Policía Municipal

Así se llamaba, antes que les diera por ponerle Policía Local, con el mismo afán por cambiarlo todo y el mismo uso lamentable del idioma que caracterizan a los políticos. Recordamos cuando el número de policías municipales era mucho más pequeño, como muchísimo más pequeño era el gasto que suponían al concejo de Gijón.

También recordamos la obsesión de los ayuntamientos socialistas por arrebatarle la jefatura a Isidoro Cortina del Frade, y cómo al no conseguirlo el ínclito Vicente Alberto Álvarez Areces terminó poniéndole por encima otro cargo «de confianza», en cuyo pasado brillaba su vinculación a la Brigada Político-Social, algo por otra parte habitual entre los policías «de confianza» de los socialistas.

¿Para qué nos sirve la ahora enorme Policía Local de Gijón? Para muchas cosas. Dos ejemplos en la prensa de hoy.

Primer ejemplo: la voracidad recaudatoria disfrazada de multas y sanciones; y, de paso, el desprecio y la prepotencia hacia los vecinos de esta villa. El Comercio, carta al director:

¿Profesionales o autómatas?
María del Pino del Río/

Los hechos que se relatan ocurrieron el pasado 15 de diciembre de 2006. Vivo en un piso sito en la calle de Santa Lucía, de Gijón y, como muchos vecinos de esta ciudad, cuyo portal desemboca en una calle peatonal, no nos queda más remedio que estacionar por unos minutos nuestro vehículo inmediatamente próximo a dicho portal si queremos descargar cualquier equipaje, compra u otros objetos que por su peso no podamos transportar manualmente desde el párking más próximo.

Tal fue el supuesto: a las 22.20 horas aparqué junto al portal para subir unos libros; seis minutos más tarde se encontraban dos agentes de la Policía Local de Gijón (números 2.792 y 2.652) que, concentrada e irresolublemente, transcribían una serie de datos con el único fin de apresurarse a emitir la correspondiente multa. La frase en aquel momento emitida por los mismos se dirigía a solicitar la documentación de mi vehículo y el permiso de conducir. En ambos documentos constaba expresamente el domicilio de quien suscribe, coincidente con el lugar exacto donde se encontraba mi vehículo. De nada sirvió dicho dato acreditativo de que, efectivamente, correspondía a mi vivienda habitual o a que fuesen 6 minutos el tiempo de estacionamiento suficiente para subir los libros a mi piso y encontrarme a los funcionarios de policía frente a mi vehículo.

El orden de proceder, a tenor de los meditados consejos dados por los mismos, sugerían «haber dejado las luces de emergencia encendidas» o «que se hubiera quedado alguien en el coche», con el broche final de que si no estaba conforme recurriera. En primer lugar, ¿en qué concreto precepto reglamentario se contemplan tales causas como exoneratorias de la correspondiente sanción administrativa? En segundo lugar, ¿es obligatorio convivir con un hombre/mujer que haga las veces de porteador? En tercer lugar, ¿qué ocurre si vives sola, en una calle peatonal y tienes que llevar peso cuando no existe un párking subterráneo próximo a tu edificio?

A la vista de la actitud de los agentes con los que difícilmente pude entablar un diálogo por su negativa o incapacidad de mantener el mismo, así como a mirarme a la cara, asusta pensar que la competencia sancionatoria recaiga en verdaderos autómatas o que la existencia del número final de multas esté directamente relacionada con algún tipo de premio económico con el que se gratifique a los mismos.

No pretendo sentar precedente alguno para motivar a una rebelión cívica, pero sí apelo a la autoridad local competente para recordar que los ciudadanos de Gijón merecemos una Policía Local que ejercite la potestad que tiene conferida con absoluta profesionalidad, equidad, anti-radicalidad, consciencia y, sobre todo, sentido común, sabiendo escuchar de frente y sin miradas esquivas a quienes argumentan las razones justas de su proceder.

Segundo ejemplo: no estar casi nunca donde son necesarios. Las razones son a menudo misteriosas; en este caso fue porque la concejal responsable ordenó que no estuvieran. La Nueva España de Gijón:

Dos años del robo de Somonte

R. V.

Dos años se cumplen hoy desde que el máximo responsable de la Policía Local, Alejandro Martínez Gallo, denunciara en la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía que habían sido sustraídos un centenar de vehículos del depósito municipal de Somonte. El concejal popular Juan Carlos Santos ha sido el encargado de recordar la efemérides y volver a pedir explicaciones al gobierno local sobre este suceso.

«En su momento pedimos la dimisión de la concejala Begoña Huergo y ahora esperamos las explicaciones oportunas para saber si volvemos a pedir la dimisión de la concejala o esperamos a mayo», indicó el concejal, para quien el robo de estos coches y el desarrollo del expediente sobre el caso son un «”Expediente X” de la vida municipal».

Desde el PP se avala el trabajo de las agentes de la Policía Local y se culpa directamente del suceso a la concejala Begoña Huergo «porque ella dio la orden política de que allí no se vigilase. Parece que lo de allí no tenía valor suficiente». El depósito de Somonte era utilizado para depositar automóviles retirados de la vía pública, donde estaban abandonados, y cuando el depósito de la grúa de Tremañes estaba lleno, funcionaba como opción alternativa. «De todos modos había una responsabilidad y la concejala hizo dejación de funciones», indicó el concejal del grupo municipal popular.

«Cacolandia está mas triste sin Somonte porque ahora tendrán que buscar los coches por todo Gijón y antes los tenían todos juntos en el mismo sitio», ironizó el edil sobre este suceso.

(El «aval» del Partido Popular al «trabajo de los agentes de la Policía Local» se debe, suponemos, a que estamos en campaña preelectoral y, como hemos dicho más arriba, los agentes son muchos, todos con derecho a voto).

En fin, la utilidad de la policía para la izquierda plural quedó clara desde la creación de los «Comités de Salud Pública», la primera policía de la historia, en el París del Terror.

Más moderadamente, de momento, ayer el vicealcalde Jesús Morales dejaba claro a su vez el respeto que los gijoneses, especialmente los gijoneses del campo, le merecen: cuando le parezca, les quita lo suyo. Dijo el ínclito trotskista, veinte años a cargo del urbanismo gijonés:

«La expropiación es un mecanismo muy de izquierdas … Me sorprende la defensa que determinada izquierda hace de la propiedad privada pero… estén donde estén, estamos hablando de propietarios de suelo y, a mi juicio, el interés general de la ciudad está por encima de los propietarios de suelo. Ojalá todo el suelo fuera público».

Lo dijo, pásmense, ante el presidente de la Asociación de Promotores y Constructores (ASPROCON) Manuel Pastor y ante el constructor Eliseo Soto, entre otros. Quienes, por supuesto, le aplaudieron. Simbiosis perfecta: la izquierda roba a los vecinos, invocando «fines sociales», y promotores y entidades financieras hacen su agosto con lo expropiado.

Pero no nos servirá de nada llamar a la policía porque nos roban: la policía está a las órdenes de los ladrones.

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1 comentario

Archivado bajo 02.- Gijón, Justicia social, Política local

Una respuesta a “Policía Municipal

  1. ¿Para qué sirve la Policía Local, ex Municipal, de Gijón? En «La Columna» (antaño «Columna de Gijón»), hoy en El Comercio:

    Movida

    Ramiro Lorenzo se dirige a esta sección para denunciar la pasividad de la Policía Local ante la movida generada durante el fin de semana en el barrio de La Arena: «El fin de semana pasado llamé a la Policía Local para quejarme porque en mi portal se reúne siempre una pandilla de chavales que lo dejan todo sucio, devuelven e incluso orinan. Lo que ocurrió después de avisar a la Policía fue que pasó por allí un coche patrulla que siguió de largo, y cuando volví a llamar para quejarme, el agente que me atendió me colgó el teléfono. Los vecinos ya recogimos 2.500 firmas y el Ayuntamiento nos dijo que iba a hacer una labor de limpieza en el barrio de La Arena, pero el caso es que seguimos igual y no podemos hacer nada. Además, la Policía no actúa y nos cuelga el teléfono. Al final no nos quedará más remedio que salir a la calle para protestar por lo que está ocurriendo».

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