
Está prohibido a cualquier mujer pretender acercarse al altar o asistir al sacerdote. (Decretales de Gregorio IX, cap. Inhibendum, 1 de cohab.)
«En definitiva, lo que la Trinidad escogiera para redimir nuestra culpa y enseñarnos a vivir para siempre, no vamos a cambiarlo ahora por capricho de mediocres en un sacerdocio de mujeres. Vaya enmienda más tonta. Estos viejos afanes por destruir la esencia del sacerdocio católico —Cristo hombre actuante en un sacerdote hombre— desvelan el porqué de que tantos curas progresistas, o paletos amantes de novedades, introdujeron la moda de las niñas monaguillas. Por lo mismo, también debería revisarse el exagerado protagonismo de la mujer en lugares antes reservados a solo sacerdotes, en especial ese su afán por ser “ministros” de la comunión.»
(de la web Conoceréis de Verdad)
Osoro politiqueando
Tras el asesinato por ETA de dos ecuatorianos en el reciente atentado de Barajas (el «accidente», según el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero), se han sucedido las habituales condenas, vacuas e inútiles, por parte de los políticos. Políticos entre los que tal vez tengamos que incluir a los actuales titulares de las diócesis españolas. Carlos Osoro Sierra es un destacado representante de esta clase de políticos eclesiásticos, a la altura de sus equivalentes seglares.
Véase si no esta foto en La Nueva España de 15 de enero de 2007. Osoro en afectuosa plática con unos políticos cuya hostilidad al magisterio de la Iglesia es patente, recibidos sin embargo en el templo mayor de la diócesis, y saludados –al gusto protestante– por el titular de la misma, revestido de ornamentos litúrgicos (feos, y verdes, por más señas: inapropiados para un funeral. Pero claro, los domingos no puede oficiarse funerales. ¿A qué, entonces, convocar en domingo esa misa? Confusión, desprecio por el día del Señor, desprecio por el Santo Sacrificio…). La parla antropocentrista y liberal-demócrata de Carlos Osoro Sierra poco se diferencia de la sus amigos del PPSOE; quienes por su parte, aun siendo laicistas militantes, se felicitan por estos actos pseudo religiosos (contrarios a las normas litúrgicas, al derecho canónico y a la más elemental decencia, y escándalo para los fieles):
Unidos en la Catedral contra el terror
El Arzobispo preside un funeral por los dos ecuatorianos asesinados por ETA al que asistieron dirigentes del PSOE y del PP
Oviedo, Ángel FIDALGO«El terrorismo utiliza perversamente al hombre al servicio de crueles e implacables intereses de conquista del poder político a toda costa». Así se pronunció ayer el arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, durante la homilía que pronunció en la misa que por la mañana ofició en la Catedral ovetense en memoria de los los dos ciudadanos ecuatorianos asesinados en el atentado cometido por la banda terrorista ETA el pasado 30 de diciembre en el aeropuerto de Madrid.
Carlos Osoro también señaló que los obispos españoles, en su último documento, rechazaron que una sociedad «libre y justa pueda reconocer ni explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población». El Arzobispo calificó el terrorismo de práctica «intrínsecamente perversa, incompatible con una visión moral de la vida justa y razonable». Al finalizar el acto religioso recibió numerosas felicitaciones por su homilía.
La misa en memoria de los dos ecuatorianos asesinados por ETA sirvió para unir a políticos del PSOE y del PP, lo que no lograron las manifestaciones convocadas en Madrid y Bilbao el pasado sábado. El delegado del Gobierno, Antonio Trevín, abogó con «esperanza e ilusión» para que el acto religioso de ayer sirviera para «unir» a todos los partidos políticos en contra de los violentos.
El presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, acusó a los populares de haber cometido «un gran error político» por no haberse sumado a las manifestaciones del pasado sábado. «Los ciudadanos notan que es una gran contradicción salir continuamente a la calle en manifestaciones contra la violencia y en el momento en que se reclama su presencia y se pone el lema que exigían, no acudir», criticó.El presidente del PP en Asturias, Ovidio Sánchez, dijo que su partido «seguirá luchando contra la lacra del terrorismo hasta el aniquilamiento de ETA».

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15 comentarios
Martes, 9 Enero 2007 a las 20:48
Tradición Astur digital publica un duro comentario sobre la política (nunca mejor dicho) diocesana:
http://es.groups.yahoo.com/group/tradicionastur/message/172
Materiales de reflexión
El pasado 3 de noviembre de 2006, el diario La Nueva España se hizo eco del documento titulado “Materiales de reflexión en torno a la reforma del Estatuto de Autonomía de Asturias”, documento supuestamente para uso interno (¿?) de la diócesis, publicado por el Departamento de Sociología, Estadística e Informática del Arzobispado de Oviedo, elaborado por su director y párroco de Santiago de Pruvia, José Ramón Álvarez Álvarez, y por José Manuel Parrilla Fernández, profesor de Sociología y de Doctrina Social de la Iglesia en el Seminario Diocesano. Ambos, supuestamente, sacerdotes.
El diario citado (que ha desplegado inusitado celo en la difusión del tal documento, según se dice entregado por el entorno de sus dos elaboradores) titulaba significativamente: “La Iglesia toma partido por el Estatuto”, y acompañaba una foto del titular de la archidiócesis, Carlos Osoro Sierra, con el presidente del gobierno autónomo, Vicente Álvarez Areces; ambos abrazados y sonrientes. En la segunda página del amplio reportaje, las fotos de los autores, mal vestidos de paisano como siempre van, y destacando esta frase del informe: “La unidad de España no se debe sacralizar ni confundir con el bien moral”.
En realidad el informe o documento en cuestión puede leerse (como suele ocurrir con los escritos de Parrilla y Álvarez) como una enumeración de las exigencias actuales de Izquierda Unida/Bloque por Asturias. Completamente al margen de la doctrina de la Iglesia, completamente al margen de cualquier preocupación cristiana. Completamente inútil para cualquier labor diocesana. Lo que pretende, evidentemente, es otra cosa.
El 16 de noviembre, el veterano periodista Eugenio de Rioja publicaba en el mismo diario La Nueva España un artículo que puede suscribirse casi por entero:
El 20 de noviembre, los autores del documento de marras replicaban en La Nueva España a Eugenio de Rioja. Los curas sociólogos usaban una agresividad, una falta de caridad tan completa, un tono tan insultante en su artículo “La Iglesia y los tiempos del señor Rioja” (en el que de paso exhibían su dependencia de los tópicos y lemas de la más rancia izquierda), que sorprende tanto su publicación como la falta de rectificación por parte de una curia diocesana que, empezando por su jefe titular y su auxiliar, se esconden y dejan hacer a lo peor de su clero.
Eso es, precisamente, lo que nos mueve a ocuparnos del asunto más de dos meses después de la “filtración” del documento de los curas sociólogos Parrilla y Álvarez. Quienes han seguido sosteniéndola y no enmendándola, con desafío y chulería, y absoluto desprecio para cualquier consideración eclesiástica o evangélica. Véase, por ejemplo, la entrevista a José Manuel Álvarez en el periódico digital El Tapín de Llanera.
Como católicos y como regionalistas, sostenedores del primer asturianismo político de la historia, desde el Círculo Cultural Juan Vázquez de Mella expresamos nuestro completo rechazo a los “Materiales de reflexión” de los sociólogos diocesanos, así como a la labor de zapa contra la Iglesia y contra Asturias, y en pro de la izquierda anticristiana, antiespañola y antiasturiana, que estos representantes del extraviado clero postconciliar llevan a cabo, amparados por una estructura eclesiástica cada vez más perdida y más vacía.
Círculo Cultural “Juan Vázquez de Mella” de Asturias
http://carlismo.es/circulomella
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Mas toda la atención de don Carlos Osoro parece estar en el sínodo diocesano que ha convocado. Tal vez por nostalgia de aquel otro sínodo santanderino, cuando Osoro dirigía el seminario de la diócesis vecina para el obispo Juan Antonio del Val Gallo, de infausta memoria. Tanto en la dirección del seminario como en la moderación de las sesiones sinodales, Carlos Osoro Sierra colaboró con su discreta eficacia habitual en eliminar de Santander los molestos vestigios del viejo catolicismo. Aggiornamento e silenzio…
Lunes, 15 Enero 2007 a las 13:27
El abandono del campo por parte de la diócesis continúa. La venta de patrimonio servirá para consolidar su presencia urbana, que se ha revelado inútil en lo que no sea contribuir al feísmo arquitectónico y a la confusión doctrinal y moral. El Comercio de hoy:
Lunes, 15 Enero 2007 a las 14:11
Carta al director de La Nueva España de hoy. Debe destacarse tanto el hecho de que la incuria, pereza y escandalosa dejación de funciones del clero de esta diócesis haya impedido enterrar en sagrado a la madre del autor, como que éste, víctima de treinta años de abusos y disparates, crea que hay que decir homilía o sermón en la misa de funeral, cuando precisamente en éstas no debe hacerse. Un funeral se ofrece a Dios por el alma del difunto, y no se dedica a exaltar a éste ni a consolar a sus familiares. Pero la Iglesia del Vaticano II lleva mucho tiempo practicando y enseñando lo contrario, al uso protestante. En cualquier caso, es representativo del desprecio por los fieles (por no hablar del desprecio por la misa y por la doctrina católica sobre la misma, manifiesto en ese hábito de ofrecerla, supuestamente, por dos difuntos distintos, y por su forma de celebrarla, que hace dudar sobremanera hasta de su validez) que tiene este clero que se llena la boca con la «participación» de los mismos:
Lunes, 22 Enero 2007 a las 19:21
La Nueva España de Gijón concede columna habitual a los párrocos José Luis Martínez, jubilado de San José, y José María Díaz Bardales, de Nuestra Señora de Fátima en La Calzada. Ambos son representativos del clero gijónes y de la diócesis de Oviedo: orgullosamente mal vestidos de paisano, se permiten (caso de Díaz Bardales) burlarse por escrito de los sacerdotes que se vistan de tales; no sólo de la sotana (en lo cual les reiría la gracia Raúl Berzosa, presunto obispo auxiliar), sino hasta del protestante alzacuellos. Ambos venden rancio progresismo estilo década de los setenta, y van de críticos, aunque están a partir un piñón con la izquierda que lleva treinta años en el poder. Ambos venden una concepción radicalmente materialista de un «cristianismo» que ignora las enseñanzas de Jesucristo y de su Iglesia. Ambos enseñan desde su propia cátedra, contra la doctrina de la Iglesia. Para muestra, un repugnante botón: el párrafo final de «Buena noticia» de José Luis Martínez, publicado el 20 de enero de 2007. Además de exhibir su ignorancia escriturística, teológica e histórica, como en ellos es costumbre, termina diciendo:
Con eso José Luis Martínez demuestra (por si aún hiciera falta) que está fuera de la Iglesia (que es Una, Santa, Católica y Apostólica, como se reza en el Credo). Las consecuencias son extremadamente graves. Los fieles, en Gijón, en Asturias, están recibiendo enseñanzas heréticas y no están recibiendo sacramentos, ni beneficiándose del fruto de misas seguramente inválidas. ¿Hará algo Osoro? Lo mismo que su predecesor Díaz Merchán: otorgar.
Miércoles, 24 Enero 2007 a las 9:08
Va de entierros e incuria clerical. Si hace nueve días recogíamos una queja, hoy en El Comercio aparece otra. Cuando los ayuntamientos socialistas secularizaron los cementerios y mezclaron el civil con el religioso, anulando éste, la diócesis no dijo ni pío y algunos presbíteros aplaudieron. Con la confusión doctrinal de nuestros días, muchos han olvidado lo grave que es para un cristiano no ser enterrado en sagrado. (Qué más da, si este clero hasta condona y estimula la práctica pagana de la incineración). Pues resulta que estos curas no están ni para bendecir el nicho con sus nuevos rituales de pacotilla. Lean:
Sábado, 17 Febrero 2007 a las 22:11
Carta al director de La Nueva España de Gijón, miércoles 14 de febrero de 2007.
Sábado, 3 Marzo 2007 a las 22:37
Líbrenos Dios de simpatizar con «cristianos de base». Pero como son de la misma madera que Díaz Bardales, la cuña es buena. Carta al director en El Comercio de hoy:
Lunes, 20 Abril 2009 a las 23:47
Carlos Osoro Sierra se ha ido. ¡Pobre Valencia! Pero, ya saben: enemigo que huye, puente de plata. Aunque, por seguir con los refranes: detrás vendrá quien bueno me hará.
Queda como administrador diocesano el Obispo auxiliar, Raúl Berzosa. De su nulo sentido litúrgico y su pésima formación teológica, no cabe esperar mucho. Pero siempre cabe esperar milagros de Dios Nuestro Señor. Que la Santísima Virgen de Covadonga, por su mediación, nos los obtenga.
Domingo, 7 Junio 2009 a las 23:55
Vuelve Díaz Bardales. Además de en esta página, en varias entradas más de Voluntad hemos tenido que ocuparnos del párroco apóstata de Nuestra Señora de Fátima en La Calzada (usen el buscador). Desafiante predicador de chigre, La Nueva España le sigue brindando sus páginas para que se cisque en las enseñanzas y los preceptos de la Iglesia, a sabiendas de que el Administrador Diocesano, Raúl Berzosa, hará lo mismo que hicieron Osoro y Díaz Merchán: callarse y dejarle seguir llevando almas al Infierno, en lo cual se convierten en cooperadores necesarios.
Veámos la penúltima de este sujeto. Títulos y primeros párrafos ya de demagogia barata, muy en su estilo:
«Euskadi». Ahí empieza a sacar la patita el admirador de Setién, de Uriarte, de Pagola, que además de herejes son seguidores del criminal nacionalismo vasco.
De los géneros de música nos ocupamos a continuación:
«Alguno dice que está prohibido», y a mí qué me importa, viene a decir Díaz Bardales. ¿A él qué le importa lo que la Iglesia enseña y manda? ¿Qué le importa Roma, qué le importa el Papa, Vicario de Cristo? (¿Qué le importa Nuestro Señor Jesucristo, Dios, en Quien no cree?). Pues está prohibido. Siempre lo ha estado, y lo sigue estando, por muy buenas razones. Congregación para el Culto Divino, Conciertos en las Iglesias, Roma, 5 de noviembre de 1987:
«Las iglesias, por lo tanto, no pueden ser consideradas simplemente como lugares “públicos”, disponibles para cualquier tipo de reuniones. Son lugares sagrados, es decir “separados”, destinados con carácter permanente al culto de Dios, desde el momento de la dedicación o de la bendición.»
«Como edificios visibles, las iglesias son signos de la Iglesia peregrina en la tierra; imágenes que anuncian la Jerusalén celestial; lugares en los cuales se actualiza, ya desde ahora, el misterio de la comunión entre Dios y los hombres. Tanto en las ciudades como en los pueblos, la iglesia es también la casa de Dios, es decir, el signo de su permanencia entre los hombres. La iglesia continúa siendo un lugar sagrado, incluso cuando no tiene lugar una celebración litúrgica. En una sociedad como la nuestra, de agitación y ruido, sobre todo en las grandes ciudades, las iglesias son también lugares adecuados en los cuales los hombres pueden alcanzar, en el silencio o en la plegaria, la paz del espíritu o la luz de la fe. Todo eso solamente podrá seguir siendo posible si las iglesias conservan su propia identidad. Cuando las iglesias se utilizan para otras finalidades distintas de la propia, se pone en peligro su característica de signo del misterio cristiano, con consecuencias negativas, más o menos graves, para la pedagogía de la fe y a la sensibilidad del pueblo de Dios, tal como recuerda la palabra del Señor: “Mi casa es casa de oración” (Lc 19, 46).»
«La norma para el uso de las iglesias está determinada por el canon 1210 del Código de Derecho Canónico: «”En un lugar sagrado sólo puede admitirse aquello que favorece el ejercicio y el fomento del culto, de la piedad y de la religión, y se prohíbe lo que no esté en consonancia con la santidad del lugar“.»
«El principio de que el uso de la iglesia no debe ser contrario a la santidad del lugar, determina el criterio según el cual se puede abrir la puerta de la iglesia a un concierto de música sagrada o religiosa, y se debe cerrarla a cualquier otra especie de música. La mejor y más bella música sinfónica, por ejemplo, no es de por si música religiosa. Tal calificación ha de resultar explícitamente de la finalidad original de las piezas musicales, de los cantos y de su contenido. No es legítimo programar en una iglesia la interpretación de una música que no es de inspiración religiosa, y que ha sido compuesta para ser interpretada en contextos profanos determinados, ya se trate de música clásica, ya de música contemporánea, de alto nivel o de carácter popular: este tipo de música no estaría de acuerdo con el carácter sagrado de la Iglesia, ni tampoco con la misma obra musical, que se hallaría interpretada en un contexto que no le es connatural.»
Claro, y la «clase» de Díaz Bardales es la más baja. «Gijón del alma» es una canción horriblemente cursi y fea, un verdadero insulto a esta villa. En un templo, como enseña la Iglesia, es además una profanación. (Por cierto: ¿se habrá peleado el predicador de chigre con su amigo el futbolero Fueyo, párroco de San Nicolás de Bari en El Coto? Porque Díaz Bardales lleva semanas queriendo distanciarse, en plan demagógico como siempre, del fútbol asociación).
Como párroco tiene la obligación de conocer esto y atenerse a ello. Claro que lleva décadas sin atenerse a las más elementales obligaciones del cristiano. Por si acaso, le dejamos aquí enlace a la versión española del documento: http://www.musicaliturgica.com/assets/plugindata/poolc/Conciertos%20en%20las%20Iglesias%20%20Normas.pdf
De nuevo, ¿qué importan las enseñanzas de la Iglesia, verdad, Díaz Bardales? «Socialismo religioso, socialismo cristiano, implican términos contradictorios: nadie puede ser a la vez buen católico y verdadero socialista» (Pío XI, encíclica Quadragesimo anno).
Dejamos el resto del ridículo artículo. Hoy, primer domingo después de Pentecostés, fiesta de la Santísima Trinidad, no nos apetece hacer más sangre. Ni siquiera de herejes.
Jueves, 11 Junio 2009 a las 8:57
Apuntábamos en ocasión no lejana que entre el clero «en ejercicio» de Gijón hay un católico, quizá dos. Tomando como muestra esto de los conciertos profanos y profanadores en los templos, hoy, día del Corpus Christi, viene a darnos la razón, involuntariamente sin duda, La Nueva España. Primero, bajo la batuta del inefable Monseñor Gómez Cuesta:
Pero también en Cabueñes, parroquia que por lo que se ve no tiene bastante con el acoso constructor municipal, ahora redoblado:
La Iglesia lo prohíbe, los eclesiásticos modernistas lo promueven. «Solidaridad» con Díaz Bardales. Cristo y su Vicario, la sacralidad, el decoro de la Casa de Dios, ¿a quién le importan?
Jueves, 5 Noviembre 2009 a las 23:11
No tenemos una gran opinión de Raúl Berzosa, como puede confirmarse simplemente con mirar más arriba en esta misma página. Pero acaba de hacer algo desusado en estos tiempos: recordar la doctrina de la Iglesia en materia de enterramientos, que está siendo sistemáticamente violada. La Nueva España (que podía habernos ahorrado los mostrencos titulares):
Vamos a ver. El Administrador Apostólico de esta diócesis no «rechaza», ni se trata de que «no esté a favor», ni «argumenta». La doctrina de la Iglesia, invariable desde los Apóstoles –recuérdese que entre paganos la incineración de los cadáveres era cosa corriente– condena la cremación. Con arreglo al Código de Derecho Canónico de 1917 (que recoge esa doctrina invariable), quienes disponen que su cuerpo sea incinerado no pueden ser enterrados en sagrado ni recibir exequias públicas: a todos los efectos, se les trata como a excomulgados. En la época contemporánea, la cremación de cadáveres ha sido promovida por la masonería, en su papel de anti iglesia.
Raúl Berzosa sigue sorprendiéndonos, para bien:
Pero ya no hace falta la masonería. Bastan los párrocos que padecemos, coro de herejes y ateos, que no cesan de babear contra la doctrina de la Iglesia. Los nombres son ya conocidos. Y la periodista Murias haría bien en enterarse de que estos curas apaisanados no «representan a la Iglesia católica»: sólo se representan a sí mismos.
¿Y a quién le importa lo que opine Antonio Domínguez? ¿Para cuándo la suspensión a divinis de sujetos como este? Lo que importa es lo que la Iglesia enseña. Iglesia de la que cobra este sinvergüenza. Pero los hay aún más sinvergüenzas:
«La resurrección no es una cuestión del cuerpo, es una cuestión del alma», dice el hereje bocazas. ¿Le sonará el Credo? «Creo en la resurrección de la carne». Sin duda Díaz Bardales no cree en Dios. ¿Para cuándo su suspensión a divinis? Mejor su excomunión, ciertamente, para oficializar lo ya evidente: José María Díaz Bardales no pertenece a la Iglesia. No hay que preocuparse por él: cuando deje de cobrar de la diócesis, podrá hacer un consultorio sentimental en Público. «Me parece muy bonito cuando se lanzan unas cenizas al mar o en un lugar especial para la persona fallecida», dice el predicador de chigre. ¡Hay que amolarse!
«Yo no soy partidario», «no me gusta», dice Gómez Cuesta. Claro, claro. Todo es opinable. Oiga, y de la Santísima Trinidad, ¿es usted «partidario»? Y la inerrancia de la Iglesia, ¿le «gusta» o no le «gusta»?
Pues claro. Ya era hora.
«No respeto la doctrina de la Iglesia, y me pitorreo de mi Obispo», dice Díaz Bardales. Repetimos: ¿para cuándo la suspensión a divinis?
O sea: «Soy más del Oviedo, pero no me disgusta el Sporting». ¡Ah, la Iglesia docente!
¿«La mayoría de párrocos asturianos» se opone a la doctrina de la Iglesia, señora o señorita Murias? Seguramente sí: pero usted no lo sabe. ¿O ha llevado a cabo una encuesta exhaustiva, detallada y completa? Un poco más de vergüenza, por favor.
Pues que la condene. Y que condene a los descarriados curas con los que ha hablado la periodista. Que se ganen la vida con otra cosa, aunque sean sacerdotes in aeternum: hace mucho que lo olvidaron. Ya se lo recordarán el día del Juicio.
Jueves, 5 Noviembre 2009 a las 23:46
Bueno, bueno… si las noticias son ciertas, habrá que concluir razonablemente que la mayoría del clero diocesano de Oviedo adolece de gnosticismo con respecto a la cristiana sepultura — muy preocupante. ¿Qué diría S. Ireneo, con su célebre “Adversus haereses”, a todo esto? El alma humana inmortal (y creada directamente por Dios) es forma sustancial del cuerpo humano (concilio de Vienne, 1312), por lo que el ser humano es un ser de alma y cuerpo uno, que con ocasión de la muerte, se separan: el “yo alma” recibe su jucio particular mientras el “yo cuerpo” aguarda la resurrección del último día (Parusía), cuando se vuelva a unir a su alma. En católico, no creemos en la “resurrección del alma” (como dicen los herejes), por la sencilla razón de que el alma es inmortal; los católicos creemos en la “resurrección de la carne” o “del cuerpo”, que por eso mismo es piadosamente sepultado, esperando la resurrección. Tristemente se comprueba una notoria falta de formación teológica en muchos sacerdotes…
Viernes, 6 Noviembre 2009 a las 14:55
La última de Díaz Bardales es sin duda una de las barbaridades más sonadas, y mira que las ha tenido, de este predicador de sidrería. Lo que dice de la resurrección es la prueba más clara de la herética empanada mental que arrastra este señor. Y lo de que le parece “muy bonito cuando se lanzan unas cenizas al mar o en un lugar especial para la persona fallecida”, aparte de no tener nada que ver con la doctrina ni la tradición católica, y de resultar por tanto otra “boutade” en boca de un sacerdote, es además una muestra de cretinez y cursilería total.
En cuanto al monseñor, como siempre, tratando de nadar y guardar la ropa (en este caso la ropa sucia de su inquebrantable amistad con Díaz Bardales). No sé si éste será incluso más peligroso, porque parece que sabe dónde está la verdad, pero es capaz de negociar y trapichear con ella por intereses espurios. Como bien dijo Romanones: ¡joder, qué tropa!
Sábado, 7 Noviembre 2009 a las 17:18
Nos daba pereza acotar el artículo que Monseñor Javier Gómez Cuesta perpetraba ayer en La Nueva España; pero vamos a hacerlo, a petición de un lector de Voluntad. (De la porquería con ánimo graciosete que sobre las incineraciones publica hoy un tal Marcelino M. González, quién sabe si bajo el efecto de ciertas sustancias, no vamos a ocuparnos, porque no está bien ensañarse con aquellos cuya inteligencia es inferior a la normal y cuya ignorancia les mueve a impudicia; aunque, si persiste en esa línea, tal vez le inviten a las comidas semanales de Gómez Cuesta, Díaz Bardales, Martínez y Cía., preludio del crematorio eterno que les aguarda, si no se enmiendan). Tampoco vamos a seguir con la ignara periodista Murias, que como fuente de autoridad recurre al heresiarca, krausista y pro masónico Enrique Menéndez (no Méndez) Ureña, aparte de dar voz a los desvergonzados y codiciosos empresarios de pompas fúnebres.
Monseñor Gómez Cuesta, quien siempre creyó que iba para obispo, le enmienda la plana al Obispo auxiliar y Administrador Apostólico de esta diócesis, Raúl Berzosa. Le contradice abierta y públicamente. Pero además, lo hace para halagar la opinión de los anticatólicos a los que Gómez Cuesta tanto quiere: su artículo es un cúmulo de medias verdades, grandes mentiras y herejías flagrantes. Comentamos sólo unas pocas.
La «devoción popular a las benditas ánimas del purgatorio» es fruto de la enseñanza inmutable de la Iglesia. Los «cánticos más bien lúgubres», la música litúrgica de la Iglesia. Que no guitarrea con malas imitaciones de los Beatles cuando uno de sus hijos muere.
Acabáramos. Formgeschichte protestante alemana, esa que acabó con cualquier atisbo de creencia sobrenatural en el mundo luterano, y que los modernistas –la cloaca de todas las herejías, como los calificó el Papa San Pío X– intentaron introducir en la Iglesia Católica.
La «reforma litúrgica tridentina», promulgada por el Papa San Pío V (seguro que Gómez Cuesta le ha quitado el San no por casualidad) no es más que la canonización, la normalización del Rito Romano. No introduce novedades.
Qué raro: invocando el V-II para lo que no dice, retorciendo un poquito lo que dice. Sustancialmente, la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del mismo manda conservar la liturgia romana de siempre. La «inculturación» que aquí sugiere Gómez Cuesta es, además de probadamente desastrosa, irrelevante entre nosotros, romanos de cultura y de liturgia.
En cuanto al «carácter pascual», nuevamente rozamos la herejía: al dolor natural por la muerte de un ser querido –Nuestro Señor Jesucristo llora por la muerte de su amigo Lázaro– se une la no certeza de su salvación. Son muchos los que se condenan, y muchos también los que van al Purgatorio a purificarse mediante el sufrimiento. Los ornamentos negros y el canto del Dies irae son, pues, lo más adecuado; además de lo que la Iglesia ha hecho siempre.
Ya. Por eso usa Gómez Cuesta ornamentos morados, que son de penitencia, no de funeral. Ni blanco, ni negro. Ay de vosotros los tibios, porque os vomitaré de mi boca, dice Nuestro Señor.
Esto es, sencillamente, falso. Eso lo hacían los paganos, no los cristianos, que desde el principio honran los cuerpos de los mártires (desde tiempos apostólicos: véase el caso de San Esteban protomártir, víctima de los judíos) y los de todos los cristianos fallecidos, cuyos cuerpos han sido templos del Espíritu Santo, y habrán de resucitar el último día.
De nuevo la herejía de Gómez Cuesta: los cristianos celebraban el Santo Sacrificio de la Misa, no un «banquete eucarístico». El dogmático Concilio de Trento lo explica muy bien, y anatematiza a quien sostenga lo contrario.
Exacto: lo que ha enseñado siempre la Iglesia, y ha recordado Raúl Berzosa, a quienes (Iglesia y Obispo) Gómez Cuesta osa contradecir.
¡Ajá! Los paganos hindúes, que detestan el cuerpo y creen en la transmigración de las almas: no puede aducirse un ejemplo más perfectamente anticristiano. El hereje Gómez Cuesta ve en sus bárbaros ritos «purificación». (Interesante, por cierto, que cite a la dirigente de un régimen radicalmente anticatólico; se ve que su colegueo con Mapi y la izquierda plural municipal tiene hondas raíces).
Es decir: como en el Código de Derecho Canónico de 1983 (que los Gómez Cuesta y Díaz Bardales violan constantemente) se suprimen las penas, ignoremos lo que aconseja y lo que enseña la Iglesia: para ellos, mientras no les castiguen y les quiten sueldo y micrófono, la Iglesia es sólo objeto de rechifla.
No hay más Iglesia que la Romana, Una, Santa, Católica y Apostólica, como se supone que Gómez Cuesta reza en el Credo. Lo que el llama «iglesias cristianas del norte de Europa» no son más que sectas protestantes, sostenidas por el dinero del Estado y sin ninguna creencia trascendente desde que entre ellos triunfó la Formgeschichte a la que aludíamos más arriba.
Bla, bla, bla. Los obispos canadienses… Ah, sí, los que financian a organizaciones abortistas con el dinero de los fieles.
Así que no ha visto la enseñanza constante de la Iglesia durante veinte siglos. Y lo que su Obispo dice, para Gómez Cuesta no vale nada en términos de «disciplina de la Iglesia».
Bla, bla, bla, nada de nada. ¿Para cuándo la suspensión a divinis de Javier Gómez Cuesta? Ya le dará un puestín el Ayuntamiento: quizá encargado de «bautismos» y «bodas» civiles, y rituales de enterramiento masónicos.
Lunes, 9 Noviembre 2009 a las 23:36
Desde luego, disparate tras diparate, qué pena da el que, supuestamente, la “mayoría” del clero asturiano vea con buenos ojos la incineración. Es tremendo como desolador. Ven con “buenos ojos”, digo, pero NO con los ojos de la fe católica. Por lo visto, pues, el Credo apostólico no parece calar en el corazón aquello de “carnis resurrectionem”. Y alguno hasta habla de “resurrección del alma”… Pero bueno, ¿sabrá lo que la Iglesia entiende por alma? El alma humana es la dimensión espiritual de la persona que, unida sustancialmente al cuerpo material, hace que el alma forme al cuerpo de tal manera que el tal cuerpo sea “humano” y no un cuerpo animal. Entonces si el hombre es un ser personal irrepetible, de unión sustancial de alma y cuerpo, la muerte, consecuencia del pecado original (que es de suponer tampoco crean) desgarra al hombre de tal manera que se separa el alma del cuerpo; el “yo alma” va a su juicio particular (“Dies irae”), mientras el “yo cuerpo” es sepultado cristianamente (no como los paganos, esparciendo las cenizas por doquier), aguardando la resurrección de la carne en el último día que será de juicio universal (“Rex tremendae maiestatis”). Para “entonces” los cuerpos sepultados (aunque sean cenizas ya) se vuelven a unir a sus respectivas almas, para que cada uno de nosotros experimente, o una “resurreción para la vida eterna” o una “resurrección de muerte eterna”, ¡líbrenos el Señor! Pero claro, si los herejes gnósticos “simpáticos” y “solidarios” salen en la prensa para decir las barbaridades que dicen, además de desorientar a los pocos fieles católicos que hayan sobrevivido su “pastoral”, desde luego la autoridad apostólica de la Iglesia debería pronunciarse con más diligencia (cuanto menos). Creer en la Resurrección del Señor, como modelo de nuestra propia resurrección, para el “cristiano” secularizado de hoy, es lo más difícil; pero si por pura gracia de Dios (que NO por una pastoral progre, ciertamente) se cree en la resurrección, créase como lo cree la Madre Iglesia que también es Maestra en la fe apostólica y católica. De lo contrario, más que iluminar las realidades últimas, para vivir más cristianamente las realidades penúltimas, oscurecen la genuina esperanza en Cristo que tenemos los que, con corazón levantado y agradecido, somos católicos…