Mueran «expertos», mueran tiranos

Escultura de Manuel Álvarez Laviada que estaba en la fachada del INP

  • Escultura de Manuel Álvarez Laviada que estaba en la fachada del desaparecido edificio del Instituto Nacional de Previsión (foto Mercedes Menéndez, La Nueva España)
  • Así que «La escultura de Laviada fue el único elemento del edificio que aconsejaron catalogar y conservar los expertos» (La Nueva España de 16 de marzo). En Voluntad ya hemos mencionado el inicuo y enésimo atentado contra el patrimonio arquitectónico gijonés que supuso el reciente derribo del edificio del Instituto Nacional de Previsión, en la Plaza del Carmen. Parece que la escultura de Manuel Álvarez Laviada sobrevive, y que tal vez sea instalada en el Parque de Isabel la Católica. Del mal, el menos. Pero ¡mueran los «expertos»!

    Y mueran también los tiranos, los burócratas totalitarios, los políticos empeñados en controlar todos nuestros movimientos (Big Brother is watching you), en supervisar nuestros gastos, en imponernos obligaciones ridículas. Como la infame «tarjeta ciudadana» (Aux armes, citoyens ! Formez vos bataillons ! Marchons, marchons ! Qu’un sang impur… Abreuve nos sillons !), ahora obligatoria hasta para inscribirse en actividades deportivas, en los cursos de la pretenciosa «Universidad Popular», o en cualquier cosa sometida a los parásitos consistoriales. «La Columna» (antaño «Columna de Gijón»), El Comercio, viernes 16 de marzo:

    Veranes

    María del Mar Suárez escribe a La Columna para protestar por la necesidad de tener la tarjeta ciudadana: «Para poder reservar una visita guiada al nuevo museo de la villa de Veranes hay que estar en posesión de la tarjeta ciudadana, por lo que no me permitieron apuntar a dos miembros de mi familia, aún residiendo en el mismo domicilio. Estar empadronado en esta villa durante más de 60 años resulta insuficiente si no llevas entre los dientes tu tarjeta de ciudadanía playa. Un instrumento que debería ser ofrecido como servicio, se convierte en una imposición».

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    2 comentarios

    Archivado bajo 02.- Gijón, Medio ambiente, Política local

    2 Respuestas a “Mueran «expertos», mueran tiranos

    1. Más sobre la infame «tarjeta ciudadana». Carta al director en La Nueva España de Gijón, 18 de abril de 2007.

      No a la tarjeta ciudadana

      Llevo largo tiempo yendo a una piscina municipal, sacando un bono por quince baños que allí mismo obtengo. La pasada semana me avisan que debo sacar la «tarjeta ciudadana», porque a partir del día veintitrés ya no venderán bonos.

      Rechazo el control de mis movimientos que esa tarjeta representa. He tenido que renunciar a cursos de la «Universidad Popular». Ni siquiera me acojo al descuento en el autobús al que como jubilada tengo derecho. Para ambas cosas ya hicieron obligatoria la dichosa tarjeta. ¿No basta con estar empadronada en Gijón, hace más de sesenta años?

      Yo no necesito esa «tarjeta ciudadana». Mis compañeras tampoco. No queremos cambios que nos perjudican. Y preguntamos: ¿quién se beneficia con tal imposición?

      María Josefa de Amorín Prendes

    2. La Nueva España:

      El cormorán
      Desconfianza en el «trust»
      El Ayuntamiento pasa por encima de todo y ahora le toca al Antiguo Instituto
      JAVIER MORÁN

      El Ayuntamiento volverá a utilizar el «plan E» -de España y de Zapatero, el hombre que orará con los yanquis- para mostrar de nuevo el poder municipal contra la arquitectura, cosa que resulta ya entre demoledora y sorprendente.

      Después de haber encomendado a los fondos del Zapatero orante la reforma de la anterior reforma del teatro Jovellanos -¿no era modélica la restauración de hace 15 años?-, la municipalidad va a meterse ahora con la cubierta del patio del Antiguo Instituto Jovellanos para instalar un «trust» de iluminación. Los americanos con los que va a rezar Zapatero estampan en sus billetes que «In God we trust» -en Dios confiamos-, pero está claro que el «trust» del Antiguo Instituto es más bien para desconfiar.

      Es decir, parece que van a montar un tinglado mostrenco de focos y por ahí seguido; y más denso de lo que ya existe, con lo cual el carácter de patio de esa pieza del edificio quedará absolutamente desfigurado. Ya que no somos tan recios como los ilustrados, puede pasar que se cubra ese patio con algo fino. ¡Pero hombre!, meterle todo ese metal ya es pasarse. De hecho, ya se pasaron después de que los arquitectos Jorge Hevia y Cosme Cuenca, restauradores concienzudos, realizasen la rehabilitación del Antiguo Instituto, allá por 1994.

      Hay trazas de Juan de Villanueva en el inmueble promovido por Jovellanos, y lo declararan Monumento Histórico-Artístico -según la vieja terminología- en abril de 1974. Lástima: fue durante el pasado régimen, pero si hubiera sucedido en el nuevo daría lo mismo.

      Las administraciones públicas en general, y nuestro Ayuntamiento en particular, propenden a extenderse como una mancha de aceite con lo suyo. Pasan por encima de todo y derriban, desfiguran o sobrecargan edificios, valgan lo que valgan. Gijón está plagado de casos (la Laboral, la antigua Aduana, etcétera). En la municipalidad no confiamos.

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