Carnaval eléctrico: el oligopolio que nos saquea

Oligopoly
Vamos a reproducir un artículo de infoLibre. Medio que no recomendamos en absoluto: al contrario. Tampoco recomendamos ABC, El País o The Daily Telegraph, por ejemplo, pero también reproducimos contenidos suyos cuando resultan de interés. Como es el caso.

Liberalismo de mamandurria

Aurelio Modrego Oro
Publicada 08/02/2017 a las 06:00. Actualizada 22/02/2017 a las 17:22

La empresa nacional de electricidad —ENDESA— nació (1944) en la España autárquica del franquismo. Durante décadas coexistió con otras eléctricas privadas: Iberduero, Hidroeléctrica Española y otras. Constituían un oligopolio de facto en el que uno de sus actores era público.

Con el gobierno socialista de F. González, Endesa fue privatizada parcialmente, pero es con Aznar (1997) y en aplicación de su credo liberal, cuando se acelera el desmantelamiento del sector público: Endesa, Telefónica, Repsol; Tabacalera, Argentaria… pasan a ser empresas privadas. El Estado se quedará sólo con el 3% del capital; y ahora el sector eléctrico sigue siendo oligopolio, pero con menos jugadores y todos privados.

En España, las compañías eléctricas con las tarifas reguladas y enormes beneficios anuales se convirtieron en objeto de deseo para los gigantes del sector. Así en 2005 y años siguientes se suceden OPAS alternativas sobre Endesa. Grupos energéticos como Gas Natural, Eon, Acciona, Enel, pugnaron por llevarse Endesa y finalmente (octubre 1997), la estatal italiana Enel y Acciona logran el 92% del capital.

Enel pagó 65000 millones de euros por el control de Endesa y la convirtió en su filial. Separó su actividad exterior, la desmembró y se dispuso a recuperar rápido el dinero que había invertido. En octubre de 2014 Endesa repartió un dividendo extraordinario de ¡14600 millones de euros! Esa cifra estratosférica equivalía a la mitad de su capitalización (y para poder hacerlo pidió dinero a crédito y tomó préstamos de inversores), pero nadie alzó la voz contra semejante irracionalidad de «mercado libre». En 2015 y 2016 ha repartido la totalidad de sus beneficios y sigue recibiendo el aplauso de analistas económicos. En mi opinión, eso es lo más parecido a descapitalizar una empresa, pero debo tener una visión muy anticuada de las finanzas.

En nuestro país, y desde siempre, el oligopolio cobra a precio muy alto los Kw-h producidos, cuyo coste real las eléctricas nunca han justificado ni permitido auditar. En el recibo de luz, los costes regulados (moratoria nuclear, prima a las renovables, transporte y distribución, término de potencia…) siempre son admitidos por los gobiernos de uno y otro signo y llevan al resultado de tener la energía mas cara entre los países europeos desarrollados. Y si decides apagar algunas bombillas o gastar menos en calefacción, sólo estarás ahorrando sobre el 35% del coste del recibo. En pocas palabras, imposible escapar.

Durante años, la tarifa eléctrica (el precio por Kw/h que cobran las compañías suministradoras) fue regulada, es decir Gobierno y empresas acordaban el precio que iba a regir. Pero en 1997, del cerebrito del Sr. Piqué i Camps —a la sazón Ministro de Industria— surgió el invento de los costes de transición a la competencia o CTC. Con ellos, afirmaban, llegaría la liberalización del mercado y la libre competencia triunfaría (paradigma liberal). Estos CTC supusieron para el oligopolio unos ingresos extras de 1,9 billones de pesetas a recibir en los diez años siguientes, si bien realmente se redujeron a 1,65 billones, que tampoco estaba mal.

Años más tarde otro sibilino invento, el llamado «déficit de tarifa» (o diferencia entre lo que cobran por suministrar electricidad y lo que cuesta producirla), según las compañías, claro. Nunca ha sido probado tal déficit, al no haber sido auditado. No obstante, ese déficit de tarifa fue aprobado por ley y cada año el Estado (nosotros los ciudadanos) adeudaba mas a las compañías hasta llegar a la cifra de 25000 millones de euros que pagaremos los consumidores en años venideros con el recibo de la luz.

Y para culminar el atraco continuado, eso del sistema de subastas de electricidad trimestrales que pasó a ser diario después de que en las Navidades de 2013 los precios de la luz subiesen hasta las nubes. Esta subasta diaria (necesaria y transparente al decir de la patronal UNESA) ha llevado de nuevo los precios a la altura de la nube anterior o tal vez más arriba en este frío enero de 2017 que vivimos.

En estas subastas diarias de energía eléctrica, pagamos todos los Kw/h comprados (TODOS) al precio marginal, es decir al precio de la energía más cara y que entra la última en la subasta (las de gas natural en los ciclos combinados). Así que, cuanto más ineficientes se muestran las empresas, mayores beneficios obtienen. ¡Viva este liberalismo que premia a los torpes e incompetentes!

Estos son grosso modo los rasgos sustanciales y los males de nuestro sistema eléctrico. De ahí que, cuando vemos o escuchamos a algunos políticos o tertulianos referirse a las llamadas «puertas giratorias», apuntando a antiguos presidentes o ministros de todos conocidos, no nos extrañamos de nada. Ya hemos asumido que es parte del pago por lo recibido antes. Lo constata el refranero con enorme naturalidad y acierto: «favor con favor se paga», dice el refrán.

La redacción del artículo deja bastante que desear. (En obsequio de los lectores de Voluntad se han corregido puntuación y algunos errores). Necesita alguna precisión: por ejemplo, que el «oligopolio de facto» de las eléctricas en la época del franquismo estaba controlado por el Estado, con el criterio dominante del servicio público. Garantizado éste además no sólo por la presencia de la entonces gran eléctrica estatal ENDESA, sino por la participación de instituciones públicas en otras. Viene a la memoria la destacada presencia de la extinta Caja de Ahorros de Asturias (y por lo tanto del Ayuntamiento de Gijón y de la Diputación Provincial) en la difunta Hidroeléctrica del Cantábrico. La cual, tras pasar a manos estatales portuguesas, está ahora en manos chinas. Contamina más (Gijón y Carreño pueden dar fe de ello), cuesta más, usa carbón extranjero, y apenas deja beneficio entre nosotros.

Pero en conjunto el artículo es útil. Explica de una manera razonablemente concisa el origen de la desastrosa situación actual del suministro de energía eléctrica en España.

Más bendiciones recibidas de la democracia y de la europeización. Para mantenernos entretenidos, el régimen democrático nos subvenciona ahora el cutre, faltón y artificial carnaval («antroxu», dicen) de estos días. Total, ¿qué más les da a los políticos aumentar la deuda y agotar los caudales públicos? Ellos se sentarán en el consejo de administración de alguna eléctrica, donde los dineros a repartir nunca se agotan…

Vamos a apagar la luz. Hasta el martes, si Dios quiere.

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Archivado bajo 02.- Gijón, 03.- Comarca, 05.- España, 09.- Medios, ¿Llingua?, Carreño, Justicia social, Medio ambiente, Política local

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