Parque de Isabel la Católica

Con bombo, platillo y panfleta GZ (Gaceta de Gijón, lujosa propaganda impresa de la izquierda plural municipal, pagada con el dinero de los gijoneses), se reinaugura ¡por fin! la zona de juegos del parque de Isabel la Católica, y se publica libro conmemorativo del sexagésimo aniversario del mismo. La prensa local lo recogía ayer ampliamente. Pero con ciertas particularidades. Fíjense, por ejemplo, en las negritas que ponemos nosotros a algo de lo aparecido en El Comercio. Ya ni nos detenemos en cursilerías posmodernas como lo del «recinto lúdico», o en que insistan en llamar ciudad a esta villa:

Isabel la Católica estrena en su 60 aniversario la zona de juegos más completa de la ciudad
Las nuevas atracciones tienen capacidad para más de 300 niños a la vez
El recinto lúdico, a falta sólo de recibir una red tridimensional, se renovó al 95%
M. MORO

Disco giratorio y tuerca Columpio hexagonal Monopatines fijos dobles

Son las atracciones estelares del espacio de diseños creativos. El disco tiene un diámetro de 2,5 metros y la tuerca permite emular las ruedas de los hamster. Es el más novedoso de la nueva oferta de columpios -los niños tienen que tocarse con los pies en el centro-, donde también hay otras modalidades como las cestas y cunas. Es un diseño danés y forma parte del conjunto denominado ‘Galaxy’. Los usuarios se mueven arriba y abajo por una barra de acero galvanizado. El parque de Isabel la Católica tiene desde ayer a disposición del público infantil la zona de juegos más amplia y variada de toda la ciudad. El recinto lúdico para los niños, creado en 1953, ha renovado el 95% de sus atracciones para conmemorar el sesenta cumpleaños del abanderado de los parques gijoneses. De hecho, de los 41 juegos recién estrenados sólo permanece de la etapa anterior uno denominado ‘Móbilus’ y un roble hueco que se mantiene con finalidad ornamental.

Algunos de los nuevos lotes de juegos no habían sido vistos antes en la ciudad y destacan tanto por su versatilidad como por las nuevas formas de diversión que permiten sus originales diseños, procedentes del norte de Europa.

El primer lote, adjudicado a la empresa sueca Hags, tiene como principal gancho un juego múltiple que simula un barco con catalejos, timón, tobogán, tubo para gatear, mostrador de tienda, cocina, escala de red, tubo para hablar, juego de abecedario, puente de red y pared inclinada para trepar.

Del diseño del espacio de columpios y tirolina se encargó la empresa alemana Sik-Holz. Todos sus juegos tienen en común su carácter rústico, pues son tallas a mano de madera de robaina. La oferta de este lote incluye una tirolina de 22 metros de longitud y diferentes modalidades de columpios, entre los que sobresale un balancín péndulo para cuatro usuarios y la primera estructura séxtuple de la ciudad, donde los niños tienen que columpiarse hasta tocarse los pies en el centro.

La casa danesa Kompan es la responsable de la zona de juegos para todas las edades. Bautizada como ‘Galaxy’ destaca por la transparencia y estilo vanguardista de sus instalaciones construidas a base de acero galvanizado y polietileno. Las atracciones más singulares en ese espacio son un juego múltiple para trepar, un carrusel, unos pivotes giratorios, una barra de equilibrio y unos monopatines fijos dobles que permiten al usuario subir y bajar por una barra, entre otros. La misma empresa ha diseñado un castillo en miniatura con rampa de acceso para minusválidos.

El cuarto y último lote, el de diseños singulares y creativos, lo desarrolló la empresa alemana HPC, que ha instalado en Gijón un disco giratorio de 2,5 metros de diámetro, una cuerda floja y un trampolín con tres camas elásticas. La atracción estelar de este conjunto es la tuerca, una estructura de acero galvanizado y superficie interior de caucho para corre como hacen los hamster en las ruedas de sus jaulas.

Todas las actividades llevan llevan su propio cartel indicador de edad mínima y máxima de uso, al tiempo que permiten dar cabida a más de 300 usuarios infantiles a la vez. En estos momentos sólo falta para completar los catorce areneros una malla tridimensional, con dos pirámides enlazadas con cuerdas de acero trenzado, y capacidad para 70 niños. La Concejalía de Medio Ambiente espera recibir este espectacular juego la próxima semana.

Por lo demás, los remates de obra pendientes ya están finalizados. Así, el bordillo de hierro que sobresalía algunos centímetros del suelo, y que llevó a algunos padres a cuestionar la seguridad de la nueva zona lúdica, ya está igualado con el resto del terreno. Según fuentes municipales, las deficiencias que fueron objeto de queja fue el «peaje» que hubo que pagar por la apertura gradual de partes del recinto sin tener concluida toda la intervención.

780.000 euros

La alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, acompañada de la concejala de Medio Ambiente, Dulce Gallego, y una representación vecinal visitó ayer la remodelada área, que abarca una superficie de 6.500 metros cuadrados y ha supuesto una inversión de 780.000 euros. De ese importe 315.000 se destinó a la compra de los juegos.

La regidora destacó la importancia de esta actuación en el parque, al que se refirió como un «pulmón verde, con potente arbolado, que ha sido catalogado como uno de los mayores humedales urbanos de Europa». Además la enmarcó en las políticas medioambientales que han generado ya 2,5 millones de metros cuadrados de espacios verdes en la ciudad. Además de la apertura de la nueva zona de juegos, se celebrará la efeméride del parque también con la restauración de varios antiguos bancos de piedra y diversas podas en altura.

Trescientos quince mil euros de nada que se han entregado (descontados viajes y comisiones, naturalmente) a empresas alemanas, danesas y suecas. Destaca la fundamental continuidad de los ayuntamientos socialcomunistas que este concejo sufre desde los tiempos del difunto José Manuel Palacio, cuando la empresa municipal de transportes decidió abandonar la compra de autobuses Pegaso, más económicos y fiables y de fabricación nacional, por los carísimos Scania, de difícil mantenimiento, que tantos lúdicos viajes a Suecia proporcionó a la izquierda plural de entonces.

Destaca también el contraste con el viejo parque, desarrollado con poco dinero y de forma absolutamente local y nacional. Algo de esto se ve en la entrevista con el autor del nuevo libro sobre el parque. El Comercio omite, por cierto, cualquier referencia a Rufino Menéndez González, concejal y gestor municipal carlista, verdadero artífice del parque de Isabel la Católica. No es de extrañar, sabiendo a quién sirve la edición gijonesa del bilbaíno El Correo ex Español. Es demasiado cruel el contraste entre la probidad y la entrega desinteresada de don Rufino con la «gestión» de los logreros e incompetentes de ahora:

Un nuevo libro bucea en la historia del parque gijonés por antonomasia
La monografía, escrita por Javier Granda, recuerda sus orígenes a partir de una ciénaga, así como su flora, fauna y riqueza artística
M. M.

La celebración de los sesenta años de existencia del parque de Isabel la Católica tuvo continuidad en el Parador Molino Viejo tras la inauguración de la nueva zona de juegos. En el establecimiento hotelero del parque se presentó en sociedad el libro ‘El parque de Isabel la Católica. Un parque para las cuatro estaciones’, un recorrido histórico por el espacio verde por antonomasia de Gijón escrito por el historiógrafo local Javier Granda.

Editado por Emulsa y con una tirada de un millar de ejemplares, recoge de forma amena todas las vicisitudes vividas por el vergel gijonés desde su creación a principios de la década de los cuarenta a partir de una ciénaga. El libro ahonda en las razones por las que se convirtió pronto en el ‘Central Park gijonés’, esto es, en el parque en mayúsculas, y desplazó en interés y popularidad a otros espacios verdes más antiguos del casco urbano como el Campo Valdés o Begoña. Describe de forma pormenorizada a lo largo de seis décadas su flora, su fauna, sus rincones más emblemáticos, sus esculturas, sus juegos. Además sus páginas están plagadas de anécdotas recogidas de la prensa de la época como ‘Voluntad’ y EL COMERCIO. Entre esos chascarrillos figura la primera multa, que se impuso en agosto de 1953 a un padre cuyo hijo dio de comer a los venados que tenía entonces Isabel la Católica.

Según el autor, la redacción de la monografía supuso para él un «reto» por la escasez de documentación existente sobre el parque. De hecho, sólo existe un trabajo anterior que compendiase la trayectoria de la emblemática zona. Está publicado en 1968 y es obra de Daniel Arbesú, colaborador habitual de EL COMERCIO.

Granda tuvo que realizar una ardua labor de archivística y hemeroteca y contactar con algunas fuentes vivas como Manuel Marco, jardinero municipal entre 1946 y 1949, creador de la famosa rosaleda del parque, así como de los jardines del Náutico y de la plaza del Instituto. No obstante, el investigador también considera que la posibilidad de escribir el libro fue un «regalo», porque a medida que avanzaban sus estudios se incrementaba su interés por divulgarlos.

El libro, prologado por el arquitecto local Joaquín Aranda, dedica su primer capítulo a los orígenes del gran parque del Piles. En él se explica que surgió como una medida de la policía urbana para hacer frente al problema de salubridad pública que generaban las marismas del Piles en la parte oriental de la población. Unos terrenos encharcados y pantanosos que, en el verano, generaban un olor pestilente que el viento del nordeste se encargaba de prolongar por toda la ciudad.

A partir de ahí se consignan todos los hitos del desarrollo un parque planificado y proyectado por Ramón Ortiz Ferré, segundo jardinero del Ayuntamiento de Madrid y de la Casa de Alba.

En cambio sí se menciona a don Rufino y a los otros promotores (entre los que no estaba Mapi, aunque parezca lo contrario) en La Nueva España de Gijón:

El parque ya tiene historiador
Javier Granda presentó el primer gran libro «biográfico» de la gran mancha verde de la ribera del Piles
J. M. CEINOS

La bimilenaria villa de Gijón tiene, a veces, lagunas en su historia; partes del devenir de la ciudad que aunque conocidos popularmente no tienen detrás el rigor de un estudio histórico. Para tratar de paliar esos lapsus, desde hace años un grupo de jóvenes historiadores, con el apoyo del Ayuntamiento, han puesto manos a la obra. Y uno de ellos es el mierense, aunque recriado en Gijón, Javier Granda, diplomado en Magisterio y licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo, así como colaborador de LA NUEVA ESPAÑA.

En el parador nacional del Molino Viejo presentó ayer «El parque de Isabel la Católica. Un parque para las cuatro estaciones», que es el primer gran libro que se edita sobre la historia de la mancha verde ajardinada tal vez más querida por los gijoneses y de la que este año se cumplen sesenta de su inauguración.

Previamente, la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, junto con concejales del PSOE y del PP y altos cargos del área municipal de Medio Ambiente y Jardines, inauguró la nueva zona de juegos infantiles del parque de Isabel la Católica -el Parque, con mayúscula en adelante, como lo denominan los gijoneses-, en la que el municipio invirtió un presupuesto de unos 300.000 euros y es la más amplia y variada de cuantas existen en la ciudad, con capacidad para que jueguen más de 300 niños a la vez.

Esfuerzo

En la zona de juegos, la Alcaldesa volvió a destacar el esfuerzo municipal por mejorar y ampliar las zonas verdes de la ciudad y el concejo. Gijón ya tiene 2,5 millones de metros cuadrados de parques y jardines.

Ya en el parador del Molino Viejo, bajo la presidencia de Paz Fernández Felgueroso, Javier Granda presentó su libro, que fue financiado por la Empresa Municipal de Limpiezas, S. A. (Emulsa). Las fotografías, salvo las históricas, son de Tuero Arias y Benedicto Santos. Cada libro -se han editado mil ejemplares- lleva parejo un plano del parque donde figuran marcados todos sus monumentos, conjuntos escultóricos -entre ellos, el del doctor escocés Alexander Fleming, primero dedicado en el mundo al investigador- y servicios.

Como «una biografía» del Parque definió su trabajo Javier Granda, que arranca en los orígenes del gran parque de la margen izquierda del río Piles, en la segunda mitad del siglo XIX, «como una medida de la Policía urbana para enfrentarse al problema de salubridad pública que causaban las marismas del Piles en la parte oriental de la población», unas marismas que generaban enormes nubes de mosquitos que invadían periódicamente la población. Cuenta Granda que el inicio fue la canalización del Piles, esencial para acometer luego la desecación de toda aquella zona pantanosa. Un proyecto que, sobre todo por motivos económicos y de cesiones de terrenos, no se llevaría a cabo hasta el año 1941, en la posguerra, con varios nombres propios: Julio Paquet, Rufino Menéndez y Manuel Domingo, quienes desde el Ayuntamiento impulsaron la creación del parque, que, como destacó la Alcaldesa, «también está considerado uno de los principales humedales urbanos de Europa de aves de paso».

Escombros y basuras

A partir de 1941, con los escombros de los derribos de la ciudad y sus basuras, se fueron cegando las charcas y ciénagas de la margen izquierda del Piles, hasta que en 1947 el Ayuntamiento consideró que el parque ya podía formar parte del paisaje lúdico de la ciudad.

Destacó también Javier Granda que la consecución de su libro fue «un reto y un regalo»; un reto, debido a las grandes lagunas que había sobre partes esenciales de la historia del parque, y un regalo por descubrir, a través de su trabajo, las pequeñas y grandes historias del parque.

Este libro es el tercero de la colección Ecoambiental del Ayuntamiento de Gijón. El primero es el titulado «Los molinos de agua en el concejo de Gijón», del que es autor José Luis Pérez, y el tercero, «EMA: cuarenta años. Historia de la Empresa Municipal de Aguas de Gijón (1965-2005)», original de Héctor Blanco González.

Desde ayer, el parque ya tiene su historiador y la gran mancha verde de la ribera del Piles, con las últimas reformas, como se escribe en la contraportada por libro de Javier Granda: «Reforzará el vínculo de los gijoneses por el más especial de sus parques urbanos. Un parque donde hoy, como ayer, se pasea, se hace deporte, se juega, se toman baños de sol o se disfruta como en un museo al aire libre».

O se contempla la incuria de treinta años, que abandonó la excelente jardinería original por la improvisación, y ni se ha molestado en restaurar la estatua de Doña Isabel la Católica, víctima del vandalismo de la transición. O se sufren espectáculos bochornosos, como los que en otros países estarían recluidos en una sala X. En esta era argentina / de socialismo y cocaína (Valle-Inclán).

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1 comentario

Archivado bajo 02.- Gijón, Medio ambiente, Política local

Una respuesta a “Parque de Isabel la Católica

  1. Es que la redacción del otrora diario gijonés “El Comercio” no le llega ni a la suela de los zapatos a la de “La Nueva España” de Gijón, con el gran José María Ceinos como referente… Pese a la presencia de algún juntaletras naveto…

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