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Una vieja primera plana de Año Nuevo

Voluntad 1 de enero de 1939
Con esta primera plana de VOLUNTAD, tal día como ayer de 1939 (aquel año cayó en domingo), felicitamos el año nuevo a nuestros lectores.

Puede ampliarse (clic sobre la imagen) y leerse; merece la pena. Obsérvese también qué actual era nuestro periódico hace ochenta y un años: lo de la «mujer empoderada» no es invento reciente. De hecho, las españolas —y no digamos las asturianas— estaban empoderadísimas antes de que la nueva ola del feminismo las redujera a hombres fallidos.

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Toca repetir: apagad las luces. Es Adviento, no Navidad

No hay enlace a vídeo. Es una imagen del sonrojante publirreportaje que, so capa de noticia y agenda, dedica hoy La Nueva España al Ayuntamiento de Gijón. Si anteayer escandalizaba la unánime primera plana de todos los periódicos nacionales, dedicada a ENDESA —la empresa más contaminante de España— junto a la «cumbre del clima», ésta es su equivalencia local, dedicada a un consistorio cómplice con la contaminación del concejo, que quiere que ahorremos energía mientras ellos la derrochan fuera de lugar y de fecha.

Da igual que se celebre en Madrid la pomposa y desvergonzada «cumbre del clima». Dan igual las broncas de Greta Asperger, santa laica de los que quieren que cambiemos nuestros coches diésel. El antaño ilustre Ayuntamiento de Gijón ha vuelto a encender las luces «de Navidad» (rigurosamente laicas, eso sí).

Por eso reproducimos lo que decíamos tal día como hoy hace siete años. Cambian las alcaldesas: los vicios y la gringuización continúan.

Primer Domingo de Adviento

Ya en estas fechas (estamos en la primera semana de Adviento, además de celebrar hoy a San Pedro Crisólogo, obispo, confesor y doctor, y a Santa Bárbara, virgen y mártir, patrona de los mineros) pasear por las calles de Gijón encoge el alma. A quienes la conserven.

Como si la villa se hubiera convertido en unos grandes almacenes gringos, las luces de Navidad están ya encendidas. En plena recesión. En medio del festival de «recortes» que el PP y sus cómplices nos están regalando.

Nada tenemos en Voluntad contra la iluminación navideña. Al contrario.

Pero es que no estamos en Navidad. Estamos en Adviento. Esas luces no deben encenderse hasta la noche del 24 de diciembre. Idealmente, deberían empezar a lucir a medianoche.

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Recuerdos de Gijón: Todos los Santos de 1939

Diario VOLUNTAD, jueves 2 de noviembre de 1939. Página segunda (detalle)

Así informaba VOLUNTAD, tal día como hoy, Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, un jueves de hace ochenta años, de las celebraciones del día anterior, festividad de Todos los Santos.

En plena posguerra, sin reconstruir aún los templos destruidos por los rojos, el culto católico era notablemente mejor que el de ahora. (Bueno: el de ahora es inexistente).

Y la publicidad muestra que —en medio de aquella tremenda escasez— la actividad económica, comercial, industrial, hostelera, cinematográfica, portuaria, también.

No faltaba el suelto animando a cultivar tabaco.

Nunca hemos estado peor que ahora.

Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis.

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Maestros sin autoridad

Estas viñetas de 2006 se aplican perfectamente a 2019.

La situación de la enseñanza ha sido siempre una de las grandes preocupaciones de VOLUNTAD, tanto de este cuaderno de bitácora (repasen nuestras entradas y consulten nuestro Twitter para comprobarlo) como del difunto diario Voluntad al que homenajeamos.

Hablando de diarios impresos. Uno de los signos de que El Comercio empezaba su lenta agonía, hasta terminar convirtiéndose en la actual edición de Benavente para Gijón del bilbaíno Correo ex Español, fue que los domingos empezaron a vender con él, obligatoria e inseparablemente, una revistilla ajena que empezó llamándose Suplemento Semanal, más tarde El Semanal, y actualmente XL Semanal. La revistilla en cuestión era peor que el periódico, y su degeneración ha sido constante, como la de todo el grupo El Correo / Vocento.

De ese XL Semanal normalmente sólo puede salvarse la sección «Animales de compañía» del escritor Juan Manuel de Prada, quien el pasado fin de semana publicaba lo siguiente, que en VOLUNTAD suscribimos.

Maestros sin autoridad

Nuestros modernos pedabobos (perdón, pedagogos) han impuesto la figura del maestro sin autoridad; para lo cual tuvieron primero que desprestigiar y connotar peyorativamente el concepto de ‘autoridad’. Nuestra época ha logrado modelar las conciencias imponiendo que refutan la realidad; y uno de esos espejismos –quizá el más eficaz– consiste en negar el significado originario de las palabras, sustituyéndolo por un conglomerado de hojarascas ideológicas. Así, por ejemplo, de una persona investida de autoridad no decimos que sea una persona ‘autorizada’, sino ‘autoritaria’, que es tanto como decir que es impositiva, despótica, incluso arbitraria en el ejercicio de su autoridad. Cualquiera que trate hoy de reivindicar la genuina ‘autoridad’ del maestro se convierte automáticamente en sospechoso de profesar nostalgias fascistoides.

Auctoritas, en latín, es una palabra derivada del supino del verbo augere, que significa ‘acrecentar’, ‘hacer crecer’. Una persona dotada de autoridad –esto es, una persona autorizada– es aquella que nos hace crecer, que es capaz de revelarnos la realidad, ensanchando nuestra experiencia vital y los límites de nuestro conocimiento. No existe educación posible sin experiencia de autoridad: el maestro despierta en el discípulo un estímulo que lo ayuda a crecer, provoca en él una conciencia de sus limitaciones y lo acicatea en la búsqueda del conocimiento. Naturalmente, para que ese estímulo se produzca, el maestro debe ser una persona que provoque en el discípulo admiración y respeto, una persona que el discípulo reconozca como digna de emulación.

No existe un oficio tan enaltecedor como el de maestro. Y, sin embargo, es frecuente hallar entre los maestros a muchas personas desalentadas, consumidas por un sentimiento de esterilidad. Los maestros han sido despojados de su autoridad, que es tanto como si hubiesen sido despojados de su misión, puesto que la autoridad es la aportación propiamente humana del proceso educativo: no puede existir transmisión de conocimiento cuando no se reconoce autoridad en quien lo transmite. Pero nuestra época pretende que el alumno sea maestro de sí mismo, que juzgue la realidad conforme a impresiones propias, que no pueden ser sino juicios contingentes, cuando les falta el cimiento de la autoridad. Y al maestro despojado de autoridad, en condiciones laborales cada vez más precarias, se lo quiere convertir en una especie de coach o animador sociocultural, una suerte de ‘orientador’ encargado de la formación ‘transversal y psicoafectiva’ del alumno, tal como recomiendan las ordenanzas de la UNESCO: «Al cambiar la imagen del maestro –leemos en una de ellas–, de considerarlo como fuente e impartidor de conocimientos a verlo como organizador y mediador del encuentro de aprendizaje, aparecen nuevas competencias que deberán ser los componentes de la nueva función docente». De este modo, la figura del maestro pasa a ser irrelevante, sus juicios devienen tan contingentes como los de cualquier otra persona, dejan de ser los juicios de alguien que nos ayuda a crecer, de alguien que ensancha nuestra perspectiva vital. Y así, inevitablemente, el maestro deviene prescindible.

Sólo quien ha sido enriquecido por una experiencia de autoridad puede alcanzar una madurez que le permita afrontar y juzgar la realidad de forma crítica. Y es que, para ser críticos, primero necesitamos un criterio. La autoridad nos proporciona ese criterio; y es adhiriéndonos a ese criterio como luego podremos rectificarlo, completarlo, exponerlo a controversia, incluso combatirlo. Pero, al faltar la autoridad, falta el criterio; y sin criterio cualquier desarrollo de la personalidad se convierte en una carrera alocada y sin norte que nos aboca a la confusión y nos hace más permeables a las modas de cada época, a la contingencia de lo perecedero. Allá donde no hay maestros con autoridad, la transmisión de conocimientos queda aparcada, o incluso impedida; y la escuela se convierte en una especie de taller para formar ‘emprendedores’ flexibles y adaptables, entrenados en diversas ‘competencias’, ‘destrezas’ y ‘habilidades’ técnicas y emocionales que faciliten su encaje en el mercado laboral. Personas que nunca podrán ser maestros de nadie, porque antes no fueron discípulos. Sólo restableciendo la autoridad del maestro devolveremos la salud a nuestra educación. Pero para que la autoridad del maestro pueda restablecerse tendremos primero que aceptar que la primera autoridad son los padres. A los padres corresponde la responsabilidad primordial de hacer crecer a sus hijos; cuando dimiten de ella, todo el edificio educativo se erige sobre cimientos de arena.

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La Nueva España confunde a los gijoneses con moros

Como es sabido, Voluntad no sale los lunes, ni siquiera en Twitter. Por eso hemos tardado en ocuparnos de la penúltima pifia del diario ovetense (hoy en día, más bien canario; pero algunas querencias permanecen) La Nueva España. Rogamos se fijen en la secuencia que ofrecemos a continuación. Es la mar de ilustrativa.

Lunes 26 de agosto de 2019. Tuit de La Nueva España:

Lo primero que llamaba la atención es que se destacara la detención de «un gijonés» por «manosear» a una joven. Acción que, siendo asquerosa y merecedora de castigo, no parecía aproximarse a la gravedad de dos violaciones, aunque éstas se quedaran en el grado de tentativa, en las fiestas de Lugones. Más llamativo aún es que se hablara de «un gijonés» en el segundo caso, mientras que en los titulares nada se decía de la procedencia de los presuntos violadores.

Hete aquí que al acceder a la noticia completa en la web del periódico, han corregido (demasiado tarde) lo de «un gijonés». Además, leyendo el detalle de la misma (lo cual no hace hoy casi nadie) reparamos en lo siguiente sobre el caso más grave, el de Lugones:

Es decir, los dos detenidos son «magrebíes», galicismo usado en sustitución de lo que siempre hemos llamado moros. Probablemente marroquíes, aunque no se pueda descartar a los argelinos.

Dado que la inmensa mayoría de violaciones y agresiones sexuales que ocurren en España son llevadas a cabo por mahometanos, generalmente africanos, y especialmente de Marruecos y Argelia (aunque los casos de implicación de negros «subsaharianos», por usar otro barbarismo, de religión islámica o pagana, estén aumentando); y dado que no se considera «políticamente correcto» señalarlo, ¿le pareció a La Nueva España que debía señalar a «un gijonés» en los mismos titulares, para compensar?

No acaba ahí la historia. Al día siguiente desaparecería de La Nueva España ese «gijonés» del manoseo en Contrueces. Porque resulta que es extranjero, inmigrante ilegal:

Poco después se denunció en Gijón otra violación, esta vez en el llamado Parque Fluvial. Por la descripción del atacante, parece tratarse también de un extranjero.

Respecto de los frustrados violadores de Lugones, la fotografía de La Nueva España nos da buena idea de la traza «gijonesa» de los mismos:

Y es que en Gijón, sí, hay una Calle de los Moros. Recuerdo socarrón de los invasores que pasaron brevemente por aquí y fueron expulsados.

Otros tiempos, sin duda.

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No hay salida este domingo para Gijón, para Carreño ni para Villaviciosa. Ni para Asturias

Como siempre, quizá, o cada vez peor. Las candidaturas que se presentan al Parlamentín autonómico (mal llamado Junta General del Principado) dan grima o dan risa; quizá también un poco de miedo.

No es mejor el panorama de las elecciones municipales en nuestra comarca. Incluso el concejo de Carreño, que en el pasado produjo varias candidaturas independientes, se enfrenta ahora exclusivamente a las de los principales partidos y coaliciones del sistema. Lo mismo ocurre en Villaviciosa. En Gijón se presenta alguna candidatura más, pero todas partidistas y ninguna con un candidato que ofrezca solvencia o confianza.

Los propios de Voluntad nos abstendremos de votar, desde luego.

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Inocentada con LED

Presunta iluminación navideña en Gijón (foto El Comercio)

Hoy 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, íbamos a publicar la tradicional inocentada de VOLUNTAD. Pero, ¿qué mejor, o peor, inocentada que la que sufren gijoneses y visitantes con la iluminación callejera, dicen que navideña, instalada por el antaño Ilustre Ayuntamiento de Gijón?

Peor, imposible, pensamos cada año. Pero sí, cada año es peor. Y más antinavideña.

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