El «ilustre» cursi habitual

La semana pasada, D. Francisco Prendes Quirós nos deleitaba con otro de sus habituales escritos en la edición gijonesa de La Nueva España. Ya, al leerla, nos pareció digna de un breve comentario en esta bitácora, pero quisimos dejar pasar los días para analizarla con mas detenimiento…

Dolores en la calle Ancha, orgullo de los Gijoneses

FRANCISCO PRENDES QUIRÓS

Calle Ancha de la Cruz, de ayer, estimado convecino, apreciada señora, no es otra que la calle Corrida de hoy, que usted frecuenta y con gusto pasea, donde, a la tarde puede «chocolatear» con churros en el pulquérrimo «Valor», o «dulcear» a gusto, en el salón de Té y Confitería, par y rubia, del señor Helguera, «cada pastel, tan dulce como la noche buena misma…», calle en la que, antaño, don José Verdú vendía, en el número 55, turrones variados a 4 pesetas el kilo; y don Joaquín Rato, en su «Dulce Alianza», en el número 27, a poco más de seis pesetas…

Por el tiempo de los franceses, Corrida tuvo protagonismo especial. En ella, el 5 de mayo del 1808, -ahí está ya el segundo centenario, seguramente sin nada preparado-, estalló la ira popular contra el cónsul francés; donde La Oca hoy, en la casa de don Victoriano García Sala, el mismo que instigó a los niños de la «gorra» a apedrear el Consulado francés, se alojaron en 1.811, hasta 22 oficiales franceses con su servicio; a la vista de la cabida, años después se instaló en la casa la primera Fonda Iberia, reedificado el edificio, en 1866 dio paso al famoso hotel que fue sucesivamente de los señores Trannoy, Malet… y Rato (don Ramón); el coronel Cretin y el comandante Guillot se alojaron, uno cada vez, en la casa número 49, propiedad del muy rico comerciante don Antonio García Rendueles…

En los cafés de Corrida, Oriental y Colón, antes de que viese la luz la Filarmónica, gustaron nuestros abuelos infusión con gotas y buena música, que todas las tardes ofrecían dúos, tríos, cuartetos, quintetos… y hasta sextetos; en ella, antes que en Oviedo, nacieron «Las Princesitas»; vivió el impulsor de todos nuestros progresos don Anselmo Cifuentes y falleció su yerno, don Anselmo Palacio y García Pumarino, que figuró, dice el cronista, en «cuantas manifestaciones de vida dio Gijón».

La primera referencia escrita y publicada de la calle Corrida se remonta a 1794; el 6 de enero de ese año, el Vecino Egregio en «trance» de «alumbrar» su Instituto de Náutica y Mineralogía refiere en su diario: «Iluminación general: la del muelle presentaba el más agradable y magnífico espectáculo. También el bergantín de la casa Rodríguez iluminado hasta los topes. Bellas, la calle Corrida y la de San Antonio…» Veremos qué ha de decir el «pilar opositor», siempre incontento, inconsulto e incontinente, de las iluminaciones navideñas, del puerto, Corrida y San Antonio…

Hubo un tiempo en que más que calle Ancha, limitada por humildes casas, a lo más dos alturas, fue la Corrida vía de acceso al muelle, siempre poblado de mástiles; por ella «alborotaron» las mañanas del vecindario los carros del país cargados de hierro y carbón de piedra, camino del embarque. Y el 4 de octubre de 1808, sorprendió al dormido el desfile y las «baladas» de las más de dos mil ovejas merinas que, como obsequio a S.M.B. y a bordo de ocho transportes, enviaba la Junta Suprema con diez pastores y cuatro perros del país, todo al mando de don Juan Arango y Bello…

Pronto, con el auge de la villa, Corrida cambió de piel: arregló el piso; instaló las aceras y las bajadas de aguas; renovó y dio altura al caserío…; y en ella se instaló lo «mejor» del vecindario y el más selecto comercio…

Munuza, corta Corrida en dos tramos. El primero, -del Muelle al Carmen- ya no es hoy el lugar obligado de la «sociabilidad» local, el punto de cita, encuentro y paseo, que fue no ha mucho; podría volver a serlo con sólo reabrir el viejo Tivoli y extrañar a distinto lugar esos «gigantes» con ramas que, en vez de magnolios urbanos, parecen los «granaderos» del coronel Cretin, cubiertos con su enorme morrión de perenne hoja verde.
Liberado el tramo del ocupante francés; reabierto el Panis, antiguo Tívoli, y si, a mayores, se «cubriera» convenientemente el centro del paseo, dotándolo de «calor» para el invierno y de «ventilación» para el verano, volvería a ser el primer tramo de Corrida el gran salón de encuentro, «cena, copa y conversación» del Gijón invernal y veraniego… Sería como el «levántate y anda», para nuestro Lázaro urbano…
Corrida no fue sólo solar de renombrados cafés, con variopinta y musical clientela, sino que también albergó círculos políticos, casinos señoriales, peluquerías, sastrerías, mercerías, y la bastonería de doña Francisca Olavaria…; y en los años difíciles, de estraperlo y conspiración contra el cruel dictador, el tan admirado por el pastor Garralda, ¡pobre rebaño el del Coto de San Nicolás!, los «rojos» tuvieron en ella el acogedor asilo en los divanes del Café Manacor, bien pegaditos al calor conservador del Club de las Regatas Astures, -«Terraza reservada para uso exclusivo de los socios»-…
Si el peñasco de Cima Villa fue como el puño cerrado y defensivo de la Gigia embrionaria y pescadora, la calle Ancha fue brazo poderoso que, extendido, llegó a la plaza donde hoy el Vecino Egregio sueña, «sucio» de gaviotas, las futuras autopistas de la mar, como soñó en vida medios para que las velas gijonesas condujeran a Santander y Guipúzcoa, Sevilla y Barcelona, los carbones de nuestras minas primeras…
La calle fue, de siempre, «ancha» por ser el «camino» a la mar; y «de la Cruz», porque «por ella entran, unos a pie y otros andando, los peatones que de Oviedo traen disposiciones, exigencias y exacciones de magistrados, recaudadores, obispos e inquisidores»; de ahí la razón de su nombre completo, de calle Ancha de la Cruz (por Oviedo); «arándanos», del coronel Aranda, que ahora quieren «olvidarse» de su tan explotado «cerco», para construir a costa del presupuesto «torre de entrada», «teatro» para su Ópera, al aparecer, leche vital de la «ubre»; más el nuevo Hospital, que no bajará de los 500 millones, más parques y jardines, más palacios y congresos…
Calle Ancha de la Cruz, «alzada» por nuestros predecesores laicos, los industriales, los comerciantes y los navieros, -devotos unos y republicanos los más-, con el producto de su trabajo y de su ingenio; muy enriquecida, en su segundo tramo, con los edificios levantados por generosos «americanos», de logia y mandil, ansiosos de dar a la villa la grandeza y el esplendor vistos en otras naciones…
Hoy, Corrida, en su primer tramo, tiene paralizada la casa del marqués, frente a la antigua «Iberia»; y en el segundo, se renueva en los números 35 y 37, que corone el éxito; donde la librería Cervantes ya trabaja; pero, ¡ay, dolor de los «gijones»!, que bien pegadita por la izquierda a la vieja Sirena, de los Arias viejos, hoy del rico «Zar…a, gallego», y por la derecha, a las dulces delicias de «La Playa», y abandonada a su suerte, queda en pie, aunque cerrada, la número 59, que albergó la muy surtida Calzados y creaciones Monsy… En el hueco sin cristal del balcón central del piso tercero suele tomar el sol, quizá por falta de «Ordenanza» para el derribo forzoso, una «paloma de la Paz»; y casi enfrente a la ruina, falta de interés en las cosas de la villa, el pilar de la oposición…, trabaja, dividiendo entre once concejales, cuatro jornales liberados…

Por herencias o por desidias, casi enfrente a la casa de la paloma, brotó por un derribo un solar entre la vieja «Escolar» de don Aurelio y las «sederías» del señor Matos… Me temo -Corrida sin diente-, que, a pesar del cartel que anuncia pisos y bajos, con la crisis de la construcción que llega, tendremos falta de diente y de don Rodrigo, para Rato…

¡Ay, si yo fuera Alcalde, qué de solares expropiaría, y qué de desmanes impediría!

http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1829_35_580190__Gijon-Dolores-calle-Ancha-orgullo-Gijones

Empecemos por su última frase… Como si no fuera poco con tener que soportar a su esposa, Carmen Veiga, como Directora-Gerente de esa cosa llamada E.M.A.M. TEATRO MUNICIPAL JOVELLANOS DE GIJÓN, S.A.; ahora se postula, nuestro «ilustre» cursi, como Alcalde, en sustitución de su amiga del alma, Mª Paz Fernández Felgueroso, para impedir desmanes.

En su farragoso escrito, para no variar, figuran todos los clásicos que podemos encontrar en sus colaboraciones con La Nueva España: republicanos varios (nunca se sabrá si hubo tantos en Gijón o es que D. Francisco los menciona mucho), personajes decimonónicos (entre los que, sin duda, se gustaría encontrar) y errores monumentales. Porque error monumental es confundir la parroquia avilesina de San Nicolás de Bari con el barrio gijonés del Coto de San Nicolás. Como error monumental es mezclar los dineros que se gasta el Ayuntamiento de Oviedo con los que gasta su colega (desde no hace demasiados años, por ambas partes) de militancia, D. Vicente Alberto Álvarez Areces… No podemos considerar como error monumental, pero se aproxima bastante, el ignorar que el antiguo Café Tívoli ahora se llama Pans & Company, y no el Panis (sic), por mucho que nuestro ilustre cursi pasee a su cánido casi todos los días por delante del establecimiento.

Lo que tampoco podemos, ni queremos, pasar por alto es la prosa con la que nuestro «ilustre» cronista local (¡si don Patricio Adúriz levantara la cabeza!) nos deleita periódicamente. Farragoso, pesado, lleno de acotaciones absurdas (44 entrecomillados tiene el que nos ocupa) y gramaticalmente descorazonador (el primer párrafo, por ejemplo y sin ir mas lejos, no tiene ni un solo punto).

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3 comentarios

Archivado bajo 02.- Gijón, 09.- Medios, Política local

3 Respuestas a “El «ilustre» cursi habitual

  1. Urbanet

    Acertadísima disección del Sr. Prendes Quirós y de sus plúmbeos escritos, que, con tanto ditirambo son leídos, afortunadamente, por sus cuatro amigos. Desde su tribuna parece haberse convertido en el profeta de un supuesto republicanismo gijonés, fruto, a partes iguales, de su portentosa imaginación y del engorde y repetición de simples anécdotas. Eso, sin comentar otras de sus iniciativas, como los rídiculos homenajes y loas a un oso de peluche.

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