El mal pastor y las urnas

El titular de la diócesis de Oviedo da la comunión al liberal, divorcista, abortista y aberrosexualista Gabino de Lorenzo Ferrera, alcalde de Oviedo (foto Armando Álvarez, La Voz de Asturias)

Al pasado domingo, II después de Pascua, se le llama en la liturgia romana tradicional Domingo del Buen Pastor. El Buen Pastor es Nuestro Señor Jesucristo, Quien da la vida por sus ovejas. En la Archidiócesis de Oviedo, en cambio, hace décadas que los supuestos pastores son lobos con piel de oveja; o, quizá, zorras al servicio de los lobos. Al nefando Vicente Enrique y Tarancón lo siguió el devastador Gabino Díaz Merchán; a éste, el melifluo e hipócrita Carlos Osoro Sierra; y ahora es Jesús Sanz Montes, O.F.M., el titulado Arzobispo. Tal vez, a la manera de los nuevos tiempos, sería más adecuado llamarlo presidente del consejo de administración de la empresa mixta Iglesia de Asturias, S.A.

Los medios se han hecho amplio eco de la carta semanal de Jesús Sanz, ya archipublicada, en todo o en parte, aunque en la web diocesana aparezca fechada el próximo 15 de mayo. Con ella el franciscano muestra la marca de la cuadra Rouco, de la que procede: prelados del PPSOE, sector PP. Como Rouco, como sus radios y como sus Propagandistas, al Partido Popular (y a La Zarzuela) se le perdona, condona y compensa todo. Rouco Varela acaba de ser denunciado en Roma por sus complacencias con los abortistas de la derecha neopagana. Su pupilo Sanz no le va a la zaga. ¿La doctrina social de la Iglesia de siempre? ¿Las condenas al liberalismo? ¿La coherencia? Eso son cosas del pasado, oiga. El Vaticano II superó el principio de no contradicción.

Vean, vean la carta de Sanz Montes. No tiene desperdicio, desde el título. Intercalamos comentarios y recapitulamos al final. Las caprichosas cursivas son del original:

¿Hay un voto católico?
Carta semanal del Arzobispo de Oviedo 15.05.2011

Queridos amigos y hermanos: Paz y Bien. Estamos ya en pleno fragor de campaña electoral, para la cita que tenemos el próximo domingo 22 de mayo, de cara a los comicios municipales y autonómicos. Hemos sido convocados y es menester responsable participar como ciudadanos y como cristianos a la hora de elegir a nuestros representantes democráticos.

Obsérvese el tono, paternalista y admonitorio: «la cita que tenemos el próximo domingo 22», «Hemos sido convocados y es menester responsable participar como ciudadanos» (Aux armes, citoyens…), «elegir a nuestros representantes democráticos»… Pero no es el tono, ni el vocabulario, de un obispo. Es el de un maestrín de escuela de la II República. (¿Tendrá que ver con la admiración de José Mª Aznar por Manuel Azaña?). No es doctrina de la Iglesia la adhesión a eso que llaman democracia, ni es obligación de los católicos acudir a votar en las elecciones. En estas próximas elecciones, al contrario: es su obligación moral no acudir, como después indicaremos.

¿Se presenta la Iglesia Católica a estas elecciones? Es una pregunta retórica, que es fácil responder. Incluso podemos dar la palabra al Beato Juan Pablo II, que lúcidamente abordó esta cuestión: la Iglesia «no propone sistemas o programas económicos y políticos, ni manifiesta preferencias por unos o por otros, con tal que la dignidad del hombre sea debidamente respetada y promovida, y ella goce del espacio necesario para ejercer su ministerio en el mundo. Pero la Iglesia es “experta en humanidad”, y esto la mueve a extender necesariamente su misión religiosa a los diversos campos en que los hombres y mujeres desarrollan sus actividades, en busca de la felicidad, aunque siempre relativa, que es posible en este mundo, de acuerdo con su dignidad de personas» (Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, 41). Es así.

Característicamente, como todos los demás miembros del Parlamento Episcopal (la invención vaticanosegundista conocida como Conferencia Episcopal Española), Jesús Sanz nunca invocará documentos del Magisterio anteriores al Vaticano II. Así, citando la Sollicitudo rei socialis, puede el titular ovetense darse el gusto de contarnos lo que, al parecer, «no es» la doctrina social de la Iglesia. Pero tampoco nos dice lo que esa doctrina es. Nada más útil para tal propósito que un documento de Juan Pablo II, como todos los suyos farragoso, desordenado, contradictorio y vacuo; pero, eso sí, rico en invocaciones a «la dignidad del hombre» y la «dignidad de personas», conceptos ajenos a la doctrina cristiana pero imprescindibles en la jerga eclesiástica al uso.

En cambio, los documentos del Magisterio anterior sí nos aclaran perfectamente lo que la doctrina social de la Iglesia es. Véase, por ejemplo, Libertas y Rerum novarum de León XIII, o Quadragesimo anno de Pío XI. Y, mire vuecencia por dónde, sí se «proponen» soluciones concretas; sí se condenan los fundamentos del actual régimen «democrático»…

Volviendo a la jerga eclesiástica al uso, Sanz Montes recurre también a ese otro latiguillo que ahora han adoptado todos sus colegas: la invocación a «los hombres y mujeres», burda concesión al feminismo y coz a la lengua española. Como si el plural «hombres» (de homines: homo, hominis, persona, ser humano; y no vir, viri, varón) no significase «hombres y mujeres, niños y niñas». Aunque en contextos como este abarque ambos géneros, el masculino plural español no es políticamente correcto.

La Iglesia no tiene un partido que la represente, ni como tal nos presentamos detrás de unas siglas. Y esto vale absolutamente para todos los partidos, si bien no hay neutralidad cuando evaluamos la cercanía o la lejanía de sus programas y actuaciones, respecto a nuestra manera de entender la justicia y los derechos de las personas desde la doctrina social de la Iglesia.

Las frases anteriores son una mina de interpretaciones. Lástima que ninguna de ellas se ajuste a la ortodoxia católica. El «esto vale absolutamente para todos los partidos», sin referirse expresamente a los que concurren a las próximas elecciones municipales y autonómicas en Asturias, equipara a las formaciones políticas que puedan hacer suya la doctrina de la Iglesia con las que sostienen doctrinas condenadas por ella. Claro que, en la jerga vaticanosegundista de Sanz Montes, plena de «pluralismo» y «sana laicidad», su «Iglesia» sólo «evalúa», «a su manera de entender». No es Madre y Maestra. No enseña, ni juzga. No es la Iglesia.

Como indicaba en ese mismo texto el Beato Juan Pablo II, «la doctrina social de la Iglesia no es, una “tercera vía” entre el capitalismo liberal y el colectivismo marxista, y ni siquiera una posible alternativa a otras soluciones menos contrapuestas radicalmente, sino que tiene una categoría propia. No es tampoco una ideología, sino la cuidadosa formulación del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial. Su objetivo principal es interpretar esas realidades, examinando su conformidad o diferencia con lo que el Evangelio enseña acerca del hombre y su vocación terrena y, a la vez, trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cristiana».

De nuevo bla, bla, bla. De nuevo fárrago y vacuidad, y hurtar el cuerpo. Lástima que los documentos del Magisterio de León XIII y Pío XI que citamos más arriba (y podemos citar muchos más) vengan a decir lo contrario. Lástima que condenen sin paliativos «el capitalismo liberal y el colectivismo marxista» y que, de paso, demuestren que éstos no están «contrapuestos radicalmente». Lástima que sí den alternativas. Es decir: sí hay una política católica.

Es normal que los diferentes partidos políticos intensifiquen en estos días sus diversos actos para explicar a los ciudadanos cuáles son los programas que quisieran poder desarrollar si obtuviesen el respaldo popular. Es deseable que haya una limpieza en la campaña, que no consiste en la destrucción del rival político, sino en la propuesta de lo que se desea llevar a cabo como un servicio al bien común, subrayando los retos más emergentes, saliendo al paso de las problemáticas sociales y humanas que tenemos ante nosotros y que condicionan la vida real de miles de conciudadanos.

Existen dificultades para escuchar sus propuestas o evaluar su propia gestión con quienes emplean la mentira como herramienta y el ataque visceral como talante. Engañar al electorado demagógicamente, tiene consecuencias tremendas a la hora de encontrar cauces de solución a los problemas. Tenemos ejemplos bien recientes, en donde la mentira irresponsable ha ahondado una crisis económica que afecta a un incontable número de personas y de familias.

Otra vez el tono de maestrín de escuela republicano. Pero, atención a las últimas frases: tirada directa contra Rodríguez Zapatero y el PSOE, sin contraponer que el PP (y los demás partidos que participan del poder en España) tienen exactamente las mismas responsabilidades, proponen programas idénticos, cuentan las mismas mentiras y son socios del mismo monipodio. Y, justo al comienzo del párrafo siguiente, Jesús Sanz Montes da una de las claves de la política episcopaliana y rouquista: el «voto útil», que naturalmente, apunta al Partido Popular. Para lo cual el titular de la silla ovetense no duda en usar la misma ristra de mentiras «como herramienta», «demagógicamente», para consumo del votante «de derechas»:

Se trata de elegir a quienes creíblemente pondrán remedio con el justo empleo de los recursos y la gestión de los presupuestos; la defensa de la vida en todas sus fases, la maternidad y los retos de la familia; de la educación integral no entendida como cincel manipulador al servicio de una ideología; de los más desfavorecidos y sus situaciones de desempleo y vivienda, de la violencia y sus causas en una sociedad frívola y crispada; del desencanto de nuestros jóvenes y la atención social a los ancianos; de nuestra convivencia en un mundo culturalmente plural.

¿Quiénes son los «creíbles», Fray Jesús? ¿Los políticos del PP (o del FAC, que tanto nos da, que nos da lo mismo) que tienen la plusmarca de despilfarro y endeudamiento, como ese Gabino de Lorenzo, fuera de la comunión de la Iglesia, a quien vuecencia da públicamente la comunión? ¿Los políticos del PP que durante su mandato convirtieron España en el paraíso europeo del aborto quirúrgico y químico y de la generación y destrucción de embriones humanos? ¿Los que dispensan generosamente píldoras abortivas desde sus ayuntamientos? ¿Los que «casan» divorciados, invertidos e invertidas, frecuentemente de su propio partido? ¿Los que fomentan una educación para la perversión, al igual que el PSOE e IU? ¿Los que celebran los carnavales en Cuaresma, y luego se apuntan a las procesiones de Semana Santa? ¿Los cómplices necesarios y voluntariosos del monipodio municipal, autonómico y nacional? ¡Ah! Y «en un mundo culturalmente plural».

Es hermosa y noble la dedicación a la política cuando se entiende como un servicio real a las personas reales, sin injerencias indebidas y sin inhibiciones lamentables. El perfil cristiano del político también existe, viva o no con total coherencia las exigencias de nuestra fe. Y a él miramos cuando en lo que propone hacer o en lo que da cuenta de lo ya hecho, son reconocibles nuestros valores cristianos.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

Detalle final de la jerga anticristiana de Sanz Montes: los «valores» cristianos. Buen colofón para ese hallazgo del «perfil cristiano del político», «viva o no con total coherencia las exigencias de nuestra fe». No se trata de la vida privada del político, Fray Jesús. Se trata de la pública. Se trata de las doctrinas y los programas que defiende. Que, en el caso de las elecciones del próximo 22 de mayo, impiden completamente que el voto católico se entregue a cualquiera de las candidaturas que se presentan. Bajo pena de falta grave, si se hace con plena advertencia. Ya que vuecencia no lo advierte, lo hacemos nosotros. Para perros mudos, bastan los de la Conferencia Episcopal. (Siempre que caigan unas perrillas…). Para «perfil» vaticanosegundista del político, basta vuecencia.

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1 comentario

Archivado bajo 05.- España, 07.- Enseñanza, 09.- Medios, Justicia social, Política local

Una respuesta a “El mal pastor y las urnas

  1. Sobre el mismo episcopal, político, laico, electoral y herético asunto, del cuaderno de bitácora Asando la Manteca.

    Ponerse de perfil.

    El arzobispo de Oviedo, Monseñor Sanz Montes, ha escrito un artículo acerca del llamado “voto católico” (lo pueden leer aquí, si lo desean, antes de continuar). Un “voto católico” de cuya existencia, a tenor de la pregunta con la que se encabeza el artículo, Monseñor parece dudar.

    La primera pregunta que se le viene a uno a la mente es para qué -como acostumbran nuestros obispos- se escriben artículos como éste, en el que (al menos en concreto y, en principio) nada se condena, nada se recomienda, nada se elogia y nada se censura. Y la respuesta me parece muy sencilla: para facilitar, que quien así lo desee, haga, o siga haciendo, de su capa un sayo apelando – según convenga- a lo que el señor obispo no recomendó y/o a lo que el señor obispo no censuró.

    Un artículo de este tipo y de este corte, en principio, es una forma de decirle al rebaño que continúen por la cañada por la que van; porque, si el pastor considera que el rumbo debe ser enderezado, no se limita a repetir en voz baja las cuatro canciones que se sabe para matar el rato, sino que recurre a recios silbidos e interjecciones y azuza a los perros para dejarles claro a las ovejas cuál es la dirección que se debe tomar. Y, si hay que tirar de garrote (dialéctico, en este caso) para espabilar a las ovejas que se pasan de listas e insisten en ir por donde no deben, pues se tira.

    Pero, claro, si las ovejas siguen a lo suyo, y el pastor (quizás porque teme que las ovejas le dejen en evidencia no haciéndole ni puñetero caso) es un bienqueda que sólo abre la boca para pronunciar vaguedades al estilo “caminante, no hay camino” o “se hace camino al andar”, lo lógico es que las ovejas continúen haciendo lo que más les gusta: identificar a la mayoría, unirse a ella, y seguir la linde hasta que haya susto o muerte.

    No es ningún secreto que casi todos los votos de los españoles que dicen ser “católicos” van a parar a las candidaturas del PP. Esto no se ha conseguido, exclusivamente, con vaguedades o ambigüedades episcopales a lo largo de estas últimas décadas, sino combinando la omisión flagrante con la concreción clarificadora, según aconsejase la jugada.

    Porque ningún problema tendrán ustedes para encontrar un artículo, un comunicado, o una conferencia de prensa (ni un centenar), en los que un obispo condene o censure, explícitamente y sin dejar puertas abiertas a malas interpretaciones, a un político del PSOE o a este partido, por sus palabras, actos, o el sentido de su voto en el Parlamento. Aquí, sin ir más lejos, tienen, como botón de muestra, una prueba de que el arzobispo de Oviedo, cuando quiere, se hace entender con toda la claridad necesaria para que nadie se llame a engaño.

    Pero, salvo contadas excepciones, no escucharán nunca a ningún obispo censurar, con la misma claridad (ni siquiera con una claridad remotamente parecida) a los políticos del PP. Si acaso, se cumple el expediente tirando de frases nebulosas en las que, haciendo apelaciones a todos en general, nunca se menciona a ninguna persona ni partido en particular. Recuerden, por ejemplo, estas llamativas declaraciones de María Dolores de Cospedal, asegurando ignorar, hace tiempo, que la Iglesia condenaba la fecundación in vitro, pero que, sabiéndolo ahora, no tendría ningún problema en [volver a] recurrir a este malhadado invento para alumbrar un retoño. ¿Salió algún obispo a afearle, en público, semejante muestra de cinismo -y de cosas peores- a la secretaria general del PP?

    Una de esas honrosas excepciones fue, en su día, Monseñor Munilla, actual obispo de San Sebastián y autor de un artículo en el que recordaba a PNV y a PP, poco antes de ser legalizadas las píldoras abortivas gobernando este último partido, que de perpetrar tal barrabasada dejarían de ser merecedores del voto de los católicos (yo creo que lo habían dejado de ser mucho antes, pero dejémoslo así). El caso es que la respuesta de los católicos fue seguir votando al PP (y al PNV), y desoír el implícito consejo de Monseñor Munilla con el mismo ardor y entusiasmo con el que ahora le elogian (mientras siguen votando a los que legalizaron las píldoras abortivas, faltaría más).

    Pero el caso es que, en realidad, el artículo del arzobispo de Oviedo ni siquiera se limita a seguir este guión. En esta ocasión, Monseñor Sanz Montes, además, desliza, entre los criterios generales a considerar, las principales consignas escapistas con las que el votante pepero gusta de intentar escabullirse cuando se le pone, de frente y sin anestesia, ante las palabras (todas estupendas), obras (cada vez más, y cada vez peores) y omisiones (cada vez menos) de su partido.

    Para empezar, una de las “razones” esgrimidas por el votante pepero para su erre que erre particular es lo que él llama “realismo” (eufemismo que, en realidad, quiere decir “participación consciente y culpable del status quo actual”). Para el votante pepero, por muy buenas intenciones que tengan, y dignos de elogio que sean otros partidos, votarles es apelar a una fantasía que no tiene posibilidad alguna de hacerse realidad. Y en bandeja les pone Monseñor Sanz a los votantes peperos esta excusa afirmando que “Se trata de elegir a quienes creíblemente pondrán remedio…”. ¿Pondrá “remedio” -a lo que sea- el PP? Nunca se sabe. Pero lo que el votante pepero tiene claro es que, de hacerse, sólo lo hará el PP “porque los otros nunca van a sacar nada” (gran ejemplo de profecía autocumplida: no se les vota porque “no van a sacar nada”, y “no van a sacar nada” porque no se les vota).

    Pero Monseñor Sanz se guarda lo mejor para el último párrafo, afirmando que “…el perfil del político cristiano también existe, viva o no con total coherencia las exigencias de nuestra fe…”. Esta es una interpretación asaz novedosa de la ética y hasta de la doctrina de la Iglesia, puesto que es una frase que viene a ser la contraria del famoso proverbio sobre la mujer del César. Ahora resulta que lo importante no es serlo (“coherencia”), sino parecerlo (“perfil”). Resulta que no son las obras, sino el “perfil” (o sea, la imagen y las apariencias), las buenas razones para Monseñor Sanz, en lo que a la política (y a la hora de merecer el voto de los católicos) se refiere.

    Y, dado que la coherencia pasa a ser un elemento secundario y deseable, pero no imprescindible, al final lo importante y la única condición sine qua non es que el partido al que vamos a seguir votando nos ponga delante de los morros algún señor con pinta de abuelo bondadoso y de no haber roto un plato en la vida (aunque haya roto vajillas enteras). ¿Da el perfil? ¿Sí? Pues ya está. No vamos a exigirle coherencia, porque la coherencia está para ser exigida a los socialistas que se dicen católicos, pero que votan a favor de la ley Aído o que se van a Entrevías a comulgar con rosquillas y vino barato de mesa. Pero, gracias a Monseñor Sanz, ahora sabemos a ciencia cierta que “a los nuestros” no es necesario exigirles coherencia alguna (algo, que, como suele suceder, no nos impide dar lecciones de coherencia a los de la acera de enfrente). Lo importante es que tengan unas ciertas maneras y repitan unas determinadas palabras (ya saben: vida, familia, valores, etc).

    Y, para que no quede duda, Monseñor nos deja abierta otra vía de escape: “…y a él [el político cristiano] miramos cuando, en lo que propone hacer…, son reconocibles nuestros valores cristianos”. ¿Qué va a hacer el partido al que usted va a votar? ¡Da igual! Lo importante son los buenos propósitos expresados por el monigote católico de cuota. Si el monigote dice lo que todos queremos oír, usted ya ha cumplido, y ninguna responsabilidad tiene en lo que suceda después de las elecciones (eso sí, no se olvide de mandar SMS a programas de tertulia cuyo nombre incluya un animal o un giro coloquial, recalcando que la culpa de lo que hacen los socialistas la tienen los millones de presuntos borregos que les votan).

    Así que, si ustedes votan al PP el 22 de Mayo y, por una remota casualidad, los remordimientos de conciencia no les dejan conciliar el sueño, no culpen al arzobispo de Oviedo, que ha hecho todo lo humanamente posible por asegurarse de que duerman felices como troncos.

    PS: Los hay que, en los comentarios al artículo de Monseñor, se lamentan de una presunta falta de coherencia de éste y, en general, de la Conferencia Episcopal. ¿Coherencia? ¿Para qué quiere uno coherencia, si goza de un perfil inmejorable?

    PSS: No se molesten en buscar el mencionado artículo de Monseñor Munilla en el que, hace más de diez años, afirmaba que el PP y el PNV dejarían de merecerse el voto de los católicos si votaban a favor de la legalización de las píldoras abortivas (y en el que aseguraba, literalmente, que “la experiencia acumulada nos permite afirmar que la legalización de la píldora abortiva sería un paso decisivo hacia la plena liberalización del aborto”). Lo enlacé el 18 de Marzo en Facebook. Acabo de comprobar que el artículo -que, insisto, llevaba años ahí muerto de risa- ha desaparecido de la web en la que estaba colgado.

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