Es la hora del poder de las tinieblas

TenebraeHaec est hora vestra et potestas tenebrarum. No hubo ayer, Miércoles Santo, verdadero oficio de tinieblas en esta villa ni en su comarca, tan dejadas de la mano de Dios (por nuestra culpa). Pero el camino del Calvario ha comenzado.

No nos referimos a la diaria matanza de inocentes, siempre mayor y ahora más silenciosa (porque, como el PP está en el poder, los «provida» están tranquilitos, aunque los abortos continúen). Ni a la «reforma laboral» que lleva a la mayoría a la incertidumbre, a la pobreza y a la esclavitud, sin que tras sólo una semana nadie recuerde ya el paripé sindical del 29 de marzo (los sindicatos del régimen siguen cobrando del mismo, o sea, de lo que nos roban), y mientras los aprendices de Anás piden más (por ejemplo el catedrático noreñense Ramón Punset Blanco, en artículo en La Nueva España del Domingo de Ramos que en tiempos menos emasculados le habría valido el linchamiento). Tampoco al perpetuo escándalo de los aprendices de Caifás, cabildeando con los políticos más anticristianos de la historia de Asturias (aunque sean tan ridículos como el nuevo Alcalde de Oviedo, que por comparación deja por prócer a Gabino de Lorenzo; pegado a ellos sigue Fray Jesús Sanz). Ni a la tragicómica situación en que anda el tinglado autonómico de nuestros pesares, con dos supuestos bloques de irresponsables empatados (Foro/FAC + PP, PSOE + IU) cortejando a la irresponsabilidad elevada al cubo (UPyD). Ni siquiera al calvario que hace tiempo pasan romerías y fiestas populares, al que ahora en Gijón el taciturno concejal Calros Rubiera Tuya, volviendo por donde solía, quiere añadir la obligatoriedad del bablúa para concederles unas pocas perras. Carmen Moriyón calla, por supuesto; la coalcaldesa zamorana otorga, que ella ya estaba en la pomada asturchale hace tiempo.

Nos referimos al verdadero camino del Calvario, al que emprende Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Voluntad pide a sus lectores que recen y mediten. Que acudan devotamente a las procesiones de Gijón, Villaviciosa y Candás. A las procesiones, ojo: líbrenos Dios de recomendarles asistir a las «celebraciones de la penitencia», «eucaristías» y demás escándalos que pasan ahora por cultos de Semana Santa. Si bien es verdad que dichos cultos sufrieron un duro golpe ya en 1955, cuando los mismos que luego destruirían la Misa le metieron al Papa Pío XII un gol por la escuadra con una «reforma» de la liturgia de estos días que iba directamente en contra de Mediator Dei, la encíclica litúrgica que el propio Pío XII había promulgado menos de ocho años antes. Si bien eso es verdad, decíamos, comparado con lo que se hace por aquí desde 1970, aquello eran cultos de Semana Santa torticeramente estropeados. Lo que ahora hay no son ni cultos, ni de Semana Santa.

Conviene al recogimiento de estos días alejarse de los receptores, terminales y pantallas de todo tipo. A título de excepción, tolérennos nuestros indulgentes lectores un consejo más. Al imprescindible rezo del Vía Crucis (el completo, naturalmente; no el mutilado por JPII, ni con el ridículo Padrenuestro nuevo que desde hace años intenta imponer la Conferencia Episcopal) puede añadirse ver en familia la película La Pasión, de Mel Gibson. Una de las mayores joyas cinematográficas de la historia, y una excelente manera de ponernos ante la Pasión del Señor y la Soledad de Nuestra Señora.

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1 comentario

Archivado bajo 02.- Gijón, 03.- Comarca, 05.- España, ¿Llingua?, Carreño, Cofradías y hermandades, Justicia social, Política local, Villaviciosa

Una respuesta a “Es la hora del poder de las tinieblas

  1. Unam Sanctam

    Incipit Lamentatio Ieremiae Profetae. (Aleph) Quomodo sedet sola civitas plena populo! facta est quasi vidua domina Gentium; princeps provinciarum facta est sub tributo… Ierusalem, Ierusalem, convertere ad Dominum Deum tuum! Lo mejor, sí, sin duda es “La Pasión”, una película admirable por su fidelidad a los relatos evangélicos y que lo borda desde el punto de vista teológico, muchísimo mejor que ciertas catequesis, predicaciones, libros, conferencias, etc. que circulan por allá y por aquí. Nuestro castigo saludable cayó sobre Él. Dejemos que sus heridas nos curen.

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