San Francisco de Sales

San Francisco de Sales
Sí; desde la revolución litúrgica (1969-1970) lo de los calendarios y el santoral se ha vuelto complicado. Así que nos atenemos al santoral tradicional.

San Francisco de Sales, obispo, confesor y doctor, es el patrono de los periodistas. Hoy evocaremos a los que se han ido, y singularmente a los periódicos gijoneses y asturianos que ya no están. A VOLUNTAD, por supuesto, asesinado por Emilio Romero en 1975. A la última época (la única buena) de El Noroeste. A El Comercio, convertido ahora en El Correo ex Español, edición de Gijón (barrio de Bilbao). A Región, a pesar de haber sido tan descaradamente carbayón en materia deportiva (cosas de Ricardo Vázquez Prada, q.s.g.h.). A La Voz de Asturias cuando no era una triste versión del tristísimo el Periódico de Catalunya. A La Nueva España, cuando era un digno diario ovetense. A aquellos diarios y aquellos periodistas preocupados por los legítimos intereses locales. A aquellos periódicos cuyos anuncios por palabras no eran un burdel impreso, y que no insertaban pornografía.

A la Hoja del Lunes, ejemplo de legítimo aprovechamiento gremial y de respeto al descanso dominical; todo ello liquidado por la codicia de las nuevas empresas mediáticas.

Aprovechamos para recordar a los lectores de este cuaderno de bitácora que Voluntad no sólo se actualiza diariamente con una entrada nueva, sino que las anteriores se ponen al día mediante comentarios. Buena lectura.

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1 comentario

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Una respuesta a “San Francisco de Sales

  1. Carta al director en La Nueva España de hoy.

    Aquellos viejos corresponsales

    En su revista «Alto Nalón», que edita, desde Pola de Laviana, el minero-poeta Albino Suárez, leemos una nostálgica reseña en relación a aquellos viejos corresponsales de prensa que, desde sus respectivos periódicos, hacían defensa de sus lugares y buscaban el desarrollo de sus tierras sin otro pago que no fuera el acoso y contumaz perseguimiento de los «caciques» de turno, nunca fáciles receptores de los problemas que se planteaban.

    Con la reseña del amigo Albino Suárez hemos sentido el regocijo y el recuerdo de aquellos tiempos. Y al traernos al recuerdo alguno de aquellos paladines de la información local hemos experimentado una muy honda satisfacción al venirnos a la memoria imborrables recuerdos vividos con aquellos colegas. José Ramón Alonso, la «voz de oro» del Nalón, «Ragroces», Óscar Luis Tuñón, Marcelino Díez, César Avelino, Pepe Viña, Ramón Blanco, «Gumer», y algún otro que se me escapa a la memoria y ya no están con nosotros.

    Pero al hilo de la crónica del amigo lavianés me vienen al recuerdo otros que cubrieron muchas informaciones y quemaron esperanzas en una lucha que resultaba difícil y, a veces, comprometida. Pero ahí estaban las informaciones para poner al descubierto lo que los «mandamases» de los pueblos pretendían esconder y que no saliesen a la luz. Pero aquellos viejos corresponsales estaban, siempre, al servicio de la verdad y de los intereses de la comunidad.

    Entre esos otros, yo no quiero olvidar a «Jogonco» desde su Luarca natal; Agustín Santarúa y Azul Cobalto, desde Avilés; a «Bombi», desde su Moreda. Desde Mieres informaba José María Pellanes. O Pepe Sirgo desde Gijón. Y no puede faltar Vigil «el guaxu», con su Pola de Siero en el corazón. Otros, seguro, se me quedarán sin la cita porque rememoro sin ningún aporte documental. Pero todos fueron excelentes y mantuvieron una lucha sin otro interés que ser útiles a sus localidades y a sus ciudadanos. Sin recibir nada a cambio. El deber cumplido era suficiente, pese a zancadillas, persecuciones o presencias en los juzgados. Nada importaba por servir a la verdad.

    Al «rebufo» de la crónica de Albino Suárez bien estaría que todos aquellos viejos corresponsales cargados en años pero con ilusión celebrásemos una reunión para volver a los recuerdos de antaño y darnos un abrazo. Albino, tú que eres emprendedor, te dejo la iniciativa de esa confraternización. Venga.

    Creo que sería una jornada memorable y de gratísima añoranza para todos. Nos reencontramos con emotiva ilusión y los que aún estamos de pie recordaremos a los colegas que nos han precedido a «una vida mejor» y que ya no están con nosotros.
    Lo dicho, aquellos viejos corresponsales deberíamos tener una jornada de confraternización. A por ella. Ánimo, Albino.

    Antonio Argüelles «Clariván»
    Pravia

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