La Plaza

Interior de la Plaza de Abastos de Villaviciosa

  • TRADICIÓN. Hortelanas de la aldea venden sus productos en el interior de la plaza de abastos de Villaviciosa (foto Luis Caso, El Comercio)
  • Ya nos hemos referido en Voluntad a los complejos paletos que, sumados a las ganas de enredar y a alguna comisioncilla, llevaron al Ayuntamiento de Gijón a cargarse la Plaza, como los gijoneses siempre llamaron al Mercado del Sur. La estructura aún subsiste, muy desfigurada. Desapareció aquel magnífico mercado de abastos en el que la huerta gijonesa nos surtía, de manos de sus campesinos –víctimas, al igual que las pobres pescaderas, de una persecución implacable por parte de los munícipes socialistas–, para dar paso a un pastiche de ocurrencias, como aquella del ínclito vicealcalde y concejal de urbanismo Jesús Morales Miravalles de convertir la Plaza en una «selección de franquicias de lujo» (sic). Además de trotskista, nuevo rico hortera.

    Por una vez vamos a decir algo bueno del Ayuntamiento de Villaviciosa. De momento respetan su propia Plaza de Abastos (aunque ésta se resienta por el abandono del campo, propiciado por las políticas del PPSOE y de sus jefes de la Unión Europea; para Villaviciosa véase, por ejemplo, «Los coletazos de la Desamortización»). El Comercio del martes 13 de marzo recuerda su historia y su actualidad:

    Un siglo dando abasto

    La plaza de Villaviciosa, que cumplirá en diciembre 103 años, mantiene vivo el mercado de productos de la aldea

    LUIS CASO/VILLAVICIOSA

    La plaza cubierta de Villaviciosa, que llegó a ser conocida como ‘la plaza de abastos’, acoge cada miércoles la venta de productos de la huerta habituales de la época, con puestos gratuitos para los productores de lugareños. En diciembre celebra su 103 cumpleaños, aunque luce tan espléndida como cuando se inauguró, en 1904. Pero el devenir de los años se deja notar en sus entrañas: cada vez es menor el número de vendedoras que acuden a ofrecer sus hortalizas directamente al consumidor. La razón de este declive no es otra que el cambio de las costumbres en los pueblos: la juventud de la zona rural busca otros objetivos, lejos del duro y poco lucrativo trabajo del campo.

    Sobre la construcción de este emblemático inmueble -clasificado por el Ayuntamiento maliayo en la categoría monumental y enmarcado en el catálogo de edificios protegidos por las normas subsidiarias de planeamiento- hay bastantes luces y sombras, si bien en el archivo municipal se pueden contrastar informaciones y algunas publicaciones al respecto.

    Una de esas publicaciones es el ‘Análisis urbano de Villaviciosa de Asturias’, del arquitecto Juan José Pedrayes Obaya. La obra contiene una somera pero orientativa historia sobre su origen, tras el primer proyecto obra del arquitecto Juan Miguel de la Guardia, cuya memoria vio la luz en 1901 y los planos se publicaron en la primavera de 1902.

    Para construir el mercado, se dispuso de un capital de la Sociedad Plaza Cubierta, que ascendía a 200.000 pesetas, aunque el presupuesto de la obra civil sería algo menor, de 126.932 pesetas. La obra se terminó en el mes de diciembre de 1904 y fue ejecutada por la sociedad Duro Felguera, ya que la estructura del tejado era totalmente metálica, dentro del modelo estructural denominado ‘arquitectura del hierro’.

    Se trata de un proyecto muy similar al del mercado Jovellanos de Gijón, aunque se introdujeron algunas variaciones.

    Riqueza hasta los 70

    Con esta nueva construcción, el mercadillo, repartido por varias zonas de la villa en el siglo XIX y con el desarrollo urbanístico en expansión, fue paulatinamente introduciéndose en la plaza. Desde el principio, hubo puestos fijos de venta y eventuales para los campesinos, por los que la empresa promotora cobraría un canon. Ésta, su vez, pagaba una renta anual al Ayuntamiento, ya que el edificio pasó a ser de propiedad municipal.

    La plaza tuvo un importante auge hasta los años setenta del pasado siglo, en especial, cuando coincidía con el mercado semanal de ganados. Pero esa riqueza comenzó a decaer a la par del descenso de la producción ganadera en la región.

    Reformas recientes

    Hasta la actualidad, la plaza ha sido objeto de varias mejoras de conservación y renovación de servicios -recientemente se lavaron y pintaron las fachadas- y cuenta con una veintena de puestos fijos de venta de pan, frutería, pescadería, carnicería y diversos productos asturianos, además de las ventas de los hortelanos de la comarca todos los miércoles de cada mes, que permiten al consumidor llevarse a casa productos recién cosechados y sin intermediarios. Para los campesinos supone un ingreso económico y, a la vez, un premio a su rudo trabajo.

    Pero, al margen de dar abastos, la plaza acoge un siglo después acontecimientos puntuales, convocados por el Ayuntamiento o con su colaboración, como la exposición de la manzana, la feria de stocks, organizada por la Asociación de Comerciantes de la Villa, y actos culturales.

    Por este emblemático inmueble, que forma parte del desarrollo, patrimonio y de la historia de Villaviciosa, pasaron y seguirán pasando miles de personas, sin percatarse de que un tal Juan Miguel de la Guardia fue el padre del proyecto, llevado a cabo por el constructor Luis Margolles. Dos nombres que van ligados a la historia de esta edificación, que marcó un hito en el desarrollo urbanístico y comercial de la Villa y de todo el concejo.

    Anuncios

    Deja un comentario

    Archivado bajo 02.- Gijón, 03.- Comarca, Medio ambiente, Política local, Villaviciosa

    Responder

    Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

    Logo de WordPress.com

    Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

    Imagen de Twitter

    Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

    Foto de Facebook

    Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

    Google+ photo

    Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

    Conectando a %s