
El titular de la diócesis de Oviedo da la comunión al liberal, divorcista, abortista y aberrosexualista Gabino de Lorenzo Ferrera, alcalde de Oviedo (foto Armando Álvarez, La Voz de Asturias)
Los medios se han hecho amplio eco de la carta semanal de Jesús Sanz, ya archipublicada, en todo o en parte, aunque en la web diocesana aparezca fechada el próximo 15 de mayo. Con ella el franciscano muestra la marca de la cuadra Rouco, de la que procede: prelados del PPSOE, sector PP. Como Rouco, como sus radios y como sus Propagandistas, al Partido Popular (y a La Zarzuela) se le perdona, condona y compensa todo. Rouco Varela acaba de ser denunciado en Roma por sus complacencias con los abortistas de la derecha neopagana. Su pupilo Sanz no le va a la zaga. ¿La doctrina social de la Iglesia de siempre? ¿Las condenas al liberalismo? ¿La coherencia? Eso son cosas del pasado, oiga. El Vaticano II superó el principio de no contradicción.
Vean, vean la carta de Sanz Montes. No tiene desperdicio, desde el título. Intercalamos comentarios y recapitulamos al final. Las caprichosas cursivas son del original:
¿Hay un voto católico?
Carta semanal del Arzobispo de Oviedo 15.05.2011Queridos amigos y hermanos: Paz y Bien. Estamos ya en pleno fragor de campaña electoral, para la cita que tenemos el próximo domingo 22 de mayo, de cara a los comicios municipales y autonómicos. Hemos sido convocados y es menester responsable participar como ciudadanos y como cristianos a la hora de elegir a nuestros representantes democráticos.
Obsérvese el tono, paternalista y admonitorio: «la cita que tenemos el próximo domingo 22», «Hemos sido convocados y es menester responsable participar como ciudadanos» (Aux armes, citoyens…), «elegir a nuestros representantes democráticos»… Pero no es el tono, ni el vocabulario, de un obispo. Es el de un maestrín de escuela de la II República. (¿Tendrá que ver con la admiración de José Mª Aznar por Manuel Azaña?). No es doctrina de la Iglesia la adhesión a eso que llaman democracia, ni es obligación de los católicos acudir a votar en las elecciones. En estas próximas elecciones, al contrario: es su obligación moral no acudir, como después indicaremos.
¿Se presenta la Iglesia Católica a estas elecciones? Es una pregunta retórica, que es fácil responder. Incluso podemos dar la palabra al Beato Juan Pablo II, que lúcidamente abordó esta cuestión: la Iglesia «no propone sistemas o programas económicos y políticos, ni manifiesta preferencias por unos o por otros, con tal que la dignidad del hombre sea debidamente respetada y promovida, y ella goce del espacio necesario para ejercer su ministerio en el mundo. Pero la Iglesia es “experta en humanidad”, y esto la mueve a extender necesariamente su misión religiosa a los diversos campos en que los hombres y mujeres desarrollan sus actividades, en busca de la felicidad, aunque siempre relativa, que es posible en este mundo, de acuerdo con su dignidad de personas» (Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, 41). Es así.
Característicamente, como todos los demás miembros del Parlamento Episcopal (la invención vaticanosegundista conocida como Conferencia Episcopal Española), Jesús Sanz nunca invocará documentos del Magisterio anteriores al Vaticano II. Así, citando la Sollicitudo rei socialis, puede el titular ovetense darse el gusto de contarnos lo que, al parecer, «no es» la doctrina social de la Iglesia. Pero tampoco nos dice lo que esa doctrina es. Nada más útil para tal propósito que un documento de Juan Pablo II, como todos los suyos farragoso, desordenado, contradictorio y vacuo; pero, eso sí, rico en invocaciones a «la dignidad del hombre» y la «dignidad de personas», conceptos ajenos a la doctrina cristiana pero imprescindibles en la jerga eclesiástica al uso.
En cambio, los documentos del Magisterio anterior sí nos aclaran perfectamente lo que la doctrina social de la Iglesia es. Véase, por ejemplo, Libertas y Rerum novarum de León XIII, o Quadragesimo anno de Pío XI. Y, mire vuecencia por dónde, sí se «proponen» soluciones concretas; sí se condenan los fundamentos del actual régimen «democrático»…
Volviendo a la jerga eclesiástica al uso, Sanz Montes recurre también a ese otro latiguillo que ahora han adoptado todos sus colegas: la invocación a «los hombres y mujeres», burda concesión al feminismo y coz a la lengua española. Como si el plural «hombres» (de homines: homo, hominis, persona, ser humano; y no vir, viri, varón) no significase «hombres y mujeres, niños y niñas». Aunque en contextos como este abarque ambos géneros, el masculino plural español no es políticamente correcto.
La Iglesia no tiene un partido que la represente, ni como tal nos presentamos detrás de unas siglas. Y esto vale absolutamente para todos los partidos, si bien no hay neutralidad cuando evaluamos la cercanía o la lejanía de sus programas y actuaciones, respecto a nuestra manera de entender la justicia y los derechos de las personas desde la doctrina social de la Iglesia.
Las frases anteriores son una mina de interpretaciones. Lástima que ninguna de ellas se ajuste a la ortodoxia católica. El «esto vale absolutamente para todos los partidos», sin referirse expresamente a los que concurren a las próximas elecciones municipales y autonómicas en Asturias, equipara a las formaciones políticas que puedan hacer suya la doctrina de la Iglesia con las que sostienen doctrinas condenadas por ella. Claro que, en la jerga vaticanosegundista de Sanz Montes, plena de «pluralismo» y «sana laicidad», su «Iglesia» sólo «evalúa», «a su manera de entender». No es Madre y Maestra. No enseña, ni juzga. No es la Iglesia.
Como indicaba en ese mismo texto el Beato Juan Pablo II, «la doctrina social de la Iglesia no es, una “tercera vía” entre el capitalismo liberal y el colectivismo marxista, y ni siquiera una posible alternativa a otras soluciones menos contrapuestas radicalmente, sino que tiene una categoría propia. No es tampoco una ideología, sino la cuidadosa formulación del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial. Su objetivo principal es interpretar esas realidades, examinando su conformidad o diferencia con lo que el Evangelio enseña acerca del hombre y su vocación terrena y, a la vez, trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cristiana».
De nuevo bla, bla, bla. De nuevo fárrago y vacuidad, y hurtar el cuerpo. Lástima que los documentos del Magisterio de León XIII y Pío XI que citamos más arriba (y podemos citar muchos más) vengan a decir lo contrario. Lástima que condenen sin paliativos «el capitalismo liberal y el colectivismo marxista» y que, de paso, demuestren que éstos no están «contrapuestos radicalmente». Lástima que sí den alternativas. Es decir: sí hay una política católica.
Es normal que los diferentes partidos políticos intensifiquen en estos días sus diversos actos para explicar a los ciudadanos cuáles son los programas que quisieran poder desarrollar si obtuviesen el respaldo popular. Es deseable que haya una limpieza en la campaña, que no consiste en la destrucción del rival político, sino en la propuesta de lo que se desea llevar a cabo como un servicio al bien común, subrayando los retos más emergentes, saliendo al paso de las problemáticas sociales y humanas que tenemos ante nosotros y que condicionan la vida real de miles de conciudadanos.
Existen dificultades para escuchar sus propuestas o evaluar su propia gestión con quienes emplean la mentira como herramienta y el ataque visceral como talante. Engañar al electorado demagógicamente, tiene consecuencias tremendas a la hora de encontrar cauces de solución a los problemas. Tenemos ejemplos bien recientes, en donde la mentira irresponsable ha ahondado una crisis económica que afecta a un incontable número de personas y de familias.
Otra vez el tono de maestrín de escuela republicano. Pero, atención a las últimas frases: tirada directa contra Rodríguez Zapatero y el PSOE, sin contraponer que el PP (y los demás partidos que participan del poder en España) tienen exactamente las mismas responsabilidades, proponen programas idénticos, cuentan las mismas mentiras y son socios del mismo monipodio. Y, justo al comienzo del párrafo siguiente, Jesús Sanz Montes da una de las claves de la política episcopaliana y rouquista: el «voto útil», que naturalmente, apunta al Partido Popular. Para lo cual el titular de la silla ovetense no duda en usar la misma ristra de mentiras «como herramienta», «demagógicamente», para consumo del votante «de derechas»:
Se trata de elegir a quienes creíblemente pondrán remedio con el justo empleo de los recursos y la gestión de los presupuestos; la defensa de la vida en todas sus fases, la maternidad y los retos de la familia; de la educación integral no entendida como cincel manipulador al servicio de una ideología; de los más desfavorecidos y sus situaciones de desempleo y vivienda, de la violencia y sus causas en una sociedad frívola y crispada; del desencanto de nuestros jóvenes y la atención social a los ancianos; de nuestra convivencia en un mundo culturalmente plural.
¿Quiénes son los «creíbles», Fray Jesús? ¿Los políticos del PP (o del FAC, que tanto nos da, que nos da lo mismo) que tienen la plusmarca de despilfarro y endeudamiento, como ese Gabino de Lorenzo, fuera de la comunión de la Iglesia, a quien vuecencia da públicamente la comunión? ¿Los políticos del PP que durante su mandato convirtieron España en el paraíso europeo del aborto quirúrgico y químico y de la generación y destrucción de embriones humanos? ¿Los que dispensan generosamente píldoras abortivas desde sus ayuntamientos? ¿Los que «casan» divorciados, invertidos e invertidas, frecuentemente de su propio partido? ¿Los que fomentan una educación para la perversión, al igual que el PSOE e IU? ¿Los que celebran los carnavales en Cuaresma, y luego se apuntan a las procesiones de Semana Santa? ¿Los cómplices necesarios y voluntariosos del monipodio municipal, autonómico y nacional? ¡Ah! Y «en un mundo culturalmente plural».
Es hermosa y noble la dedicación a la política cuando se entiende como un servicio real a las personas reales, sin injerencias indebidas y sin inhibiciones lamentables. El perfil cristiano del político también existe, viva o no con total coherencia las exigencias de nuestra fe. Y a él miramos cuando en lo que propone hacer o en lo que da cuenta de lo ya hecho, son reconocibles nuestros valores cristianos.
+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo
Detalle final de la jerga anticristiana de Sanz Montes: los «valores» cristianos. Buen colofón para ese hallazgo del «perfil cristiano del político», «viva o no con total coherencia las exigencias de nuestra fe». No se trata de la vida privada del político, Fray Jesús. Se trata de la pública. Se trata de las doctrinas y los programas que defiende. Que, en el caso de las elecciones del próximo 22 de mayo, impiden completamente que el voto católico se entregue a cualquiera de las candidaturas que se presentan. Bajo pena de falta grave, si se hace con plena advertencia. Ya que vuecencia no lo advierte, lo hacemos nosotros. Para perros mudos, bastan los de la Conferencia Episcopal. (Siempre que caigan unas perrillas…). Para «perfil» vaticanosegundista del político, basta vuecencia.



Sobre el mismo episcopal, político, laico, electoral y herético asunto, del cuaderno de bitácora Asando la Manteca.