¿Feliz año nuevo?

Behavior Nazis don't want us to smoke

El Partido Nacionalsocialista prohibió fumar en muchos espacios públicos, entre ellos las oficinas del partido y las salas de espera (Diensträume). Nótese la cabeza negroide en el cigarro; los activistas nazis antitabaco intentaron representar el hábito de fumar como vicio de africanos degenerados. Fuente: Auf der Wacht 58 (1941): 24.

Aunque J.M. Ceinos nos recuerde hoy en La Nueva España, a través de La Prensa, El Noroeste y VOLUNTAD, simpáticas Nocheviejas y Octavas de Navidad de otros tiempos, nosotros no podemos sino recordar aquella célebre portada de La Codorniz: «Feliz año peor». Mucho más realista. Por el momento, el IV Reich (virreyes europeos del Sanedrín con sede en Long Island), ensañándose especialmente con España, acaba de imponernos la ley más disparatada y restrictiva contra el tabaco, en lo que constituye otra vuelta de tuerca de la reingeniería social, sin relación alguna con criterios sanitarios. Las consecuencias económicas de la nueva normativa aumentarán, además, una recesión que ya es pavorosa y sin remedio, aunque los banqueros, las eléctricas y los políticos sigan enriqueciéndose y el erario público siga vaciándose y endeudándose.

Sonrientes y en armonía, Francisco Álvarez-Cascos y Santiago Carrillo, con el hoy olvidado Gustavo Suárez Pertierra, en Avilés (12 de junio de 2009) recibiendo las «Sardinas de Oro» (foto EFE)

Por supuesto, el PPSOE gijonés (el Frente Popular consistorial) confirmó el nombramiento del genocida Santiago Carrillo Solares como hijo predilecto de la villa, a iniciativa del PP. La foto muestra que el supuesto rival (o viceversa) de Pilar Fernández Pardo (de la gijonesa concejal carbayona Isabel Pérez-Espinosa, candidata autonómica, ni hablamos, porque nos da risa y un poco de grima), Francisco Álvarez-Cascos, se lleva tan bien como ella con el viejo asesino comunista; como Manuel Fraga Iribarne, como el PP entero. La gatopardesca Mapi Fernández Felgueroso entonó sin despeinarse la laudatio de Carrillo, del plutócrata Rodrigo Rato y de otros impresentables galardonados. No pudimos dejar de recordar que en 1936 los padres de la Alcaldesa se aseguraron de estar en zona nacional, porque de haber estado en Madrid habrían terminado, seguramente, asesinados en Paracuellos del Jarama o en alguna checa.

Ahora el bidivorciado Francisco Álvarez-Cascos, el que tomó por asalto la vieja Alianza Popular gijonesa por imposición del Banco Herrero, el continuador del socialista Enrique Barón en la destrucción de la red ferroviaria española, el negociador solícito con ETA y el nacionalismo antivasco en su época de vicepresidente del Gobierno, abandona el PP y se postula como «regenerador» de Asturias. Ayer le daba la exclusiva a a la edición local del bilbaíno Correo ex Español (cabecera El Comercio), portavoz oficioso del PSOE en Asturias. ¿Tendrá algo que ver la vieja buena relación de Álvarez-Cascos con el SOMA-UGT, la mafia socialista por excelencia? Cosas veredes.

En cualquier caso, un buen consejo de Voluntad: prepárense para lo peor. Está por venir.

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2 comentarios

Archivado bajo 01.- Voluntad, 02.- Gijón, 05.- España, 09.- Medios, Justicia social, Política local, Sanidad

2 Respuestas a “¿Feliz año nuevo?

  1. Acerca de los zascandileos del PP y Francisco Álvarez-Cascos, bastante acertado Alberto Menéndez en La Nueva España. Negritas nuestras:

    Asturias les importa un comino a todos
    El Partido Popular en su conjunto es culpable del triste espectáculo dado en el proceso de elección de su candidato a la Presidencia del Principado en los comicios de mayo
    07:26

    Es difícil hacerlo peor. El Partido Popular ha vuelto a demostrar, como ya lo había hecho en 1998 con ocasión del «caso Marqués», que en Asturias no sabe navegar con viento a favor. Con un Gobierno regional socialista agotado hasta tal punto que la dirección del PSOE decidió proceder al cambio de candidato (Javier Fernández en lugar de Vicente Álvarez Areces), una situación económica que acogota al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero en Madrid y, por lo tanto, con los sondeos electorales claramente a favor, a los populares asturianos -con la ayuda inestimable de la dirección nacional del partido- no se les ocurre nada mejor que abrir una nueva crisis interna que ha acabado, una vez más, con el partido dividido, más roto, si cabe, que hace una docena de años.

    Buscar culpables del triste espectáculo dado por el PP es muy fácil. Por un lado, no hay nadie que se salve dentro de la cúpula de la organización, aquí y en Madrid. Por otro, el gran protagonista de toda esta historia, el que fuera todopoderoso secretario general del partido Francisco Álvarez-Cascos, ha cometido tantos errores de cálculo y de estrategia que hasta él mismo ha reconocido que sabía que el camino elegido no le llevaba a ninguna parte. Bueno, sí, al precipicio.

    Dijo Álvarez-Cascos el pasado domingo, en Oviedo, que a Mariano Rajoy y al PP «Asturias les importa un comino». Y por lo visto en estos últimos meses, el que fuera mano derecha de José María Aznar tiene mucha razón. Pero se ha quedado corto: Asturias les importa un comino también a él y a todo el sector que lidera. Unos y otros han interpretado un papel lamentable en un proceso de elección de candidato al Principado impropio de la segunda fuerza política asturiana y española, con opciones reales, según las encuestas, de volver a La Moncloa. Cascos presume de ir siempre con la verdad por delante. ¿Lo ha hecho en esta ocasión? No. Su ambigüedad, su cabezonería, su negativa a anunciar sin tapujos que quería encabezar la lista del PP al Principado fue la razón esgrimida por sus adversarios (o quizá sea más apropiado decir ya, sin ambages, sus enemigos) para ir minando sus opciones y acabar dándole calabazas. Ir con la verdad por delante hubiera implicado también dar a conocer en tiempo y forma, uno a uno, sus planes para Asturias, como el congreso extraordinario que propuso a la dirección nacional del partido, oferta que, sin embargo, permaneció bajo secreto de sumario (¿o sería más correcto hablar de ocultación?) hasta semanas después de haberla realizado.

    Si Álvarez-Cascos se pasó de frenada en varias ocasiones en todo este sainete protagonizado por los populares del Principado, qué decir del alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, el auténtico líder del partido en Asturias, el que mueve todos los hilos con la influencia que le otorgan los votos en la capital del Principado, no tanto los resultados que obtuvo cuando encabezó la lista en las elecciones generales. De Lorenzo pasó de la noche a la mañana de considerar a Cascos un «galáctico» de la política a darlo por acabado llamándole «sexagenario». Fue en ese momento, se supone que cuando el alcalde ovetense se enteró de los planes del ex vicepresidente de acabar con el poder establecido en el PP de Asturias, cuando se puso fin al armisticio y se abrió el período de hostilidades entre ambos sectores: el de Cascos, y el representado por De Lorenzo con la ayuda de los dirigentes de Gijón, Pilar Fernández Pardo, y Avilés, Joaquín Aréstegui, y, más en un segundo plano, el presidente regional del partido, Ovidio Sánchez. Estos últimos, con una interpretación muy sui géneris de los estatutos del PP (cuyos órganos de dirección no se reúnen desde hace meses) propusieron en el transcurso de una comida con varios alcaldes y presidentes de junta locales a Isabel Pérez Espinosa (política de la máxima confianza de De Lorenzo aunque fue Sánchez quien planteó su nombre formalmente) como candidata a ser el cartel electoral del partido en mayo de 2011. Esta designación daba al traste con cualquier posible negociación entre los dos sectores enfrentados. No había ya vuelta atrás y así lo consideraron unos y otros, que en una guerra de despropósitos fueron desde entonces despellejándose mutuamente sin tener para nada en cuenta los intereses del partido en la región; sólo los suyos propios.

    Lo lógico ante tanto dislate hubiera sido que la dirección nacional del partido hubiera tomado cartas en el asunto. Pero está visto que lo racional no tiene cabida en situación tan desastrosa como la vivida por los populares asturianos. Desde el comienzo de la polémica, la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, dejó patente su animadversión al que fuera hace años su antecesor en el cargo. Escuchando a la mano derecha de Rajoy un día sí y otro también, cualquier observador objetivo sólo podía llegar a una conclusión: que Cospedal haría todo lo posible por apartar a Cascos de la lista electoral asturiana. Mientras tanto, el líder de los populares lo único que hacía era esperar; no se sabe a qué, pero esperaba. El ambiente era irrespirable y desde un lado y otro no entendían la postura del presidente nacional del partido. Y al final pasó lo único que podía pasar. Apostase por quien apostase Rajoy, la crisis siempre iba a ir a más, como así fue. No se habla de la ganadora, Isabel Pérez Espinosa, sino que el protagonismo lo ha adquirido, al menos momentáneamente, Francisco Álvarez-Cascos.

    Quizá lo que no se esperaba Rajoy era que quien fuera el número dos del PP con Fraga y Aznar, el político que preparó al partido para ganar las elecciones generales en los años noventa respondiese a su apuesta por Pérez Espinosa con una decisión tan drástica como la de abandonar la organización. Pero tal como ha actuado Cascos en los últimos meses el que pidiera darse de baja en el PP no era algo descabellado. El ex vicepresidente y ex ministro de Fomento siempre fue un político impulsivo, ahora y cuando ostentaba parcelas de poder muy importantes. Cuando saltó la crisis con Marqués, no se lo pensó dos veces antes de, a instancias de Gabino de Lorenzo e Isidro Fernández Rozada, arremeter contra el entonces presidente del Gobierno asturiano, sin valorar las consecuencias que podría tener un lío interno de estas características en una región tradicionalmente votante de izquierda. Tampoco se lo pensó mucho cuando en uno de los últimos consejos de ministros del primer mandato de Aznar [Álvarez-Cascos] llegó a presentar su dimisión como vicepresidente, en desacuerdo con la intención de una parte del Ejecutivo de no renovar las emisoras al empresario asturiano Blas Herrero.

    Ésa es la forma de actuar de Francisco Álvarez-Cascos. Un nuevo acto impulsivo le puede llevar a seguir perseverando en su intención de regresar a la política activa. O no.

    Añádase éste último «mérito» de Álvarez-Cascos a los que ya se han mencionado en Voluntad: defender hasta la dimisión como vicepresidente los intereses de Blas Herrero. Hagamos memoria: «empresario» que surge de la nada durante el felipismo y con el apoyo del PSOE de entonces, emponzoña y especula en el sector lácteo, mantiene durante años sin usarlas frecuencias radiofónicas que se niegan a otros, las usa para dar otro pelotazo con la Telefónica de Aznar… Un Blas Herrero del que hace años decía el sindicalista Antón Saavedra que era el hombre «del capital judío sionista en Asturias». (Poco después de efectuar estas declaraciones, Saavedra sufrió una agresión en las cercanías del gijonés Parque de Isabel la Católica, a consecuencia de la cual tuvo que ser hospitalizado, y desapareció algún tiempo de la luz pública).

    • Si ayer se daba a conocer un elemento más en el retorcido caso Álvarez-Cascos, el de la conexión entre el desmantelamiento de la Caja de Ahorros de Asturias para tapar el agujero de la Caja de Castilla-La Mancha, en perfecto alimón del PP y el PSOE y Cía. (PPSOE), hoy añade otro El Economista: lo mal que van los negocios de Francisco Álvarez-Cascos y su querida de turno (lo de «Casado en terceras nupcias con la galerista María Porto» no se sostiene; lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre; Álvarez-Cascos sigue casado con Elisa Fernández-Escandón, aunque el ex Vicepresidente del Gobierno, quien en sus tiempos de senador de AP decía ser contrario a la Ley del Divorcio, se haya amancebado dos veces por lo civil, y algunas más por lo provisional).

      Cascos vive un calvario económico con su firma de exposición de arte
      Javier Romera

      Lleva años apartado de la vida pública, pero Francisco Álvarez Cascos está decidido. Aunque no cuente ya con el respaldo del PP, quiere volver a la política. Y es que, al contrario de lo que les ha ocurrido a otros de sus antiguos compañeros de su etapa en el Gobierno, al ex secretario general del PP y vicepresidente durante la primera legislatura de José María Aznar, no le va demasiado bien con los negocios.

      Casado en terceras nupcias con la galerista María Porto, Álvarez Cascos realiza labores de asesoramiento financiero para la empresa de ésta, Aqualium Spain. Y el resultado, tras su distanciamiento de la dirección general del PP, está a la vista.

      La compañía ha reducido su facturación en dos años en un 31 por ciento, hasta 1,1 millones, a pesar de un ligero incremento en el último ejercicio. Y lo peor es que en 2009 registró unas pérdidas de más de 90.000 euros, con lo que acumula ya dos años en números rojos. Con unos gastos de 832.000 euros en aprovisionamientos, casi el doble que un año antes, y un coste de explotación de otros 295.443 euros, los activos de la empresa se han reducido en un 27,4 por ciento respecto a 2008, hasta 1,22 millones.

      Dedicada al diseño, desarrollo y asesoramiento externo de exposiciones y proyectos vinculados a las artes plásticas, con una especial dedicación al mundo de la pintura y de la escultura contemporáneas, Aqualium ha trabajado en el pasado para ayuntamientos y Administraciones Públicas del PP, pero también de otros partidos políticos.

      Convenios con ayuntamientos

      La revista Interviú contó en 2007 que la compañía, que se creó en febrero de 2004, poco después de que Cascos anunciara su retirada de la vida política, estaba haciendo negocios con las administraciones locales. En ese momento había conseguido, por ejemplo, firmar importantes convenios para la organización de exposiciones con los ayuntamientos de Valencia, Santander, Logroño o Valladolid, todos ellos controlados por el Partido Popular. La empresa marchaba entonces viento en popa y registraba, tan sólo en su primer ejercicio, unos beneficios de más de 300.000 euros.

      Aqualium está puesta a nombre de María Porto, que cuenta con una sólida experiencia en el mundo del arte, sobre todo tras haber sido durante cinco años directora general de la prestigiosa galería Marlborough, pero la participación de Cascos es también evidente.

      En su web, y tras destacar su paso por el Gobierno, la empresa asegura que “en la actualidad su actividad se centra en la asesoría externa en temas estratégicos económicos y financieros”.

      María Porto y Francisco Álvarez Cascos han intentado diversificar el negocio con la constitución de una nueva compañía, Vauvenargues, cuya actividad principal es la adquisición, gestión y venta de obras de arte y en la que Aqualium tiene casi el 50 por ciento del capital. Constituida en diciembre del año 2008, esta compañía no ha presentado todavía sus cuentas, aunque dada la actual coyuntura económica, sus resultados no deben de ser tampoco demasiado boyantes.

      Al margen del arte, hace casi cuatro años Cascos creó otra empresa, Spineq Europe, para asesorar en el exterior a las constructoras españolas.

      La idea era participar en la promoción de nuevos proyectos y, desde su experiencia como ex ministro de Fomento, realizar incluso funciones de consultoría para los gobiernos de Europa del Este ante su entrada en la Unión Europea.

      Pero todo indica que el resultado no ha sido el esperado y la firma lleva sin presentar cuentas en el Registro Mercantil desde su constitución en marzo de 2007.

      Vuelta a la política

      El ex ministro mantiene, mientras tanto, la incógnita sobre la posible fundación de un nuevo partido político con la que presentar su candidatura a la presidencia del Gobierno de Asturias. Con una oferta sobre la mesa del CDS fundado por Adolfo Suárez para relanzar su proyecto, la ruptura de Cascos con los populares sigue además levantando ampollas.

      El presidente del PP de Asturias, Ovidio Sánchez, recordó ayer en declaraciones a la Cope que el PP celebra sus congresos y hace sus estatutos, y que hay que ganar esos congresos para poder “tener la autoridad para opinar”.

      Sánchez se mostró especialmente duro y advirtió de que “cualquier alternativa fuera del Partido Popular es dar un voto al PSOE”. Álvarez Cascos tiene ahora la palabra.

      Ovidín, neñu: mejor callado. El PP está dirigido a dedo por vuestra camarilla de parásitos. Y cualquier voto al Partido Popular es lo mismo que un voto al PSOE. Eso sí: lo del CDS, que siempre fue de risa cuando alguien se acordaba del «Centro Democrático y Social», hoy es de traca. Lleva años siendo unas siglas sin contenido ni existencia real, en manos de un par de fenómenos de feria.

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