Dicen que lo dijo Rilke

Puesto que vamos a hablar de una infancia gijonesa, y puesto que hace una semana terminó (gracias a Dios) el grotesco festival de cine FICXixón, ponemos esta fotografía del 7º Certamen Internacional de Cine y Televisión para Niños (más tarde Certamen Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud, CERINTERFILM), el más importante de s género, que por iniciativa de Isaac del Rivero se celebraba en Gijón. Luego la caspa progre de los «ayuntamientos democráticos» lo sustituyó por una imitación cutre, provinciana y «queer» del Festival de Cannes, sin gloria pero con pena.

Puesto que vamos a hablar de una infancia gijonesa, y puesto que hace una semana terminó (gracias a Dios) el grotesco festival de cine FICXixón, ponemos esta fotografía del teatro de la Universidad Laboral en 1969, durante el 7º Certamen Internacional de Cine y Televisión para Niños (más tarde Certamen Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud, CERINTERFILM), que llegaría a ser el más importante del mundo en su género, y que por iniciativa de Isaac del Rivero se celebraba en Gijón. Luego la caspa progre de los «ayuntamientos democráticos» lo sustituyó por una imitación cutre, provinciana y «queer» del Festival de Cannes, sin gloria pero con pena.

El azar de unos recados me llevó al barrio donde transcurrió buena parte de mi infancia. Barrio ya medio estropeado por el desarrollismo entonces, hoy está —como Gijón entero— abyectamente desfigurado. Apenas alivian la vista, aislados entre moles espantosas, los andrajos de alguna casa de principios del siglo XX, de algún edificio tardorracionalista de esos que tanto abundaban en nuestra villa, o de alguna modesta contribución, a escala, al estilo «imperial» de la posguerra.

El paisanaje, también igual que en el resto de Gijón: casi tan deteriorado como el paisaje.

Sin embargo, andar por allí me producía una extraña paz. Una nostalgia dulce.

«La verdadera patria del hombre es su infancia». Cita, al parecer, de Rainer Maria Rilke. Lo mejor de cada uno de nosotros se queda en la infancia. Ay de los que privan de infancia a los niños. Ay de los que matan su inocencia. No tendrán perdón de Dios; tampoco deberían tener perdón de los hombres.

Un propio de Voluntad

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Archivado bajo 02.- Gijón, 07.- Enseñanza, Medio ambiente, Política local

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