Evocación gijonesa de Carlos Hugo

Foto dedicada por Carlos Hugo de Borbón a Constante Suárez, compañero en el Pozo Sotón en 1962. Esta fotografía oficial del entonces Príncipe de Asturias, podía encontrarse en muchos hogares gijoneses

Con este mes de agosto se nos ha ido, el día 18, el ex príncipe Carlos Hugo de Borbón Parma, víctima del cáncer, a los 80 años de edad. En Barcelona, aunque residía en Bruselas. Ex príncipe, decimos, porque su condición de Príncipe de Asturias, título con el que gozó de enorme popularidad en la Asturias de la década de 1960, dependía de la aceptación de la legitimidad carlista, con todas sus consecuencias. Y al término de esa década, el ahora fallecido se había revelado tremendamente inconsecuente. A ello nos referiremos luego. A calibrar la importancia que tuvo nos ayudarán estos párrafos de Navarra Confidencial:

El hombre que pudo reinar.

El 18 de agosto del año 2010, al morir, el de Carlos Hugo de Borbón-Parma es un nombre desconocido para la las generaciones de españoles mas jóvenes. Pero la situación era muy diferente en los años sesenta. La república había sido abolida pero tampoco había sido restituida la monarquía. Un general ocupaba la jefatura del estado. En realidad, no se sabía a ciencia cierta quién sucedería a Franco. Si se restablecía la monarquía existían dos principales candidatos para encabezarla, uno era don Carlos Hugo y el otro don Juan Carlos. Don Juan, padre de don Juan Carlos, pese a haber apoyado al bando nacional había quedado descartado al redactar en 1945 un manifiesto condenando la dictadura franquista (pese a que también se proclamó partidario por dos veces de los principios del tradicionalismo-carlista en un acto en Lourdes y en Estoril). Contrariamente a lo que pueda pensarse ahora, el candidato más popular entonces era Carlos Hugo. Por una parte estaba casado con la Princesa holandesa Irene de Orange, perteneciente a una monarquía mucho más relevante en Europa que la de la esposa de don Juan Carlos, la princesa Sofía de Grecia y que se convirtió al catolicismo antes de la boda valiéndole la pérdida de sus derechos en Holanda. Por otro lado, el Príncipe Carlos Hugo había adquirido una gran popularidad recorriendo toda España o convirtiéndose en el Príncipe-minero trabajando de incógnito un tiempo entre los obreros de una mina asturiana. No obstante, era también licenciado en Económicas por la Universidad de Oxford y en Derecho por la Universidad de La Sorbona. Durante más de una década, su figura había generado una notable ilusión en toda España. Su evolución ideológica, no obstante, le va distanciando del régimen y del “pueblo” carlista hasta que es expulsado del país e iniciándose una huida política hacia adelante en busca de espacio de 1969 a 1979. Es importante destacar que Franco resuelve la cuestión sucesoria en julio de 1969 a favor de don Juan Carlos. La ruptura ideológica con el tradicionalismo carlista le lleva a una pérdida constante de seguidores en muy pocos años hasta que en 1980 sale de la escena española cerrando una etapa que se inicia con su presentación en el acto nacional carlista de Montejurra en 1957.

Aunque casi desconocido en nuestros días, una ucronía muy poco exagerada basta para imaginar que ayer podía haber muerto el Rey de España como de hecho lo fue para miles de navarros.

Y de asturianos. Las expediciones de gijoneses a los actos anuales de Montejurra (a pesar de los frecuentes impedimentos gubernativos), las visitas a «Villa Covadonga» (donde el lugar de honor estaba reservado a una imagen de la Santina procedente de Gijón), y la presencia de la Familia Real carlista en nuestra villa (Doña Irene de Lippe-Biesterfield, esposa de Carlos Hugo, fue madrina del «paso del ecuador» de una promoción de la Escuela de Comercio; tanto la propia Princesa Irene como la ahora ex infanta María Teresa de Borbón Parma dieron audiencia en los locales del viejo Círculo Cultural Juan Vázquez de Mella, que hasta 1992 estuvieron en el número 24 de la Calle Uría).

El régimen de Franco titubeaba, y la censura dejaba pasar muchas cosas. Como más arriba señalaba Navarra Confidencial, muchos pensaban que Franco reconocería como sucesor al hijo mayor del Rey legítimo según los carlistas, Don Javier de Borbón. Por contra, Juan Carlos era poco conocido y enteramente impopular. El diario VOLUNTAD no fue ajeno a este clima:

A la izquierda de esta página 8 de VOLUNTAD del 16 de febrero de 1964, puede leerse:

Por la felicidad de los príncipes Carlos e Irene

Con motivo del anunciado enlace matrimonial del príncipe don Carlos de Borbón, de la dinastía carlista con la princesa Irene de Holanda, el Círculo Cultural “Juan Vázquez de Mella”, ofrecerá una misa para impetrar del Altísimo la felicidad de los príncipes, que tendrá lugar en la iglesia de Nuestra Señora de Begoña (Padres Carmelitas) hoy, domingo, a las once horas, celebrándose a continuación un acto de adhesión y simpatía en los locales de dicho Círculo, calle de Uría, número 24, piso segundo.

Acto en el que intervendrían los más influyentes de los carlistas gijoneses de entonces (que era como decir de los asturianos: desde el reinado de Don Alfonso Carlos, 1931-1936, la Comunión Tradicionalista Carlista de Asturias estaba en gran medida controlada desde Gijón): el antiguo concejal Rufino Menéndez, caballero de la Orden de la Legitimidad Proscrita; el redactor jefe del diario El Comercio Félix Velasco; Ignacio Laviada; las hermanas Fresno. Los mismos que poco más de diez años después, en 1975, promoverían los escritos en los que se oficializaba la ruptura de Carlos Hugo con el pueblo carlista, por haber abandonado el príncipe los principios de la vieja Causa. Pero entonces eso ni se sospechaba. Carlos Hugo, quien se presentaba como «el Príncipe del Dieciocho de Julio», e Irene, eran la esperanza de Asturias y de España:

O quizá ya algunos sospechaban algo. El carlismo gijonés era mayoritariamente falcondista: es decir, partidarios de Manuel Fal Conde, Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista desde la II República, partidario de la oposición abierta al régimen de Franco, y correspondido por éste. La desviación de Carlos Hugo culminó, para cuando su separación definitiva del Carlismo, en un extraño «socialismo autogestionario»; pero empezó por el acercamiento al franquismo. Al principio pudo parecer simple táctica política. Pero Carlos Hugo prevaleció sobre su padre, el exiliado Rey Don Javier, y se deshizo de Fal Conde. Así lo reconoce incluso el pseudo historiador José Carlos –o, según las épocas, Josep Carles— Clemente, panegirista de Carlos Hugo, en su libro Carlos Hugo de Borbón Parma. Historia de una disidencia (Barcelona, Planeta, 2001), página 98, donde se pone en boca del propio ex príncipe lo siguiente:

Me reuní con Fal y con mi padre. Mi tesis era que el enemigo mortal de Franco no podía, en estos momentos, ser el representante del Carlismo. La de Fal era algo diferente; no defendía en absoluto su cargo, porque era un hombre de entrega total. Mantenía la tesis de que el Carlismo tenía que manifestar claramente que no tenía nada que ver con Franco. Yo no estaba de acuerdo con ella, porque la época de la guerra civil y de la represión a ultranza; los campos de concentración, la acción directa brutal y la represión indiscriminada, ya había pasado. Era necesario un diálogo con el Sistema.

Esta confusión se reflejaba en las reacciones del régimen. A la boda romana de Carlos Hugo y Doña Irene iba a viajar la Tuna Universitaria de Gijón: se lo impidió la Policía en el último momento.

Queda por saber si la vertiginosa caída de Carlos Hugo a partir de entonces (colaboracionismo franquista, desviacionismo demócratacristiano primero, socialista después, Platajunta, contactos con ETA, Montejurra 1976, creación de un falso «Partido Carlista» que en Asturias no llegó a existir, abandono de éste, separación de su esposa, entrega de archivos de la Familia Real carlista al Gobierno de José María Aznar…) habría ocurrido de no mediar el terrible Concilio Vaticano II y sus no menos terribles consecuencias.

Queda por saber también por qué los responsables de los actuales diarios regionales no encargan a sus subordinados que consulten las hemerotecas de sus propios periódicos. Así nos habrían ahorrado las lamentables, por erróneas y hasta disparatadas, noticias que han publicado tras la muerte de Carlos Hugo. Sólo La Nueva España, de la cual procede la fotografía que encabeza esta entrada, ha publicado cosas interesantes; pero todos han coincidido en olvidar que Carlos Hugo y el Carlismo separaron definitivamente sus caminos en 1976. El ex príncipe terminó reconociendo la usurpación de Juan Carlos. Lo cual resulta especialmente triste si se considera que, a pesar de los pesares, Carlos Hugo era en todos los órdenes inmensamente superior a quien desde 1975 es Jefe del Estado español por designación del General Franco.

El fin de esta historia lo ha puesto, muy sobriamente, la Secretaría Política del Infante Don Sixto Enrique de Borbón, hermano de Carlos Hugo y actual Regente del Carlismo:

Ante la muerte de Carlos Hugo de Borbón Parma

Ha fallecido don Carlos Hugo de Borbón Parma. No es este el momento de recordar su nefanda defección, de tan trágicas consecuencias para la Causa de la legitimidad española. Que Dios misericordioso le haya perdonado.

S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón se encuentra naturalmente afectado por la muerte de su hermano Carlos Hugo, y ruega oraciones por su eterno descanso.

Don Sixto Enrique, Regente desde el fallecimiento de su padre el Rey Don Javier, ante la situación tan anómala y dolorosa que don Carlos Hugo creó, se condujo en todo momento con la prudencia pero también con la fortaleza que el caso requería. En diversas ocasiones, públicas unas, reservadas otras, ha recordado no sólo los fundamentos doctrinales del Carlismo, sino también los deberes de los miembros de la Dinastía. En particular, en una carta firmada en Trieste el 18 de julio de 2009, centenario de la muerte del Rey Carlos VII, requirió personalmente a sus sobrinos Don Carlos Javier y Don Jaime, hijos del finado, que declarasen si asumían los principios intangibles de la legitimidad española (recogidos en el Real Decreto promulgado por Don Alfonso Carlos el 23 de enero de 1936), u optaban por seguir los pasos de su padre.

En ese requerimiento, redactado con delicadeza y comprensión ante la dificultad que siempre supone desautorizar a un padre, les ofrecía que asumieran la plenitud de los derechos y obligaciones de la Dinastía Legítima, tras un período transitorio de formación bajo la supervisión de su tío. No es buena señal el silencio que ha seguido a tal comunicación, como tampoco lo es el matrimonio desigual anunciado por Don Carlos Javier, pues inhabilita a sus posibles descendientes para suceder en la Corona (Pragmática Sanción de Carlos III de 23 de marzo de 1776). Pero, en puridad, el ofrecimiento sigue abierto. Que Dios les ilumine y les consuele en estos graves momentos.

En Madrid, a 18 de agosto de 2010.

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1 comentario

Archivado bajo 01.- Voluntad, 02.- Gijón, 03.- Comarca, 05.- España, 09.- Medios, Política local

Una respuesta a “Evocación gijonesa de Carlos Hugo

  1. El Correo ex Español, edición de Benavente para Gijón, vuelve a las andadas. La Comunión Tradicionalista Carlista del Principado de Asturias ha difundido esta nota:

    Errores sobre la sucesión carlista en EL COMERCIO

    A propósito de una publicación completamente errónea del diario El Comercio, el Jefe Regional de la Comunión Tradicionalista de Asturias les remitió el siguiente escrito el pasado día 4 de mayo.

    Señor Director:

    En EL COMERCIO de 3 de mayo aparece una noticia bajo el título «Los carlistas ya tienen heredero y nuevo Príncipe de Asturias». Tanto el título como el contenido conducen a error, y las afirmaciones sobre la sucesión resultan equivocadas.

    El niño recién nacido de la Sra. Annemarie van Weezel (quien no es princesa ni tiene título de ninguna clase, ni siquiera como consorte) y de Carlos Javier de Borbón Parma, Carlos Enrique Leonardo, no se convierte en «Príncipe de Asturias» según los carlistas, ni en Infante de España, ni en alteza real. Su padre, Carlos Javier, perdió hace tiempo todos sus derechos sucesorios. Aunque no los hubiera perdido, según las antiguas leyes y pragmáticas de la Monarquía española la descendencia de matrimonio desigual es inhábil para la sucesión.

    Carlismo es legitimismo. La legitimidad dinástica, según los carlistas, es de origen (es decir, se regula por las leyes tradicionales) y de ejercicio (si el sucesor legítimo de origen se opone a los principios de la Tradición, pierde sus derechos). Carlos Javier, al igual que su padre el difunto Carlos Hugo, no sólo es ajeno a esos principios de la Tradición, sino que ha reconocido reiteradamente a Juan Carlos y a su hijo Felipe. En consecuencia no tiene puesto ninguno en la sucesión carlista ni puede ostentar legítimamente ningún título.

    Los carlistas, por su parte, no lo reconocen. Ni siquiera le siguen los restos del mal llamado Partido Carlista (que nunca llegó a existir en Asturias) fundado por su padre y luego abandonado por éste. Para los carlistas, Carlos Javier, Annemarie y sus hijos son unas personas particulares holandesas sin ninguna relación con su Dinastía ni con su Causa.

    Que no se aflijan los carlistas. No creemos que sea mala voluntad por parte de los redactores del Comercio, sino la ignorancia y la chapuza que reinan en su redacción. Ya nos habíamos adelantado a señalarlo en el Twitter de Voluntad.

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