Aquel Gijón que perdimos. Justificada nostalgia en el Año Nuevo

Calle Jovellanos, década de 1850. En primer plano, a la izquierda, el Antiguo Instituto; a continuación, el primer Teatro Jovellanos. Al fondo, la calle de los Moros

Calle Jovellanos, década de 1850. En primer plano, a la izquierda, el Antiguo Instituto; a continuación, el primer Teatro Jovellanos. Al fondo, la calle de los Moros

Primera entrada del año 2017 en este cuaderno de bitácora. Pero ya saben nuestros seguidores que Voluntad se actualiza diariamente (excepto los lunes) en su cuenta de Twitter.

El año nuevo hace buena excusa para volver la vista al pasado. Algo que en Gijón sólo puede hacerse con nostalgia. Si pensamos en la historia de la villa, en su urbanismo, su paisaje y sus edificios, el sentido de pérdida irreparable se impone.

Ahora que se discuten mil y un usos improcedentes para el edificio de la antigua Escuela de Comercio (por no hablar, que ya se habla demasiado y sin sentido, del Convento de las Madres Agustinas Recoletas de Cimadevilla, la añorada fábrica de tabaco), vamos a posar los ojos en la manzana anterior. El antiguo Instituto Jovellanos, segundo edificio que ocupara el Instituto de Náutica y Mineralogía fundado por don Gaspar (el primero fue destrozado para convertirlo en un chigre con hostal, por obra de cierto comunista con la activa complicidad del consistorio socialista). Bello y proporcionado edificio de una planta, la posterior adición de la segunda no lo afearía ni desfiguraría, al contrario de los recrecidos que se estilan desde que se impusieron los ayuntamientos «democráticos» en las últimas décadas del siglo XX.

A su derecha, el Teatro Jovellanos. El original. (El actual del Paseo de Begoña nació, como es sabido, llamándose Teatro Dindurra). Un bello edificio, casi copia a escala del Teatro Real de Madrid, levantado entre las décadas de 1840 y 1850. Obra del arquitecto Andrés Coello. Que pasó hasta al imaginario popular de los concejos limítrofes: en alusión a la enorme lámpara de araña que pendía de su techo, decíase aquello de «¿Viste l’araña?» «¡Vi l’arañón!» «¿Dónde lu viste?» «¡Vilu’n Xixón!» (porque a Gijón lo llamaban Xixón los campesinos de otras partes del centro de Asturias; nunca los gijoneses). El primero de España que tuvo iluminación eléctrica.

Pero llegó la cachonda Segunda República y enajenó el edificio, que fue derribado para levantar en su solar otro (bastante digno, pero muy inferior) destinado al Banco de España; donde hoy se aloja la Biblioteca Pública Jovellanos.

El fondo de la imagen, ya en la calle de los Moros, muestra edificios extraordinariamente interesantes, de los que ni traza queda. Despiertan la curiosidad, y hasta cierta fascinación, por los detalles que pueden distinguirse. ¡Qué Gijón tuvimos, qué Gijón pudimos tener! Pero nos han dejado esta pesadilla urbanística, entre Benidorm y Marrakech. Y empeorando.

Cualquier tiempo pasado parece verdaderamente mejor.

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