Si la contaminación deja Gijón sin gorriones, a los gijoneses les queda poco tiempo

Foto: Tatavasco Images / SEO-Birdlife

Foto: Tatavasco Images / SEO-BirdLife

Ya el pasado año se alertaba del alarmante descenso del número de gorriones en las grandes poblaciones del continente europeo. En Londres, por ejemplo, se da por desaparecida la especie. En Gijón, con la contaminación disparada y sin control, se comprueba a simple vista que hay muchos menos gorriones que antes.

Los pequeños gorriones, alegres compañeros del hombre, inteligentes y vivarachos, son resistentes y se adaptan con facilidad. Muy invivible se está haciendo esta villa si hasta ellos empiezan a encontrar difícil habitar en ella. Más invivible aún será sin el goce de su compañía.

En el cuaderno de bitácora de la Sociedad Española de Ornitología aparece hoy esta entrada de Ignacio C. Fernández Calvo, técnico de la Delegación de SEO/BirdLife en Santander:

Conservando los gorriones cuidamos nuestras ciudades

Siempre que tengo oportunidad, en charlas o presentaciones, lanzo la idea de que la conservación de la biodiversidad en las ciudades es la «última frontera» que nos queda por alcanzar en las políticas de protección de la naturaleza. Resulta paradójico que esa última frontera sea tan cercana, vamos que se encuentra en los lugares en los que vivimos y trabajamos la mayor parte de los habitantes del planeta. Pero por extraño que pueda parecer, la principal batalla para frenar la sexta extinción no tendrá lugar en selvas tropicales lejanas, sino que se librará en las más cercanas junglas de hormigón.

«Y es que los conservacionistas debemos prestar más atención a la naturaleza urbana si queremos ampliar el apoyo social a la conservación de la biodiversidad»

Esta idea la plantearon hace diez años investigadores norteamericanos, en lo que denominaron la «Paradoja de la paloma» (Dunn et al. 2006). Un planteamiento que parte del hecho de que los actuales esfuerzos (políticos y económicos) para detener la pérdida de biodiversidad son claramente insuficientes y que el impulso de las políticas de conservación se deben producir desde una sociedad mayoritariamente urbanita, que en la mayor parte de los casos vive de espaldas a la naturaleza.

Un comedero en mi terraza de un 4º piso de Santander, un pequeño gesto para la conservación del ave del año. (Foto. Ignacio C. Fernández Calvo)

Un comedero en mi terraza de un 4º piso de Santander, un pequeño gesto para la conservación del ave del año. (Foto: Ignacio C. Fernández Calvo)

Esto sin duda es un gran problema, ya que numerosos estudios coinciden en señalar que las personas más preocupadas por la pérdida de la biodiversidad son aquellas que han tenido un mayor contacto con la naturaleza a lo largo de su vida. Pero, aunque las ciudades no parecen el escenario más propicio para que surjan ciudadanos comprometidas con la conservación de la naturaleza, no todo está perdido… tenemos a las especies urbanas.

«Las especies que habitan estas junglas de asfalto y hormigón pueden ser unas grandes aliadas para reconectar a la población urbana con la naturaleza»

En este sentido la elección del gorrión común como ave del año en 2016 debe suponer un impulso para que desde SEO/BirdLife trabajemos con los ayuntamientos para potenciar las oportunidades de «conocer para conservar» en las ciudades, acercando esa naturaleza urbana, incorporando, acondicionando y gestionando espacios para la biodiversidad en nuestras ciudades e implicando a los vecinos en su conservación.

A principios de 2016 el Ayuntamiento de Colindres (Cantabria) y SEO/BirdLife han implicado a los escolares del municipio en la conservación de las aves urbanas mediante una serie de talleres de cajas-nido (Foto SEO/BirdLife)

A principios de 2016 el Ayuntamiento de Colindres (Cantabria) y SEO/BirdLife han implicado a los escolares del municipio en la conservación de las aves urbanas mediante una serie de talleres de cajas-nido. (Foto: SEO/BirdLife)

Involucrar a la población de pueblos y ciudades en la conservación de los gorriones fabricando cajas-nido, respetando los puntos de nidificación en la rehabilitación de edificios, instalando comederos invernales, buscando alternativas ecológicas al uso de pesticidas, reduciendo la frecuencia de siegas en parques y jardines, aplicando medidas correctoras en cristaleras peligrosas… sin duda es una manera de favorecer el contacto directo con la naturaleza, al tiempo que se pueden aportar los conocimientos y despertar la sensibilidad para que estas personas se interesen por el futuro de especies amenazadas que habitan en espacios naturales remotos.

Está claro que no vamos a conservar águilas imperiales, urogallos o sisones en áreas urbanas. Pero su futuro puede depender de que entre todos consigamos una sociedad que se preocupe por la conservación de los gorriones de las ciudades, de que consigamos una sociedad mejor.

De lo contrario, Gijón, sin gorriones, sin perros y sin gijoneses, se quedará definitivamente para chinos y moros, probadamente adaptados a situaciones extremas de contaminación y suciedad.

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Archivado bajo 02.- Gijón, 03.- Comarca, 05.- España, 07.- Enseñanza, Medio ambiente, Política local

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