado el cual se instala en la ciudad de forma temporal en algunos casos y en forma definitiva en muchos otros. Es innegable que todas están circunstancias y muchas otras hacen que el modo en que se va configurando una ciudad tenga que cambiar y adaptarse a los nuevos requerimientos.

… ¿es construir?

Ahora bien, este progreso implica que muchas viviendas de un alto valor patrimonial sean destruidas. Y al referirme de valor patrimonial no hablo únicamente de la vivienda en sí y su forma de construcción, distribución interna, su ornamentación, etc. Hablo de aquellas cosas tan o más importantes que lo material que no se ven a simple vista. Al destruirse una vivienda construida en el 1900 se pierden años de recuerdos, momentos, rituales familiares, sabores, olores, sonidos, silencios, costumbres, risas, llantos. Esas viviendas fueron protagonistas de las grandes inmigraciones que poblaron este país desde toda Europa y claramente volver a empezar de cero en estas tierras fue una tarea muy dura y para nada fácil. Dejar tu tierra, abandonar tus raíces y embarcarte a otro continente en un largo viaje en el cual en los pequeños bolsos solo entraban unas pocas prendas pero muchos miedos e incertidumbres.

En pos de la modernización hemos cambiado viviendas de grandes puertas de madera o hierro —tras de las cuales había un trabajo artesanal y representaban muchas de ellas obras de arte en sí— las cuales invitaban a descubrirlas, por edificios de ingresos ínfimos, con cámaras de vigilancia y rejas; cambiamos grandes habitaciones compartidas por hermanos los cuales a fuerza de la imaginación creaban infinidad de mundos de fantasía para jugar, por habitaciones semejantes a una caja de zapatos donde escasea la imaginación y la única manera de divertirse o pasar el tiempo es a través de un televisor y una PlayStation; cambiamos una abuela amasando una pasta con salsa casera, una rica torta, un café batido con amor, una comida reunidos en familia, por el delivery más cercano, comiendo solo o reunidos hipnotizados por la televisión; cambiamos juntarnos en el gran patio familiar de las viviendas chorizo a tomar mates y conversar de la vida, por sentarnos frente a una pc o un Smartphone a chatear.

En el pasado las viviendas eran grandes, vivían varias familias, ocupaban una importante superficie de la manzana pero contrariamente a lo que se piensa sus habitantes eran unidos, solidarios, compañeros, se ayudaban, se apoyaban, conocían a sus vecinos. Hoy por hoy los departamentos son muchos más pequeños lo cual no implica cercanía sino todo lo contrario, cada hijo está en su pieza encerrado con la pc o el celular, escasea el dialogo y predomina la televisión, desconocemos a nuestros vecinos, desconfiamos de todos, no nos importa ayudar.

Quizás sea una visión anticuada pero es doloroso pasar por una vivienda antigua demolida y verla así, con sus ambientes desmembrados, vestigios de paredes revestidas de viejos azulejos, paredes destruidas. Es una herida desgarrada en esa manzana que la comprende, una herida que por más que se intente cerrar con un nuevo edificio de varios pisos nunca va a terminar de cicatrizar, porque hay risas que ya no se oyen, hay olores que ya no invaden la manzana, hay sonidos que no están y esto es obvio porque ya los dueños de esas risas, esos olores y esos sonidos no están entre nosotros físicamente… Pero viven en la memoria, en el corazón y en el alma de quienes los conocieron.

Mi nombre es Juan Ignacio Vallet, tengo 37 años, soy casado con 2 hijos y soy estudiante de la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la Universidad Nacional de Rosario donde restan 8 materias para recibirme. Siempre me interesó escribir artículos de Arquitectura y poder tener la posibilidad de que alguien los publicara.

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Se constata que a ALIMERKA y a COGERSA les importa poco el reciclado de materiales peligrosos

El 16 de febrero último hablaba Voluntad de lo difícil que resulta llevar bombillas LED a reciclar, a pesar de la publicidad de COGERSA. Y de la ausencia de contenedores para ese fin en los supermercados de ALIMERKA, por ejemplo.

Por ver qué nos podían decir ambas empresas, se les dirigió un tuit directo con enlace a nuestra entrada:

¿Saben cuáles fueron las respuestas?

Lo han adivinado. No las hubo.

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Ideas «luminosas». Lo difícil que resulta llevar bombillas LED a reciclar

«Una vez que llegan al final de su vida útil lleva las bombillas fluocompactas, los fluorescentes y las bombillas LED a un punto limpio de COGERSA o a un establecimiento de venta [de] iluminación donde encontrarás los contenedores adecuados para su depósito. De esta forma garantizas su correcto reciclado».

«Una vez que llegan al final de su vida útil lleva las bombillas fluocompactas, los fluorescentes y las bombillas LED a un punto limpio de COGERSA o a un establecimiento de venta [de] iluminación donde encontrarás los contenedores adecuados para su depósito. De esta forma garantizas su correcto reciclado».

Bueno. Ya ven arriba las indicaciones que da COGERSA (Compañía para la Gestión de los Residuos Sólidos en Asturias, Sociedad Anónima Unipersonal) para el reciclado de bombillas. Lo tomamos de la ficha Bombillas de su Carpeta del reciclaje, http://www.cogersa.es/metaspace/file/52241.pdf.

Tras terminar su vida útil, las bombillas LED, así como las fluocompactas o «de bajo consumo», resultan tremendamente contaminantes. ¿Un viaje a un punto limpio para tirar una bombilla? A no ser que se viva al lado, es poco realista plantearlo. A la mayoría de los vecinos de Gijón y su comarca los puntos limpios les quedan lejos. ¿Almacenarlas en casa para poder llevarlas más adelante, con el riesgo de rotura y contaminación? Poco realista también.

Ah, pero tenemos la solución. Llevarlas «a un establecimiento de venta [de] iluminación donde encontrarás los contenedores adecuados para su depósito».

Hoy la compra de bombillas se efectúa sobre todo en grandes superficies y, especialmente, en grandes y medianos supermercados, próximos a las viviendas.

Pues pruebe usted a depositar las bombillas que ya no funcionan en los supermercados ALIMERKA, la mayor cadena de Asturias. Seguramente va a encontrarse con que no tienen contenedores para ellas. Le tocará volver a casa con la bombilla vieja, procurando que no se rompa con tanto trajín. No son los únicos supermercados o hipermercados que no disponen de contenedores para bombillas y fluorescentes.

(El caso de ALIMERKA es en esta ocasión especialmente desafortunado. Porque venden bombillas CEGASA, lo cual es muy de agradecer. A buen precio y de calidad razonable; la principal de las marcas españolas del sector que aún sobreviven. Aunque parte de sus productos estén ahora fabricados en China. Consecuencia, probablemente, de haber sido traicioneramente marginados por los Gobiernos de turno, como Voluntad explicaba hace ocho años).

¿No podría COGERSA ocuparse de que esos contenedores estén disponibles para el público en todos los puntos de venta? Así la voluntad de reciclar resultaría más creíble, y menos arduo el hábito de hacerlo. Así, de paso, sus responsables se distraerían de intentar colarnos una gran incineradora para acabar de asfixiarnos.

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Hórreos y paneras, en peligro. (Aquí peligra todo)

Hórreos y paneras derribados por la ZALIA en San Andrés de los Tacones en 2009 (foto Luis Sevilla, El Comercio)

Hórreos y paneras derribados por la ZALIA en San Andrés de los Tacones en 2009 (foto Luis Sevilla, El Comercio)

La voracidad recaudatoria de los ayuntamientos democráticos ha extendido a hórreos y paneras el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI). Ello a pesar de que el derecho consuetudinario asturiano, y el sentido común que tan bien queda reflejado en él, los considera bienes muebles. Esta medida viene a sumarse a una normativa enloquecida y enloquecedora y pone a nuestros hórreos en serio peligro de desaparición, como hace unos días destacaba hasta El Confidencial madrileño.

Ese peligro es grave en Gijón, y parecido puede decirse de los concejos limítrofes. Izquierda Unida de Gijón (olvidando angelicalmente su complicidad en la destrucción masiva de hórreos en el municipio) ha sorprendido con una propuesta bastante sensata: la de dejar exentos de IBI a hórreos y paneras de más de cien años. Extrañamente pacata, sin embargo, viniendo de un partido político tan dado a estridencias. Todos los hórreos y paneras deben quedar exentos de IBI.

¿Queda algo nuestro, de lo poco que nos han dejado, que no peligre bajo este régimen voraz, desvergonzado y torpe de Foro + Podemos + PP + PSOE + C’s + IU etc.?

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In memoriam Lucinda González Caso

El ParvulitoHace hoy un mes, el 4 de octubre de 2016, fallecía en Somió doña Lucinda González Caso. Ese nombre dirá poco a la mayoría de los gijoneses. Si ponemos que falleció la Señorita Luci, algo dirá a unos cuantos más.

La Señorita Luci. Aunque casada y con dos hijas (una de ellas muerta en accidente hace bastantes años), así era conocida por los niños a los que eficacísimamente enseñaba esta maestra en una única habitación alquilada de un piso de la calle del Coronel Pinilla (hoy del Profesor Miguel Ángel González Muñiz), enfrente del que habitaba con su familia. Un par de horas por la mañana (sábados incluidos) y otro par por la tarde bastaban para aprender con ella mucho más que en los colegios de esta villa. Bueno, también mandaba unos pocos deberes, de esos ahora demonizados por asociaciones sectarias que pretenden representar a «madres y padres de alumnas/os».

Afectuosa y recta, con esa autoridad de las maestras de antes (que no necesitaban ser «profesoras» ni licenciadas en no se sabe qué), dejó buen recuerdo en cuantos recibieron su enseñanza, a pesar de que no dudaba en castigar de rodillas o en dar un par de bofetones cuando era conveniente.

Copias, dictados, dibujos, cuentas y problemas, memorización… Métodos tradicionales, probados por muchos años de éxito, hacían que quienes pasaban de sus clases a otras aulas llevasen una enorme ventaja sobre sus nuevos compañeros en lengua española, matemáticas, geografía y otras materias. Hasta en la religión iba bien encaminada: cuando apareció el Catecismo Escolar de la Conferencia Episcopal vaticanosegundista, la Señorita Luci torcía el gesto ante aquel libro heterodoxo y mantenía el Catecismo de la Doctrina Cristiana (Texto nacional).

Aquello empezó a hacerse difícil con la nefasta Ley General de Educación de 1970, la Ley Villar Palasí que señaló el principio del fin de la enseñanza de calidad en España e impuso la escolarización obligatoria, entre otras medidas tercermundistas.

La Señorita Luci aguantó cuanto pudo, beneficiando con su trabajo a muchos niños gijoneses. De orígenes familiares en la Marina, hasta hace pocos años vivía con su marido, José Arturo Rodríguez Castro, y en frecuente relación con sus hermanos; todos fallecieron en breve espacio de tiempo y últimamente doña Lucinda habitaba en la Residencia Plaza Real de Somió. Nos dejó a los noventa y dos años de edad. La sobrevive su hija Isabel, casada y con un hijo.

Requiescat in pace.

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Menos mal que alguien más lo dice

Este domingo, además del vigésimo después de Pentecostés, se celebra la fiesta de los Santos Ángeles Custodios. Patronos de la Policía. Nos hemos desayunado con la noticia de que el centralismo liberal y provinciano, espoleado por los tristemente célebres recortes del Partido Popular, arrebata a la Comisaría de la Policía Nacional de Gijón —la más atareada de Asturias— la sala del 091, la centralita de llamadas de emergencia, que es trasladada a Oviedo. Seguimos en las mismas. Ya lo intentaban en tiempos de Jovellanos, pero desde 1833 (triunfo del golpe de Estado liberal-despótico en la Corte de Madrid) lo hacen sin freno.

Asunto policial, además de sanitario —psiquiátrico— es el que hoy nos ocupa. O lo era, antes de que el PSOE emprendiera sus despenalizaciones, confirmadas y consolidadas luego por el PP. Majaderos e irresponsables hasta lo criminal, conduciendo a la sociedad al abismo, hemos llamado en Voluntad a los que han banalizado las drogas, especialmente las mal llamadas blandas, y han convertido a España en una nación psicótica, adicta a los estupefacientes. El Comercio, sorprendentemente, nos daba la razón el pasado 18 de septiembre.

«Se ha banalizado fumar porros, pero es muy grave»

Eduardo Carreño, especialista en conductas adictivas, constata «un notable aumento de adictos al hachís» en su consulta
«No hace falta un consumo prolongado para que se produzcan alteraciones mentales, como esquizofrenias o trastornos de conducta»

Olaya Suárez. Gijón
Eduardo Carreño, en su consulta de la Calle Asturias / Álex Piña

Eduardo Carreño, en su consulta de la Calle Asturias / Álex Piña

El consumo de cannabis y hachís puede llevar aparejadas graves alteraciones mentales. Entre las más comunes está la esquizofrenia de origen químico, que provoca, entre otros síntomas, alucinaciones, delirios, trastornos de pensamiento y trastornos de movimiento. Eduardo Carreño, médico especialista en conductas adictivas, constata un «gran aumento» del consumo de cannabis y hachís, «principalmente durante el último año, aunque en los dos anteriores también habíamos apreciado un crecimiento».

La mayoría de consumidores de este tipo de drogas que acude a su clínica son «o bien jóvenes menores de edad que son enviados por los padres en cuanto se enteran de la adicción o bien personas de entre 30 y 40 años que llevan años consumiendo sin ser conscientes de las consecuencias del hábito». Porque el principal problema, explica este experto, es que «se ha banalizado tanto el consumo de cannabis como el de hachís, de hecho, se ha extendido la creencia de que es más saludable fumarse un porro de marihuana que un cigarro de tabaco y es totalmente falso, una falacia».

«No hace falta un consumo prolongado para que aparezcan las primeras consecuencias y alteraciones mentales. Hay varios factores que influyen, entre ellos la predisposición de cada individuo, la vulnerabilidad del cerebro, la pureza de la droga y la cantidad que se fume», apunta.

Se da la circunstancia de que en los últimos años se ha detectado un incremento de la pureza de las plantas de marihuana, lo que repercute directamente en los efectos en el organismo. Entre los trastornos más habituales están la ansiedad, trastornos afectivos, síndromes amotivacionales, esquizofrenias, ataques de pánico y trastornos de conducta.

Psicosis inducida

Una muestra del aumento del consumo de este tipo de sustancias estupefacientes es que solo durante el último año Eduardo Carreño ha atendido a tres personas que llegaron a su consulta con cuadros de psicosis inducida por consumo de cannabis, una cifra muy superior a la de años anteriores. La psicosis inducida es un trastorno delirante grave que puede prolongarse en el tiempo y que se produce en asociación con estados de intoxicación o abstinencia de la droga consumida.

En personas con una predisposición biológica para el desarrollo de enfermedades mentales, el consumo de los denominados porros actúa como acelerante de la patología y agrava sus síntomas y efectos. Carreño aconseja a todas aquellas personas que tengan en su entorno a un consumidor habitual de hachís y cannabis a que lo animen para que acuda a una consulta médica en la que poder evaluar su estado de salud.

Los problemas derivados del aumento del consumo son ya palpables, si bien los efectos serán más evidentes en el futuro. «Ya estamos viendo las consecuencias, pero indudablemente los trastornos empezarán a ser más notables a medida que pase el tiempo si la tendencia continúa al alza», señala Carreño.

El médico especialista en conductas adictivas alerta de la necesidad de realizar campañas preventivas por parte de las administraciones públicas. «Se ha bajado un poco la guardia en lo que respecta a la prevención y es ahora cuando se están empezando a notar las consecuencias. Durante los años 80 y 90 las campañas informativas sobre el peligro de consumir heroína y cocaína fueron determinantes para conseguir un retroceso y una sensibilización en la sociedad. Ahora se ha reducido un poco el ritmo en esa prevención y lo estamos notando», considera.

«Tanto los padres de menores consumidores como los propios consumidores de cannabis o hachís tienen que tener muy presente que fumar un porro tiene graves consecuencias y es igual o más perjudicial que consumir otro tipo de sustancias estupefacientes de las que no se consideran blandas», resume Eduardo Carreño.

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