Luciano Castañón

Escritos Gijoneses

  • Luciano Castañón, a la izquierda (portada de sus Escritos gijoneses, vtp editorial)
  • El 5 de enero se cumplieron veinte años de la muerte de Luciano Castañón Fernández, sin duda uno de los prohombres gijoneses de la segunda mitad del siglo XX; uno de esos que, como desgraciadamente hemos dicho en Voluntad en relación con otros recientemente fallecidos, ya no quedan.

    Queda la memoria, el buen recuerdo, de aquellos que le conocieron y aquellos que aún se preocupan por Gijón y por Asturias y sus cosas. La desmemoria es signo de los tiempos: El Comercio, diario en que Luciano Castañón colaboró muchos años, ni se ha molestado en cubrir la conferencia que ayer organizó el Ateneo Jovellanos: «Luciano Castañón, semblanza de un intelectual completo», por José Luis Campal.

    Luciano Castañón colaboró no sólo en El Comercio (cuando era El Comercio, de Gijón, y no una sucursal de El Correo ex Español, de Bilbao, como es ahora), sino en los desaparecidos Región y Voluntad, cabecera esta última a la que homenajeamos en este cuaderno de bitácora.

    La Nueva España
    de Gijón sí se ocupa hoy de la conferencia. De forma un tanto particular, como suele ser la de Cuca Alonso, que firma la crónica. No recordamos haberla visto marcharse antes del final, pero nos llama la atención que facetas de Luciano Castañón como erudito y divulgador asturianista, etnógrafo, folklorista, bibliográfo, crítico de arte, etc., y como ejemplar padre de familia y amigo de sus amigos, casi no estén reflejadas, aunque el conferenciante sí se refiriera a ellas. (Y qué espanto el título «Crónicas ciudadanas»: Aux armes, citoyens ! Formez vos bataillons ! Marchons, marchons ! Qu’un sang impur… Abreuve nos sillons ! La barbarie en la España contemporánea va a ritmo de La Marsellesa).

    Crónicas ciudadanas
    Luciano Castañón, semblanza de un intelectual

    CUCA ALONSO

    Al cumplirse el 20.º aniversario de la muerte de Luciano Castañón,el Ateneo Jovellanos, siempre ágil a la hora de recordar a los asturianos más ilustres, ofreció una conferencia en torno a la personalidad de este trascendente intelectual; el encargado de desarrollarla fue José Luis Campal, que, con su habitual brillantez, dio cumplida cuenta de los aspectos más sobresalientes de este notable gijonés, que muchos de nosotros aún recordamos.
    El acontecimiento señalaba la salida a las actividades que la entidad ha de celebrar a lo largo de 2007, un año crucial para el futuro del propio Ateneo, dadas sus actuales dificultades de ubicación. Pero, aunque el presidente, José Luis Martínez, no se atrevió a lanzar las campanas al vuelo, parece que en las últimas semanas soplan aires de esperanza respecto a la consecución de una sede definitiva, lo que no impide que se haya organizado una recogida de firmas, cuya suma, más que una medida de presión, pretende dejar testimonio del apoyo y querencia de los gijoneses hacia una sociedad cultural que lleva 53 años cumpliendo un inestimable servicio, siempre dentro de las más altas cotas de prestigio. No en vano, por la tribuna ateneísta, y su humilde aula lectiva, han desfilado las figuras más sobresalientes del panorama intelectual español, incluso, en ocasiones, del internacional. No creo que a nadie con buen sentido, y responsabilidades directas en la gestión pública, le haya pasado por la cabeza la hipotética extinción del Ateneo, así que, señores, todos a firmar, más bien como aplauso, ya que no habrá lugar a otra intención.
    José Luis Campal dijo que desde aquel 5 de enero de 1987, que marca el óbito de Luciano Castañón,la cultura asturiana ha tenido que apañárselas sin él, que nadie vino a suplir su ausencia. «Aquel lunes no se fue sólo uno de nuestros mayores eruditos, sino un hombre que lo sabía todo con relación a Asturias, un divulgador incansable; bibliógrafo, poeta, crítico de arte, escritor…». Luciano Castañón había nacido en abril de 1926 en el barrio de La Arena, donde vivió toda su vida. Fue jugador del Sporting, antes de dedicarse a la literatura. Jesús Evaristo Casariego lo definió como «el prototipo del antipedante». Antonio Gala dijo de él que «fue un hombre en el más noble y esperanzador sentido de la palabra». Y ya en la fecha de su muerte, Daniel Arbesú lo recordaría como «serio, formal, excelente amigo y modélico padre de familia». «Dada mi sencillez, me abruma lo profuso y lo confuso», confesaba él mismo.

    En el Sporting, donde militó de 1944 a 1949, ocupaba el puesto de interior izquierdo, era un fino ariete, buen rematador, ágil y deportivo. A él debe adjudicarse la frase «¿vinimos a matanos o a jugar al fútbol?». Tras un paso por el Avilés y el Cádiz, una dolencia renal le apartó definitivamente del fútbol, aunque cambiaría este deporte por el montañismo. De vuelta en Gijón, donde obtuvo una plaza en el Instituto Nacional de Previsión, comienza su intensa actividad intelectual. Había estudiado Filosofía y Letras, pero, según ha relatado su hijo José María Castañón Loché, «las excursiones de montaña fueron fundamentales para los trabajos etnográficos de mi padre». Entre los años 1958 y 1973, Luciano Castañón publica cuatro novelas: «El viento dobló la esquina», «Los días como pájaros», «Vivimos de noche» y «Los huidos». Una quinta novela, «Del cielo, una mirada», nunca se publicó. Todo indica que su posterior ausencia de ediciones se debe al poco reconocimiento hacia su obra. Como autor de cuentos, hay siete reunidos en un volumen, y otros muchos editados en revistas literarias. De su obra poética vieron la luz tres pequeños cuadernos: «Barrio de Cimadevilla», «De la mina y lo minero» y «Poemario asturiano (I)». En 1964, su ensayo teatral «El detenido», una sutil mofa sobre Franco, fue publicado en la revista «Primer Acto», lo que sorprendió al propio autor; es probable que la censura no se enterara, dado su carácter de teatro del absurdo.

    La cita de Jesús Evaristo Casariego sobre Luciano Castañón, a quien el gran director del Instituto de Estudios Asturianos (cuando era el prestigioso IDEA y no como ahora RIDEA, rideo, rides, ridere, risi, risum, gracias a la impagable –pero bien pagada– labor al frente del Gobierno autónomo de ese prototipo del pedante, Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos), «prototipo del antipedante», continuaba refiriéndose a la seria y eficaz labor de Luciano Castañón y a su modestia y generosidad.

    Participamos en su día en la recogida de firmas para que el Ayuntamiento de Gijón le dedicase una calle (luego dudamos si será en verdad un reconocimiento, considerando que también dedican calles gijonesas a genocidas como Santiago Carrillo, pesadillas como Carlos Marx o pro terroristas como las «Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo»). No sabíamos que para dársela merecidísimamente a Chano Castañón, se la iban a quitar al Capitán José Alonso Nart, asesinado en Sama por los socialistas –qué casualidad– durante su Revolución de 1934. Pero esa es otra historia. A Chano, gijonés del barrio de La Arena (a cuya destrucción dedicábamos ayer un comentario en Voluntad), se le debía. En el barrio queda, además, el Café Gregorio, uno de los últimos establecimientos civilizados de esta villa, fundado y regentado por dos de sus hijos.

    El conferenciante, José Luis Campal, hizo al final un llamamiento para que se publicasen las obras completas de Luciano Castañón: Gijón se lo debe. Un Ayuntamiento como el que padecemos, que dilapida toneladas de celulosa en publicaciones de autobombo o para beneficiar a clientes y amiguetes, debería tomar en consideración esa propuesta. No está de más, de vez en cuando, hacer algo útil y decente.

    Anuncios

    3 comentarios

    Archivado bajo 02.- Gijón, ¿Llingua?

    3 Respuestas a “Luciano Castañón

    1. Artículo del conferenciante de anteayer en La Nueva España de hoy.

      Luciano Castañón, Gijón y el deporte

      JOSÉ LUIS CAMPAL FERNÁNDEZ

      Veinte años se cumplen ya desde que a la cultura asturiana le falta una figura fundamental: Luciano Castañón Fernández. Aquella mañana invernal del lunes 5 de enero de 1987 no falleció sólo uno de los mayores eruditos que en el último siglo dio nuestra región, el alma y capitán de proyectos decisivos como la Gran Enciclopedia Asturiana, de la que fue codirector, o la Enciclopedia Temática de Asturias, de cuyos siete primeros tomos fue coordinador; no se fue sólo aquel que, a los ojos de los demás, reunía en su persona los más curiosos y profundos saberes acerca de todo lo relacionado con Asturias y lo asturiano. No perdimos sólo al experto en artes plásticas que parecía abarcarlo todo y hacerlo sin lagunas, o al experto bibliógrafo que, ficha a ficha, iba rellenando huecos y supliendo carencias. Aquel 5 de enero de hace dos décadas se esfumó un divulgador incansable del periodismo ilustrado y de la crítica literaria, desapareció un novelista, un poeta y un dramaturgo, y el futbolista que no pudo ser, que no cuajó en los terrenos de juego, también hizo mutis.

      De Castañón dijo Jesús Evaristo Casariego que era «el prototipo de antipedante, que rehuía el aplauso y los honores para realizar una obra auténticamente efectiva». Y sobre su humanidad, Antonio Gala expresó abiertamente que Castañón «fue un hombre en el más noble y esperanzador sentido de esa palabra». Para añadir un retrato más a los muchos que se pudieran rastrear, he aquí el fotomatón que, el mismo día de su muerte, compuso el escritor avilesino Daniel Arbesú: «Siempre fue un hombre serio, formal (…), cariñoso siempre con sus amigos y modélico padre de familia». El propio Luciano Castañón nos dio, a la altura de 1964, una radiografía de sí mismo más que significativa. Escuchémosle: «Dada mi sencillez, me abruma lo profuso y lo confuso. Como buen asturiano, me siento liberal. Tengo hambre de vida. Odio la subordinación. Me engaña fácilmente la gente pícara; siento una soterrada y permanente angustia».

      Bajo el nombre de Chano, desarrolló sus pinitos balompédicos en dos clubes modestos de la categoría regional: el Ezcurdino, que no estaba federado, y el Olimpia Sport, filial del Sporting, formación a la que daría luego el salto y en cuyas filas militó durante cinco temporadas, de 1944 a 1949. El Sporting no lo olvidó y el domingo siguiente a su muerte, en el encuentro ante el Murcia, sus jugadores llevaron brazalete negro en señal de duelo. Con el equipo gijonés Chano actuó como delantero interior en la posición izquierda del campo, un ariete que, al decir de quienes le conocieron vistiendo la camisola rojiblanca, remataba el balón con acierto y se manejaba entre los contrarios con agilidad y deportividad, de forma que si el juego se volvía arisco en el cuerpo a cuerpo, Chano decía: «¿Vinimos a jugar al fútbol o a matanos?».

      Debutó en El Molinón el 12 de noviembre de 1944 ante el Granada CF, con victoria por 3-1 de los locales, siendo de Castañón uno de los tantos. En las dos campañas siguientes, de 1949 a 1951, Chano vestirá los colores del Real Avilés, y de 1951 a 1953 ficha por el Cádiz CF.

      En tierras andaluzas se retira y regresa a su ciudad natal, donde logra plaza estable como funcionario en el futuro Insalud (entonces Instituto Nacional de Previsión), al tiempo que inicia una copiosa actividad intelectual de la que no se apeará hasta el último día de su existencia.

      El ejercicio físico que profesionalmente le había procurado el terreno de juego lo suplirá el montañismo, que Castañón aprovechará para su rastreo del rico e ingente refranero conservado en la memoria de los lugareños de las zonas rurales: «Las excursiones de montaña durante los años 50, 60 y 70 fueron fundamentales para sus trabajos etnográficos», ha escrito su hijo José María Castañón Loché, porque gracias a ellas «indagaba entre los pastores en busca de dichos, cantares o refranes que más tarde pasarían a engrosar [sus] libros». Pienso que Gijón, que tuvo el acierto de conceder en mayo de 1990 su nombre a una calle tras habérselo solicitado más de cuatro mil particulares y entidades de distinto signo, le debe a Luciano Castañón la edición de sus Obras Completas, puesto que, en el conjunto de las mismas, no fueron pocas ni circunstanciales las temáticas gijonesas, como evidencia la «Bibliografía de Gijón», que editó su Ayuntamiento en 1976, o la guía que sobre la ciudad le encargó la editorial Everest y que apareció en 1980.

      Escribió Castañón sobre múltiples asuntos gijoneses: desde olvidadas revistas surrealistas de los años 20 del siglo XX como «Verba» o de personalidades como Rosario de Acuña, Piñole o Ceán Bermúdez hasta del Ateneo Obrero de La Pedrera, de los motes y apodos de Gijón, del gremio de marineros, de la leprosería que existió en la parroquia de Ruedes o del particular vocabulario empleado por los gijoneses.

      Y fiel a su sportinguismo, fue el pregonero, el 5 de agosto de 1980, en el campo de El Molinón, de los actos conmemorativos del 75.º aniversario de la creación del club de fútbol.

      José Luis Campal es miembro del RIDEA e impartió el pasado martes una conferencia sobre Luciano Castañón en el Ateneo Jovellanos.

    2. Hoy en La Nueva España (El Comercio sigue ignorando al que fuera su colaborador):

      Luciano Castañón, asturianista de primera

      JOSÉ LUIS CAMPAL FERNÁNDEZ

      Veinte años se cumplen ya desde que la cultura asturiana ha de apañárselas sin las enseñanzas y orientaciones, y sin las aportaciones monumentales, de una figura que dejó un hueco que, a día de hoy, aún no ha encontrado sustituto: Luciano Castañón Fernández.

      Aquella mañana invernal del lunes 5 de enero de 1987 no falleció sólo uno de los mayores eruditos que en el último siglo dio nuestra región. No perdimos sólo al experto en artes plásticas que parecía abarcarlo todo y hacerlo sin lagunas, o al experto bibliógrafo que, ficha a ficha, iba supliendo carencias. Aquel 5 de enero de hace dos décadas se esfumó un divulgador incansable del periodismo ilustrado y de la crítica literaria, desapareció un novelista, un poeta y un dramaturgo.

      Su pasión asturianista, que le absorbió completamente durante casi tres décadas, le llevará, desde que a finales de los años 50 publique sus primeros trabajos eruditos sobre refranero, a volcar sus conocimientos en densas y documentadas contribuciones de aliento académico que se materializaron en consistentes libros y artículos de buenos mimbres bibliográficos que acogieron prestigiosas revistas del ámbito del folclorismo y la etnografía, como la «Revista de Dialectología y Tradiciones Populares», el «Boletín del Instituto de Estudios Asturianos», los «Cuadernos de Bibliofilia» o la inolvidable «Los Cuadernos del Norte». El infatigable coleccionista de toda clase de publicaciones referidas a Asturias que fue Castañón no dejó fuera de su órbita lo que escritores ajenos a nuestra región escribieron sobre ella, y de ahí surgió un libro muy consultado y no siempre citado por cuantos hacen uso de él: «Asturias vista por los no asturianos» (Salinas, Ayalga, 1977).

      En su tarea indagatoria, Castañón aunó el trabajo de campo, a pie de obra, con el de gabinete, el que se hace puertas adentro. Por eso, la catedrática de Literatura Española María Elvira Muñiz ve en Castañón una conjunción de dos imágenes convivientes y perfectamente compatibles: «La del hombre andariego por caminos de Asturias en busca de un paisaje para archivar en su retina o de un dato para registrar en su carpeta» y la del «bibliófilo que se recrea en el goce del libro como objeto». El meticuloso y efectivo sistema de trabajo puesto en práctica lo recordaba en 2001 su hijo José María Castañón Loché, en un ecuánime prólogo que antecede a la reunión en libro de algunos de los «Escritos gijoneses», ése era el título del volumen, de su padre: «Fueron elaborados poco a poco, por el viejo sistema de búsqueda y ordenación de datos, en una época en la que los archivos existentes dejaban bastante que desear. Sólo el rastreo de libro en libro, la visita al lugar pertinente y la charla con algún vecino podían dar el resultado apetecido, aunque en pocas ocasiones. Luego llegaba el cotejo de los datos con la fuente original, que había dado lugar a la pesquisa y, por fin, las conclusiones, a veces escasas». Con el paso de los años, y el trabajo acumulado, iría Castañón configurando una cumplida y especializada biblioteca de fondo asturiano donde reunió una cantidad envidiable de toda suerte de publicaciones de diversa naturaleza, desde los ejemplares de fácil acceso hasta esas otras piezas de rara circulación, tirada limitada, divulgación menor y que resultan casi imposibles de encontrar. El bien nutrido depósito de su biblioteca tuvo que serle de gran ayuda a la hora de confeccionar sus bibliografías sobre el carbón, la emigración, las novelas asturianas o Llanes, o para ofrecer, en los años 70, desde las páginas de «Asturias Semanal», unas selecciones de textos ajenos bajo el significativo encabezamiento de «Antología asturiana», y en donde su cometido, aparte de la recopilación, consistía en ofrecer sintéticas e informativas orientaciones sobre los autores de los fragmentos escogidos.

      Luciano Castañón, en este apartado erudito, publicó trabajos de lo más variopinto. Abordó aspectos relacionados con las supersticiones populares, la mitología, la onomástica, las tradiciones de la noche de San Juan, la publicidad, la presencia de sapos y culebras en el folclore asturiano, la manzana, el papel de la vaca en la literatura, el cancionero de asunto minero o, mismamente, las particularidades de la sextaferia, por no hacer mención, en este apretado recorrido, a un ensayo que le reportaría no pocas alabanzas entre los especialistas, cual fue su discurso de ingreso el 21 de mayo de 1979 en el Instituto de Estudios Asturianos, y que versó sobre la prostitución en Asturias, a la cual Castañón llama «vida airada». De temática asturiana dejó también a su muerte sin publicar obras que trataban sobre la brujería en nuestra región o la meteorología y el folclore, entre otras varias, a buen seguro, que estarían en proceso de preparación o estudio.

      Fueron de tal calibre y solvencia sus innumerables contribuciones en las áreas que Luciano Castañón frecuentó que notables instituciones lo acogieron con todo merecimiento entre sus miembros, como así sucedió, por ejemplo, con el Instituto de Estudios Asturianos, la Asociación Española de Etnología y Folclore, el Centro de Estudios del Siglo XVIII, la Asociación Española de Críticos de Arte o el patronato de la Fundación Dolores Medio.

      Pero no se atrincheró sólo Castañón en fornidas publicaciones de indudable peso científico como las citadas, y cuya circulación entre el lector medio-bajo quedaba considerablemente mermada por su signo docto, sino que colaboró con idéntico entusiasmo en publicaciones más populares: eso hizo en porfolios de fiestas de diferentes partes de Asturias, en boletines de asociaciones de vecinos o de entidades culturales, en revistas de empresa como «Ensidesa» o en periódicos locales como el llanisco «El Oriente de Asturias» o el gijonés «Voluntad». Esta misma eliminación de barreras le ayudó a sobreponerse a su carácter retraído y, cómodo en su territorio del dato y en la seguridad que le da lo que expone y defiende, le llevó a impartir conferencias en foros e instituciones de elevada enjundia y, al mismo tiempo, a pregonar fiestas como las de las localidades asturianas de Candás, Villaviciosa, Pola de Lena o La Felguera, o las del «Día de la Cultura» en 1975 o las del Centro Asturiano de Valladolid en 1984.

      Si cuanto rezumaba Asturias sedujo a Luciano Castañón, de entre tales incentivos el artístico fue de mucha graduación, y de ello dan prueba sus monografías pioneras sobre Carreño de Miranda, Manuel Medina, Ángel García Carrió, Miguel Ángel Lombardía o Nicanor Piñole, al que le dedicó el último ensayo que compuso y entregó a los editores: «Piñole, pintor de Asturias». Fueron pintores de diversas épocas los que captaron su atención, como también serían artistas de ayer y hoy a quienes Castañón redactó infinidad de reseñas en prensa o para los que escribió textos de presentación y análisis en los catálogos de sus exposiciones. Hasta formó parte del jurado en bastantes certámenes de artes plásticas, como en la Bienal de La Carbonera, en Sama de Langreo, donde puso de manifiesto la ponderación que le asistía en la emisión de juicios; de ello dio fe el desaparecido crítico de arte Jesús Villa Pastur (1911-2001) cuando anotó que Castañón poseía un «sólido y bien fundado criterio».

      José Luis Campal Fernández es miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA).

    3. ¡Mencionaron a Luciano Castañón en la edición gijonesa del bilbaíno El Correo! Pero de pasada, y no por la redacción, sino por un colaborador de los no pagados. El Comercio, miércoles 14 de febrero de 2007:

      El habla gijonesa

      JUAN M. JUNQUERA/

      COMO te decía: El lenguaje, el acento y por supuesto el empleo de ciertos modismos es lo que nos distingue a unos de otros, y es tal la riqueza de España, en esta como en tantas otras cosas, que cada cuatro kilómetros incluso puede que haya otra lengua o dialecto. Como ejemplo el pixuetu, que añade complejidad a la múltiple realidad que se forja durante los 800 años que van desde la batalla del río Tinto hasta la conquista de Granada. Así aquí, en Asturias, distinguimos sin duda de donde es quien nos habla, y en nuestro Gijón es, o tal vez era, inconfundible el acento que determinaba el ánima intima dentro del área que delimita la carretera de la Costa, esa segunda circunvalación que aún guarda y acrecienta el espíritu aglutinante del mas puro gijonismo. Y además y para mayor y más grande diversidad conservando aún peculiares giros del barrio alto. Aquella Cimavilla que añade a sus señas de identidad anteriores a la dispersión que anuncia Tocote el Resve, que era su particular y no tan fácil clave lingüística. Pero en Bajovilla poseemos todo un diccionario de significativas palabras, hoy en desuso, como especifica Castañón en el Libro de Gijón y que son empleadas con énfasis sin menoscabo intelectual ya que como suele ocurrir algunas son rotundas, esclarecedoras y de imposible traducción que las iguale. Y tenemos palabros que obedecen a la deformación fonética del vocablo original en boca de tantos foráneos llegados al reclamo del arrollador industrialismo. El Guaje mocín perreru con les alpargates de galipote bajando por la rampla a la yapla a jugar a manades caneando, la cla en llanta, trayaos del guri Zapatones cagaos con la cigua del cuartón, pero con potra, tronchandose, caragillos sin chapeta, coñándose zaragatas famientos y mabeas, futíus al devalu, arronchaos a la espera del ardor cabal.

      (Dilucidar qué es Cimavilla, y qué Bajovilla, da para mucho. Lo dejaremos para mejor ocasión).

    Responder

    Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

    Logo de WordPress.com

    Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

    Imagen de Twitter

    Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

    Foto de Facebook

    Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

    Google+ photo

    Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

    Conectando a %s