Adiós, arcos, adiós

La festividad de hoy día 2 de noviembre, conmemoración de los fieles difuntos, invita a evocar a los que se fueron. Cuántas historias, cuántas familias, cuántas vidas han pasado por la calle del Marqués de San Esteban. Llegando a la villa desde el occidente, pasando por la Calzada y el Natahoyo, o saliendo de la Estación del Norte antes del disparate ferroviario, fue hasta hace poco la única entrada a Gijón que no resultaba insoportablemente fea. Aunque resultó ya muy perjudicada por los edificios añadidos frente a los arcos en la década de mil novecientos setenta y posteriores.

La razón de ese aspecto aceptable eran los arcos y, en su extremo ya junto al Natahoyo, el edificio que allí se alzaba, con amplia fachada también a la calle de Rodríguez San Pedro. Bien proporcionado, digno, adecuado por fuera; habitable por dentro, bien construido. Sus bajos albergaron clásicos de la hostelería y el comercio gijoneses; sus entresuelos, oficinas de empresas de cuando a Gijón le dejaban emprender.

Aun deteriorado por el paso de los años (sobraban las antenas de televisión y las cajas de los ascensores nuevos, que habían sustituido a los antiguos de jaula, mucho más hermosos) conservaba su dignidad

En este Gijón empeñado en devastarse hasta hacerse irreconocible, albergábamos la esperanza de que algo quedase en pie gracias, paradójicamente, a la recesión económica, la crisis financiera y el parón de la construcción. Pero no. Los arcos, que ya habían sufrido destrozos imperdonables (como el de la antigua aduana, entre otros), llevan semanas alterados y obstruyendo intolerablemente la circulación por culpa del derribo de ese digno edificio al que nos referíamos.

Cuenta la prensa local —ya saben que lo de «local» es un decir, pura inercia— que el trabajosísimo derribo (prueba de lo bien que fue construído el edificio) y desescombro que está perpetrando «Promociones y Construcciones Asturcasa» puede prolongarse durante todo este mes, aunque los preparativos comenzaron en verano. La ironía, el sarcasmo, es que se trataba de un edificio protegido, con esa protección absurda que puede sortearse «reconstruyendo la fachada», es decir, pura volumetría con peores materiales. Y ni eso. Vean la proyección (la han hecho sobre la fachada original, así que el resultado será aún más horrible) que anuncian los especuladores para la venta de su malhadado proyecto:De pesadilla. El recrecido «Mazinger Z» y el urbanismo a lo Benidorm (los promotores lo llaman «Playa Poniente Residencial», toma caspa) en todo su esplendor. Pisitos basura a precios exorbitantes sustituirán a los amplios y habitables que han derribado.

Gijón desempleado y desfigurado, Benidorm cantábrico, paraíso cocainómano, obsceno mini-Shangai, Marrakech en ciernes. No descansará en paz.

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2 comentarios

Archivado bajo 02.- Gijón, 09.- Medios, Medio ambiente, Política local

2 Respuestas a “Adiós, arcos, adiós

  1. jose (gijón)

    Hola: Yo en esa foto sigo viendo los queridísimos y sempiternos arcos, si me equivoco, me corriges. Eso sí, la volumetría no parece la más aceptable ni razonable, en cuanto se refiere a la altura del edificio y su recrecido.

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