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Destruir para construir… ¿Es construir?

Los seguidores de Voluntad conocen nuestra preocupación por el deterioro urbanístico de Gijón (y de Candás y de Villaviciosa). Un proceso que lleva décadas produciéndose y que vuelve a acelerarse. La desaparición de los edificios bellos, representativos o simplemente interesantes y su sustitución por horrores anónimos y cosmopolitas. La destrucción de los paisajes de la villa y sus alrededores. La supresión de rincones con historia y encanto y su sustitución por calles feas y sin alma.

Recuperamos un artículo publicado hace un mes en Cosas de Arquitectos. Revista digital de Arquitectura, por Juan Ignacio Vallet. Él se refiere al caso de la ciudad portuaria argentina de Rosario. Cámbiese por Gijón y se verá que su aplicabilidad, mutatis mutandis, es evidente.

Destruir para construir… ¿es construir?

Como estudiante de arquitectura tengo la cualidad de mirar un poco más en detalle el paisaje urbano mientras recorro la ciudad y además aprendí con el tiempo que muchas veces lo mejor se encuentra mirando al cielo y no solamente hacia adelante.

En ese ejercicio diario e inconsciente que realizo noté con gran tristeza en estos últimos años cómo la especulación inmobiliaria destruyó innumerables inmuebles de principios de siglo de un valor arquitectónico incalculable.

Destruir para construir…

Vale aclarar que estas líneas no tienen como finalidad atacar la evolución lógica que se da en todas las grandes ciudades con respecto a la construcción de edificios, reconociendo que hoy por hoy la demanda exige albergar en pequeños lotes una cantidad mayor de personas que la que era necesaria hace un siglo.

Rosario es una ciudad que ha evolucionado en muchos aspectos los cuales entiendo aceleraron este proceso de modernización y de estructuración en la forma en que se encara el problema de la vivienda.

La enorme oferta de universidades e institutos hicieron que se convierta en un polo de atracción de jóvenes no sólo de las ciudades o pueblos cercanos sino también de provincias limítrofes, que vienen a formarse como profesionales y cuya estadía no implica los 5 o 6 años que normalmente demanda una carrera universitaria sino que luego de recibidos deciden instalarse definitivamente en Rosario. Sumado a esto está la presencia del puerto, el más importante del país, el cual ha generado que las empresas más importantes en el rubro cerealero tengan sus oficinas en la ciudad demandando personal capacitado el cual se instala en la ciudad de forma temporal en algunos casos y en forma definitiva en muchos otros. Es innegable que todas están circunstancias y muchas otras hacen que el modo en que se va configurando una ciudad tenga que cambiar y adaptarse a los nuevos requerimientos.

… ¿es construir?

Ahora bien, este progreso implica que muchas viviendas de un alto valor patrimonial sean destruidas. Y al referirme de valor patrimonial no hablo únicamente de la vivienda en sí y su forma de construcción, distribución interna, su ornamentación, etc. Hablo de aquellas cosas tan o más importantes que lo material que no se ven a simple vista. Al destruirse una vivienda construida en el 1900 se pierden años de recuerdos, momentos, rituales familiares, sabores, olores, sonidos, silencios, costumbres, risas, llantos. Esas viviendas fueron protagonistas de las grandes inmigraciones que poblaron este país desde toda Europa y claramente volver a empezar de cero en estas tierras fue una tarea muy dura y para nada fácil. Dejar tu tierra, abandonar tus raíces y embarcarte a otro continente en un largo viaje en el cual en los pequeños bolsos solo entraban unas pocas prendas pero muchos miedos e incertidumbres.

En pos de la modernización hemos cambiado viviendas de grandes puertas de madera o hierro —tras de las cuales había un trabajo artesanal y representaban muchas de ellas obras de arte en sí— las cuales invitaban a descubrirlas, por edificios de ingresos ínfimos, con cámaras de vigilancia y rejas; cambiamos grandes habitaciones compartidas por hermanos los cuales a fuerza de la imaginación creaban infinidad de mundos de fantasía para jugar, por habitaciones semejantes a una caja de zapatos donde escasea la imaginación y la única manera de divertirse o pasar el tiempo es a través de un televisor y una PlayStation; cambiamos una abuela amasando una pasta con salsa casera, una rica torta, un café batido con amor, una comida reunidos en familia, por el delivery más cercano, comiendo solo o reunidos hipnotizados por la televisión; cambiamos juntarnos en el gran patio familiar de las viviendas chorizo a tomar mates y conversar de la vida, por sentarnos frente a una pc o un Smartphone a chatear.

En el pasado las viviendas eran grandes, vivían varias familias, ocupaban una importante superficie de la manzana pero contrariamente a lo que se piensa sus habitantes eran unidos, solidarios, compañeros, se ayudaban, se apoyaban, conocían a sus vecinos. Hoy por hoy los departamentos son muchos más pequeños lo cual no implica cercanía sino todo lo contrario, cada hijo está en su pieza encerrado con la pc o el celular, escasea el dialogo y predomina la televisión, desconocemos a nuestros vecinos, desconfiamos de todos, no nos importa ayudar.

Quizás sea una visión anticuada pero es doloroso pasar por una vivienda antigua demolida y verla así, con sus ambientes desmembrados, vestigios de paredes revestidas de viejos azulejos, paredes destruidas. Es una herida desgarrada en esa manzana que la comprende, una herida que por más que se intente cerrar con un nuevo edificio de varios pisos nunca va a terminar de cicatrizar, porque hay risas que ya no se oyen, hay olores que ya no invaden la manzana, hay sonidos que no están y esto es obvio porque ya los dueños de esas risas, esos olores y esos sonidos no están entre nosotros físicamente… Pero viven en la memoria, en el corazón y en el alma de quienes los conocieron.

Mi nombre es Juan Ignacio Vallet, tengo 37 años, soy casado con 2 hijos y soy estudiante de la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la Universidad Nacional de Rosario donde restan 8 materias para recibirme. Siempre me interesó escribir artículos de Arquitectura y poder tener la posibilidad de que alguien los publicara.

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Feliz Navidad

Mañana no se publicará VOLUNTAD
Hace hoy diez años, en la vigilia de Navidad de 2006 emprendió su camino este cuaderno de bitácora que homenajea al desaparecido diario VOLUNTAD.

Deseamos feliz Navidad a nuestros lectores con la última página de VOLUNTAD del 24 de diciembre de 1974, última Nochebuena que acompañaría a los gijoneses. Que el Niño Dios les colme de bendiciones.

Pulse sobre la imagen para leer esta última página. Sí, es 1974. Franco todavía vivía y gobernaba... Lean, lean y sorpréndanse.

Pulse sobre la imagen para leer esta última página. Sí, es 1974. Franco todavía vivía y gobernaba, VOLUNTAD era un periódico del Movimiento… Lean, lean y sorpréndanse.

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VOLUNTAD instantáneo: @Voluntad_tuits en Twitter

@Voluntad_tuits
Sea retuiteando los mensajes de otros con información relevante para nuestros lectores, sea reenviando tuits ajenos con comentarios propios, o con nuestros propios mensajes, Voluntad mantiene una actualización permanente y ágil que puede consultarse aquí mismo, en la barra lateral derecha, o mejor aún en https://twitter.com/Voluntad_tuits.

Ni siquiera hace falta tener una cuenta en Twitter para consultar la nuestra. Quienes ya tengan la suya, harán bien en suscribirse a la de Voluntad.

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Han perdido el juicio. El modernismo vernáculo y paleto llega a la administración de justicia

Lo que faltaba. Una tal «Cumbre Judicial Iberoamericana», a la que al parecer pertenece el Estado español y que debe ser la versión sumarial del «Consejo Episcopal Latinoamericano» (el tristemente célebre CELAM, engendro vaticanosegundista al cual debemos el nuevo Padrenuestro falsificado y bien alejado del canónico latino; nótese que tanto la «Cumbre» como el «Consejo» evitan llamarse hispanoamericanos, que es lo que son), acuerda eliminar las locuciones latinas de autos y sentencias. Lo hace, para más inri, a propuesta de los representantes de España además de los de Paraguay, Colombia, Bolivia, Chile y Ecuador. Lo cuenta, en mal español y con indisimulada aprobación, ConfiLegal:

Las frases en latín serán eliminadas de autos y sentencias, según acuerdo de Cumbre Judicial Iberoamericana

Carlos Berbell

Las frases en latín que se suelen utilizar en autos, sentencias y dictámenes serán eliminadas en los poderes judiciales de los 23 países que forman parte de Cumbre Judicial Iberoamericana -organización de la que es miembro España- para que los ciudadanos puedan comprender con facilidad las fundamentaciones contenidas en dichos documentos, según se acordó en la XVIII Asamblea de Cumbre, que tuvo lugar esta semana en Asunción, Paraguay.

La propuesta para la eliminación de las frases en latín fue presentada por los representantes de España, Paraguay, Colombia, Bolivia, Chile y Ecuador.

De esta forma, frases como “fumus boni iuris“, es decir, apariencia de buen derecho, necesaria para deducir determinadas pretensiones de carácter procesal, como en el caso de las medidas cautelares, o “periculum in mora“, peligro de mora o de tardanza en la resolución del proceso.

La delegación española en la XVIII Asamblea de Cumbre Judicial Iberoamericana: Carlos Lesmes, presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, Ana Murillo, directora del Gabinete del presidente, y Juan Martínez Moya, vocal del CGPJ. Poder Judicial de Paraguay.

La delegación española en la XVIII Asamblea de Cumbre Judicial Iberoamericana: Carlos Lesmes, presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, Ana Murillo, directora del Gabinete del presidente, y Juan Martínez Moya, vocal del CGPJ. Poder Judicial de Paraguay.

La delegación española que promovió la propuesta estaba formada por el presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, y por el vocal Juan Martínez Moya, expresidente del Tribunal Superior de Justicia de Murcia. Por ello, es de presumir que, a partir de su regreso a España, se impartan las instrucciones oportunas desde la Escuela Judicial y desde el Servicio de Formación Continua del órgano de gobierno de los jueces para que los hombres y mujeres que administran justicia en España comiencen a suprimir las frases en latín de sus autos y sentencias.

EN LA MISMA DIRECCIÓN QUE LAS CORTES ESPAÑOLAS

Esta decisión de Cumbre va en la misma dirección que la reciente proposición no de ley para promover la claridad del lenguaje jurídico, que fue aprobada por unanimidad por la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados, a propuesta del Grupo Socialista.

En la misma se instaba al gobierno a “impulsar de manera decidida actuaciones que promuevan la claridad del lenguaje jurídico, dando cumplimiento al Convenio Marco de Colaboración para Promover la Claridad del Lenguaje Jurídico, así como a dar cuenta al Congreso de las actuaciones realizadas al amparo del mismo”.

En este sentido, María Mercedes Buongermini, jueza paraguaya que participó en la XVIII Asamblea de Cumbre, declaró que “es necesaria la redacción de los actos de comunicación en lenguaje claro, fácil y comprensible para las personas interesadas en las resoluciones judiciales. Debemos homogeneizar la redacción de sentencias y buscar un equilibrio entre el rigor técnico necesario de las expresiones y comprensión por parte de la ciudadanía”.

Esta nueva exhibición de rancio papanatismo progresista tiene, es verdad, ilustres precedentes. En un debate en las Cortes españolas de otro tiempo —no tan lejano, aunque a veces lo parezca— el Ministro Secretario General del Movimiento, José Solís Ruiz («Menos latín y más gimnasia») defendía la reducción de horas lectivas de lenguas clásicas para aumentar las de educación física. «¿Para qué sirve el latín?» se preguntó en su discurso. A lo que el catedrático Adolfo Muñoz Alonso, Consejero Nacional del Movimiento él mismo, le replicó: «Por de pronto, señor ministro, para que a Su Señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa».

Solís Ruiz, no muy brillante él (aunque muchísimo en comparación con sus equivalentes hodiernos) seguía la estela de la Institución Libre de Enseñanza, que ya a principios del siglo XX había erradicado la enseñanza del latín de su prototípico Instituto-Escuela. Pero la insensatez no era entonces tan general, y ni institutos de enseñanza media ni colegios imitaron el dislate.

Más aún que en la doctrina y en la práctica jurídicas españolas, en la de los países anglosajones, para cuyos habitantes el latín resulta considerablemente más difícil, se usan las locuciones latinas con profusión. Son insustituibles, no sólo por razones históricas. Cosa parecida cabe decir de los países francófonos, de los de lengua alemana…

Pero es que entre nosotros se ha barrido el uso de las lenguas clásicas hasta en la Universidad. Por contraste, en la de Oxford el discurso con que el rector inaugura el curso se hace en latín. Claro que Oxford y Cambridge, cuya fama, antaño excesiva, perdura aún, son las únicas universidades del continente que no se han dejado avasallar por el proceso de Bolonia, el «Espacio Europeo de Educación Superior», que en España ha destruído las carreras universitarias, también la de Derecho.

El uso diario del español, hasta del callejero, abunda en latinismos y locuciones latinas. En cuanto a la claridad y comprensión de los textos, la abrumadoramente abundante producción legislativa del régimen democrático proporciona innumerables ejemplos de cómo puede evitarse el «lenguaje claro, fácil y comprensible» sin recurrir al latín ni una sola vez.

Con el mismo criterio, quizá ahora el CSIC vaya a alguna cumbre hispanoamericana y proponga que en los nombres científicos usados en las ciencias naturales se abandone el latín y el griego y se traduzca al español. ¿Que eso dificulta la comunicación internacional? Si esa dificultad no preocupa a los jueces y magistrados, ¿por qué ha de preocupar a los biólogos?

Los eclesiásticos actuales estarán aplaudiendo la propuesta, y hasta la Rota considerará aplicarla. Su odio hacia el latín, la lengua de la Iglesia romana, es absoluto. Tampoco tomarán en consideración que los ingleses, obligados a abandonar el latín en los templos desde la revolución protestante en el siglo XVI, lo mantienen abundante en tribunales, procedimientos y sentencias.

El empobrecimiento y la devastación de nuestra cultura, en todos los ámbitos, van parejos al abandono de los clásicos, espoleado por el progresismo analfabeto.

Summum ius, summa iniuria.

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Preservar la Fe en Gijón y comarca (II): para prácticos, perezosos, neófitos y niños

Edición gijonesa del Catecismo del Padre Astete

Edición gijonesa del Catecismo del Padre Astete

Recomendábamos anteayer el Catecismo Mayor de San Pío X. Aprovechamos este Domingo II después de Pascua para sugerir otra opción mucho más breve: el Catecismo de la Doctrina Cristiana, por el Padre Gaspar Astete, de la Compañía de Jesús. Con el que aprendieron millones de católicos de todo el mundo hispano desde el siglo XVI hasta el XX.

Se trata de un compendio extraordinario tanto por su brevedad y concisión como por lo completo que resulta. Lo esencial de la Fe católica está perfectamente resumido en este catecismo. Respondía a un criterio pedagógico de probada eficacia: se memoriza, incluso antes de comprender completamente el significado de todas sus preguntas y respuestas. Para cuando es necesario comprenderlas, se recuerda. Con el Catecismo del Padre Astete en la memoria se puede mantener la Fe y la ortodoxia y rebatir cumplidamente a los Bergoglios, Ratzingers o Gómez Cuestas de turno. Un católico así formado no se deja engañar, si no quiere.

A título de anécdota, podemos considerar un poco asturiano a este catecismo. No ya por sus ediciones locales, como la que ilustra esta entrada. El Padre Gaspar Astete, jesuita (nada que ver con los actuales arrupitas-nicolasitas) nació en 1537 en Coca de Alba, Reino de León. Las adiciones posteriores a su catecismo fueron obra, sobre todo, de Gabriel Menéndez de Luarca; y también de Benito Sanz y Forés que, aunque valenciano de Gandía, fue Obispo de Oviedo y gran protector del Santuario de Covadonga.

Como siempre quedan fieles, el Catecismo del Padre Astete sigue imprimiéndose. Además pueden encontrarse ediciones en línea, como en este enlace.

Gozó también de gran popularidad el similar Catecismo del Padre Jerónimo Martínez de Ripalda, contemporáneo de Astete y jesuita como él. De los sucesores, o más bien catecismos populares ampliados, resultaba aceptable el Catecismo de la Doctrina Cristiana, Texto Nacional, de Primer, Segundo y Tercer Grado. Publicados por el Secretariado Catequístico Nacional a partir de la década de 1950, fueron utilizados hasta al menos la de 1980 por parte de los sacerdotes y religiosos que intentaban conservar la Fe en la marea del posconcilio. En cambio el llamado Catecismo Escolar, reforma del Nacional perpetrada por la Conferencia Episcopal Española poco después de ser creada ésta a fines de la década de 1960, además de cursilerías sin fin contiene herejías graves. Los posteriores textos escolares, dicen que de Religión, aprobados por la citada Conferencia Episcopal son sencillamente aberrantes.

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Cómo el régimen liberal impide a la gente ganarse la vida

Tras tantos años de despotismo liberal y de lavado de cerebro escolar y mediático, muchos se resignan: ¡las cosas son así! ¡No pueden ser de otra manera!

Sin embargo, si se esfuerzan, los que andan alrededor del medio siglo de vida o más pueden recordar que no siempre fue así. Que abrir negocios era en España fácil, sin agobios fiscales ni burocráticos. Que la asfixia empezó con la llamada Transición y se consolidó con aquellos gobiernos de la UCD (Unión de Centro Democrático) del ahora difunto y homenajeadísimo Adolfo Suárez, espejo de chaqueteros. Que no te iba a quitar el sueño, por ejemplo, la incompatibilidad de normas del Ayuntamiento de Gijón con las del Gobierno autonómico de Asturias, ambas aplicables a tu negocio. En Vozpópuli, Javier Benegas y Juan M. Blanco resumen razonablemente bien la situación actual y sus verdaderas causas:

La gran estafa legislativa que impide a la gente ganarse la vida

Bodegas en mitad del campo que han de cumplir el «reglamento para la protección de la calidad del cielo nocturno», permisos que se han de solicitar en ventanillas que no existen, obras de insonorización por importe de miles de euros para diminutas escuelas de yoga, instrucciones para declarar impuestos que parecen jeroglíficos…

Trabajar en la economía sumergida - Foto Ermin Celikovic

Trabajar en la economía sumergida – Foto Ermin Celikovic

Ramón Iglesias, ingeniero y promotor español, necesitó tres años de gestiones, 10.000 euros en licencias, centenares de papeles y complejos trámites con más de 30 funcionarios de 11 departamentos pertenecientes a cuatro Administraciones diferentes, antes de poder abrir su bodega ecológica. Tuvo que pagar 1.300 euros por un estudio de impacto acústico a pesar de que sus instalaciones eran silenciosas y se encontraban muy alejadas del lugar habitado más cercano. Le exigieron una certificación de «innecesariedad» de realizar actividad arqueológica y, también, un informe sobre iluminación por si incumplía el «reglamento para la protección de la calidad del cielo nocturno». En resumen, Ramón sufrió innumerables zancadillas administrativas a pesar de que iba a generar puestos de trabajo en una de las zonas más deprimidas de España.

El caso de Ramón es el del típico emprendedor solvente a punto de naufragar en el mar de los Sargazos de esas trabas burocráticas a la actividad económica creadora de empleo, que más parecen provenir de la calentura de mentes desquiciadas que de una labor legislativa y reguladora responsable. Hay casos aún más inauditos, como el de un empresario mexicano que, tras un año de trámites y gestiones en España, tuvo que tirar la toalla al descubrir que uno de los permisos exigidos sólo se expedía en una ventanilla que ni siquiera existía. O, a una escala más modesta, la pequeña escuela de yoga, con aforo para apenas 14 personas, a la que se exigió acometer obras de insonorización por importe de 14.000 euros (más IVA) pues, como es bien sabido, el yoga es una actividad extremadamente ruidosa.

Exorcizando el espíritu emprendedor

Ramón no desistió en su empeño. Afortunadamente contaba con financiación suficiente y un proyecto bien planificado. A trancas y barrancas, descapitalizándose, llegó braceando a la orilla. Otros, con proyectos más modestos, como muchos autónomos, terminan desistiendo. Tras años de esfuerzos, angustias y estrecheces, acosados por las trabas administrativas, perseguidos por Hacienda, la Seguridad Social y los bancos, regresan completamente arruinados al lugar del que provenían: la cola del paro o la economía sumergida. En adelante, la mayoría de ellos preferirán malvivir de un triste subsidio que volver a pasar por ese infierno: comerán mal, pero al menos dormirán tranquilos. ¡Que el espíritu emprendedor se encarne en otro cuerpo!

En España, a cada intento de realizar una actividad económica corresponde una interminable lista de disparates administrativos. El delirio ha alcanzado tales cotas que, a la sombra de las prolijas normativas municipales, han florecido empresas concertadas que, por un buen dinero, «ayudan» al atribulado emprendedor a desenmarañar la madeja normativa, a conocer cómo y cuándo —y a qué coste administrativo— podrá abrir su peluquería, panadería, taller, tienda, despacho o garito. Nada mejor que el desglose de las tarifas de estos conseguidores para hacerse idea del absurdo. Algún malpensado podría llegar a la conclusión de que se ha legalizado aquello que antaño llamaban «mordida». Para el legislador no hay peces pequeños, incluso la actividad lucrativa realizada en la propia vivienda está sujeta a inescrutables normativas. Y qué decir del «práctico» manual de Hacienda para cumplimentar la declaración de IVA: 12 páginas de retorcida jerigonza leguleya que deprimirían al más entusiasta aficionado a la hermenéutica o a la resolución de jeroglíficos.

¿A qué se debe tanto despropósito?, ¿acaso los legisladores se la tienen jurada a los emprendedores, autónomos y diminutos empresarios?, ¿nos encontramos a merced de sádicos que disfrutan mortificando a quien sólo aspira a ganarse la vida dignamente?, ¿o es simple y pura incompetencia? De ningún modo. Los políticos y los burócratas no son psicópatas ni estúpidos: su comportamiento es coherente con sus propios objetivos.

Regulación del Mercado. Índice escala de 0 a 6 de menos a más restrictivo. España (en color rojo) siempre a la cabeza en barreras, trabas, licencias y permisos. Fuente: OCDE 2013.

Regulación del Mercado. Índice escala de 0 a 6 de menos a más restrictivo. España (en color rojo) siempre a la cabeza en barreras, trabas, licencias y permisos. Fuente: OCDE 2013.

Los oscuros propósitos de la hiperregulación

En los años 80 del pasado siglo, un economista peruano, Hernando de Soto, analizó un curioso fenómeno. En las grandes ciudades del Perú, como en las de otros países, existían grandes masas de población que subsistían llevando a cabo labores artesanales, industriales o de servicios, pero siempre sumergidas, aun cuando sus actividades eran lícitas. ¿Por qué nadie se regularizaba? De Soto sospechó rápidamente que el exceso de regulación, la multiplicidad de permisos y la dificultad para obtenerlos podían ser la causa. Comprobó que para abrir un mero taller textil hacían falta permisos de 11 organismos distintos, que requerían 289 días completos de trámites burocráticos, con un coste final de 1.231 dólares de la época (32 veces el salario mínimo en Perú). Y en algunos casos era imposible conseguir la licencia sin recurrir a sobornos. Este estudio dio origen al ya clásico libro El otro sendero.

Tal despropósito condenaba a muchas personas a vivir en la precariedad. Podían ganarse el sustento pero siempre bajo la espada de Damocles de la suspensión y el cierre y, no menos importante, imposibilitados para hacer crecer su negocio y prosperar, porque el acceso al crédito estaba vedado a las empresas irregulares. Lo sorprendente era que, aun siendo las consecuencias tan graves, pocos gobiernos estaban dispuestos a acometer una simplificación legislativa. El motivo era simple: en muchos países, entre ellos el nuestro, los dirihttps://voluntad.wordpress.com/wp-admin/post-new.phpgentes políticos no persiguen el bien común; están al servicio de sus propios intereses. No se dedican a la política para servir a la sociedad sino para servirse de ella. Las complejísimas regulaciones no aparecen de manera inocente. Son establecidas deliberadamente por gobernantes sin escrúpulos como subterfugio para otorgar favores a sus aliados y asegurarse nuevas oportunidades de enriquecimiento ilícito. Esas barreras son los meandros administrativos donde se embalsa la corrupción.

La hiperregulación restringe la libre entrada a la actividad económica para que unos pocos privilegiados puedan operar sin apenas competencia, obteniendo enormes beneficios de mercados cautivos que comparten con los políticos a través de comisiones, regalos, puestos en el consejo de administración. Las normas o requisitos deben ser enrevesados y ambiguos para permitir cierto grado de discrecionalidad a la hora de conceder permisos y licencias. El fenómeno es tan antiguo que ya fue señalado por el historiador romano Cornelio Tácito: «Corruptissima re publica, plurimae leges» (cuanto más corrupto es un país más leyes tiene).

Desgraciadamente, esta estrategia está muy extendida por todas las administraciones españolas. Mientras la oligarquía política y económica se enriquece, la gente corriente experimenta enormes dificultades para encontrar trabajo o desarrollar una actividad económica. Muchos conciudadanos quedan atrapados en el círculo de la pobreza; condenados a vivir del subsidio o trampear en la economía sumergida. Cada vez que los costes de entrada en el mercado se incrementan un 10%, la densidad de empresas desciende un 1%, con efectos devastadores para la competencia, la productividad, la innovación y, sobre todo, el empleo. Las consecuencias son todavía más graves en el caso español por la cantidad y disparidad de disposiciones: más de cien mil leyes, normas y regulaciones que ocupan… ¡1.250.000 páginas en el BOE y otras 800.000 en los boletines de las Comunidades Autónomas!*

Ni la formación ni la tecnología ni la globalización

Ciertos gurús insisten en la falta de formación, el atraso tecnológico y la presión de la globalización como principales causas del elevadísimo paro estructural que padecemos. Se equivocan. La hiperregulación maliciosa es, con mucho, el principal problema, la máquina infernal del desempleo, la pobreza y la frustración. ¿De qué nos servirá poseer la mejor formación si el legislador, sea nacional, autonómico o local, determina caprichosamente quién puede ejercer una actividad y quién no? ¿Cómo aprovecharemos la más portentosa tecnología, si los gobernantes pueden favorecer a sus amigos y partidarios, negando el pan y la sal al ciudadano innovador que quiere ganarse la vida honradamente? ¿Para qué valdrá la mayor capacidad de adaptación si los políticos generan infinidad de complejas y contradictorias normas con el fin de ejercer la discriminación, enriquecerse, y pasarse la igualdad ante la ley por el forro de sus sillones?

Resulta fascinante que muchos dirigentes políticos, alguno con sus posaderas recientemente asentadas en el Congreso, distraigan al común con la lacra del fraude fiscal y apelen a su civilidad para ordeñarle como si fuera una vaca, cuando el verdadero fraude, el más oneroso, el más colosal es el fraude legislativo: ese del que todos ellos son cómplices necesarios.

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(*) Las cifras de páginas no es el total sino sólo las publicadas entre 2009 y 2014.

Los autores de este artículo aciertan mejor con el problema que con las soluciones que parecen apuntar tímidamente. Citar autores liberales de escuelas más de moda no deja de ser como intentar apagar fuegos con gasolina. Su traducción del latín, por otra parte, podría mejorarse… La llamada globalización, o mundialización, sí es un grave problema para todos, que poco o nada bueno aporta a cambio. (En cuanto a las escuelas de yoga, si se impidiera la apertura de todas, saldríamos ganando, tanto en materia religiosa como en traumatológica y sanitaria). Y sí es necesario evitar la contaminación lumínica y proteger la «calidad del cielo nocturno» o cerciorarse de la ausencia de restos arqueológicos que puedan ser dañados. Pero en los atropellos y destrozos en estos dos campos, como en tantos otros, los campeones son las administraciones públicas y las empresas e instituciones por ellas protegidas (véase el caso escandaloso del Colegio de Arquitectos en Gijón, por ejemplo). Bastaría con que los trámites fueran rápidos, sencillos, objetivos, gratuitos y justos, dependientes de una sola administración.

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La CUP contra la Calle de la Merced: parecidos razonables (I)

CUP «Xixón» y CUP «Països Catalans»

CUP «Xixón Sí Puede» y CUP original de los «Països Catalans»

Hace ya años que los adheridos a la tela de araña de la extrema izquierda subvencionada en Gijón se sienten atraídos por el modelo de la filoetarra CUP (Candidatura de Unidad Popular) catalana, tan de actualidad estos días. En las elecciones municipales de 2011 hubo una candidatura llamada CUP-X, «Conceyu d’Unidá Popular de Xixón». La utilización de las siglas CUP era evidente (como lo es la similitud con el nombre de la actual «Candidatura de Unidad Popular Xixón Sí Puede») y sus planteamientos buscaban aproximarse todo lo posible a los de la extrema izquierda de Cataluña.

Pero aquella candidatura de mayo de 2011 obtuvo 730 miserables votos, un 0,48% de los emitidos en el concejo. Muy lejos de los que cuatro años más tarde facilitó la operación Podemos: 29.750 votos, 21,01% y seis concejales que convirtieron a la encabezada por Mario Suárez del Fueyo en llave del gobierno municipal.

La CUP catalana, como la gijonesa, tiene con la derecha nacionalista-oportunista («Juntos por el Sí» en el llamado Parlamento de Cataluña, Foro A.C. en el consistorio gijonés) una relación que se mueve entre el reproche, la obstrucción y la colaboración. Esta última predominó en el fracasado intento de quitarle su nombre a la Calle de la Merced para dárselo al exalcalde José Manuel Palacio, q.e.p.d.

La iniciativa fue de «Xixón Sí Puede»; Foro puso los votos y el ardor guerrero en su defensa. ¿Qué movió a la CUP gijonesa a querer borrar el nombre, varias veces centenario, de la calle donde se sitúa el colegio estatal que padece a su jefe local, Mario Suárez?

Parecidos razonables: en la diócesis del tristemente célebre bisbette separatista Novell se sitúa la localidad de Berga, gobernada por la CUP de allá. Pues bien, se proponen borrar de su callejero todos los nombres católicos, empezando por las advocaciones de la Santísima Virgen María, y hasta la Plaza de la Cruz, para sustituirlas por los de insignes rojo-separatistas (incluyendo los de varios asesinos conocidos).

La Calle de la Merced de la villa de Gijón nos recuerda el convento y la capilla que en ella hubo, de la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos. Fundada, por cierto, en Barcelona, en el siglo XIII.

El sectarismo y la intolerancia de Mario Suárez del Fueyo son conocidos. Como lo es el de sus patronos madrileños de Podemos, que empezaron a buscar el estrellato con su campaña contra las capillas de la Universidad Complutense de Madrid.

Pero, a la Alcaldesa Moriyón y sus secuaces, ¿quién les instila el aborrecimiento contra Nuestra Señora, el desprecio por los vecinos de Gijón,  por su historia y por sus tradiciones?

¿Será el Lions Club?

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