Hoja del lunes VIII

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Alguno pensará que en Voluntad la tenemos tomada con José María Díaz Bardales, párroco de Nuestra Señora de Fátima (¡qué ironía!) para desgracia de La Calzada, de Gijón y de la Iglesia; y columnista habitual de La Nueva España, para desgracia de aquellos de sus lectores que quieran vivir cristianamente el domingo.

No. Es él, cura showman y predicador de chigre, el que la tiene tomada con la doctrina de la Iglesia y, sobre todo –ah, las obsesiones, cuánto cuentan de lo que no quiere contarse– con el Santo Sacrificio de la Misa.

Ayer, de nuevo en la publicación local de Prensa Ibérica, Díaz Bardales perpetraba unos párrafos titulados «Tres cristianos». Como en él es habitual, el contenido contradecía al título.

El primer «cristiano», según Díaz Bardales, era el recién fallecido Joaquín Ruiz-Giménez, más conocido como Sor Intrépida, un señor que desempeñó más o menos todos los altos cargos posibles con el General Franco, pero al que han querido elevar a los altares del antifranquismo. Ruiz-Giménez era demócratacristiano, lo cual, en puridad, significa anticristiano. Adorador bobalicón de todo lo progre, fue falangista pro Eje cuando eso era lo progresista, y luego se sacó de la manga aquellos infumables Cuadernos para el Diálogo que Díaz Bardales, en sus propias palabras, estima más importantes que la Imitación de Cristo. Algo de relación se puede buscar al dialogante difunto con una villa marinera y pesquera como era la nuestra: si se le estrechaba la mano, uno tenía la impresión de haber agarrado una xarda.

El segundo «cristiano» de Díaz Bardales es el Arzobispo de Tánger, un señor que se limita a vegetar entre las ruinas de una diócesis que destruyó, en beneficio de la secta de Mahoma, otro progre ilustre: el ahora Arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo. Díaz Bardales quiere aprovechar una cita del Evangelio del domingo (más exactamente, de la lectura del mismo que utilizan para el Novus Ordo Missae, pues en la Misa de siempre el Evangelio correspondiente al XIII domingo después de Pentecostés es otro) para lanzarla contra los cristianos fieles a la tradición de la Iglesia. Que Díaz Bardales, en su ignorante soberbia, identifica con «tradiciones humanas». El Santo Sacrificio de la Misa con el Misal de 1962 es sustancialmente la Misa de los Apóstoles. Es la Misa que la Iglesia, esposa de Cristo, ha celebrado durante toda su existencia. Díaz Bardales se atreve a escribir: «¿Quién no recuerda el halo de misterio que rodeaba la celebración de la misa cuando el cura la decía en latín, en voz baja, y de espaldas a una comunidad creyente que no oía, no veía, no entendía?». ¡Pobre hereje de taberna! La Santa Misa es misterio (Mysterium Fidei), es silencio (porque el silencio sobreviene cuando ocurre algo importante, fuera de lo normal, sobrenatural) y no da la espalda a Dios, porque es a Dios a quien se ofrece el sacrificio de Su Hijo. Los creyentes de antes de la revolución litúrgica oían, veían y entendían cuanto la humana razón puede alcanzar a entender. Los feligreses de los Díaz Bardales y Cía. no oyen nada de lo que la Iglesia enseña, no ven nada de lo que la Misa es, y no entienden que les han escamoteado la Fe y los sacramentos.

Pero Díaz Bardales prefiere seguir siendo el showman que dice las cuatro tonterías de siempre a «su» comunidad. Parecen pensadas para él las palabras del Cardenal Castrillón Hoyos en entrevista a Pontifex que reproduce Hoc Signo: «Resulta triste ver a algunos sacerdotes comportarse como animadores televisivos mediocres». Aunque lo que Díaz Bardales, fuera de la Iglesia, niega sobre todo es la doctrina cristiana. En palabras del mismo Cardenal: «El sacerdote es mediador entre los fieles y Cristo, no el protagonista, actúa en la persona de Cristo, y a Él se vuelve humildemente alzando las manos. Luego si se vuelve a Cristo, la posición más lógica y natural, es decir teológicamente correcta, es hacia el oriente, no por un motivo geográfico, sino porque el oriente representa al verdadero sol, es decir a Cristo».

Hasta un historiador (es un decir) a sueldo del PSOE, Ian Gibson, de origen protestante y con pinta de patán (versión norirlandesa) parecida a la de Díaz Bardales, le enmienda la plana en cuanto al latín. Lo tomamos también del cuaderno de bitácora Hoc Signo: «¿qué trabajo costaba, sobre todo para quienes hablaban romance en una de sus variantes, entender introibo ad altare Dei, ite missa est o stabat Mater?». «Se ha roto una tradición milenaria y se ha contribuido a empobrecer a los fieles y al mundo entero. Me parece lamentable, sin latín no se puede entender nada de la civilización occidental».

A Díaz Bardales, decíamos, le parece natural contradecirse. Así pues, su tercer «cristiano» es uno «socialista»: Luis Moreno, alcalde de Baena, quien se ha negado a retirar el crucifijo del salón de sesiones. Gesto que le honra. Pero, como enseña la Iglesia y Voluntad ya le ha recordado al cura showman, un cristiano no puede ser socialista. Y los amigos socialistas de Díaz Bardales son los que retiran crucifijos y, si pueden, los destruyen. Cosa que él termina justificando, con sus habituales tonterías «en pro de los pobres». Él, tan ligado a la izquierda oligárquica, la que está acabando con cualquier recuerdo de justicia social entre nosotros.

Como decíamos más arriba: de nuevo este cura nos ha contado mucho más de lo que quería. Nos ha contado cómo odia a la Iglesia de la que cobra su sueldo.

Quien quiera asistir a la Misa católica de siempre, ya lo sabe: el próximo domingo, a las doce y media, en la parroquia de Santo Tomás de Granda.

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4 comentarios

Archivado bajo 01.- Voluntad, 02.- Gijón, 05.- España, Justicia social, Política local

4 Respuestas a “Hoja del lunes VIII

  1. Más Hoja del Lunes. En esto de publicitar herejías con periodicidad semanal, no quiere quedarse atrás la edición gijonesa del bilbaíno Correo ex Español (lo que fue El Comercio). También ayer, en una columna titulada, para confundir, «La buena noticia», un descamisado José Antonio García Quintana S.J. párroco de la Inmaculada (los okupas de la capilla del colegio del mismo nombre) firma «La verdadera religión». Que es un verdadero ejemplo de cómo intentar pervertir las palabras de Nuestro Señor Jesucristo y, al margen de las enseñanzas de la Iglesia y contra ellas, utilizar el mismo pasaje evangélico que retuerce Díaz Bardales.

    Claro que García Quintana S.J. empieza citando, a manera de argumento de autoridad, al heresiarca belga Leo Josef, Cardenal Suenens. Que sobre liturgia sabía poco y mentía mucho. Si esas son sus fuentes, nos dispensa de replicar. El jesuita es más sutil y menos zafio que Díaz Bardales, pero comparte su aborrecimiento por el Santo Sacrificio de la Misa y por la lengua de la Iglesia. Su aborrecimiento por la verdadera Religión. Su ignorancia de que haya una Religión verdadera.

  2. Caesar_Augustus

    Un análisis muy interesante del “pobre hereje de taberna”, notorio por sus envenenados artículos, eso sí, muy solidarios, sobre todo con los asistentes a la Misa de rito tradicional que en un artículo anterior se atrevió a llamar “cristianos de lo más rancios”. Está claro que él y muchos otros, no tienen muy buena idea de lo que es la liturgia de la Iglesia Católica, ni mucho menos la teología celebrativa del Santo Sacrificio de la Misa. La ignorancia es, ciertamente, muy atrevida. En fin, los “progres” son como los Espectros del Anillo de Tolkien: dan gritos estridentes y todo el mundo les teme. Pues ya está bien, ya que los progres son meras “sombras”, destinadas a desaparecer. Y si tanto le preocupa a la Archidiócesis de Oviedo cómo aparecen los sacerdotes en la prensa, que se ocupen del párroco de N.S. de Fátima de Gijón, que parece que es el portavoz de la Iglesia. ¡Cielos!

    • Después de leer la columnilla (columna casi rima con calumnia; sobre todo, cuando la escribe Díaz Bardales) que este poco reverendo señor perpetra este domingo nuevamente en La Nueva España, seguimos sin estar seguros de qué admirar más: si la ignorancia de Díaz Bardales, la herejía disparatada de Díaz Bardales, la mala baba de Díaz Bardales –mala baba contra la Iglesia de Roma, que le paga su inmerecido sueldo– o, simplemente, la imbecilidad y la falta de sentido del ridículo. Con sus pataletas contra el nefasto Osoro, que les dejó hacer a él y a otros como él, sin imponerles silencio y suspenderlos a divinis, como era su deber.

      Aunque José María Díaz Bardales no quiera saberlo, los anglicanos no tienen sacerdotes, ni obispos: sus órdenes son radicalmente inválidas, carecen de sucesión apostólica. Aunque el anticatólico párroco de La Calzada no quiera saberlo, no hay más «evangélicos» que los católicos romanos. Aunque a Díaz Bardales no le guste, el celibato del clero procede de los tiempos apostólicos. Aunque este cura apaisanado no lo sepa, la Hermandad (no «Fraternidad») de San Pío X no es un «grupo cismático», sino una sociedad sacerdotal de vida en común sin votos, plenamente católica, a diferencia de él. Aunque Díaz Bardales mienta sobre ello, el Concilio Vaticano II no introduce las lenguas vernáculas en la liturgia: al contrario. (Sospechamos que ni haya leído el V-II que tanto menta).

      Aunque a José María Díaz Bardales le provoque llanto y crujir de dientes, los días de los progresaurios como él están contados. El daño que han hecho a la Iglesia y a los fieles sencillos terminará por su propia esterilidad: ni al más imbécil de los imbéciles le gustaría parecerse a los Díaz Bardales del clero que padecemos. Ninguno de su cuerda entrará al seminario. Adiós, progres de alcanfor, psocialismo y bablúa; adiós.

      • Caesar_Augustus

        La verdad, lo del “párroco” Díaz Bardales es increíble: se presenta con la tolerancia (¿o connivencia?) de la autoridad del Arzobispado de Oviedo, casi como el portavoz oficial de la Archidiócesis, diciendo las cosas “sublimes” que dice, sin ningún tipo de vergüenza. Lo peor es cuando abierta y descaradamente, contradice doctrina católica en temas de vital importancia, como son la bioética y la vida humana. Con el salmista, rogamos al Todopoderoso y eterno: “¿Hasta cuándo, Señor, nos va a afrentar el enemigo? Tenlo en cuenta, Señor, que el enemigo te ultraja” (salmo 73 Vg).

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