El patrimonio natural y arquitectónico de Gijón

Hace unos días desapareció de la plaza del Carmen el magnífico edificio del Instituto Nacional de Previsión. Muchos edificios menos impresionantes, pero dignos ejemplos, ora de cierto tardorracionalismo gijonés, ora de la arquitectura popular de estos pagos (balcones, miradores, aleros…), caen a un ritmo acelerado bajo la piqueta de la especulación, de la que el Ayuntamiento es cómplice. El PGOU y los caprichos destrozan el campo del concejo; la gestión de parques y jardines en la villa es difícilmente empeorable. En La Nueva España de hoy, Juan Carlos Herrero llama nuestra atención sobre lo perdido y lo que queda, y apunta algunos remedios:

Gijón, árboles frutales urbanos

Viendo la grandeza de un roble centenario como el de Lavandera apetece invocar a nuestros gestores públicos para que impongan una custodia permanente en su tronco -que simula una garita- y preservarlo de cualquier contingencia. La extinción de nuestros árboles arrastra consigo la desaparición del patrimonio cultural y biológico.

Viene al caso esta cábala por la absoluta escasez de árboles endémicos en Gijón, incluidos árboles frutales, talados a golpe de proyectos urbanísticos del ¡preparados, pisos y ya…! que nos toca vivir; de retroexcavadoras que no piensan, arrasan a su paso todo lo que encuentran.

El desarrollo urbano hacia las fases I y II de Montevil, depositadas tantas toneladas de hormigón, nos dejaron apenas un roble solitario que da nombre a nuestra asociación de vecinos, árbol al que deberíamos empezar a rendir culto como tantas tribus del mundo hacen, como nuestros antepasados con el texu -véase el plantado siglos atrás en una empinada cuesta, a la entrada de Veranes, árbol mágico donde los haya.

También deberían persistir en el plano vestigios culturales como el lavaderu de Roces o el molín de Ceares pasados a mejor vida. A su vez la conservación de las espléndidas caserías que están en peligro, como la que supervive a duras penas al pie del cementerio. Patrimonio que debiera coexistir con la vida urbana y ser en potencia una granja escuela a tiru piedra para los gijoneses.

A Pumarín, sin ir más lejos, le confiere su toponimia el árbol que identifica nuestra cultura como ninguno y, sin embargo, no hay un solo pomar en toda la quintana cuyo suelo hemos sustituido por una alfombra asfáltica. La visión futurista de los años cincuenta olvidó que la tierra está para algo más que unos sanjuanes que a modo de minifundios parcelaron las entrañables zonas de descanso de nuestro barrio de «Las 1.500», setos que han sido retirados recientemente dando un aire transparente a los jardines, pero frío.

Gijón tenía -y tiene- fincas en las que se plantaban con éxito kakis, higueras, perales, limonar, naranjos, castaños, nogal o moreras -árbol portentoso de fruta exquisita-. La excelente adaptación en nuestro clima del kiwi permite pensar, además del fruto, en sus exuberantes hojas para dar sombra en parques y jardines cuyas ramas treparán por pórticos construidos al efecto para el descanso confort de los gijoneses.

Deseamos compatible el árbol frutal con el de jardinería en la ciudad. Hay barrios en Londres en los que las manzanas están al pie de las ventanas, y donde la fauna con la que compartimos espacio en el ecosistema vive en armonía. En Andalucía algunas ciudades conservan sus naranjos. Las ardillas conviven en los jardines urbanos de Maryland en EE UU, donde, por supuesto, tienen que comer.

Al igual que convivimos con nuestras mascotas, ¿por qué no con otras especies que puedan afincarse en tantos metros cuadrados de zona verde, alimentándose de castañas, bayas, nueces, manzanas… que se pudieran plantar en los jardines públicos? Sería una forma de dar cancha a otros pájaros de la zona rural en detrimento de otras aves que se adueñaron de los tejados de Gijón.

Los espacios verdes tienen que empezar a recobrar vida natural hacia una ecociudad. Los ciudadanos de Gijón están usando los jardines como nunca lo han hecho, tomando baños de sol, en verano, entre los edificios, algo impensable en el pudor de hace no muchos años.

Las ciudades europeas están apostando por la ecociudad llegando, incluso, a plantar productos de huerta en los jardines. Esta iniciativa la llevó a cabo el Ayuntamiento trasladando un poco lejos a nuestros mayores para que trabajaran sendas huertas y darles así cancha en su quehacer diario, sentirse útiles. Algunas plantas del servicio de parques y jardines simulan coles, sería enriquecedor abundar en estas plantaciones.

Doscientos mil metros cuadrados de zonas verdes para el próximo reto de adentrarse en la zona rural, en Roces, son muchos metros, y puede ser un desierto verde o un vergel. Todo es empezar y ver florecer los manzanos en la calle, la fruta madurar y ¿por qué no? plantar más de un producto típico como el maíz o las patatas, al fin y al cabo la labor de plantación que con tanto esmero hacen nuestros jardineros lleva el mismo trabajo. Si los japoneses, que llegan a plantar sus huertos en los sótanos de los edificios urbanos, tuviesen este espacio, otro gallo les cantaría.

Cualquier foráneo que nos visite se quedaría gratamente sorprendido de ver los pomares en flor en nuestros parques y jardines. Puede ser una forma de integrar lo urbano y lo rural. El siguiente paso será utilizar más las piernas para desplazarnos, la ecología nos obligará así viéndonos rodeados de nuestra propia naturaleza disfrutando más de ella. Seguimos creyendo, qué duda cabe, en los Reyes Magos.

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Archivado bajo 02.- Gijón, Medio ambiente, Política local

7 Respuestas a “El patrimonio natural y arquitectónico de Gijón

  1. En «La Columna» (antaño «Columna de Gijón»), El Comercio de 19 de enero de 2007:

    Granda

    Nicanor Menéndez Pérez se dirige a esta sección desde Granda para protestar por cómo se están haciendo las obras en la carretera a Pola de Siero: «No se ajusta a las exigencias de los vecinos de la zona, no se ponen pasos de cebra en las paradas ni semáforos, excepto en la parada que no desean los vecinos por no ser el lugar más indicado. Además, limpian las cunetas y dejan las fincas abiertas sin problemas, pero sin embargo no dejan arcén en todo el tramo. Señores gobernantes, hagan bien las cosas, pues comprendemos que donde no se puede no se puede, pero en este caso sí. Hagan caso al pueblo que los puso en el lugar que están y déjense de malgastar el dinero público en hacer las cosas a medias. Por favor, recapaciten».

  2. La Arena, uno de los barrios más maltratados por la especulación urbanística, lo sigue siendo. La constructora Fresno (en relación con la cual es imposible olvidar cierto asunto de tráfico de drogas en la década de mil novecientos ochenta), responsable del derribo en esta villa de multitud de edificios que deberían haber estado catalogados y protegidos, se apresta a acabar con otro. Lo cuenta El Comercio, eso sí, muy complacientemente:

    Una constructora derribará los antiguos pisos del Ejército en Ezcurdia para construir nuevas viviendas

    La empresa prevé añadir una altura más en el futuro edificio, en el que también habilitará plazas de garaje En la actualidad todavía negocia uno a uno la adquisición de los 28 pisos, que miden más de cien metros cuadrados

    MARCO MENÉNDEZ/GIJÓN

    Una constructora derribará los antiguos pisos del Ejército en Ezcurdia para construir nuevas viviendas

    Uno de los últimos edificios que quedan en el barrio de La Arena con más de 50 años de antigüedad está a punto de pasar a la historia. Se trata del que alberga las antiguas viviendas del Ejército que el Ministerio de Defensa había construido en 1952 en el número 73 de la calle de Ezcurdia, con fachadas también a la avenida de Castilla y a la calle del Marqués de Urquijo.

    La empresa constructora José Fresno, S. A., está negociando con los propietarios la compra de todas las viviendas y, según aseguró a EL COMERCIO uno de los vecinos, son muchos los que ya han accedido a vender.

    Estos pisos pertenecieron durante varias décadas al Ejército, que alojó allí a sus oficiales, pero hace unos años decidió venderlas a los inquilinos. En la actualidad el edificio tiene cuatro plantas y bajos. Cada una de las cuatro plantas alberga seis viviendas, mientras que los bajos tienen otras cuatro. En total, se trata de 28 viviendas y cada una de ellas supera los cien metros de superficie.

    Los propietarios aún desconocen con precisión el destino del futuro inmueble. Según aseguró uno de ellos, «ya habíamos tenido ofertas de otros promotores. Incluso uno de ellos pretendía construir un hotel. Ahora es Fresno quien quiere hacer un nuevo edificio aquí y, aunque no sabemos a qué se destinará, suponemos que será también para viviendas».

    La respuesta la tiene la propia constructora. Jesús Alonso, uno de sus responsables, indicó ayer que la intención de la empresa es «adquirirlo sin prisas. Ahora estamos en el proceso de compra y tratamos de llegar a acuerdos con los propietarios. Es una tarea lenta, que pensamos que podrá tardar entre tres y cuatro años, antes de poder comenzar a construir».

    La constructora todavía no ha desarrollado el proyecto para el futuro inmueble, aunque espera que cuando lo acometa continúe vigente el actual Plan General de Ordenación Urbana. Jesús Alonso señaló que «en esa zona nos ajustaremos a lo que marca el plan de ordenación, que indica que se puede construir un bajo más cinco pisos». De esa forma, la altura quedaría equiparada a la de los inmuebles cercanos.

    Sótano para garaje

    La promoción de viviendas que se acometa ocupará los 1.300 metros cuadrados de la finca, pero la empresa aún desconoce cuántas viviendas podrían resultar del proyecto. Alonso aseguró que «lo único que tenemos claro de momento es la edificabilidad de que se dispone, así como que haremos un sótano para construir plazas de garaje».

    El portavoz de José Fresno, S. A. añadió que «toda esta negociación es muy reciente, ya que hemos comenzado apenas hace un mes». A pesar de eso, en dos de las tres fachadas del edificio ya se pueden ver carteles anunciadores de la constructora.

    Esta empresa es una de las principales promotoras de la ciudad. No en vano, en su página web informa de que tiene once promociones a la venta, mientras que tiene previsto desarrollar en breve otras diez.

    Por su parte, el concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Gijón, Jesús Morales, indicó que «se trata de uno de los edificios más antiguos de la zona, ya que la mayoría de los construidos en el barrio de La Arena lo fueron a partir de la década de los sesenta».

    En cuanto a la volumetría que se podría edificar en ese lugar, el concejal aseguró que «todo está perfectamente definido en el Plan General de Ordenación de Urbana».

    El edificio de las antiguas viviendas de los militares tiene un tipo de construcción común a otras similares realizadas por el Ministerio de Defensa a mediados del siglo pasado, para facilitar morada a los miembros del Ejército destacados en Gijón.

    En la actualidad, la ciudad sigue contando con un inmueble perteneciente al Ministerio de Defensa. Se trata de la antigua la residencia de oficiales Coronel Gallegos, ubicada en el barrio de El Coto y que ocupa la manzana limitada por las calles del General Suárez Valdés, Donoso Cortés, Usandizaga y Tirso de Molina. Está al lado de lo que en su momento fue el cuartel de El Coto y que en 1985 fue revertido al Ayuntamiento de Gijón, en cumplimiento de lo marcado dentro del Plan Meta (Modernización del Ejército de Tierra), que culminó con la construcción de un único acuartelamiento en La Belga (Siero) que aglutinó a los destacamentos de Gijón y Oviedo.

    Pero claro, la sobrevaloración brutal y los beneficios indecentes se llevan por delante cualquier otra consideración. Y encima lo atribuyen, con absoluto descaro, a la supuesta falta de suelo:

    La vivienda nueva ronda los 6.000 euros el metro cuadrado en La Arena

    Los precios se han disparado en los últimos años por la falta de suelo

    M. MENÉNDEZ/GIJÓN

    Todavía es muy pronto para saber a cuánto se podrán vender los pisos que Fresno construirá en el antiguo edificio de viviendas de los militares. Se trata de un lugar privilegiado, a escasa distancia del parque de Isabel la Católica, la playa de San Lorenzo, la plaza de toros y Los Campos.

    Conseguir una vivienda de nueva construcción en el barrio de La Arena es prácticamente imposible. La falta de suelo hace que en las escasas ocasiones en las que aparece una nueva promoción los precios se disparen. Según indicó José Manuel Balbuena, que tiene su agencia inmobiliaria en ese barrio, «el precio de un piso con garaje y trastero puede rondar tranquilamente los 6.000 euros el metro cuadrado. Si se trata sólo de la vivienda podemos estar hablando de unos 5.400 euros».

    El barrio de La Arena está geográficamente constreñido, con nula posibilidad de crecimiento, al tiempo que las edificaciones antiguas ya fueron derribadas. Esa conjunción hace que todos los precios se disparen. José Manuel Balbuena añade que «los precios de las plazas de garaje están por las nubes, pues oscilan entre 30.000 y 36.000 euros».

    Este es uno de los barrios que más padeció la gran subida de los precios de la vivienda de los últimos años: «También pasa con los pisos de segunda mano sin ascensor. Ese tipo de vivienda en 1993 costaba unos cinco millones y medio de las desaparecidas pesetas. Poco después subieron a nueve millones. Luego, a doce y medio, y ahora ya están entre 25 y 27 millones. Además, este tipo de vivienda se vende mucho, porque tiene mucho tirón entre los madrileños», apunta José Manuel Balbuena.

    Se mantiene

    A todo esto hay que añadir que estos precios prácticamente se mantienen inalterables a medida que el edificio está ubicado más lejos del centro neurálgico de La Arena, aunque, incluso, se pueda confundir con otro barrio. Es el caso de la calle de Ramón y Cajal, donde se alcanzan precios ostensiblemente superiores a los 4.000 euros por metro, para una vivienda sin garaje.

    Estas claves pueden dar una idea de los precios a los que se puedan vender los pisos que construya Fresno en la calle de Ezcurdia, aunque, por supuesto, todo es relativo, pues las calidades de los materiales que se utilicen en la construcción y la superficie que tengan las viviendas pueden hacer que se dispare cualquier previsión.

  3. Odian los árboles. Como Saruman, tienen «a mind of metal and wheels» y odian todo lo que tiene vida y crece. «La Columna» (antaño «Columna de Gijón»), El Comercio, jueves 15 de marzo de 2007:

    Árboles

    Andrea Rodríguez escribe a esta sección para criticar la forma en que los operarios municipales podan los árboles de la ciudad: «Desde hace unos meses he venido observando cómo llevaban a cabo los operarios de jardinería la poda de los árboles de Gijón. Es tristísimo observar cómo, en vez de podar, mutilan literalmente los árboles. En una ocasión pregunté a uno de estos operarios por la finalidad de llevar a cabo tan cruenta acción y tan sólo obtuve por respuesta un «hay que podar». ¿Hay que podar?, ¿se pude llamar podar a rebanar ramas de más de diez centímetros de diámetro? Yo no lo creo. ¿Acaso los árboles en la naturaleza se autopodan? ¿Acaso crecen con menos fuerza y son menos frondosos porque nadie los poda? Y para aquellos que son de la opinión de que hay que podar para evitar que entren bichos por las ventanas y de que quitan luz (verídico), decir que ya sabían a lo que se exponían al comprar un primero o un segundo. Por favor, observen la majestuosidad de las calles europeas o de Madrid mismo. Es un placer circular por esas vías con árboles llenos de vida, frondosos, que dan un aire de distinción, no molestan a nadie y hacen olvidar que se está en plena ciudad. Dejémonos de tonterías y caprichos tontos, por favor».

  4. La destrucción de los ríos en Asturias, oculto bajo términos como «saneamiento» o «encauzamiento», tiene otros aspectos inquietantes. Por ejemplo, el Piles en Gijón. El Comercio de hoy:

    Unas dudas razonables

    JOSÉ ANTONIO R. CANAL/

    EL 11 de julio de 2005, la Confederación Hidrográfica del Norte hacía pública la adjudicación a la empresa Vías y Construcciones, S. A., en 6.950.000 euros, de las obras de «restauración del cauce y márgenes del río Piles aguas arriba de la glorieta de La Guía». «La empresa adjudicataria», añadía la Confederación, «tendrá dos años para habilitar una senda fluvial de 19,3 kilómetros. De esta forma, Gijón dispondrá de una circunvalación peatonal partiendo de la desembocadura del río Piles en la playa de San Lorenzo y siguiendo el cauce aguas arriba hasta tomar la vía verde en La Camocha que llega a la zona Oeste de la ciudad. Esta segunda fase del parque fluvial del Piles remata la primera actuación realizada aguas abajo del puente de La Guía, y resuelve los problemas de capacidad hidráulica del río, recupera unas áreas fluviales para el ocio y habilita accesos al río Piles y a los arroyos de La Vega, Llantones, La Braña y Robledo entre La Camocha y la glorieta de La Guía en Gijón».

    Hoy, casi dos años después, todavía no han empezado las obras aguas abajo de la avenida de Albert Einstein. En La Guía, la empresa adjudicataria se ha limitado a añadir al cartel anunciador de los trabajos otro rótulo con un escueto «Vías» -resultado, se supone, de apocopar su razón social- como único texto.

    Entre la avenida de Albert Einstein y la glorieta de La Guía, la ribera derecha del Piles no tiene acceso público permanente y la izquierda está privatizada de hecho, lo que alienta dudas razonables sobre el futuro de las obras en ese tramo del río. Parece obvio que compete a la Confederación Hidrográfica despejar esas dudas.

  5. Carta al director en El Comercio de hoy.

    Nuevas alturas urbanas
    José María W. Gómez Claro/

    Resulta paradójico que en una ciudad donde los últimos años se originó un gran debate sobre las alturas de los edificios y al concejal de Urbanismo casi se le condena a galeras por pretender «un serruchazo», silenciosamente fueran apareciendo nuevas alturas urbanas como venganza anónima a la pretendida normativa de erradicar las barbaridades del pasado en el Muro y en otras medianeras esparcidas por la ciudad.

    Tenemos próximos en el tiempo -si alguien no lo remedia- las nuevas torres de la playa de vías y el hotel de los Masaveu, aparte de algunos hitos que se van a colocar a la entrada de la ciudad, como en Pumarín. Pero ahora quiero referirme a unas alturas menores, pero impactantes:

    En primer lugar, la más inmediata a inaugurar es el centro de talasoterapia. No puedo entender cómo se aceptó un diseño de esas proporciones impactantes en un entorno recuperado para el ocio de playa y tapando la vista a la fachada tradicional del Muelle desde Poniente.

    En segundo lugar, la cubierta de la pista de patinaje en el polígono de Moreda no me parece una solución correcta para el entorno. Se convierte en un mastodonte y todo para no tener al final realmente un pistódromo con gradas y servicios en condiciones. Esa pista podría haberse mantenido para entrenamientos -sino quitarla- y construir algo más sólido y completo en otra zona menos impactante.

    Si a lo anterior añadimos la proyectada estación intermodal que ocupará parte del parque de este barrio, se reduce este hermoso espacio verde a un patio con césped rodeado de ruidos y sombras.

    La verdad es que cuando ocurren cosas así -hay otras- uno se pregunta quién planifica las ciudades y qué criterios existen para cambiarlas al poco tiempo. Espacios libres siguen existiendo, otra cosa es su valor inmobiliario. Una pena. Saludos.

  6. «La Columna» (antaño «Columna de Gijón»), El Comercio:

    Veranes

    Daniel García se pone en contacto con La Columna para quejarse por la celebración de las prácticas de salvamento en Veranes: «Cuando veo a algunos partidos políticos proclamando la lucha por el medio ambiente me pregunto por qué han permitido poner la estación de salvamento en Veranes para que los bomberos y la Policía Local hagan sus prácticas. No saben el daño que están causando en esa zona, donde hay muchas ganaderías y árboles frutales. Todo lo que se genera baja a los prados y luego va a parar a los consumidores. Las manzanas, por ejemplo, quedan negras. ¿Eso es defensa del medio ambiente? Por favor, un poco de consideración».

  7. Carta al director en El Comercio de ayer.

    Reforma del parque de los Hermanos Castro
    Benito M. Traviesa Suárez/

    Como dicho tema no se me quita de la mente y no acabo de encontrarle explicación lógica alguna, además de sorprenderme de que otras instituciones defensoras del medio ambiente no hayan dicho nada al respecto, le envío, señor Director, un escueto comentario sobre la reforma del parque de los Hermanos Castro, antiguo parque Inglés. La pregunta sería: ¿a qué puede destinar el Ayuntamiento de Gijón un millón de euros (exactamente, 985.053,33) en la reforma del parque de los Hermanos Castro-parque Inglés en los tiempos actuales? Y las respuestas podrían ser, entre otras, las siguientes:

    a) A realizar un ‘aparcamiento encubierto’ -de 15.000 metros cuadrados- en beneficio de la Feria de Muestras, cuando haya eventos que lo justifiquen y/o de los visitantes a playas, etcétera.

    b) A la celebración (en dicha pista /aparcamiento) de todo tipo de espectáculos, a juicio del concejal de Festejos de turno.

    c) A reuniones de ‘botellón’ u otros chiringuitos, cuando no se den las actuaciones anteriores.

    Y todo ello, claro está, habiendo destruido 52.000 metros cuadrados de parque, en la zona más privilegiada de Gijón. ¿Ahí queda eso!, como diría un castizo, sin que resista la más mínima auditoría de una racional gestión de los fondos públicos.

    Añadimos una opción d). ¿Y si fuera (además de para que otra buena cantidad de dinero público vaya a parar a la caja B) para la «Semana Negra»? En El Comercio de hoy, una muestra de lo que están dispuestos a hacer por el engendro de Taibo II. «La Columna» (antaño «Columna de Gijón»):

    Semana Negra

    Verónica González se dirige a este espacio de opinión para quejarse por el cierre de tráfico causado por la Semana Negra: «Todavía quedan varios días para que se ponga en marcha este evento cultural y ya tenemos que sufrir los cortes de tráfico a la altura de El Molinón. Esta semana, para poder ir a Villaviciosa, tuve que ir por el Infanzón porque cuando llegué a la altura de El Molinón me encontré con que la carretera estaba cerrada al tráfico. No me parece lógico que 15 días antes de que se celebre este certamen ya se corte la circulación, esta zona está muy transitada y no es de recibo que tengamos que andar dando rodeos cuando todavía no se está celebrando la Semana Negra. Ya tenemos que aguantar bastante durante los 10 días que dura. Si tienen que cerrar para poder montar las carpas, a lo mejor convendría trasladar el festival a otra zona de la ciudad donde no cause tantas molestias».

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