No queremos dejar que se vaya julio (mes que, aunque la modernista clerigalla gijonesa no lo sepa, está dedicado a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo) sin añadir algún comentario de Voluntad a los muchos que ha suscitado el discurso de toma de posesión de Francisco Álvarez-Cascos Fernández como presidente de la comunidad autónoma que suplanta institucionalmente a nuestra región, el pasado día dieciséis. Sobre la composición de su gobierno no juzgaremos todavía, dado que entre sus miembros hay alguno en principio no enteramente impresentable, lo cual es novedad. Sobre sus palabras y, sobre todo, sobre sus citas mucho se ha escrito y declarado estos días. Casi todo deleznable, como corresponde a la casta que en Asturias domina la política y los medios.
Los lectores habituales de Voluntad ya conocen nuestra nada amable opinión de los colaboradores de La Nueva España, especialmente de los de su edición gijonesa. Una excepción es Ceferino Menéndez Buelga, cuyos artículos, además de bien escritos, se alejan de la banalidad al uso. Este es el que el 20 de julio dedicaba a las palabras de Álvarez-Cascos:
Sin la venia
Regionalismo regeneracionista
Sobre los ejes del aparato ideológico de FAC y Álvarez-CascosAunque pueda parecer lo contrario, ni es un trabalenguas ni pretende serlo. Para los analistas ávidos de etiquetas bien podría ser la que encabeza la fórmula que defina ideológicamente a Foro Asturias. Y es que, sin perjuicio del ejercicio de transversalidad política que tan buenos rendimientos electorales le ha deparado, ése ha sido el hilo conductor en los discursos del ya presidente del Principado, desde el fundacional pronunciado el 2 de enero en el hotel Regente, hasta el de su toma de posesión del pasado sábado.
De las muchas referencias habituales a asturianos ilustres, dos han terminado por convertirse en el leitmotiv nada casual de sus intervenciones: Jovellanos y el Melquíades Álvarez del Partido Reformista. Nada casual en cuanto que ambos son elementos clave, cada uno a su manera, de los dos momentos en los que el regeneracionismo asume un innegable protagonismo en la vida política española: las Cortes de Cádiz y la Restauración. Como no es casual que los dos sean momentos de grave crisis institucional, motivado el primero por la invasión napoleónica y el asalto al Antiguo Régimen y el segundo por la decadencia de régimen ideado por Cánovas. Y sin que tampoco sea casual que ese protagonismo se despliegue en ambos casos a caballo entre el fin de un siglo y el comienzo de otro.
A nadie escapará la enorme carga simbólica que, desde el actual momento de crisis de esta Segundo Restauración, a principios del siglo XXI, implica tomar como referencia ideológica la doctrina política enarbolada por Melquíades Álvarez a principios del XX en plena zozobra de la I Restauración.
Sea como fuere, el propio Cascos dejó, a mi entender, sobradamente clara esa inspiración regeneracionista en este fragmento clave de su intervención: «Decía Ortega y Gasset, militante del partido de Melquíades Álvarez, que el problema que tenían los reformistas españoles es que ellos eran una generación sin maestros. Nosotros afortunadamente no, sabemos de donde venimos, tenemos espejos donde mirarnos, amamos nuestro pasado y queremos continuar la noble tarea histórica de hacer una Asturias mejor, más culta, más ilustrada, más justa y más próspera, donde no quepan ni la indignación, ni la marginalidad, ni la exclusión. Queremos, y lo decimos bien alto en esta noble Junta General del Principado, sentirnos orgullosos de ser asturianos».
En cuanto al regionalismo, invocaba Álvarez-Cascos, en su discurso del pasado sábado, «un aliento histórico regional muy fuerte que se remonta hasta Jovellanos», que «viene avalado por la peculiaridad histórica, geográfica, administrativa, cultural y lingüística de nuestra región» y que, partiendo de una concepción integral, fue dotándose de un matiz más económico, al que se sumó, entre otros, «el propio Melquíades Álvarez, que había fundado el Partido Reformista gracias al apoyo de algunos importantes empresarios e indianos asturianos, y que siempre puso su organización en defensa de los intereses económicos y políticos de Asturias».
Jovellanos y el Melquíades Álvarez del Partido Reformista, pues, como ejes de un aparato ideológico cuyo desarrollo deberá Foro Asturias afrontar, en un reto que evoca al asumido por Adolfo Suárez con UCD, desde el ejercicio del poder, circunstancia que, obvio es decirlo, comporta ventajas e inconvenientes de cuyo balance final dependerá, en gran medida, la viabilidad de FAC como proyecto político a medio y largo plazo.
Prueba de la inteligencia del articulista es que, de los precedentes citados por el flamante presidente autonómico, no se fija en el más llamativo, contra lo que han hecho casi todos los demás comentadores: no se fija en el creador del regionalismo político asturiano, el carlista Juan Vázquez de Mella y Fanjul, con quien Francisco Álvarez-Cascos –como ya en su día destacamos en Voluntad– no tiene nada que ver, por más que se empeñe.
Pero lo mismo puede aplicarse a Jovellanos, tanto por encontrarse el ingeniero madrileño en sus antípodas, como por el empeño que pone en reivindicarlo, convenientemente falseado. Nada original en esto: su antecesor en el gobierno autónomo, Vicente Alberto Álvarez Areces, ya lo hacía al comienzo de su destructiva etapa como alcalde de Gijón. Antes aún, hace casi treinta años, el entonces senador de Alianza Popular ya estaba en esas. Curiosamente, fue un senador socialista quien le replicó, adecuadamente, que Gaspar Melchor de Jovellanos pertenece al pensamiento reaccionario español, no al liberal.
En un texto tan bien trabajado como el reproducido arriba, no puede reprocharse a don Ceferino Menéndez que busque la simetría, que es artificio de belleza. Pero resulta forzado calificar de «regeneracionismo» el propósito de las falsas Cortes de Cádiz (cuya ilegal convocatoria censuró Jovellanos, quien luego se sentó con los antiliberales, junto a Inguanzo y a Cañedo).
Forzado es también calificar de regionalista a Melquíades Álvarez (aunque en esto no cae nuestro articulista). Brillante orador y gran oportunista, se integró, como tantos otros republicanos, en el sistema caciquil de la llamada Restauración. Su asturianismo era inexistente. Solamente acertamos a recordar dos cosas buenas de Melquíades: que era amigo personal (aunque enemigo político) de Vázquez de Mella; y que en 1936 tuvo una muerte casi martirial (él, impío notorio), brutalmente asesinado a bayonetazos por los socialistas (él, republicano notorio) en una saca de la Cárcel Modelo.
Más reveladora de lo que Álvarez-Cascos quisiera es su cita de José Ortega y Gasset. Porque el legado de éste, su obra toda, puede resumirse en tres palabras: superficialidad, pretenciosidad, vacuidad. En esto sí que ha resultado buen discípulo el nuevo presidente autonómico. Que llame al ridículo Parlamentín ovetense «esta noble Junta General del Principado» lo demuestra.
En fin, y por el bien de Asturias, le deseamos al FAC una «viabilidad … como proyecto político a medio y largo plazo» similar a la que tuvo la UCD de Adolfo Suárez. Comparado con éste, con lo que encontró y con lo que dejó, José Luis Rodríguez Zapatero resulta un regeneracionista.
Terminó una edición más de la vergonzosa «Semana Negra», y otro Francisco, Paco Ignacio Taibo II, anda en todos los papeles amenazando con que no vuelve a celebrarse en Gijón. Las Juventudes Socialistas, alarmadas, advierten contra la pérdida de una «seña de identidad». El nuevo concejal de la cosa, Carlos Rubiera (de cuya interesantísima historia hablaremos otro día) parece darles la razón, al igual que la nueva alcaldesa, Carmen Moriyón.
En Voluntad recordamos el viejo dicho: A enemigo que huye, puente de plata. Sería una excelente noticia que se marchase esa «seña de identidad» de ruido, suciedad, blasfemia, delincuencia, exaltación de terroristas, competencia desleal, «mordidas», intoxicaciones «de origen desconocido» colapsando los servicios de urgencias, exhibiciones de mala educación de Taibo, y despilfarro extraordinario de fondos públicos.



Una noticia más acerca del ambiente delicuencial de la «Semana Negra». Voluntad no las ha reunido todas, ni mucho menos: pero varias más, de otros años, se encontrarán en nuestras entradas y comentarios anteriores. La Nueva España (por cierto, ¿qué será un «bar latino»? ¿Quizá del Lacio, Península Italiana?):
Fíjense bien en el cuerpo de la noticia: no se trata de un apuñalamiento, sino de dos. Suma y sigue.
Tradición Astur digital, ayer.
Desde Voluntad se agradece el comentario favorable.