Prensa de masas

En las grandes ciudades españolas la prensa impresa más leída es ya la gratuita. La prensa digital comienza a imponerse claramente a la impresa. En Gijón las cabeceras de toda la vida gozan aún de arraigo, pero la tendencia se deja notar. ¿Debemos lamentarnos por ello? Deberíamos, si de la prensa de toda la vida quedase algo más que dos o tres cabeceras, en manos de grandes grupos anónimos, cuyo sentido de la responsabilidad se reduce a la cuenta de beneficios.

No siempre fue así. Ayer en el IDEA (siempre llamaremos así, por respeto a lo que fue, a lo que ahora llaman RIDEA, rideo, rides, ridere, risi, risum) se presentaba el libro Socialización política y prensa de masas. El proceso de la opinión pública en Asturias, 1898-1923, del gijonés Víctor Rodríguez Infiesta.

El doctor Rodríguez Infiesta, actualmente profesor en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Oviedo, es también autor del libro Gijón y El Noroeste. Periodismo de empresa y publicidad periodística en los inicios del siglo XX (Gijón, 2005) y de los capítulos correspondientes a los siglos XX y XXI de la Historia de Asturias coordinada por A. Fernández y F. Friera (Oviedo, 2005), así como de numerosos artículos en publicaciones especializadas.

Acompañaban al autor la directora del Departamento de Historia de la Universidad, María Josefa Sanz Fuentes, y el profesor Juan Ignacio Ruiz de la Peña, quien lo presentó. Ruiz de la Peña alabó mucho al libro –aunque confesó no haberlo leído aún– y al autor, de quien, dijo, confía que se quede en la Facultad donde actualmente enseña y garantice el necesario relevo. Y tan necesario, añadimos nosotros: perentorio.

El grueso libro –más de quinientas páginas– procede de una parte de la tesis doctoral de su autor. Se comparan la trayectoria e influencia de dos periódicos, el gijonés El Noroeste (del cual ya hemos dicho en Voluntad que su única época buena, en el sentido moral del término, fue la última, mucho tiempo después de la que este libro analiza) y el ovetense El Carbayón.

Víctor Rodríguez Infiesta se refirió a los trabajos sobre la historia del periodismo asturiano publicados por el IDEA, como los de Manuel Fernández Avello, Jesús Evaristo Casariego, José Luis Pérez de Castro, José María Martínez Cachero, José Girón, Natalia Tielve, Gabriel Santullano, y de él mismo, pues en el año 2002 el Boletín de Letras del Instituto acogió su primer artículo sobre el asunto. Destacó los «Apuntes para la historia del periodismo en Asturias» que en el mismo Boletín publicó Rogelio Jove y Bravo en 1949, así como la presencia en la biblioteca del IDEA de Noticias históricas sobre la prensa periódica en Asturias (1868) de Máximo Fuertes Acevedo: el ejemplar que perteneció al propio Fuertes Acevedo, anotado y actualizado de su puño y letra.

Tras unas consideraciones sobre los conceptos de prensa de masas, cultura de masas y sociedad de masas, el autor de la obra que se presentaba se refirió a su desarrollo en Asturias durante las tres primeras décadas del siglo XX, y explicó la importancia de los periódicos en su conformación, centrándose en los dos que constituyen el eje del libro. Libro que hacemos el propósito de leer y reseñar más adelante con la amplitud que sin duda merece.

Una nota particular. Como antiguos asiduos a actos allí (aunque esté en Oviedo es territorio neutral, regional, como la Catedral o la Audiencia) en el salón de actos del palacio de Toreno echamos de menos el crucifijo que siempre lo había presidido, y que hasta hace poco allí seguía. ¿Una concesión más del actual director del ex IDEA, sacristanesco saqueador de sacristías y de patrimonios de viudas? No es compensación suficiente –nada lo es– pero al menos tampoco están los retratos de Juan Carlos y de su niño, que la adulación rastrera había colgado en cuanto el gran Jesús Evaristo Casariego dejó la dirección del Instituto.

    Rodríguez Infiesta, Víctor, Socialización política y prensa de masas. El proceso de la opinión pública en Asturias, 1898-1923. RIDEA, Oviedo 2007. 536 p.: il.; 24 cm. D.L. AS-6.210-2006. ISBN 978-84-87212-54-3
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2 comentarios

Archivado bajo 02.- Gijón, 09.- Medios

2 Respuestas a “Prensa de masas

  1. La Nueva España:

    Francisco Arias de Velasco
    Una de las grandes figuras del periodismo asturiano, condenada durante décadas a un injusto ostracismo

    07:29
    JUAN DE LILLO

    Solamente unas líneas sobre Paco Arias de Velasco como breve prólogo a la disertación de hoy, cuyo argumento será una aproximación a la biografía del fundador de La Nueva España, de dos semanarios, «El Lunes» y «Carbón», y de una emisora, Radio Oviedo. Muchos ovetenses y asturianos no habrán oído su nombre porque durante decenios el silencio ha sido el injusto pago dado a una de las personalidades más relevantes del periodismo asturiano. Y, sin embargo, sin él ni yo podría escribir este breve trabajo en estas páginas, ni otros muchos periodistas y ciudadanos lo hubieran hecho durante estos cerca de setenta y cinco últimos años, ni millones de asturianos de varias generaciones hubieran sido sus lectores asiduos y, en consecuencia, no hubiera podido ser el periódico líder de la prensa regional sin interrupción en todo ese tiempo.

    Los periodistas, y pienso que profesionales de otras actividades, solemos tener la tentación de creer que la historia comienza en el momento en que, en nuestro caso, nos situamos por primera vez tras una máquina de escribir, o de un ordenador ahora, para contar algo a quienes, ávidos, buscan cada mañana alguna noticia o un comentario que atraiga su curiosidad. Y, sin embargo, antes de que la informática cambiara la técnica de su producción, los periódicos ya vendían noticias a los lectores tecleadas sobre viejas máquinas de escribir e impresas mediante un sistema en el que el plomo era el medio material de una compleja técnica de composición. Yo inicié mis pasos en ese tiempo y escribí mis primeras líneas en 1962 bajo la tutela de Arias de Velasco, bien secundado por periodistas inolvidables como Juan Ramón Pérez Las Clotas, felizmente entre nosotros, y Luis Alberto Cepeda, a quien seguimos echando de menos.

    Y, pese a esta falta de interés que con frecuencia hemos mostrado por nuestro pasado, en el inicio de este camino que nos ha traído felizmente hasta aquí a periodistas, políticos y lectores de La Nueva España está Paco Arias de Velasco, un ilustre periodista, audaz, independiente que, formado en los complicados tiempos de los años anteriores a la Guerra Civil, intentó en los siguientes ganarle al rígido corsé de la dictadura algunas parcelas para la libertad, riesgo que le produjo disgustos y sinsabores, pero que le rindió el gran beneficio de convertir a su periódico en el líder de la prensa regional. Ese permanente intento de mantener su independencia para ganar un puñado de libertad le costó, finalmente, la destitución sin consideración para su larga y brillante ejecutoria como director del diario que había fundado en tiempos muy difíciles para los españoles.

    Paco Arias de Velasco no merece el silencio que rodeó su figura durante los últimos decenios, pero aún es tiempo de reparar tan flagrante olvido. Los periodistas que hemos escrito en su diario, los millones de asturianos que lo han leído y los cientos de políticos que se expresaron y se expresan a través de él se lo debemos.

    (Seguramente Francisco Arias de Velasco no habría estado de acuerdo con los términos políticamente correctos que usa Juan de Lillo para referirse a la Cruzada de Liberación, por ejemplo; cosas de la desmemoria histórica, tal vez).

    La Asociación de la Prensa rinde tributo al fundador de LA NUEVA ESPAÑA
    07:29
    Oviedo

    La Asociación de la Prensa de Oviedo, en el marco del ciclo «Recuperando la memoria» con el que conmemora su centenario, recuerda hoy la figura de Francisco Arias de Velasco, fundador de varios medios de comunicación, entre ellos LA NUEVA ESPAÑA en 1936.

    El acto se desarrollará en el aula escalonada del edificio histórico de la Universidad de Oviedo a las seis de la tarde. Intervendrán el periodista Juan de Lillo, el presidente de la Cámara de Comercio de Gijón, Luis Arias de Velasco, y el presidente de la Asociación de la Prensa, José Antonio Bron. Francisco Arias de Velasco y Sarandeses (1893-1986) dirigió LA NUEVA ESPAÑA hasta 1964.

    Meritoria la presencia de Luis Arias de Velasco, en las antípodas políticas de su pariente. No es la única diferencia: Francisco Arias de Velasco nunca se habría dedicado a organizar ferias pornográficas, como sí hace el actual presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Gijón. Claro que tampoco habría permitido que los anuncios por palabras de La Nueva España se convirtieran en un repulsivo lupanar, como sí hace la actual dirección.

    • Algo más sobre Francisco Arias de Velasco en La Nueva España. Negritas y apostillas nuestras:

      Francisco Arias de Velasco, desde el olvido
      Aproximación a la figura del fundador de LA NUEVA ESPAÑA, maestro de periodistas que hizo de su profesión un empeño de independencia y de búsqueda de la verdad

      04:24
      Dentro de los actos de su centenario, la Asociación de la Prensa de Oviedo rindió homenaje esta semana a Francisco Arias de Velasco (1893-1986), fundador de LA NUEVA ESPAÑA. Juan de Lillo, que glosó su figura, firma hoy este artículo sobre uno de los periodistas asturianos de más relieve del pasado siglo.
      JUAN DE LILLO

      Conocí a Paco Arias de Velasco en los inicios de 1962, cuando Graciano García y yo nos presentamos en la redacción de LA NUEVA ESPAÑA en busca de un hueco en sus páginas, porque queríamos ser periodistas. Nos habían dicho algunos amigos que aquel intento no tenía futuro alguno, y que nos estrellaríamos contra un muro que lo había hecho igualmente imposible para otros aspirantes. Pero lo conseguimos. Pedimos ayuda al hijo de Juan Luis Cabal Valero, conocido redactor del diario, que nos concertó una entrevista. Y mientras hablábamos con Cabal entró en la redacción Francisco Arias de Velasco, al que Juan Luis dijo, mientras pasaba ante nosotros: «Mira, director, estos chavales quieren ser periodistas». Él se detuvo, nos miró a través de sus gafas cabalgadas sobre su gruesa nariz y apenas apoyadas en sus grandes orejas, y le respondió: «Pues que estudien y se preparen, porque va a hacer falta gente en la casa». Aquel día nos permitieron enviar noticias y reportajes de Aller, nuestro concejo de origen, que fue el primer paso. El siguiente se produjo algunos meses después, cuando se inició el cambio generacional en la redacción y nosotros estábamos allí, junto con Evaristo Arce, José Vélez, Rubén Suárez y Diego Carcedo. A partir de entonces para Paco, que no tenía hijos, fuimos siempre «los mis neños».

      Licenciado en Derecho y periodista

      Francisco de Paula Arias de Velasco y Sarandeses había nacido en Oviedo el día de Navidad de 1893, en el seno de una familia carlista, de gran arraigo y prestigio en el municipio. Su padre, don Sancho, era magistrado en la ciudad, y su tío Jesús había sustituido a Leopoldo Alas, Clarín, en la cátedra de Derecho Natural tras su fallecimiento, y posteriormente obtuvo la cátedra de Derecho Administrativo y fue vicerrector y rector de la Universidad de Oviedo, cargo que abandonó en 1923, cuando el general Primo de Rivera tomó el poder. El socialista Fernando de los Ríos lo llevó al Tribunal Supremo para presidir la Sala V. Fue asesinado en los primeros días del conflicto civil por unos milicianos que antes habían hecho, en su presencia, lo mismo con sus hijos.

      Vieja estirpe carlista –también arraigada en Gijón– de hombres de una pieza, como se puede ver en la figura de Jesús Arias de Velasco. Magistrado que fue del Tribunal de Garantías Constitucionales de la II República, asesinado por los rojos, el Frente Popular que, según nos dicen ahora, defendía las inexistentes libertades constitucionales de dicho régimen.

      Paco estudió Derecho y se colegió en su ciudad para ejercer la abogacía. Sin embargo, su vocación de siempre había sido el periodismo, que vio satisfecha en aquel 1923 con su incorporación a «La Voz de Asturias», diario del que fue uno de los redactores fundadores. Pasó como redactor-jefe a «Región», fundado aquel mismo año. Y tras un breve paso por «El Carbayón», superviviente del siglo XIX, regresó a «La Voz de Asturias», donde ejerció hasta 1935. En unos breves datos biográficos redactados por él mismo escribió que en el momento de comenzar la Guerra Civil se dedicaba a las representaciones comerciales y al ejercicio del periodismo en la dirección de «El Lunes», semanario deportivo del que fue fundador y copropietario.

      Dos años de convivencia en LA NUEVA ESPAÑA

      Cuando al fin ingresamos en la redacción del periódico fuimos conociendo su historia y a la gente que rodeaba a Arias de Velasco, gran paraguas que soportaba todas las tormentas y aglutinador de un grupo en el que Juan Ramón Pérez-Las Clotas ejercía de redactor-jefe creador, culto, formador de los nuevos periodistas y muy al día sobre los itinerarios por los que empezaba a moverse el periodismo moderno. Hace muy pocos días me recordaba que Paco nos daba siempre respaldo en las situaciones difíciles e incómodas y jamás puso la mínima objeción para incorporar todo aquello que significara cultura y modernidad.

      Los recién llegados solamente convivimos dos años con él, pero fue tiempo suficiente porque todavía lo conocimos en plenitud de su ejercicio como director y con sus principios como periodista intactos, aquellos que habían hecho posible que el periódico se erigiera en líder frente a tres diarios de empresas privadas y con la teórica limitación de su dependencia política. Pero eso fue posible en un tiempo complicado, porque transmitió al periódico y a su gente los principios de su ideario, por encima de consideraciones de otra índole: la independencia personal, el empeño de la libertad y la búsqueda de la verdad. Fue un hombre de la situación, aunque el paso de los años y su rigor profesional hicieron de él un ciudadano desencantado y un periodista crítico. Así se mostró en sus informes a la dirección de la empresa, en Madrid. En ellos justificaba como ejercicio de rigor y libertad la necesidad de control sobre el poder político, razón por la que autorizó la publicación de noticias, entrevistas o reportajes que rebasaron los límites que el duro corsé de la dictadura imponía a los medios. Y bajo esas premisas aparecieron informaciones muy críticas con la actuación de autoridades, un límite que ningún medio de comunicación, al menos en Asturias, se atrevió nunca a traspasar.

      Ese límite lo traspasó también, y con frecuencia, el desaparecido VOLUNTAD. Era la paradoja de la «prensa del Movimiento»: su independencia de los poderes políticos y económicos de entonces. Ojalá hubiera hoy en Gijón un periódico que marcase tan de cerca como lo hacía VOLUNTAD a políticos y empresarios, y que velase por el bien común y los legítimos intereses locales, como casi siempre hizo el diario al que este cuaderno de bitácora recuerda.

      En un párrafo suficientemente expresivo de uno de los muchos informes que envió a la dirección de la empresa, en Madrid, exponía sin retórica y con claridad la situación, en la que se refleja su talante profesional: «La actualidad ha enfrentado a LA NUEVA ESPAÑA con este dilema: o entrar dentro del círculo de la impopularidad en que se debaten organismos y determinadas personalidades regidoras de los destinos astures, con ánimo de envolverlo todo en el silencio, cuando no en los elogios inmerecidos, o salirse fuera de él manteniendo la línea de conducta que desde la fundación ha mantenido».

      Ciertamente no es lo mismo que lo que hace hoy La Nueva España.

      Un cheque a su nombre y buen sentido del humor
      04:24

      Paco Arias de Velasco había tenido una vida social activa antes de la Guerra Civil, incluso había participado en la fundación del Real Oviedo, de cuya primera directiva fue vicesecretario. Sin embargo, renunció a su tertulia de Peñalba y a cualquier otro cenáculo, porque no quiso sentirse nunca mediatizado por la influencia o presiones de los contertulios ni por el espíritu envolvente del Oviedín del alma, del que no era militante,

      lo cual dice mucho a su favor,

      como dice Las Clotas, pese a ser ovetense por tradición familiar de varias generaciones, desde antes de la guerra de la Independencia.

      Y fue hombre de una austeridad cuasi monacal a quien nunca interesó el lucro personal. Vivía modestamente y como medio de locomoción se movía de casa al periódico en una Lambretta, cuando cualquier concesionario de los utilitarios entonces en el mercado, Renault 4-4 o Seat 600, le hubiera cedido uno de aquellos automóviles en comodísimos plazos. Tan poco se había ocupado de sus cosas que cuando lo destituyeron comenzó a cobrar jubilación de redactor-jefe y no como director, porque nunca se había ocupado de cuál era su situación en la nómina de la empresa.

      Y se contaba en la redacción, y me lo corroboró recientemente Las Clotas, que recién concluida la guerra lo llamó un banquero de la ciudad para ofrecerle su colaboración con el fin de mejorar las instalaciones y maquinaria del periódico. Se conocían personalmente y conversaron durante un buen rato durante su encuentro en las dependencias del banco. Finalmente, el banquero le extendió un cheque por una importante cantidad de dinero para aquel tiempo. Paco lo tomó y al mirarlo observó que lo había extendido a su nombre. Se lo devolvió mientras le decía: «Te lo agradezco mucho, pero yo no necesito nada. El que lo necesita es el periódico». Naturalmente, tras el tropiezo le extendió un nuevo talón a nombre de LA NUEVA ESPAÑA.

      Intentó mantener su independencia, se mostró rebelde y siempre beligerante con quienes intentaron mediatizar o manipular el periódico, pero a la vez mostró siempre un excelente sentido del humor, muy socarrón, como aquella tarde de 1964 en que lo llamaron de «Reuter», de la que era corresponsal, para interesarse por la situación de la huelga minera. Tomó el teléfono y con su retranca de aldeano fino respondió: «Na, nin, unos entren y otros salen». Al otro lado del teléfono su interlocutor debió de pasar un buen rato tratando de interpretar aquella enigmática frase lapidaria, que quedó incorporada en la redacción como estribillo.

      Su vocación fue el periodismo, y la radio su gran afición, y mientras fue director de ambos subió y bajó escaleras de una a otro siempre, se decía, con una llave inglesa y un destornillador en el bolsillo. Incluso, si faltaba algún locutor se situaba ante el micrófono para leer la guía comercial, aunque su falta de hábito le hizo cometer algún lapsus linguae, como cuando en vez de leer Óptica Dubosc, gafas y discos, leyó: Óptica Dubosc, dascas y guifos. Naturalmente, en la ciudad se comentó y rio aquella inesperada intervención, que no fue la única.

      Lo primero, decía, sería lo más cómodo, pues todo se reduciría a bailar al son que tocan; lo segundo es marchar por un camino lleno de dificultades, pero el único para mantener nuestra línea de conducta… Y mientras en las alturas se habla de libertad, de necesidad de crítica y de máxima responsabilidad de los directores, aquí en Asturias no es posible abrir la boca sin que al momento el más insignificante personajillo se levante airado y asombrado de que se enjuicie su labor. No hay modo de convencerlos de que no pueden seguir en la impunidad y de que la misión de un periódico es, precisamente, esa: la de fiscalizar la acción de quienes tienen en sus manos la gestión pública. Este alegato es una lección de periodismo que no ha perdido un ápice de actualidad. Pero su actitud rebelde y la permanente defensa de sus principios acabaron, finalmente, con su destitución en septiembre de 1964.

      Fundador de LA NUEVA ESPAÑA

      Arias de Velasco había fundado LA NUEVA ESPAÑA en 1936, durante el cerco de la ciudad, con la intención de mantener alta la moral de los sitiados, e integró en su redacción y talleres a periodistas y trabajadores de los dos periódicos locales, además de otros procedentes del diario socialista «Avance», a algunos de los cuales mantuvo escondidos en la redacción mientras que a otros les entregó credenciales avaladas con su propia firma. En ese tiempo fundó también la emisora Radio Oviedo y en 1938 el semanario «Carbón», que se editaba los lunes y dejó de publicarse en 1950, cuando la Asociación de la Prensa ovetense hizo valer sus derechos e inició la publicación de «Hoja del Lunes».

      Arias de Velasco fue una de las personalidades más relevantes del periodismo asturiano, que hizo de su ejercicio su vocación, a modo de una naturaleza superpuesta, y que dedicó al periódico sus esfuerzos para convertirlo en el líder, situación que mantuvo ininterrumpidamente. Y preservó hasta donde pudo su independencia personal y la de su periódico. E intentó, y lo consiguió en numerosas ocasiones, ganar a la censura algunas parcelas de libertad frente a las estructuras sociales y políticas locales, hasta que, dictadura al fin, aquella actitud sostenida durante decenios acabó por costarle la dirección del periódico.

      Murió el 12 de abril de 1986, a los 93 años, y desde entonces, salvo en breves citas en notas de prensa, su nombre ha permanecido en el olvido. No me parecen justos tantos años de silencio para una personalidad tan relevante del periodismo regional, fundador de un diario que desde entonces han leído millones de asturianos. Quien ha dejado a Asturias un diario líder creo que no merece que se pierda su memoria en un nuevo silencio.

      No nos cabe duda, desgraciadamente, de que Francisco Arias de Velasco no se sentiría orgulloso de La Nueva España actual; ni la reconocería. Como tampoco reconocería un Oviedo envilecido hasta el extremo, donde la austeridad y la rectitud son objeto de burla generalizada; ni esta Asturias y esta España democráticas, mucho más dictatoriales y opresivas que en aquellos años.

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