¡Qué romántico!

Más abajo explicamos el porqué de este título. Dispersados los humos de les fogueres de San Juan, hoy, fiesta de su Natividad, La Nueva España nos brinda un artículo de Luis Miguel Piñera, que recuerda el ingenio y buen humor que reinaban en esta villa antes de su devastación por esta era argentina / de socialismo y cocaína (Valle-Inclán):

Algunos apodos en el Gijón decimonónico
Casi todos los vecinos de la ciudad tenían su nombre popular, sobre todo en Cimavilla
LUIS MIGUEL PIÑERA

En el pasado de Gijón, ¿habría algún ciudadano que no tuviera un apodo? Parece difícil, y además el mote pasaba de padres a hijos. Incluso alguno de esos apodos pasó al callejero local, por ejemplo, La Argandona, la hermana de Jovellanos, pero también varios más. El camino del Pintu, junto a El Sucu, se llama así oficialmente desde 1990 pero ya muchos años antes recordaba (porque la voluntad popular así lo quiso) a José Sánchez Suárez «El Pintu» famoso enterrador en Ceares, y que vivía en ese camino. Una calle emblemática de Cimavilla, la calle de Atocha, de hecho no recuerda a la que fuera -antes de Nuestra Señora de la Almudena- la patrona de Madrid. Nunca en Gijón hubo un culto especial a esa virgen de Atocha, ni su imagen estuvo en ninguna capilla local. La cosa es más prosaica. En antiguos libros de nacimiento, matrimonio y defunción vemos a vecinos de Cimavilla residentes en la calle de La Tocha, o La Toxa, un apodo sin duda. De vivir en la calle de La Tocha derivó la cuestión en vivir en la calle de Atocha.

¿Dónde podemos informarnos del tema de los alias y sobrenombres gijoneses? Por ejemplo en un trabajo del cura Enrique García Rendueles, fallecido en el año 1955, el autor de «Los nuevos bablistas» y la letra del «Himno a Covadonga». El largo nombre del manuscrito es «432 antiguos apodos de Gijón (1850-1890) anotados por D. Enrique García Rendueles, presbítero, con la colaboración de su padre D. Ricardo (1853-1928) y Doña Rufina Morán la Bandera», y se puede consultar en la Biblioteca Asturiana del padre Patac. Pero además Vicente García Oliva publicó un artículo sobre el tema en la revista «Lletres Asturianes», número 51 de marzo de 1994, titulado «Nomatos de Xixón recoyíos por don Enrique García Rendueles», y por supuesto está el trabajo de Luciano Castañón titulado «Apodos y sobrenombres de Gijón». Primero se publicó en el Boletín del RIDEA (número 114, año 1985) y luego en la antología sobre Castañón titulada «Escritos Gijoneses». También vemos una larga lista de apodos gijoneses en la prensa local del 25 de abril de 1887 y en el libro «Cimadevilla recuperada. Atlas playu» que la asociación de vecinos Gigia editó en el año 1999. Anotamos algunos de esos apodos recogidos de esas fuentes.

DE HOMBRES: El Fungu, El Porcelanu, El Güérfanu, Esparteru, El Princesu, Toliví, El Talaboru, Perico el Bolo, Xuan el Francés, El Casín, Palombín, Xuan del Aire, Xuan de los Trapos, Perico Pión, El Frayau, El Tanfonín, Patacú, Antonio saca el rau, El Truenu de Xixón, Juan de la Fandanga, Pachuchenora, Sietededos, Andresín de Marixuaca, Blancofino, Casimiro el Güevu, Xuaniquera, Joaquinillo Rodajas, El Esperteyu, Mingo Hueco, El Tronu, Ginigini, Xuan de los Cuentos, El Mariquetu, Quince Nietos, Cigoreya, Coxu la Palanca, Bemol, Peluca, El Penosu, Papones el Carlista, El Desoreyau, El Zancarru, Guapitamente, Madruga, El Mamón, El Morcilleru, El Gochín, Barriguina, El Chepa, El Calafate, Cara de Cádaba, Llagrimina, Garibaldi, Filimiquis, Churulú.

DE MUJERES: La Funga, La Marota, Gasparina, La Millota, La Muerte, La Escapadita, Cagarriales, Zampuca, María los Perros, Juana el Majo, La Pesamentera, La Xícara, La Balumba, La Esguanchada, La Quinciana, Gala Ventanes, La Musela, La Pucha, Rita el Fornu, La Zapica, Viuda los Dentones, La Fandango, La Fraila, La Perola, La Guatusca, Mil Hombres, María los Buscaniños, La Farruca, La Chiguirita, La Culopera, La Cacarañada, La Chuchona, La Pedorrea, La Muda, La Chaquetona, Colegiata, Colasa Peseta, La Coxa la Palicia, La Faldapa, Lechepresa, Les de la Estafeta, La Cebona, La Xata la Mula, La Castañona, Tina Santa, Les Entrometes, La Chigra, La Peruya, María la Pondala, La Levita, María la Pelada, Trafulca, La Toxa, La Vigarina, La Truchera…

(Echamos de menos, saltando al otro lado de San Lorenzo, a la hoy castigada Guía, por ejemplo, algunos tan distinguidos como la Pifa y su hijo el Pifu, asociados para siempre a la mejor caldereta imaginable y a una casina del siglo XVIII que la especulación se empeñó en derribar. Aunque se nos pueda objetar que aquello es el concejo de Gijón, pero no la villa).

Lo malo de los estudiosos actuales suele ser que su formación tiene grandes fallas. Luis Miguel Piñera, por ejemplo, parece ignorar que en «el pasado de Gijón» no había ningún «ciudadano» (Aux armes, citoyens…); había vecinos. Parece ignorar también que «cura» es el sacerdote encargado de una parroquia; en sentido estricto, curas sólo lo eran los antiguos párrocos propietarios. Así que el «cura Enrique García Rendueles» no existió nunca; sí, en cambio, el presbítero don Enrique García-Rendueles, buen latinista y carlista distinguido, capellán que fue de la Juventud Jaimista local, entre otras cosas. Voluntad ya ha abundado en la importancia que tuvo el carlismo gijonés, y el artículo precedente viene a confirmarla, tanto por vía de autores como de apodos.

Tanta importancia, que para eliminarla el frentepopulismo local parece haber adoptado una nueva táctica. A la supresión de nombres (como antes suprimían a los hombres) añaden el falseamiento.

Falseamiento tan mal hecho que sólo los dineros que la rapiña consistorial arrebata a los gijoneses le consiguen algún eco. En la agenda de la edición gijonesa del mismo diario, por ejemplo: «En el salón de recepciones del Ayuntamiento de Gijón, a las 19.00 horas de hoy, tendrá lugar la presentación del libro “Del romanticismu al rexonalismu: escritores carlistes na lliteratura asturiana”, con el que el escritor Javier Cubero ganó el II Premio de Ensayo Fierro Botas. La entrada es libre».

¡Caramba! El Ayuntamiento de Mapi Fernández Felgueroso y de Vicente Alberto Álvarez Areces (del que sólo hace unos días volvía a recordarse una nueva supresión de nombres, carlistas unos, de bienhechores otros, del callejero gijonés), ¿premiando y promocionando un libro sobre escritores carlistas?

Empecemos por el autor. Europa Press tenía ayer la humorada de llamarlo «escritor y estudioso». Hombre, escribir sí que escribe, sobre todo en Internet, en mil cuadernos de bitácora, foros y Wikipedias; o más bien copia y pega (y deforma un poco), como ha hecho con contenidos de Voluntad, sin citar la fuente. Estudioso, en cambio, es algo que no le cuadra mucho, a juzgar por su historial académico. La ficción, por el contrario, sí que se le da bien al rapacín: él solito se ha inventado un supuesto «Partíu Carlista d’Asturies», de existencia meramente virtual y un solo y exclusivo miembro, él mismo (el único partido carlista de Asturias es, como es sabido, la Comunión Tradicionalista). El probe, en su afán por reescribir la realidad, llega a referirse al catedrático y periodista Guillermo Estrada Villaverde, ministro de Carlos VII y yerno de Juan María Acebal, como «presidente del Partido Carlista de Asturias», términos y cargos inexistentes en tiempos de Estrada, y aún hoy. El Carlismo nunca ha tenido «presidentes».

Sigamos por el premio. Lleva el nombre de Federico González-Fierro Botas, S.I., q.s.g.h. ¿Un Ayuntamiento laicista, homenajeando a un jesuita? González-Fierro, a quien Dios haya perdonado, era uno de esos modernistas que no están muy seguros de creer en Dios, y tampoco les importa. En la línea secularizada de los arrupitas, le dio por «lo social» (entendido a la izquierdista manera) y, luego, por el bablúa ese que empezó a inventarse en la década de mil novecientos setenta. En esa jerga está escrito el librito premiado. Poco que ver con el bable en que escribían Juan María Acebal, el Obispo Manuel Fernández de Castro o Enrique García-Rendueles (carlistas) o el Padre Galo Fernández (simpatizante). Pero sí tiene que ver con los analfabetos delirios de la «Concejalía de Cooperación Internacional, Cultura Tradicional y Política Lingüística», o sea, con el comunista Jesús Montes Estrada, alias Churruca, que oficiará la presentación del librín de marras.

¿Cómo, pues, con semejantes mimbres se teje el cesto que presentan hoy en el salón de recepciones (sic) del Ayuntamiento? Puede explicarlo la conexión paterna del autor con la tela de araña de la extrema izquierda subvencionada; añádase la también paterna amistad con el fabulador Francisco Prendes Quirós, máximo calumniador local contra el Carlismo, socialista instalado consorte y mapista reconocido, informal pero permanente asesor «cultural» de la Alcaldesa.

El Frente Popular municipal no dispone de nadie intelectualmente solvente: tienen que echar mano de cualquier cosa. Según Europa Press, al hablar de los autores citados el rapaz «relaciona su ideología [sic] carlista con el movimiento romántico europeo de la época». El Carlismo, que es el tradicionalismo político español, no tiene nada de ideología, ni de europeo, ni de romántico. No hay romance, pues, entre el socialcomunismo local y el Carlismo: hay desvergonzada ignorancia e invención fallida. Lo que la troupe de la Mapi paga con lo que nos quita.

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2 comentarios

Archivado bajo 01.- Voluntad, 02.- Gijón, ¿Llingua?, Política local

2 Respuestas a “¡Qué romántico!

  1. En breve reseña de la presentación de ayer, La Nueva España de Gijón pone un titular tan inapropiado que parece más bien de la edición local del Correo ex Español (y ex carlista, por cierto), cabecera El Comercio:

    Javier Cubero recupera a los escritores carlistas

    El escritor Javier Cubero, estudiante de Ciencias Políticas y Administración, de 23 años, ganador del II Premio de Ensayo Fierro Botas presentó ayer en el Ayuntamiento su obra «Del romanticismo al rexonalismu: escritores carlistes na lliteratura asturiana». La obra, «a medio camino entre la investigación y el ensayo», según su autor, se centra en los escritores carlistas asturianos del siglo XIX y en los regionalistas del primer tercio del siglo XX, además de en su contexto ideológico y político. En la imagen, Cubero, en el centro, durante el acto.

    En la foto que acompaña no se ve la jeta de Churruca Montes Estrada, lo cual se agradece. Sí, en cambio, el careto y las pintas del rapacín escribidor, flanqueado por dos asturchales reconocidos. Una bandera de Europa. Y, aunque no se vea en la foto, la presentación fue presidida por un retrato del usurpador Juan Carlos. Todo muy «carlista», vamos. Las falsificaciones hay que hacerlas mejor.

    Para el gacetillero: los escritores carlistas asturianos no han sido recuperados por el librín patrocinado. No han sido recuperados, porque nunca han estado perdidos. Más que de recuperación, aquí se trata de intento de apropiación indebida.

    • Nos había pasado desapercibido otro pequeño disparate relacionado con este asunto. La triste edición asturiana del Periódico de Catalunya (cabecera La Voz de Asturias), ya sólo excusa para distribuir el panfleto zapaterista Público, descuida también su edición electrónica, de la cual ha desaparecido un articulín del 27 de junio firmado por Luis Javier, alias Lluís Xabel, Álvarez García. Lo reproducimos, a pesar del bablúa, de la caché de Google:

      Mar de fondo
      Tien qu´haber de too

      Paez raro ponese a falar de coses identitaries en tiempu de crisis económica. Sei bien lo impopular que ye eso periquí. Nostante la crisis pasará desque ye un asuntu urxente pero de superficie mentes que la cuestión de la identidá ye un un telón y un ruxir de fondu que queda siempres nel aire de la escena. Yo quería dicir daqué sol llibru acabante salir Del romanticismu al rexonalismu, de Javier Cubero de Vicente, que ganó con él el III Premiu Federico González-Fierro Botas d´Ensayu y Trabayos d´Investigación, unu que convoca l´ayuntamientu de Xixón. Como la amistá y l´apreciu intelectual y políticu que-y tengo al autor llevóme a escribir el prólogu de la edición de la obra (na editorial Trabe) podría callame y seguir con otros temes. Pero de repente surdió tamién un signu claru de que convenía dicir precisamente agora dalgunes coses sencilles pero non simples sobro la prestosa y fastidiosa recurrencia, al empar, de la identidá asturiana. Y cuál foi esi signu perentoriu y emblemáticu que m´obliga? Pues foi l´alderique ente un amigu y yo –él d´una xeneración más moza que la mía– nel cursu de la carrera d´un taxi de Madrid. Güeyu con esto: un discutiniu nun ye por sí mesmo signu bastante; una riña de collacios dientro d´un taxi ya tien más garra; pero –llectores de mió– discutir sol bable y/o llingua asturiana dientro d´un taxi madrilanu –que ye lo que foi– ya ye evidentemente un signu perentoriu y esllendente que desixe obediencia atenta y formal.

      Non sólo pol bable –signu de contradicción ´per se´– sinon también por esa categoría nomada taxi de Madrid, que daes les circunstancies y les opiniones nacionales d´España fai parte de la A.I.C.: esa institución virtual, semiótica y non oficial qu´atropa a los Axentes de Intermediación Comunicativa. Hai un saltu mui grande d´indentidá asumida, nótese o non, ente la vida asturiana que describe´l llibru de Javier Cubero y la vida actual que permite a dos paisanos discutir sol bable y la so oficialidá sumíos na carrendera del tráficu madrileñu. Dao que Cubero alude per dalgún sitiu del so llibru a la figura de don Evaristo Casariego, notable asturianu occidental, quixera yo equí ensertar otra de les munches anéudotes qu´adornen la so memoria a los efeutos d´ilustrar el cenciellu asuntu del mio títulu: “Tiene que haber de todo”, diz el dichu, tien qu´haber de too y resulta que pala xente propio y extraño de los nuestros díes la llingua asturiana vieno a ser, al final, una d´eses realidaes que tien qu´haber. L´anéudota completa otres, que recordara hai poco Xuan Bello también, a cuenta del sentíu más o menos carlista de la ideoloxía de Casariego: preguntáu´l prócer en ocasión sensible por esi fechu la pomposa rempuesta foi que´l yera carlista, sí, pero non “d´estos agora” sinon del Archiduque D. Carlos que perdió la Guerra de la Sucesión española contra los Borbones al aniciu del sieglu XVIII. Y ye que personaxes imaxinativos y singulares habrálos siempres. Pero otros contemporánios de Casariego –y paecíos a él, quiciabes, de varies maneres– atroparon un camín d´autoafirmación menos teatral y más granible: el de la fidelidá a la llingua (pienso en Alvaro Cunqueiro o en Josep Pla). Casariego tenía detrás la solombra del Padre Galo y polo menos esa sombra lluminosa algamónos a nosotros, a los de Conceyu Bable. Por ende pudimos reínos y enfadanos metíos nel taxi de Madrí´l mio amigu (unu de los mios xefes na empresa cultural asturiana) y yo mesmu: falamos de cúanto hai del vieyu bable rural nel asturianu de güei, de si l´estandar urbanu ye bonu o malu na educación de los neños, de si oficialidá sí o non, etc. Al final del trayectu´l mudu taxista dixo: “Muy interesante, oigan”.

      Quienes hayan visto, en persona o en fotografía, a este conspicuo ejemplo de «intelectual orgánico» del arecismo, saben que tiene la pinta que se merece. Ejemplo también del «tercer sexo» o del varón emasculado al que aspira el feminismo radical, aparece en ocasiones al lado de su consorte Amelia, alias Camelia, Valcárcel Bernaldo de Quirós y de la acompañante femenina «con derecho a roce» de la misma. Comparten ambos —Camelia y Lluís Xabel–, además de eso de tener el aspecto que merecen, un pasado de extrema izquierda, simpatías pro etarras incluidas. (La ultrafeminista y aberrosexual Camelia fue Consejera de Educación, Cultura, Deportes y Juventud, uf, del Desgobierno autónomo de Asturias entre 1993, con Antonio Trevín Lombán. Patrocinó, entre otras cosas, exposiciones y publicaciones blasfemas. Gracias a tan ejemplar currículum, es en la actualidad Consejera de Estado y Vicepresidenta del Real Patronato del Museo del Prado).

      Pero divagamos. No obstante, resulta esclarecedor ver qué conexiones han permitido la publicación del librín mixtificador y prescindible de un autor incompetente que se presenta, falsamente, como carlista: «Yo quería –dice Lluís Xabeldicir daqué sol llibru acabante salir Del romanticismu al rexonalismu, de Javier Cubero de Vicente, que ganó con él el III Premiu Federico González-Fierro Botas d´Ensayu y Trabayos d´Investigación, unu que convoca l´ayuntamientu de Xixón. Como la amistá y l´apreciu intelectual y políticu que-y tengo al autor llevóme a escribir el prólogu de la edición de la obra (na editorial Trabe)». El «filósofo, escritor, profesor y esteta» Álvarez lleva algún tiempo tutelando al rapaz Cubero. Ya en 2006 las Juventudes Tradicionalistas Asturianas se vieron obligadas a salir al paso de otro articulín del mismo autor, de parecido tenor y también publicado en La Voz de Asturias. El que arriba reproducimos quizá nos dé una clave más para entender por qué arecistas y asturchales buscan contribuir a falsear la historia y el presente del Carlismo asturiano.

      Veamos. Escribe Lluís Xabel: «Dao que Cubero alude per dalgún sitiu del so llibru a la figura de don Evaristo Casariego, notable asturianu occidental, quixera yo equí ensertar otra de les munches anéudotes qu´adornen la so memoria a los efeutos d´ilustrar el cenciellu asuntu del mio títulu: “Tiene que haber de todo”, diz el dichu, tien qu´haber de too y resulta que pala xente propio y extraño de los nuestros díes la llingua asturiana vieno a ser, al final, una d´eses realidaes que tien qu´haber. L´anéudota completa otres, que recordara hai poco Xuan Bello también, a cuenta del sentíu más o menos carlista de la ideoloxía de Casariego: preguntáu´l prócer en ocasión sensible por esi fechu la pomposa rempuesta foi que´l yera carlista, sí, pero non “d´estos agora” sinon del Archiduque D. Carlos que perdió la Guerra de la Sucesión española contra los Borbones al aniciu del sieglu XVIII. Y ye que personaxes imaxinativos y singulares habrálos siempres».

      El mismo hecho de que Lluís Xabel ponga en cursiva el término «carlista» debería alarmar al joven Cubero, caso de que él lo fuera. También debería alarmarle que su amigo y protector (bueno, debería alarmarle tener por amigo y protector a semejante quídam) cuente una historia rigurosamente falsa acerca del gran carlista asturiano Jesús Evaristo Casariego y Fernández-Noriega. Se ve que los asturchales han cambiado de táctica: fracasado su intento de ningunear la colosal figura de Casariego, y obligados a aceptar por lo menos su condición de asturianista eximio, ahora van a intentar poner en duda que fuese carlista. Qué pena que lo fuese, militantemente, toda su vida. Qué pena que en su obra escrita defienda a la Casa de Borbón (la legítima, claro) y critique a los carlistas que buscaron alguna equiparación con los austracistas del siglo XVIII. Qué pena –para ellos– que hasta el final de sus días Casariego permaneciese fiel al actual Abanderado de la Tradición, Sixto Enrique de Borbón.

      A pesar del intento, el envidioso resentimiento de Lluís Xabel hacia Casariego y hacia los carlistas transpira: «pomposa rempuesta», «ye que personaxes imaxinativos y singulares habrálos siempres». Casariego era singular, como todos los grandes. Una de las pocas veces que prestó alguna atención a Luis Javier Álvarez García, lo calificó de «gnomo ridículo». Pues eso.

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