La edición local del bilbaíno Correo ex Español (antiguo El Comercio) cuenta las cosas como le da la gana, o más bien como le da la gana al PPSOE/IU/etc.+FADE; pero el asunto principal queda. Perdonen la vulgaridad, pero la indignación nos llena: los clérigos se han bajado los pantalones (sotana no llevan; es prenda de mártires, no de irenistas cobardes).
La Iglesiona retira las placas de la guerra
MARCOS MORO | GIJÓNLas lápidas han sido desmontadas y guardadas en el interior del temploParedes del atrio, ayer, despojadas de la relación de víctimas de la guerra. / JOSÉ SIMAL
La lista de nombres se grabará de nuevo con láser sobre paneles de metacrilato adosados a la girola
El recordatorio a las víctimas no estará listo para la inminente apertura de la basílica
La decisión se ejecuta el mismo año en que Gijón retiró todos sus honores a Franco
La Iglesiona ha retirado ya de las paredes laterales del atrio las placas de la Guerra Civil que recogían los nombres de 341 «mártires de la causa de Dios y de España que sufrieron cautiverio en esta iglesia». El avance de la rehabilitación de la basílica, en la zona del pórtico, ha dejado al descubierto la desaparición de unas lápidas que llevaban en el mismo lugar desde el 21 de octubre de 1939.
Construcciones VIR, la empresa que se ha encargado de devolverle a la fachada del templo su antiguo esplendor, procedió durante las últimas semanas a desmontar en unos palés y agrupar en grupos pequeños los frágiles cuadrados con que está conformada la gran superficie de mármol pulimentado con rotulación en bronce dorado.
Toda esa labor se ha hecho con exquisita discreción -utilizando lonas y andamios que impedían ver el trabajo desde la calle- para evitar herir sentimientos de unos y de otros. Y con idéntica discreción los elementos retirados han sido trasladados a un lugar del interior de la Iglesiona donde el actual rector, Julián Herrojo, tiene previsto guardarlos para la posteridad. Porque esas vetustas placas de 10 metros de alto ya no volverán a montarse ni quedar expuestas a la vista de los gijoneses, en sintonía con los dictados de la conocida como Ley de la Memoria Histórica. Sin embargo, ello no quiere decir que no se vaya a hacer nada para recordar a esa relación de muertos ajusticiados durante los meses comprendidos entre el 18 de julio de 1936 y el 21 de octubre de 1937, tiempo durante el cual el templo jesuita fue utilizado como cárcel para los prisioneros capturados por las milicias fieles a la República.
Lugar discreto
Las víctimas de la contienda civil tendrán en los próximos meses su mausoleo en el interior de la iglesia. Concretamente en las paredes de su girola, detrás del presbiterio del templo, en el pasillo que sirve de comunicación entre la iglesia y la casa diocesana y que, en la práctica, sólo utilizan los sacerdotes. Ese discreto lugar es el elegido por la diócesis asturiana para exhibir la lista de más de 300 nombres que figuraban en las lápidas retiradas. El rector tiene la relación completa procedente de la documentación antigua de la Junta Pro-lápidas que reunió fondos y promovió en su día la colocación de las placas en el atrio. La idea es grabar con técnicas de reproducción láser ese listado sobre paneles de metacrilato, que a su vez irán adosados a las paredes de la girola.
El compromiso del rectorado es firme, pero es bastante probable que la emblemática basílica gijonesa reinicie los cultos a finales de noviembre o principios de diciembre de este año, con una misa cantada, con los rótulos de metacrilato por instalar.
Sentenciadas desde 2005
Las placas de la Iglesiona estaban sentenciadas desde que se firmó en 2005 el convenio entre el Arzobispado de Oviedo, el Principado y el Ayuntamiento de Gijón, para financiar las obras de restauración integral. Fuentes eclesiásticas aseguran que aunque el acuerdo tripartito así lo recogía de forma tácita, fue el último arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, prelado que intercedió para que el Vaticano concediera al templo gijonés el rango de basílica, quien dejó claro meridianamente al rector que el compromiso era ineludible. La Comisión de Asuntos Económicos del Arzobispado es la que se ha encargado de ejecutar la palabra dada por el actual responsable de la diócesis de Valencia.
En cualquier caso, se han aprovechado las actuales obras de restauración de la basílica, ahora en su recta final tras cuatro años de actuaciones, para zanjar este delicado asunto.
Los grupos municipales gijoneses, al ser consultada su opinión sobre este asunto en el mes de septiembre, también apuntaron a que la eliminación de estos símbolos, que una parte de la población podía entender como franquistas, iba dentro del lote del acuerdo de financiación con ayudas públicas de la restauración de la Iglesiona. IU-BA-LV expresó abiertamente su satisfacción y pidió que la Iglesia asturiana actuase de forma similar en otros templos bajo su jurisdicción en el resto de la región. El PSOE, en cambio, lo enmarcó en un proceso lógico de normalidad democrática. El PP, por su parte, evitó pronunciarse a favor o en contra de la iniciativa, aunque manifestó su respeto por una decisión que Carlos Osoro tomó antes de ser trasladado al Arzobispado de Valencia.
La decisión de despojar el pórtico de la Iglesiona de las placas con los caídos en la Guerra Civil llega el mismo año en que el Ayuntamiento de Gijón ha retirado a Francisco Franco los títulos de alcalde honorario y Medalla de Oro de la ciudad.
¿Ignorancia, imbecilidad, mala intención o todo ello junto? «placas de la guerra», dice. Placas que recordaban a los mártires del terror rojo, a los que fueron asesinados por los del Frente Popular (socialistas, comunistas, anarquistas, izquierda republicana) que, de paso, se habían cargado la lamentable «legalidad» de la II República. Gentes que fueron asesinadas por cargos tan graves como ser pública y coherentemente católicas.
¿Y qué tienen que ver los honores a Francisco Franco con las placas de los mártires? En un Gijón con calles y plazas dedicadas a terroristas y genocidas, los católicos no tienen sitio. O eso parece. Tampoco tienen sitio en la Iglesiona, en manos modernistas. En esta diócesis manejada por herejes y traidores.
Pero no se lo pierdan: para el diario de la oligarquía local, los mártires fueron «ajusticiados». Fue justicia darles muerte. Recordad, clérigos apaisanados: también os llegará a vosotros.
340 hombres y una niña ajusticiados
23.10.09 -
M. M. | GIJÓNLas dos lápidas de la Iglesiona ya retiradas incluían el nombre de 340 hombres, ninguna mujer y una niña, que fueron ajusticiados durante la época de gobierno frentepopulista. La única menor de todo el listado era Honorina Montes Gutiérrez.
La relación de víctimas de la Guerra Civil recogía, asimismo, la profesión de «los caídos por la causa de Dios y de España y asesinados por los marxistas», la fecha de detención en la residencia de los jesuitas y de la muerte. Por ese motivo se sabe que entre los fusilados y recluidos en el templo gijonés hubo sacerdotes, militares, labradores, ingenieros, odontólogos y maestros.
El Sagrado Corazón de Jesús hizo su promesa al Padre Bernardo de Hoyos. Solía recordarlo la placa sobre la entrada de la residencia de los jesuitas, hoy convertida en una de esas «casas sacerdotales» sindicales y ridículas: «Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes». Reinará. Y será el llanto y el rechinar de dientes de rojos, oligarcas, apóstatas y cobardes.

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2 comentarios
Domingo, 25 Octubre 2009 a las 23:36
Nota emitida por la Junta Local carlista el mismo viernes 23:
Viernes, 20 Noviembre 2009 a las 1:42
Réplica del Círculo Cultural Juan Vázquez de Mella, al parecer no publicada, a un artículo en El Comercio: