Con carne y vino se anda camino

Este Domingo de Quincuagésima, festividad de San Romualdo, abad, nos pone ya encima del Carnaval. O de su recuerdo, porque Carnaval, adiós a la carne, ya no hay: el Antroxu oficial es un sucedáneo subvencionado que poco o nada tiene que ver con aquellos carnavales que la II República mató.

Aun con ésas, parecen buenas fechas para recordar dos noticias, una de hace dos años y otra de hace apenas unos días, sobre lo buenos para la salud que son el vino y las carnes rojas. Para la salud de cuerpo, alma y espíritu. Ayer ya volvíamos sobre la inocuidad del tabaco. Sigamos hoy causando horror a la progresía en el poder.

Los vegetarianos tienen peor salud y más trastornos nerviosos que los carnívoros

Hace dos años, un estudio de la Universidad de Graz (Austria) que puede consultarse aquí señalaba que los vegetarianos enferman más a menudo que los carnívoros y su calidad de vida es considerablemente menor que la de los que comen carne. La incidencia del cáncer y de las afecciones cardíacas es mayor en los vegetarianos. También es mayor en los vegetarianos la incidencia de desórdenes mentales. En consecuencia quienes rehúsan comer carne (y no digamos los veganos, vegetarianos radicales, y los veganos crudívoros) son una pesada carga sobre el sistema sanitario.

Los investigadores del Instituto de Medicina Social y Epidemiología de la Universidad Médica de Graz examinaron a 1.320 individuos, divididos en cuatro grupos de 330. Los cuatro grupos eran equivalentes en cuanto a sexo, edad y situación socioeconómica. También se tuvo en cuenta si eran o no fumadores y su actividad física. La única diferencia era la dieta, que dividía los grupos así: 1, vegetarianos; 2, dieta variada, con carne, frutas y verduras; 3, poca carne; 4, grandes carnívoros. El 76,4% de los participantes fueron mujeres.

Los vegetarianos tenían dos veces más alergias que los grandes carnívoros (30,6% en vez de 16,7%) e índices de cáncer 166% mayores (4,8% to 1,8%); los veganos, un índice de ataques al corazón un 150% mayor que los grandes comedores de carne (1,5% en vez de 0,6%). Se consideraron un total de dieciocho enfermedades crónicas distintas: comparados con los grandes comedores de carne, los vegetarianos sufrían considerablemente más de catorce de ellas (el 78%) incluyendo asma, diabetes, migrañas y osteoporosis. Y mucho más frecuentes desórdenes psicológicos.

El estudio de la Universidad de Graz confirmó que los vegetarianos sufren dos veces más de ansiedad y depresiones que los grandes comedores de carne (9,4% en vez de 4,5%). Este resultado fue corroborado por la Universidad de Hildesheim, que comprobó que los vegetarianos sufren significativamente más de depresión, ansiedad, desórdenes psicosomáticos y trastornos alimenticios. En general los vegetarianos sufren más enfermedades y recurren a los médicos con más frecuencia.

Los grandes comedores de carne resultaron tener una considerable mejor calidad de vida en todas la categorías. Las cuatro categorías de este estudio eran: salud física y psíquica, relaciones sociales y calidad de vida en relación con el entorno.

En realidad, nada de esto es nuevo. El más importante estudio general sobre nutrición, el programa EPIC de la Organización Mundial de la Salud, ya indicaba que la expectativa de vida de los vegetarianos es menor que la de los comedores de carne. El estudio de la Universidad de Graz señala lo que ya se sabía pero no suele decirse: en cuanto a resultar más saludable, el vegetarianismo «consiste principalmente en un mensaje ideológico que sugiere promesas falsas».

107 años a base de vino

Tomamos la noticia del diario La Rioja, el día de la Candelaria, que a su vez la recoge de La Voz de Galicia; del mismo grupo que el supuestamente gijonés Correo ex Español de Benavente («El Comercio»), el cual lo publicó después.

Imagen de Antonio Docampo García publicada en La Voz de Galicia.

Imagen de Antonio Docampo García publicada en La Voz de Galicia.

El vigués Antonio Docampo García falleció después de toda una vida en la que sólo bebía tinto casero | «El agua, ni probarla», explicaba su hijo

Hasta los 107 años a base de vino. Antonio Docampo García falleció la semana pasada en Vigo a tan avanzada edad y, según cuenta La Voz de Galicia, tras una larga vida en la que gozó de una salud de hierro y en la que sólo bebió vino tinto casero. De hecho, el hijo contaba tras su muerte que, cuando vivían juntos, entre los dos podían llegar a beber «más de 200 litros al mes. El agua, ni probarla».

Manuel Docampo añadía que su padre podía beber «un litro y medio» del vino natural, sin conservantes, ni sulfitos ni otros añadidos químicos, que él mismo producía en Ribadavia. El caldo tardaba poco tiempo en avinagrarse, pero parece que el fallecido, que también tenía como habitual tomar un chupito de aguardiente en el desayuno, no debía dejar pasar lo suficiente como para que se pusiera malo.

Tanto alcohol bien podía hacer la función de medicina para Docampo, que se negó a medicarse mientras pudo. De hecho, ya había alcanzado las tres cifras cuando debió recurrir a un antibiótico para recuperarse de una reumonía.

El hijo relata que hasta que alcanzó los 105 años «era un fenómeno» y que sólo una tercera neumonía pudo con su salud.

Habría que restaurar la navegación de cabotaje y traer ese vino de Ribadavia a Villaviciosa, Gijón y Candás. Falta nos hace.

Mientras tanto, a darle duro estos días a la carne, de vaca y de gochu; al vino, al aguardiente, al picadillo, los frixuelos y picatostes. Es salud.

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Archivado bajo 09.- Medios, Medio ambiente, Sanidad

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