De observancias y convivencia

El deterioro de la convivencia en Gijón es palpable. El progresismo arrumbó hace tiempo las buenas maneras, y sin ellas se hace difícil vivir en sociedad. El tránsito, la circulación de personas y vehículos, pone de manifiesto ese deterioro. A ello se refiere el artículo de Guillermo Rendueles en La Nueva España de hoy:

Normas perversas

Algunos sociólogos afirman poder diagnosticar lo democrático de una población observando el comportamiento de peatones y conductores ante un paso de cebra. Si en Nápoles un peatón se arriesga a cruzar la calle en la confianza de que el automóvil cumplirá la norma que le obliga a parar y permitir su paso, seguramente perecerá en el intento o sufrirá el insulto de los nativos, que no entenderán cómo alguien es tan tonto que no conoce la metanorma que afirma que los napolitanos no respetan las normas de tráfico. En sentido opuesto, quien en Londres no frena cuando una señora con perro se acerque a los pasos peatonales recibirá no sólo una sanción policial, sino abucheos y algún paraguazo de los muy «cool» ciudadanos londinenses. Levi Strauss da la única norma de supervivencia en sociedades ajenas: «Donde fueres haz lo que vieres». Confía en las normas en Londres, o únete al grupo de sicilianos que sólo se lanzan a la carretera cuando ya forman una masa suficiente para parar el tráfico con independencia del rojo o el verde del semáforo. Pero lo perverso del práctico consejo consiste en que allí donde las normas son masivamente incumplidas el prestigio de la ley y, por tanto, la moral social quedan anuladas: quien frena en un paso de cebra o espera al semáforo en verde para cruzar es tonto o raro.

Hace justo tres años un domingo al mediodía cuando volvía de correr en el «Kilometrín» frente al parque de Isabel la Católica en el paso de peatones un coche me arrolló, enviándome al quirófano y a una buena temporada de rehabilitación. Ante mi sorpresa, los testigos opinaban que la culpa era mía por confiar en que el automóvil frenaría en cuanto viese a un peatón cruzando por el paso de cebra. Y hoy, que la historia ha vuelto a repetirse en el atropello de la excelente atleta Montse García, no encuentro otra forma de mostrarle mi solidaridad y buenos deseos que pensando el porqué de los frecuentes atropellos en Gijón.

Una de las funciones de los traumas es despertar nuestros intereses por acontecimientos que de otra forma nos parecen naturales. Desde que sufrí aquel atropello soy una especie de sociólogo naíf del tráfico al que las conductas de peatones o conductores no dejan de sorprender. El automóvil gijonés -el ogro que devora la ciudad- tiene tal fobia a frenar cuando un peatón espera en el paso de cebra que ni siquiera los coches policía cumplen esa norma; a la vez, mamás con carritos de bebé, ancianos desocupados, y no digamos adolescentes en noche de viernes, atraviesan semáforos en rojo y «torean» coches con excesos de velocidad dando ímprobo trabajo a sus ángeles guardianes. Cuando esto se produce la acción, en el discurso popular, no pertenece a nadie: la humedad, la mala señalización, no funcionó el freno…

Que Gijón se parezca más a Sicilia que a Londres creo que responde al predominio en nuestra tierra de la picaresca como moral colectiva: las normas sociales están para burlarlas en nuestro beneficio. El mismo ciudadano que va de agencia social en agencia social buscando aquí «una paguina» fingiendo enfermedades o reclamando allí la oferta de prebenda social falsificando papeles de pobreza, y luego presume de listeza no va a respetar luego los semáforos. Esa población asturiana que descubrió con los mineros villistas que la solución de los problemas no eran las revoluciones, sino las jubilaciones, y que recibe abundante pan y circo de sus gobernantes usa la misma psicología para incumplir cotidianamente el pacto ciudadano de cruzar en verde o frenar en los pasos de cebra.

En ese sentido nada hay más perverso por parte de los gobernantes que dictar leyes que no son capaces de hacer cumplir. La esencia del Estado -Weber dixit- es el monopolio de la violencia y esa servidumbre del guardia municipal con pistola sólo es tolerable por el libre si se emplea para imponer un orden justo. De la escuela a la carretera si la tolerancia represiva del Estado no castiga la indisciplina escolar o circulatoria, ¿por qué respetar otras obligaciones más costosas? Nada más hipócrita que hablar de educación viaria. Como enfatiza García Calvo, bajo ese nombre sólo se enseña sumisión a su majestad el automóvil. Pedir que se peatonalizara el muro de San Lorenzo sonaría a chino. La burla del «carril-bici» en el muelle no merece sino desprecio. De ahí que en honor de los atropellados nuestros gobernante locales podrían escoger dos tipos de cambios en los pasos de peatones para acabar con los perniciosos efectos morales de las normas masivamente incumplidas. Una es reformista y basta con ir hasta el cercano León para comprobar su eficacia: en cada paso de cebra hay un badén -«gendarme tumbado», creo que se llama- que hace frenar a los coches o dejar algún tornillo en el gozo de la velocidad. La otra, «revolucionaria», consiste en eliminar los pasos de cebra para que cada peatón cuide de sí mismo y como en Nápoles aprenda que desde la calle al Ayuntamiento la protección hay que buscársela en una piedra contra el automóvil o en algún hombre de respeto que imponga orden y cumpla sus promesas.

En realidad, el cambio que hace falta es el retorno a los buenos modales… Un cambio que requiere hasta una contrarrevolución política, seguramente. Cuando ni se espera que los representantes del municipio observen las normas de convivencia (en Voluntad ya nos hemos referido a comportamientos policiales, como hace también el articulista, y de concejales). Los peatones gijoneses también tienen peligro: la frecuencia con que personas mayores, sin buenos reflejos ni velocidad, cruzan por donde les apetece, es llamativa.

Los ejemplos de fuera no siempre funcionan. En Londres no se da ese exquisito respeto por el paso de cebra o de peatones que el articulista supone; en Nápoles perdura la conciencia de que las normas son las del invasor italiano, y que respetarlas sería humillante para il Regno (por cierto: la monarquía formada por Nápoles y Sicilia es conocida como las Dos Sicilias, pero eso no hace sicilianos a los napolitanos, como parece creer el articulista). En Gijón… Pobre Gijón.

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5 comentarios

Archivado bajo 02.- Gijón, Medio ambiente, Política local

5 Respuestas a “De observancias y convivencia

  1. Hoy en «La Columna» (antaño «Columna de Gijón»), El Comercio:

    Atropellos

    Manuel Álvarez se pone en contacto con esta sección para pedir que el Ayuntamiento no instale contenedores junto a los pasos de cebra: «El pasado viernes, la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, salía diciendo en este periódico que estaba preocupada por la serie de atropellos que se vienen produciendo últimamente en la ciudad. Pues bien, si eso fuese cierto, el Ayuntamiento de Gijón no permitiría que se instalasen contenedores de basura de más de dos metros de largo al lado de los pasos de cebra, porque así es imposible que un conductor pueda ver a los peatones».

    Pero es que la colocación de los contenedores de basuras se las trae…

    Contenedores

    Belén Argüelles escribe a La Columna para quejarse por el cambio de situación de los contenedores en la calle de Céan Bermúdez: «Desde mi punto de vista, el cambio de contenedores que ha hecho Emulsa a la altura del número 39 de la calle de Céan Bermúdez es un despropósito. Resulta que los han puesto entre la acera y un charco porque, según el Ayuntamiento, los vecinos habían presentado en su día varias quejas. El caso es que o nos cambian el contenedor de sitio, o nos quitan el charco, o nos dan una piragua para echar la basura o una capa para torear a los coches mientras tratamos de echar la basura por el lado del contenedor por el que pasa el tráfico».

    Y más sobre contenedores, aunque ya no por su peligrosidad para el tránsito. Viene con foto:

    Porquería acumulada

    Aida Molina acude a este espacio para denunciar la continua presencia de contenedores llenos de basura: «Imágenes como la de los contenedores de la calle de Eleuterio Quintanilla son frecuentes. ¿Es que nadie se encarga de recoger la basura en esta ciudad?»

    (Ciudad no, señora. Villa, y a mucha honra).

  2. También de «La Columna» (antaño «Columna de Gijón»), El Comercio:

    Atropellos

    María Concepción Chicharro se pone en contacto con La Columna para pedir que se sancione a los peatones que no crucen por los pasos debidos: «Es muy lamentable que se hayan producido una serie de atropellos, pero también hay que admitir que la gran mayoría de los peatones de esta ciudad no respetan nada y cruzan por donde les viene en gana. El pasado jueves me dirigía a La Casa del Mar circulando por el carril de la derecha (hay tres carriles) y bastante despacio, pues pensaba aparcar. En el carril del centro había varios camiones parados debido al semáforo y entre dos de ellos apareció un señor mayor con bastón, que prácticamente se me echó encima. Había un policía local en el aparcamiento de la Casa del Mar que ni se inmutó y el viejecito en cuestión se fue de paseo tan tranquilo. Después, a las 14.30 horas, en la calle de Juan Alvargonzález, una señora con dificultades para andar se pasó el semáforo en rojo con la mayor tranquilidad. Así que ya es hora de que los peatones sean sancionados, como lo son los automovilistas, cuando no cumplen las normas. Así se evitarían muchos de estos accidentes».

  3. Carta al director en El Comercio de hoy:

    Seguridad vial
    Santiago Martín González/

    La seguridad vial en nuestra ciudad está hoy tristemente de actualidad ante los numerosos accidentes que se han venido sucediendo en los últimos meses. Esta vez no podemos decir aquello de «esto a mí no me ocurrirá nunca», sencillamente porque en la mayor parte de los casos no ha sido el peatón el culpable por imprudencia, sino la víctima de un error de conducción. O, peor aún, de unas condiciones viales deficientes, en las que el conductor del vehículo también es, en cierto sentido, víctima.

    La actualidad exige del Ayuntamiento una revisión de su política en materia de tráfico y seguridad vial. El discurso de la ciudad medioambientalmente sostenible, donde el ciudadano recupera espacios frente al vehículo, se potencia el transporte colectivo y la bicicleta como medio sano y no contaminante, debe acompañarse de hechos o corre el riesgo de verse vacío. Para confiar en que la voluntad sea real, necesitamos reconocer las realizaciones en la planificación urbana y discutir las fechas y actuaciones previstas para el futuro.

    Hace casi 20 años denuncié, a través de este mismo periódico, las dificultades de los alumnos del campus universitario de Gijón para acudir a nuestro centro de estudios, bien andando, bien en bicicleta, por lo inadecuado de los caminos entonces existentes. El campus universitario de hoy es nuevo en su práctica totalidad, las carreteras que lo conectan con la ciudad son también nuevas, como lo es el barrio de Viesques. Sin embargo, nadie ha previsto que la bicicleta sea un medio de transporte en estas áreas. Qué decir del peatón, cuando veo a diario a decenas de alumnos jugarse literalmente la vida cruzando la rotonda de acceso desde la autopista, en la avenida de Justo del Castillo y Quintana. Necesitamos actuaciones concretas, plazos y presupuestos o sencillamente perderemos la confianza. No es un problema sólo de tráfico: lo es de urbanismo, de medioambiente, de salud: es un problema de Gobierno.

  4. La antaño hermosa, hoy devastada parroquia de Tremañes tiene graves problemas de circulación. Algunos en el mismo barrio de la iglesia. «La Columna» (antaño «Columna de Gijón»), El Comercio de hoy:

    Tráfico

    María Soledad Álvarez se dirige a esta sección para pedir que se limite la velocidad y se restrinja el tráfico de camiones en el camino de la Iglesia, en Tremañes: «El pasado martes hizo quince días que los vecinos del camino de la Iglesia de Tremañes presentamos firmas reunidas en el Ayuntamiento para pedir que se prohíba el tráfico de camiones y se limite la velocidad de los vehículos, pero nadie ha hecho nada todavía. Los camiones y los trailers siguen pasando. A mí el pasado miércoles uno me tiró hacia la cuneta y hay tramos del camino que ya están hundidos por culpa del peso de estos vehículos. Además, los coches circulan a toda velocidad, y cuando pides a los conductores que vayan más despacio, te insultan. Los vecinos ya estamos hartos, y por eso vamos a esperar hasta el próximo martes. Si entonces nadie ha venido por aquí estamos dispuestos a cortar la carretera».

  5. No sólo problemas de circulación tiene Tremañes, la antaño hermosa y hoy devastada parroquia gijonesa, como decíamos en el comentario anterior a esta entrada. En la campaña electoral, los sinvergüenzas del Frente Popular municipal y autonómica cantaron las excelencias de su gestión para realizar el polígono industrial («parque empresarial» le dicen, en su cursilería papanatas) de la Peñona. Vean, vean. La Nueva España:

    Afectados por La Peñona esperan desde hace 5 años a que se resuelvan sus expropiaciones

    El colectivo califica de «barbaridad» que aún no se haya fijado el justiprecio pese a que las parcelas del nuevo polígono ya se están comercializando

    M. SUÁREZ

    El plazo de presentación de solicitudes para la adjudicación de las parcelas del nuevo Parque Empresarial de La Peñona finalizará el próximo miércoles. Los dueños del suelo afectado por este proyecto empresarial desconocen, a estas alturas, cuál es el justiprecio de las expropiaciones. Hace unos días, el colectivo dirigía un escrito al Ayuntamiento para poner de manifiesto su situación.

    En dicho escrito, y amparándose en el artículo 35 de la ley 30/92 del régimen jurídico de la Administración pública, los afectados solicitaban a la Alcaldía que «nos informe del estado de tramitación del expediente expropiatorio», además de que «identifique a las personas responsables de esta demora». El expediente de La Peñona se inició hace cinco años. El último acto administrativo con los propietarios del suelo «se produjo hace 4 años y 4 meses», precisan portavoces del colectivo.

    Entonces, el colectivo presentó objeciones a la valoración de 24 euros por metro cuadrado que se había hecho de sus terrenos. Las hojas de aprecio se elevaron de oficio ante el Jurado Provincial de Expropiaciones, cuya presidencia está vacante. Según los vecinos afectados por el desarrollo de La Peñona -unos 40-, «es una barbaridad lo que se está tardando en dictar el justiprecio en este caso». El colectivo pide 72 euros por metro.

    Esta nueva área empresarial ocupa una superficie próxima a los 300.000 metros cuadrados, distribuidos en 59 parcelas. El proyecto, congelado durante años, se presenta como uno de los aditamentos de la promoción económica municipal. Su desarrollo urbanístico, así como la tramitación de las correspondientes expropiaciones, ha corrido a cargo de Sepes, la Entidad Pública Empresarial de Suelo, dependiente del Ministerio de Vivienda. A falta de cuatro días para que termine el plazo de presentación de solicitudes, la demanda de suelo en La Peñona -donde se puede adquirir una parcela desde 85 euros por metro cuadrado- triplica la oferta.

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