Majaderos e irresponsables hasta lo criminal, conduciendo a la sociedad al abismo

Un fumadero de opio

Entre la clase política de la España «democrática» quizá los majaderos y los irresponsables hayan predominado sobre los absolutamente perversos. Al menos en número. Justo es reconocer que majaderos e irresponsables no faltaban en la etapa anterior: de aquellos polvos, estos lodos.

O de aquellos humos. Como los de inconfundible olor a «porro» que salían de los escaños socialistas en las primeras Cortes del juancarlismo… Antes de que se les ocurriera prohibir fumar. Fumar tabaco, se entiende: los estupefacientes son políticamente correctos.

En una España con un problema desproporcionado de drogadicción generalizada y frivolizada, tiene que venir La Nueva España a darle voz ayer a un majadero del calibre de un tal José Luis Terrón, «Director del Observatorio de Comunicación y Salud de Barcelona», cuya fotografía demuestra que, sobre todo a cierta edad, cada uno tiene el aspecto que merece. Y que suelta perlas como las que le colocamos a manera de pie de foto:

Frases de un majadero: «Consumo de droga siempre ha habido, el prohibicionismo no lleva a ningún lado». «Los discursos de prevención que se dirigen a los jóvenes son distantes y paternalistas, hay que cambiarlos». Etc.

Frases de un majadero:
«Consumo de droga siempre ha habido, el prohibicionismo no lleva a ningún lado».
«Los discursos de prevención que se dirigen a los jóvenes son distantes y paternalistas, hay que cambiarlos». Etc.

No, mire usted. El fracaso no está en las políticas «prohibicionistas». La única prohibición que en este sentido ha hecho daño ha sido la desde hace muchos años vigente para la Armada, a cuyos buques se prohíbe disparar contra los de los narcotraficantes. En la Ex-paña actual casi todo lo malo está «despenalizado», y en consecuencia ha crecido exponencialmente. Un vistazo a la historia señala que las prohibiciones y penalizaciones del tráfico y consumo de drogas se pusieron en vigor después de que se comprobara que constituían un problema grave.

Hoy el problema es más grave que nunca. La historia es maestra de la vida, decían los clásicos. Así que aprendamos de ella. Gran Bretaña no es ejemplo bueno para casi nada, pero a veces, antaño, brillaba su espíritu práctico. A principios del siglo XX el consumo de opio, generalizado desde el anterior, causaba estragos. La violencia con que se perseguía a traficantes hacía disminuir el problema, pero no bastaba.

Empezaron a sentenciar a largas penas de deportación y trabajos forzados a los consumidores. Incluso si eran de clase social privilegiada (entre los británicos, éstos solían resultar impunes).

Acabaron con el consumo y con el problema en pocos años.

Aplicando el mismo criterio a todos los estupefacientes, aquí acabaríamos además con una porción considerable de la propia «clase política».

Vamos: que todo serían ventajas. Por una raya de cocaína te toca plantar cien mil árboles, chaval. Por un porro, ciento cincuenta mil.

Justicia, sanidad y ecología.

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Archivado bajo 05.- España, 09.- Medios, Justicia social, Medio ambiente, Sanidad

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