Sentido foral

Ocho días después del 175º aniversario del primer alzamiento carlista, y doce tras la clausura del congreso internacional que con tal motivo tuvo lugar en Madrid (con destacada presencia gijonesa), La Nueva España de hoy publica una entrevista a Manuel Álvarez García, profesor de instituto que ayer pronunció una conferencia en el Ateneo Jovellanos, bajo el quizá ambicioso título «Historia del carlismo» (por cierto, vaya una pésima síntesis que publica la web del Ateneo: tópicos resobados que nadie que conozca el estado de la cuestión escribiría). No hemos podido asistir, así que no sabemos a qué fase habrá respondido la presentación de José Girón Garrote; pues este profesor universitario ha oscilado entre la moderada simpatía hacia el carlismo de sus ancestros y la crítica injusta hacia el mismo. Deberemos limitarnos a la entrevista en cuestión, siguiendo las siempre afiladas preguntas de J.M. Ceinos.

«El nacionalismo vasco se apropió de forma grosera del sentido foral de los carlistas»
«El carlismo tiene un estereotipo que olvida su capacidad de adaptarse, pero manteniendo unos principios sólidos»
MANUEL ÁLVAREZ GARCÍA Profesor de Historia

J.M. CEINOS

Desde hace casi 17 años Manuel Álvarez García (Astorga, 1964) es profesor en el Instituto de Educación Secundaria La Magdalena, de Avilés, donde imparte Ciencias Sociales y Geografía e Historia. Es licenciado en Geografía e Historia, en Sociología y en Ciencias Políticas. Ayer pronunció, en el Ateneo Jovellanos, una conferencia titulada «Historia del carlismo».

-Está extendida la idea de que el carlismo es el antecedente del nacionalismo vasco, lo que pone muy furiosos a los carlistas. ¿Está de acuerdo con los defensores del «rey legítimo»?

-Efectivamente, hay una apropiación grosera del nacionalismo vasco del sentido foral. Tienen muy poco que ver, aunque es cierto que algunos carlistas son los padres de los posteriores nacionalistas, en algún caso. El sentido de fueros para el carlismo es el de las libertades históricas, que, como se puede comprobar, tiene que ver muy poco con el nacionalismo vasco.

-¿El carlismo es nacionalista?

-En principio, no; de hecho, los tres lemas principales del carlismo son los de «Dios, Patria y Rey» y el lema «Fueros» es posterior. En el año 1933, por cierto, no se habla nada de «Fueros». El carlismo es un movimiento profundamente centralista, aunque sí mantiene las peculiaridades propias de las regiones. El historiador Jordi Canal llama «apropiación indebida» a lo que hacen los nacionalistas excluyentes del término carlismo.

Hasta aquí estaba casi bien. La referencia a los padres carlistas no vale sólo para hijos nacionalistas, sino para hijos de todos los signos (hasta el presentador de la conferencia, como decíamos; los carlistas eran muchos). Lo de la «apropiación indebida», siendo correcto, no es invención de Jordi Canal, autoerigido en experto actual en carlismo y ejemplo de historiador perezoso, del cual no es siempre bueno fiarse: véanse, por ejemplo, las reseñas de sus libros en Aportes –desde hace veinte años la más importante revista de historia contemporánea–, no precisamente amables con Canal. Sobre ello volveremos. Pero lo de que el Carlismo «es un movimiento profundamente centralista» es una exhibición de desconocimiento tal que da miedo. Desconocimiento también evidenciado por la afirmación «el año 1933,» –probablemente quiso decir 1833– «por cierto, no se habla nada de “Fueros”». Es lo que pasa por fiarse de Jordi Canal, señor Álvarez García: tome nota. Voluntad no es una revista de historia, así que no nos pondremos a citar documentos; mas el anticentralismo es consustancial al Tradicionalismo español, esto es, al Carlismo; y la defensa de los fueros aparece incluso en el precarlismo del período fernandino. A pesar de las licenciaturas en Ciencias Políticas y en Sociología, o quizá por culpa de las mismas, el señor Álvarez García no maneja nada bien términos como «nacionalismo» o «centralismo», los dos de cuño liberal, jacobino, revolucionario.

-Al estallar la Guerra Civil de 1936, la cuarta para los carlistas, de hecho el Partido Nacionalista Vasco permaneció fiel al Gobierno republicano y los carlistas se alzaron en armas en la plaza del Castillo de Pamplona a favor de los sublevados…

-Efectivamente, y lo que hacen es militarizar a los requetés. En ese sentido, hay una confrontación, lo que pasa es que del carlismo hay un estereotipo que olvida que tiene una capacidad de adaptarse muy importante, por eso el carlismo de 1936 no es el mismo, evidentemente, que el de 1983, y el de 1933 no es el mismo que el carlismo del siglo XIX, hay una constante readaptación, pero manteniendo unos principios sólidos. Aunque el carlismo es ahora una ideología marginal pervive, mientras que otras ideologías basadas sólo en un monarca, como el «miguelismo» portugués, ya no existen.

Hablando de manejo de términos: referirse al Carlismo como «ideología» constituye un grave desenfoque. El Carlismo es un movimiento de resistencia que defiende el orden tradicional de la Monarquía española: no es producto de pensadores, «ideólogos» ni partidos. En ese carácter de resistencia está probablemente la razón de su supervivencia: el Carlismo es la antigua España.

-¿El carlismo existirá mientras viva don Sixto de Borbón, que es soltero?

-Por ejemplo, lo que pasa es que éste es otro problema. El concepto de rey, en la misma transición, se divide con Carlos Hugo, que habla de un carlismo de izquierdas. El legitimismo no es sólo el carlismo, es el carlismo pero muchas cosas más, y ahora mismo muchos carlistas no tienen claro quién sería su rey.

Aquí resulta poco claro el señor Álvarez García, y de nuevo se intuye la influencia mixtificadora de Jordi Canal. Los carlistas –movimiento dinástico, no se olvide– se aclaran bastante mejor de lo que aquí se indica. Sobre el ex príncipe Carlos Hugo y el Infante Don Sixto Enrique, véase por ejemplo la sección «Documentos históricos del Carlismo asturiano» en la web http://carlismo.es/asturias y las webs http://carlismo.es/montejurra y http://www.carlismo.es.

-¿El carlismo tuvo fuerte implantación en Asturias?

-No, durante las dos primeras carlistadas, que es la época dorada del carlismo, Asturias fue un escenario secundario. Los apoyos sociales del carlismo eran fundamentalmente de los sectores que se sentían agraviados, pero entre una población que, como la de Asturias de mediados del XIX, era campesina no prendieron las ideas carlistas, que eran la vuelta al Absolutismo.

Lo sentimos, pero esta respuesta exuda pereza canaliana. Hay más cosas publicadas, hombre (hasta entradas anteriores en Voluntad). Y las que quedan por publicar… El gran Jesús Evaristo Casariego, q.s.g.h., dejó inédita su obra Las Guerras Carlistas en Asturias, en la cual revisaba y ampliaba los extensos artículos que sobre el mismo asunto había publicado en La Nueva España. El intento de publicarla se frustró por la irresponsabilidad del quien debía hacerlo, y parece que el original se ha perdido. Pero, en todo caso, la chusca explicación sociológica que apunta don Manuel Álvarez García es tan opuesta a la realidad, que parece escrita por Luis Suárez Fernández. Especialmente en la Asturias campesina, el liberalismo –piénsese sólo en la Desamortización, y hay más– representó una pesadilla, y las simpatías por el Carlismo eran manifiestas.

-¿El carlismo es la última ideología romántica que pervive en España?

-Clarísimamente, y lo más importante del carlismo es que perviva, aunque prácticamente no tenga ningún apoyo electoral.

Los términos, los términos… «Romántico», sólo muy inexactamente. «Ideología», de ninguna manera. En cuanto al apoyo electoral, si éste fuera relevante: véase alguna otra entrada de Voluntad.

-Hagamos «historia-ficción»: ¿y si hubieran ganado?

-Es una pregunta interesante.

-¿España hubiera vuelto al Antiguo Régimen?

-Eso era imposible. Se rotula al carlismo como un movimiento irracional, en el sentido de negar cosas de la razón, pero dentro del carlismo había brillantes pensadores. No había vuelta atrás.

Por supuesto. Había, y hay, brillantes pensadores –que no ideólogos–. Nunca hay vuelta atrás: la historia es lineal, no cíclica. Mas volver al Antiguo Régimen, en el sentido de deshacer cuanto la Revolución ha hecho mal y rehacer cuanto de bueno fue destruido, desde luego. Cabe el temor de que, de no producirse esa restauración, de Asturias y de España no quede ni el recuerdo.

En resumen: si hemos de juzgar por la entrevista, don Manuel Álvarez García está en el buen camino, pero le quedan unas cuantas leguas que andar. Le animamos a hacerlo.

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Archivado bajo 02.- Gijón, 07.- Enseñanza, Carreño, Justicia social, Villaviciosa

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