Rueda el Colegio (cuesta abajo)

En la vida gijonesa, el colegio por antonomasia ha sido el de los jesuitas. Si alguien pregunta: ¿tú también eres del Colegio?, así, sin especificar, se refiere seguramente al de la Inmaculada. Lo mismo se aplica a la expresión «es antiguo alumno»: si no se añade nada, es de los Jesuitas.

El Colegio entró en decadencia tras el Concilio Vaticano II, cuando la Compañía de Jesús, convertida en Compañía de Arrupe, se empeñó en despeñarse, y tuvo éxito. De camino al precipicio, arrebató la Fe a la gran mayoría de sus alumnos. Lo que quedaba de pedagogía ignaciana fue muriendo a medida que los jesuitas de la vieja guardia morían o se rendían. La inicua Ley Villar Palasí (Ley General de Educación, 1970) aceleró la caída. Las leyes posteriores y los «conciertos» encontraron un colegio ya absolutamente desnaturalizado: mixto, acatólico, políticamente correcto, zafio. Por no conservar, hoy no conserva casi jesuitas, ni de los de verdad, ni de los arrupitas.

La AAA, la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio, vivía hasta el año 2008 en letargo, en una especie de sopor maligno. Casi veinte años llevaba como presidente de la misma José María Cabezudo Fernández, socio laico de los curas que caciquean el excatolicismo gijonés, y arquitecto oficioso de la diócesis de Oviedo (es decir, responsable de esa combinación de gimnasio antiguo, mercado soviético y assembly hall que aquí llaman templo). La AAA había languidecido hasta el extremo. Durante mucho tiempo fue el consiliario, el Padre Gumersindo Treceño Llorente, quien hacía todo el trabajo. La avanzada edad del mismo, suponemos, y la falta de colaboración que sufría, había conducido a una situación anómala: dejaron de publicarse boletines y catálogos, no se actualizaba la base de datos, y por no hacer, ni se cobraban las cuotas a los socios. Hace tres años, con gran disgusto de los mandamases de la Compañía y tras vencer muchos obstáculos, hubo elecciones y Antonio Pellico Fonseca fue elegido presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos. Pellico, bien conocido en Gijón, buena gente, es un enamorado del Colegio; pero, ay, con esa clase de enamoramiento que impide ver los defectos de lo amado. Amor que se extiende a lo que queda de la Compañía de Jesús, ahora Compañía de Arrupe y Nicolás (Adolfo Nicolás, su actual Superior General). Compañía que, entre sus estertores de muerte y condenación, parece más empeñada aún que hace cuarenta años en acabar con cualquier resto de catolicismo.

Buena muestra del erial espiritual, y aun cultural, que han dejado tras de sí los jesuitas renegados, la da el boletín electrónico de los Antiguos Alumnos, recibido a principios del mes de agosto por sus socios. Enlaza a la web de la AAA, aquí:

Manuel Castillo (p. 1981) cedió el collar de presidente de los rotarios gijoneses a Eladio de la Concha (p. 1976)

Acudieron al acto sus 30 miembros, así como la ex alcaldesa Paz Fernández Felgueroso

Los dos Antiguos Alumnos, Castillo y De la Concha en la fotografía que publicó La Nueva España

Gijón, 21 de Junio de 2011

Rotary Club ha cambiado de presidente en Gijón. El relevo, cargado de afecto, ha sido entre Antiguos Alumnos, dado que Manuel Castillo, de la p. de 1981, cedió el preceptivo collar a Eladio de la Concha, de la promoción de 1976.

El letrado, al recibir el testigo, recordó que el símbolo de los rotarios es una rueda, un círculo en el que todos son iguales y se esfuerzan por ayudar a diferentes colectivos, además de convocar conferencias, organizar torneos de golf y otros actos. El del pasado sábado fue uno de ellos y contó con la presencia de sus treinta miembros, además de la ex alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso.

¿Cuál es el problema? Sencillo: como ya ha señalado Voluntad anteriormente, el Rotary Club es anticatólico y está condenado por la Iglesia. Lo cual lo hace, sin duda, especialmente atractivo para los exjesuitas arrupita-nicolasitas (véanse los casos de Enrique Menéndez Ureña S.I., «antiguo alumno distinguido» de la AAA de Gijón, o de José Antonio Ferrer Benimeli S.I.). En nuestra villa, sin embargo, tres factores han enredado el asunto: el notorio desarraigo de las excentricidades criptomasónicas; la falta de personalidades de verdadera importancia interesadas en clubes rotarios y clubes de leones; y el desconcierto de los católicos, en manos del clero y del episcopado más impresentables de la historia. Este desconcierto facilitó que el Rotary Club gijonés tuviese como primer presidente a un hombre piadoso, el difunto William Buckley O’Halloran, de la Farmacia Prendes Escalera.

William Buckley O’Halloran, irlandés que vino a Gijón, se casó y se quedó, hizo la carrera de Farmacia para continuar el antañón negocio familiar de su familia política. Otra antañona botica, verdadera reliquia (y fábrica además de excelentes productos propios, como su yogur o su añorado perborato dental) que debería haberse conservado a toda costa, era la Farmacia Castillo, en la Calle Corrida, esquina a la calle de Carlos Bertrand. Pero, ay, no hubo yerno que la mantuviera. Estaba Manolo Castillo, el de la noticia de arriba. Y, claro, desapareció.

Manuel del Castillo Rodríguez aparece con alguna frecuencia en las páginas de la prensa local. Su condición de cónsul honorario de Chile (cargo sin rango diplomático que consiguió merced a su matrimonio… y a cierta lentitud de las comunicaciones: un miembro prominente de la Colectividad Asturiana de Chile nos comentaba que, de haber sabido antes algo más del susodicho, se habría evitado el dislate) parece atraer a cierto tipo de periodista ingenuo, que le da cancha para regocijar a los gijoneses con sus ocurrencias. Entre otras soltaba la siguiente, el 17 de octubre pasado, a La Nueva España: «Creo en el más allá firmemente. Mi espíritu religioso es ecuménico, pienso que Dios está en todas las confesiones». O lo que es lo mismo, no está en ninguna, y la Religión cristiana no es la verdadera. Pura «espiritualidad» criptomasónica; encaja, pues, muy bien, en el Rotary Club.

De Eladio de la Concha García-Mauriño, sin embargo, esperábamos algo más. No demasiado, pero sí un poco. De él y de los de la Asociación de Antiguos Alumnos cabía esperar, por lo menos, que les sonase que sobre los rotarios pesan numerosas condenas eclesiásticas, y que la pertenencia al Rotary Club está sancionada con penas canónicas. Un resumen, por Catholic.net, aquí: El Club Rotario. El hermano menor de la masonería.

El caballo de Arrupe pasó por la colina del Real, donde se asienta el Colegio de la Inmaculada. Y no ha vuelto a crecer la hierba.

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1 comentario

Archivado bajo 02.- Gijón, 07.- Enseñanza, 09.- Medios, Hispanoamérica, Política local

Una respuesta a “Rueda el Colegio (cuesta abajo)

  1. Recibido hace unos días por correo electrónico:

    Interesante (la entrada y los vínculos).

    Pues llevando el asunto a intentar entender la imprecisa filiación de los «nuevos poderes» locales y regionales: a ver si resulta que la (presente o pasada) pertenencia al «Club de Leones» de Carmen Moriyón (también «antigua alumna», por cierto) no sólo no fue obstáculo sino factor decisivo para su elección como candidata.

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