¡Chigres, chigres! ¡Queremos chigres!

Ya son ganas de marear la perdiz. Los medios asturianos están cada dos por tres que si la crisis de la sidra, que si la cosecha de la manzana… Las cosas son más sencillas, aunque los que ustedes ya saben las hayan complicado absurdamente.

En Voluntad seguimos pensando que era innecesaria la denominación de origen para la sidra asturiana, y más innecesario todavía eso de la sidra «de nueva expresión». Pero no vamos a convertirlo en casus belli. Veamos primero qué dicen, y acotaremos después. «Mar y Campo», La Nueva España:

La producción de sidra con denominación llega a los dos millones de litros
El Consejo Regulador echa en falta más apoyo de la hostelería a la bebida
27-10-2011
Oviedo, M. J. IGLESIAS

Andrés Canal escancia sidra de un tonel, en su lagar de Lavandera (Gijón). Consejo Regulador Sidra de Asturias

Andrés Canal escancia sidra de un tonel, en su lagar de Lavandera (Gijón). Consejo Regulador Sidra de Asturias

La denominación de origen de la sidra de Asturias, cuya primera cosecha de manzana se presentó en noviembre de 2003, en el Museo del Ferrocarril de Gijón, ha logrado, en ocho años, duplicar la producción, que ha pasado del millón de litros embotellados en 2004 -primer año en que se puso en el mercado- a los dos millones de litros que se esperan en 2012, como fruto de la manzana que ya apura su recolección en las pomaradas.

Reyes Ceñal, gerente del Consejo Regulador de la marca de calidad, asegura que la evolución de la bebida regional con etiqueta europea es especialmente significativa si se tiene en cuenta el escaso apoyo que han recibido por parte de los establecimientos hosteleros.

Una de las quejas de los 27 lagareros que pertenecen a la denominación de origen estriba en que en los locales hosteleros no se ofrece sidra amparada por la etiqueta, ni de nueva expresión (la que no se escancia y es similar a un vino blanco), ni la convencional.

A lo largo de 2011 se han vendido unas 360.000 botellas. En 2012 esperan llegar a 1,4 millones. Ceñal resalta que la marca ha partido de cero y ha tenido que ir labrándose su prestigio. La forma de llevar a cabo la promoción es otro de los problemas con los que debe lidiar el Consejo Regulador, que actualmente preside el lagarero Eloy Cortina. «Ha habido muchas presiones para hacer campañas en sitios del exterior donde no se vende sidra, y lo primero debe ser colocar el producto para que la gente lo conozca, de lo contrario, la promoción no nos sirve de nada», señala.

En la actualidad, además de Asturias, Madrid es el mercado donde más se demanda el producto asturiano. El Consejo Regulador estima que a partir de 2012 el crecimiento de las ventas oscilará entre un 5 y un 6 por ciento. «A nosotros la crisis no nos afecta en pérdida de mercado, sino más bien en una expansión más lenta», matiza Ceñal.

El Consejo cuenta cada año con una «sidra institucional», que se escoge en el mes de junio. Este año le ha correspondido a El Santu, que elabora el lagar Canal de Lavandera (Gijón).

El perfil del consumidor de sidra con marca de calidad europea es variado. La sidra de nueva expresión despunta en ciertos momentos del año y se mueve como pez en el agua en época estival y de vacaciones en las zonas turísticas. Solamente 7 de los 27 lagareros del Consejo Regulador embotellan esa modalidad de producto; otros cinco elaboran sidra «brut» y la mayor parte vende sidra de escanciar con denominación.

Llevar el producto a circuitos comerciales como tiendas de barrios, a fin de acercarlo más al consumidor, es otro de los objetivos del Consejo Regulador. De momento, los lagareros encaran con optimismo la cercana campaña de Navidad, cuando se suelen vender estuches con productos variados.

El Consejo Regulador se encarga de proteger la sidra asturiana amparada de la competencia desleal, imitaciones y cualquier infracción que afecte a la bebida, además de incentivarla y promocionarla. Sus integrantes estiman que la diferenciación del producto es hoy más necesaria que nunca.

Pues hay cosas más necesarias. El mismo periódico nos da la primera pista:

Los lagares sólo utilizaron un 28% de manzana autóctona
27-10-2011
Oviedo, M. J. I.

La totalidad de la producción sidrera de 2011, con fruta recolectada en 2010, sólo empleó un 28% de manzana asturiana de la que casi un 20% correspondió a la denominación de origen, según datos de Sadei. Los cosecheros lamentan que cada vez quedan menos plantaciones de manzana por su baja rentabilidad. La escasez hace que la diferencia de precio entre la manzana para sidra normal y la «homologada» para la denominación sea mínimo. Este año el adelanto de la recolección ha propiciado que tan sólo quedan en los árboles variedades tardías como la Durona de Tresalí, una de las 22 modalidades aceptadas por el Consejo Regulador. El precio por kilo está en unos 36 céntimos a pie de pomarada y en 38 en el lagar.

¡Cuántas pomaradas abandonadas! ¡Cuántos magníficos manzanos autóctonos, cubiertos de maleza, con las manzanas pudriéndose a su alrededor! Con cinco millones (por lo menos) de parados en España, no pocas familias asturianas podrían regresar a sus propiedades en el campo, si se les dieran los medios y los ánimos y, sobre todo, si se les retirasen los obstáculos.

Una recuperada Estación Pomológica de Villaviciosa (¿pondrá orden en el SERIDA el nuevo gobierno autonómico? Con un presidente que quería unificar las denominaciones de los quesos de Cabrales, Gamonedo y la Peral, da un poco de miedo) podría asistir en la recuperación de las variedades tradicionales de manzana (no sólo las de sidra, sino también las de mesa, que tanto se echan de menos) y en su cultivo también tradicional (es decir, el que ahora llaman «ecológico» o «biológico»; o sea, el que evita que nos envenenemos cuando bebemos la sidra o comemos las manzanas).

Y respecto de los consumidores y de la hostelería. La sidra, hoy, es cara. Muchos de sus consumidores potenciales no cobran ni seiscientos euros (¡malditos euros!) mensuales. Pocas posibilidades, pues, de consumirla en grandes cantidades. En cuanto a dónde hacerlo, volvemos a entonar lamentaciones: ¡cuántos chigres hemos conocido, acogedores y hospitalarios, que ya no están! ¡Cuántos otros han sido desfigurados hasta lo irreconocible! Porque el chigre es el establecimiento adecuado para beber sidra. Con suelos de terrazo o madera, cubiertos de serrín. Sin sufrir normativas cursis, falsamente higiénicas. Nada de «sidrerías» sin personalidad, pretenciosas y paletas. Chigres, y llagares, donde modernos y loros maquillados no se sientan a gusto; donde los paisanos podamos juntarnos, y fumar, y echar un cantarín.

(Y a los críos, señora, deles sidra en casa. Por su baja graduación, y por lo saludable y refrescante, siempre se hizo; antes, esto es, de que el puritanismo gringo viniera, vía europea, a estropearnos las costumbres).

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Archivado bajo 02.- Gijón, 03.- Comarca, 05.- España, Carreño, Justicia social, Medio ambiente, Política local, Sanidad, Villaviciosa

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