Testimonio sobre una gran traición: apostillas gijonesas

¿Qué toca jurar hoy?

¿Qué toca jurar hoy?

La agencia FARO anunciaba ayer la incorporación a la biblioteca digital de Carlismo.es de un libro de José Ignacio Escobar y Kirkpatrick. ¿Por qué lo traemos a este cuaderno de bitácora gijonés? Reproducimos despacho y apostillamos al final.

Madrid, 1 junio 2013, sábado en la octava del Corpus Christi; Santa Ángela de Mérici, virgen; San Íñigo, abad. Nueva incorporación a la biblioteca digital de la web Carlismo.es: Testimonio sobre una gran traición. Su autor, José Ignacio Escobar y Kirkpatrick (1898-1977) es un personaje interesante, encarnación de las contradicciones de aquellos monárquicos liberales que, viendo claramente el mal del liberalismo, quisieron abandonarlo sin romper con la dinastía usurpadora. Por eso mismo tiene tanto valor, cuanto menos ad hominem, su testimonio contra el actual Jefe de Estado y su entorno: a Escobar no se le puede acusar de prejuicio legitimista, ni de desconocimiento. Su desengaño es amargo, porque representa denunciar a aquellos a los que sirvió abnegadamente, tras comprobar que seguir sirviéndolos era perjudicar a España.

Su labor durante la II República, en colaboración con Vegas Latapie, fue considerable. Transformó el periódico La Época del liberalismo doctrinario a un cuasi tradicionalismo. También fue meritoria su actuación al inicio de la Cruzada de Liberación, a las órdenes del General Mola (y al margen de Franco). Lo recogen sus Escritos sobre la instauración monárquica (con Jorge Vigón y Eugenio Vegas Latapie) publicados en 1955 por Rialp —como tantos otros títulos de la década de 1950, Rialp no volvió a publicarlo, cambiada la línea editorial al unísono con la de la semisecreta institución religiosa que la inspira— y sus memorias de la guerra, Así empezó…, notables y justamente feroces contra Ángel Herrera Oria, editadas en Madrid por Gregorio del Toro en 1974.

JOSÉ IGNACIO ESCOBAR Y KIRKPATRICK: TESTIMONIO SOBRE UNA GRAN TRAICIÓN

En los inicios de la década de mil novecientos ochenta, Carlos Etayo y unos jóvenes correligionarios de la Comunión Tradicionalista difundieron el testamento político de José Ignacio Escobar y Kirkpatrick, conocido como Marqués de Valdeiglesias (título de fantasía creado por Alfonso el llamado XII), antiguo juanista y Consejero Nacional del Movimiento, entre otros cargos, con Franco. Este documento es una de las piezas fundamentales para comprender la Transición.

Para José Ignacio Escobar, miembro de Acción Española, toda esperanza política quedó plasmada, durante algún tiempo, en el autodenominado Conde de Barcelona. Cuando apareció la candidatura de Juan hijo, luego conocido como Juan Carlos, Escobar fue un apoyo más. Sin embargo, pronto advertiría su error, pues el hijo era aún peor que el padre, «más cínico» y «dispuesto a jurar todo lo jurable con la idea preconcebida de faltar a su juramento».

En el momento de escribir su testamento, Francisco Franco había muerto y Juan Carlos de Borbón había sido nombrado Jefe de Estado. Escobar realiza una crítica al pasado reciente: las vacilaciones de Franco; la nebulosa ideología del nuevo régimen; las banalidades de Juan padre y la restauración de la «monarquía» constitucional. Por todo lo anterior, José Ignacio Escobar lamentaba la inutilidad de la Cruzada de Liberación y la traición a los mártires.

Para acceder al libro en formato pdf, pinchar aquí:

http://carlismo.net/wp-content/uploads/2013/06/Testamento-político-del-Marqués-de-Valdeiglesias.pdf

¿Conexión gijonesa? En primer lugar, la obvia: Gijón está en España, y como toda España ha sufrido y sigue sufriendo a Juan Carlos y las consecuencias de sus sucesivos y contradictorios juramentos y traiciones («dispuesto a jurar todo lo jurable con la idea preconcebida de faltar a su juramento», en palabras del autor del Testimonio sobre una gran traición).

En segundo lugar, el autor que nos ocupa. Antes de ostentar el marquesado (de fantasía, como dice FARO) de Valdeiglesias, José Ignacio Escobar ostentaba el más real de Marqués de las Marismas del Guadalquivir, que en 1965 cedió a su hermano, el conocido actor Luis Escobar Kirkpatrick, fallecido en 1991.

Dicho título fue creado por el Rey Fernando VII en 1829 para Alejandro María Aguado y Ramírez de Estenoz (Sevilla, 1784 – Gijón, 1842), curioso, complejo y contradictorio personaje. Ya fallecido Fernando VII, el Marqués fundó la Sociedad Aguado, Muriel y Compañía, empresa minera con sede en Langreo. Dando continuidad a los planes de Jovellanos, Alejandro Aguado emprendió la financiación de la Carretera Carbonera con cuatro millones de reales. El 12 de abril de 1842, día en que debía inaugurarse la carretera, el Marqués de las Marismas del Guadalquivir murió en la fonda gijonesa «El Águila de Oro», víctima al parecer de una hemiplejia. Hoy lleva su apellido una entristecida calle del Barrio de la Arena.

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