Babayu del mes

Nos unimos a la propuesta de Manuel Fernández-Villaverde Fernández en esta carta al director de La Nueva España:

Otru babayu

Otra vez me vuelvo a sentir avergonzado por «otru babayu».

Hoy, en mi domicilio de Madrid, al ver las noticias en la televisión, me encuentro con una edición actualizada de Melendi. Parece ser que Hevia ha montado el pollo (¿o el pitu?) en un avión que le traía a España.

En mi vida profesional he recorrido muchas veces el mundo en todos los sentidos y recuerdo con desagrado las actuaciones a bordo de gentes incapaces de aguantar las copas o su pavor a volar.

Entiendo que eso pueda pasar, pero parece ser que ello es prerrogativa de nuestros artistas (??) que contribuyen a que el nombre de Asturias se asocie a escándalos en pleno vuelo.

No quiero valorar la calidad en su ramo de Hevia ni de Melendi. El segundo no es de mi gusto y el primero me acaba de decepcionar después de mucho tiempo sin oír nada nuevo musicalmente hablando.

Hace tiempo sugerí la creación del título de «Babayu del mes» para honrar a los asturianos de hecho o de derecho que nos hacen sonrojar por todo el mundo. Afortunadamente no son demasiados y habría que dejarlo en «Babayu del trimestre o del semestre», pero ahí va de nuevo.

Sirva esta carta para insistir en el tema.

Demasiado optimista don Manuel Fernández-Villaverde: hay suficientes candidatos para «Babayu del mes». Los parásitos de la política, por ejemplo: salidas de tono, insultos barriobajeros, abusos de poder… Isabelita Pérez-Espinosa, Gabino de Lorenzo (paisano de Melendi, y no es el único parecido entre ambos), Fernando Lastra, Iván Álvarez Raja, y unos cuantos más.

Demasiado amable también. Melendi, con sus ritmos deleznables, sus letras para descerebrados y su voz desagradable, está a la altura de su imagen, que hace añorar la republicana Ley de Vagos y Maleantes, o los tiempos en que la buena educación general habría hecho que no le sirvieran ni en un chigre. Tatuado, perforado, lleno de rastas y de metales, sin afeitar y enseñando los pelos del sobaco, causa preocupación que haya tenido éxito, en lugar de haber sido sometido a tratamiento (psiquiátrico y de higiene) por orden judicial. José Ángel Hevia era un gaitero tirando a bueno, pero ha terminado en un divismo de caleya, enganchado a la «innovación», sacando grabación tras grabación sin ningún interés. Ambos, como tantas otras gentes sin talento ni decoro encumbradas por esta democracia «de mercado» y de mal gusto obligatorio, parecen creer que los demás les deben pleitesía y tienen que sufrirlos sin rechistar.

«Babayu del mes» y al calabozo.

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Archivado bajo 05.- España, 09.- Medios, Política local, Villaviciosa

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