Leche de verdad

Los lectores de Voluntad saben de nuestro interés por la leche, gran riqueza de Asturias, hoy tan maltratada. Este cuarto domingo de Cuaresma volvemos a recurrir a La Nueva España. No a los curas apóstatas y zafios que siguen escribiendo (mala leche) en ese diario con el fin de asegurarse de que la Fe católica desaparezca de entre nosotros. Sino al suplemento «Mar y Campo», del que sacamos un artículo interesante, que reproducimos y glosamos. Empezando por manifestar nuestro desacuerdo con el título, sin duda error –y no el único– de la redactora. En cambio destacamos en negrita los considerables aciertos de la entrevistada.

«La leche ecológica siempre será algo minoritario, no es la panacea»
«A los ganaderos se les ha animado tanto a intensificar la producción que las vacas ni pastan»

ANA VILLAR BONET Investigadora del CIFA (Centro de Investigación y Formación Agrarias, Cantabria)

Ana Villar Bonet, la pasada semana en la Casería La Madera (Siero). Manuel Noval

Oviedo, M.J. IGLESIAS

Ana Villar Bonet, valenciana de nacimiento, criada en Santander, es licenciada en Biológicas por la Universidad de Oviedo, doctora en Veterinaria por la Universidad de León e investigadora del área de calidad de los alimentos de origen animal del Centro de Investigación y Formación Agrarias (CIFA) de Cantabria. Villar, experta en la producción de leche ecológica, prepara un nuevo proyecto sobre ganadería ecológica de leche, coordinado por la Facultad de Veterinaria de Lugo, sobre la situación nutricional del ganado vacuno lechero en producción ecológica del norte de España y su comparación con sistemas convencionales. En el proyecto se incluyen ganaderías asturianas y del resto de la Cornisa. La pasada semana visitó las instalaciones de Casería La Madera, en Siero, y concedió una entrevista a LA NUEVA ESPAÑA.

-Asturias tiene todas las condiciones para producir leche ecológica, pero la actividad no termina de consolidarse…

-En Asturias hay nueve ganaderías, de ellas seis se encuentran en proceso de conversión. Hemos estado cinco años realizando un proyecto que deja claro que el sector tiene oportunidades. En el 2006 se puso en marcha en el CIFA un estudio sobre la producción ecológica en vacuno de leche con un doble objetivo: por una parte conocer el manejo y la dinámica de las infecciones mamarias en los rebaños de producción ecológica donde el tratamiento sanitario es muy diferente del convencional, y por otra parte comparar la calidad de la leche producida en este tipo de explotaciones respecto a las convencionales.

-¿En el resto de la Cornisa la tendencia es la misma que en Asturias?

-En Cantabria hay 7 explotaciones y en Galicia, 36. Allí el efecto «Lactalis» es muy importante. La empresa francesa, que tiene fábrica en Galicia y recoge en toda la Cornisa, anima a los ganaderos a convertirse en ecológicos. Ellos se comprometen a mantener la producción cinco años. Esa leche es un 30% más cara, pero también los piensos cuestan más.

-¿Qué conclusiones han extraído del estudio?

-Una de ellas es que Asturias tiene facilidades especiales para este tipo de producción, tanto por clima como por la existencia de prados y pastizales naturales que en el Principado son el 37% de la superficie agraria. En Cantabria llegan al 44%, mientras que en Galicia suman el 15,6% y en el País Vasco el 17% por el mayor peso que ha tenido el desarrollo del sector forestal.

-Existen condiciones, la leche se paga más cara y, aún así, los ganaderos no se animan. ¿Es problema de mentalidad?

-Es uno de los problemas. A los ganaderos se les ha animado durante años a intensificar la producción con animales y explotaciones superrentables. Ahora las vacas ni pastan. Otra dificultad añadida es la situación de las parcelas. Si las fincas están dispersas, las vacas no pueden ordeñarse con facilidad. Además, el ganadero no cree mucho en lo ecológico. En este tipo de producción, la cantidad es lo de menos. Supone un choque para ganaderos acostumbrados a vacas que dan 12.000 litros de leche al año. De repente tienen que bajar la producción a la mitad.

-¿Faltan especialistas, por ejemplo veterinarios homeópatas que enseñen a los profesionales a tratar de forma diferente al ganado?

-La homeopatía es una de las fórmulas que acepta la producción ecológica. Los ganaderos se encuentran muy solos y eso les desmotiva. Cambiar ese chip es difícil.

-¿Los españoles aprecian la leche ecológica?

-La demanda aún es pequeña. Hay mucha confusión con lo ecológico, la gente no sabe lo que es, pero lo asocia a algo natural. La parte sanitaria está basada en un bienestar que favorezca el aumento de las defensas de las reses, con un régimen de vida en libertad, en el que no se vean obligadas a comer constantemente, como ocurre con las vacas estabuladas.

-¿En definitiva, un momento de crisis como el actual, la leche ecológica puede ser la panacea para el sector?

-No es la solución a la crisis de la ganadería de vacuno, pues siempre va a ser una actividad minoritaria. En cambio, sí es una oportunidad de viabilidad para ganaderos que huyen de sistemas de crecimiento orientados a la alta producción o están en áreas desfavorecidas. Merece la pena optar por una producción más natural.

-¿Las ayudas de la Unión Europea ejercen un efecto reclamo?

-Está claro que las ayudas europeas van cada vez más orientadas al cuidado y mantenimiento del medio ambiente.

La última respuesta de la doctora Villar Bonet indica que, o bien la entrevistadora se equivocó, o bien la científica no ha leído los numerosos documentos de la Unión Europea y el Consejo de Europa en que se diseña una agricultura completamente industrializada y se prepara el fin de la vida campesina. La vida campesina tradicional es la única que permite una producción verdaderamente ecológica (una explotación tradicional, por ejemplo, no necesita recurrir a piensos para la alimentación del ganado) y garantiza la preservación del medio ambiente.

Precisamente el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea (hoy Unión Europea) fue lo que ocasionó el práctico desmantelamiento del sector lechero asturiano (y de todos los demás) y la entrada en tromba de las empresas francesas, financiadas con dinero público por la République para comprar las españolas, abandonadas por el Estado juancarlista. Que ahora una de esas empresas francesas promueva el retorno a la producción ecológica resulta un chiste casi macabro.

La verdadera producción y el verdadero consumo ecológicos, sin embargo, pasa por otra medida deseuropeizadora: que se eliminen las normativas que impiden la venta directa de leche del ganadero al consumidor. Muchos queremos leche de verdad, sin proceso industrial ninguno. Y, en todo caso, que en los procesos industriales y en la comercialización se abandone la leche UHT o de larga duración (repugnante producto que sólo echándole mucha imaginación puede llamarse leche) y se prime la pasteurizada. Lo menos pasteurizada posible.

(Y, puestos a combatir lo artificial y de mal gusto, aunque nada tenga que ver con la leche: que se deje de llamar «Cantabria» a la artificial «comunidad autónoma» vecina).

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1 comentario

Archivado bajo 02.- Gijón, 03.- Comarca, 05.- España, Carreño, Medio ambiente, Política local, Sanidad, Villaviciosa

Una respuesta a “Leche de verdad

  1. Despacho de la agencia FARO.

    Contaminación radioactiva: La Unión Europea engaña y envenena

    Madrid, 3 mayo 2011, fiesta de la Invención de la Santa Cruz. La insensata tiranía de la Unión Europea llega a extremos tales que hasta la prensa del sistema los critica de vez en cuando, aun moderando mucho su tono. En esta ocasión es el turno del diario El Mundo (que es al PP lo que El País al PSOE, más o menos):

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    LA COMISIÓN Europea ha aprobado de tapadillo un decreto por el que eleva las tasas máximas de radiactividad permitidas en los alimentos. En concreto, se han autorizado niveles que triplican en algún caso los que estaban vigentes hasta ahora. Se trata de una medida con la que se pretende evitar el colapso del mercado de productos alimenticios, amenazados por la catástrofe de Fukushima. Una medida similar se adoptó a finales de los años 80 tras el accidente nuclear de Chernóbil. Ahora bien, no es de recibo que las autoridades europeas antepongan la economía a la salud de las personas. Si lo que se pretende es ayudar a Tokio ésta no es, desde luego, la mejor fórmula. Según han denunciado científicos solventes, existen riesgos para quienes consuman de forma continuada productos con niveles de radiactividad como los que Europa permite importar de Japón tras ese injustificable cambio de normativa. O la UE se equivocó por exceso de celo cuando estableció unos determinados niveles de seguridad alimentaria o, como parece, trata de engañarnos ahora. El Ejecutivo comunitario debería dar una explicación, asumir responsabilidades y rectificar. Con las cosas de comer no se juega.

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