El suave alivio del olvido

Luis Fabio Infante Pérez, en uniforme del Ejército del Aire, en la década de 1940

La intrahistoria gijonesa está llena de personas y personajes que en sus días fueron bien conocidos de sus convecinos, aunque su vida fuese discreta. Uno de ellos nos dejó el martes. No había multitudes ayer en el velatorio de Luis Infante Pérez, quien si hubiera llegado a fin de mes habría contado 86 años de edad. Más asistieron al funeral (o algo así) en el Corazón de María, y unos cuantos menos al entierro en Ceares (donde, naturalmente, no apareció sacerdote alguno para los últimos ritos).

Fue el menor de los seis hijos (más dos que murieron prematuramente) de Gerardo Infante Cabeza, gijonés de la calle de San Bernardo trasplantado luego a la Travesía de la Catalana (hoy calle del Doctor Aquilino Hurlé) y de su esposa Pascuala Pérez Puelles. Y en el Barrio de la Arena mantuvo su residencia Luis Infante hasta el fin de sus días.

De los negocios que emprendió, el más conocido fue Marcos y Molduras Infante, artículos para las bellas artes, que estuvo varias décadas en la calle Uría, frente a la Cruz Roja. Su taller trabajaba habitualmente para alguna de las galerías más acreditadas de esta villa, y alguno recordará con frustración su extremo perfeccionismo: podía negarse a poner marco a un cuadro si el cliente insistía en una moldura que a él no le pareciese adecuada. Menos conocida era su callada labor de mecenazgo. No citaremos entre los favorecidos a artistas aún vivos; pero sí, por ejemplo al fallecido José María Navascués.

Luis Infante reunió durante su vida una colección de arte de cierta importancia. Era también gran amante de la caza, la pesca y la naturaleza; de los animales (siempre acompañado de sus perros) y de la fotografía. Quizá la inclinación al arte le viniese de su madre, descendiente de Pedro y Alonso Berruguete. La vena emprendedora y la deportiva estaban también presentes en su familia; se hallarán al respecto varias referencias en Voluntad.

Viudo de su primera mujer, Mª Soledad Álvarez Suárez, contrajo segundas nupcias con Luzdivina García Vega, quien le sobrevive. No hubo hijos.

Que la Santísima Virgen de Contrueces, a la que tenía devoción, lo acoja en su seno.

Requiescat in pace.

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Archivado bajo 02.- Gijón, Deporte, Medio ambiente

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