Miércoles, 17 Junio 2009...23:57

Integración, acogida y Alianza de Civilizaciones

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Primero, una noticia más. La Nueva España:

Un menor marroquí golpea a una mujer de 50 años para robarle
El magrebí arrastró por el suelo a otra señora a la que también dio un tirón para quitarle el bolso el mismo día

Un joven marroquí menor de edad protagonizó dos violentos robos a mujeres el pasado día 5, en los que las víctimas no sólo perdieron dinero, sino que salieron malparadas físicamente.

A una de las víctimas, una gijonesa de 50 años de edad, el agresor le propinó tres puñetazos en la cabeza para que soltase el bolso que llevaba colgado del hombro y que le quería robar. La mujer se asió con fuerza a sus pertenencias y la respuesta del magrebí fue golpearle la cabeza. Sucedió el viernes día 5 a las cinco de la madrugada en la calle Eleuterio Quintanilla, en el barrio de El Llano. La víctima fue asistida en un centro de salud por los golpes recibidos, que le ocasionaron varios hematomas y equimosis, según el parte médico.

Ese mismo día en la calle Alegría otra mujer fue perseguida supuestamente por el marroquí. Le pidió su bolso y al negarse ésta a dárselo, lo cogió por la correa con la intención de llevárselo. A pesar de la oposición de la víctima, el joven le dio un tirón tan fuerte que hizo que ésta se cayera al suelo y la arrastró hasta conseguir marcharse con él.

El marroquí, de 17 años de edad, fue detenido por agentes de la Comisaría de El Coto y fue identificado por ambas víctimas. El presunto agresor contaba con antecedentes por robo y lesiones.

Un poco más suavizado, cómo no, El Comercio:

La Policía arresta a un menor marroquí que hirió a dos mujeres para robarles el bolso
Utilizó una gran violencia para conseguir su cometido en ambos casos
O. S. | GIJÓN

Un menor de origen marroquí fue detenido por agentes del Cuerpo Nacional de Policía acusado de cometer al menos dos tirones de bolsos durante la primera semana de junio. Utilizó una gran violencia para conseguir su cometido en ambos casos.

El primero de ellos se produjo el día cinco de junio, sobre las cinco de la madrugada en la calle de Eleuterio Quintanilla. Una mujer de 50 años fue abordada por el joven. Le intentó arrebatar el bolso que llevaba colgado al hombre. Ante la negativa de la víctima, el chico le propinó tres fuertes puñetazos en la cabeza, lo que hizo que la mujer acabase entregándole el bolso. Fue asistida en un centro de salud por los golpes recibidos.

Ese mismo día, en la calle Alegría, abordó a otra mujer, que se cayó al suelo como consecuencia del fuerte tirón que le dio para quitarle el bolso. Los agentes localizaron al sospechoso con la descripción de las víctimas.

Si la víctima hubiera sido nuestra señora madre, y en justa consecuencia hubiésemos reducido a alcuzcuz (cous-cous, para los papanatas que llaman magrebíes a los moros y dicen arrestar por detener) al salvaje morito, nosotros habríamos terminado en la cárcel; el morito, en un «hogar de acogida» en el que le darán una asignación pecuniaria y permiso para salir a aterrorizar a los vecinos, a cambio de escupir a los funcionarios, agredir a las funcionarias y violar a los compañeros más débiles.

Políticamente incorrectos como, gracias a Dios, somos, digámoslo claro, para que lo entiendan los del PPSOE y los del Hogar de San José: MOROS FUERA. Expulsión y cierre de fronteras.

Algunas (hay más) entradas en Voluntad, para ilustrarse:

Delincuentes habituales, víctimas habituadas
Un respeto
Como chinos, como moros
Una de gochos
Cuando las barbas de tu vecino…

5 comentarios

  • Hoy en La Nueva España. Las negritas son nuestras (lo de arrestados por detenidos, no, y lo de ciudadanos, tampoco):

    Cuatro detenidos, dos de ellos menores, por robar bolsos la noche de San Juan

    R. GARCÍA

    Cuatro jóvenes fueron detenidos durante la noche del martes y la madrugada del miércoles como autores de varios delitos de hurto. Los arrestados robaron varios bolsos aprovechando la aglomeración de personas que se produjo en las playas de Poniente y El Arbeyal durante la celebración de la noche de San Juan, según informaron ayer fuentes policiales a través de un comunicado.

    Los tres primeros delincuentes fueron arrestados en la playa de Poniente. Se trata de ciudadanos marroquíes, dos de ellos menores de edad. Los agentes que les detuvieron habían observado en ellos una actitud sospechosa, comprobando luego que portaban tres bolsos que acaban de robar.

    En la otra intervención policial realizada por los agentes de servicio especial durante la noche festiva fue arrestado un ciudadano de Vizcaya que se encontraba en la calle Brasil manipulando un bolso que previamente había sustraído en la playa del Arbeyal.

    El arrestado llevaba un cuchillo y había sido detenido 40 veces antes, acusado de delitos contra la propiedad.

  • Otra de moros. Teniendo en cuenta que en las noticias de sucesos rara vez se especifica, se sigue que son muchas más. Y en Voluntad recogemos sólo una pequeña parte de lo que llega a publicarse en los periódicos. Supongan y multipliquen.
    La noticia es de Mieres. Pero, como es sabido, aunque los ríos Caudal y Nalón no lo hagan, las cuencas mineras desembocan en Gijón. El Comercio:

    La Guardia Civil detiene en Mieres a un marroquí con más de 56 kilos de hachís
    Hallaron la droga en el interior del maletero tras detener el vehículo por una infracción de tráfico

    JULIO VIVAS | MIERES

    Agentes de la Guardia Civil de Mieres detuvieron el sábado pasado a M. A., de 40 años y de nacionalidad marroquí, tras incautarle más de 56 kilos de hachís en el interior de su vehículo.

    Los hechos ocurrieron sobre las 15.30 horas, cuando una patrulla de Seguridad Ciudadana del puesto de Mieres observó cómo un vehículo que circulaba por la A-66, a la altura de los túnes del Padrún (entre Oviedo y Mieres), cometía una infracción de tráfico. A continuación, la patrulla procedió a la detención del vehículo, un Citroën C5, propiedad de una empresa de alquiler con domicilio en Madrid, e identificó también al detenido. Según los agentes, M. A. mostró un «excesivo nerviosismo» cuando le comunicaron que iba a ser denunciado por una infracción de tráfico y decidió huir a pie justo en el momento en que la Guardia Civil le pidió que abriese el maletero del vehículo para realizar una inspección.

    M. A. fue alcanzado por los agentes y retenido. Tras examinar el vehículo, observaron que, en su interior, había dos bolsas de deporte y, dentro de ellas, se encontraban más de 56 kilos de hachís almacenados en diversos envoltorios y pastillas sueltas, lo que demuestra la droga era para la venta. Por ello, fue detenido como supuesto autor de un delito contra la salud pública por tráfico de drogas. La Guardia Civil instruyó las correspondientes diligencias y puso al detenido a disposición de la autoridad judicial de Mieres.

    Esta operación se llevó a cabo dentro del operativo de servicio llevado a cabo por las unidades territoriales y cuyo fin es erradicar el pequeño tráfico de drogas, conocido como ‘menudeo, así como el consumo de sustancias estupefacientes en lugares públicos y de ocio frecuentados por jóvenes, la prevención de la seguridad ciudadana y la vigilancia de las vías de comunicación.

    Hace justo un año, en el mismo operativo, el Cuerpo Nacional de Policía de Mieres participó en una detención similar. El arrestado fue N. L., un joven de 30 años, natural de Marruecos. En aquella ocasión, los agentes se incautaron de 5,3 kilos de hachís que tenía guardados en la zona del motor de su coche, así como en su domicilio.

  • Dos bellos ejemplos, dos más, de los frutos de la multiculturalidad y de la perfecta integración de moros (perdón, magrebíes) y mahometanos (perdón, musulmanes). Del mismo día, mismo diario: el bilbaíno El Correo ex Español, edición gijonesa (antes El Comercio).

    Arrestado un menor marroquí tras ser sorprendido con nueve bolsas de cocaína
    El joven arrojó la droga al suelo en Fomento cuando se percató de la presencia policial
    O. SUÁREZ | GIJÓN

    Un menor de edad de origen marroquí fue detenido por la Policía en la zona de bares del Puerto Deportivo después de sorprenderlo con una bolsa que contenía nueve papelinas de cocaína. Iba en compañía de otro menor, también de origen marroquí.

    El arresto se produjo de madrugada después de que dos agentes en servicio observasen la conducta sospechosa del menor. «Parecía ofrecer algo a los individuos con los que se cruzaba», explicaron fuentes del Cuerpo Nacional de Policía, las mismas que aseguraron que cuando los efectivos trataron de identificar a los dos marroquíes, ambos echaron a correr y uno de ellos tiró al suelo una bolsa que contenía la droga. Tras ser identificados, se detuvo al que portaba las sustancias estupefacientes y el otro fue entregado a sus tutores legales.

    En el marco del dispositivo especial de vigilancia de las zonas de copas, los cuerpos y fuerzas de seguridad detuvieron además en Cimadevilla a otra joven de 17 años por «increpar a los agentes, insultarlos y tratar de soliviantar los ánimos de los presentes contra los policías». La detenida acompañaba a un joven al que le habían intervenido previamente un trozo de hachís y marihuana.

    Uno en Fomento, otro en las proximidades de Fomento (un par de horas antes, en Fernández Ladreda):

    Detenido un joven de 18 años que acababa de robar un bolso
    El detenido se mostró muy agresivo profiriendo insultos a los agentes y manteniendo una actitud desafiante y retadora
    14.10.09 – 15:08 – EFE | GIJÓN

    La Policía Nacional ha detenido en Gijón a un joven de 18 años, de nacionalidad marroquí, que huía tras robar un bolso por el procedimiento del ‘tirón’.

    Fuentes policiales informan de que agentes de servicio de paisano a bordo de un vehículo camuflado buscaban a este joven por un ‘tirón’ de un collar cometido sobre la una de la madrugada del día 10 y cuyas características físicas habían sido facilitadas por la víctima a todas las patrullas en servicio.

    A las 03:00 horas del día 10 de octubre observaron al joven descrito corriendo por la calle Linares Rivas con un bolso en la mano siendo perseguido por dos personas que pedían ayuda.

    Los policías procedieron a dar el alto a este individuo que hizo caso omiso a las indicaciones de los agentes, por lo que tras perseguirle unos metros a la carrera lograron interceptarle, pese a que el joven opuso gran resistencia.

    Localizada la víctima, ésta manifestó que el bolso le había sido arrebatado de un fuerte tirón a pesar de llevarlo colgado cruzado en el cuerpo, por lo que la había arrastrado algunos metros y le había causado daño.

    El detenido se mostró muy agresivo profiriendo insultos a los agentes y manteniendo una actitud desafiante y retadora.

    Fue identificado en Comisaría donde se pudo comprobar que, además de encontrase en situación irregular en España, contaba con un amplio historial delictivo por actos violentos así como con varias identidades y que esa misma madrugada había realizado otro ‘tirón’ de la que fue víctima una vecina de Gijón a la que arrebató un collar de plata que lucía en el cuello.

    Este mismo sujeto, dos horas antes, en la avenida de la Constitución, mediante ‘tirón’, había arrebatado un collar de plata a una mujer cuando volvía a casa acompañada de su marido.

    En el momento de producirse el hecho, el marido de la víctima forcejeó con el autor del mismo, pero no consiguió retenerlo.

    Este asalto había causado a la mujer lesiones en el cuello de las cuales fue asistida en un centro médico.

    Las negritas de la segunda noticia son nuestras. Lo que destacan no es nada nuevo, pero merece tenerse en cuenta.

  • Insistimos: no somos exhaustivos. Podríamos poner muchas más noticias, de sucesos, de los amables y encantadores mahometanos, de los que algunos cretinos dicen que pueden vivir entre nosotros. El Comercio:

    Detenido un marroquí tras robar un maletín en el Muro desde su bici
    31.10.09 -
    E. C. | GIJÓN

    Un joven marroquí de 19 años fue detenido en la madrugada de ayer por agentes del Cuerpo Nacional de Policía por robar, presuntamente, el maletín a un peatón y posteriormente agredir a los efectivos policiales que intervinieron en su detención. Los hechos ocurrieron en la avenida de Rufo García Rendueles. El imputado circulaba en bicicleta por dicha vía y en un momento determinado se cruzó con un hombre y le arrebató el maletín que portaba y en el que había numerosa documentación perteneciente a una compañía de seguros y cuyo uso fraudulento podría haberle reportado una cantidad aproximada de 400 euros.

    El delincuente huyó velozmente en dirección al parque de Isabel La Católica, donde abandonó la bicicleta y continuó a pie. La Policía lo sorprendió en la avenida del Molinón y lo detuvo a la salida del pasadizo subterráneo que cruza desde el parque al paseo de la playa.

    Según la versión de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, «el joven reaccionó de forma violenta contra los agentes dándoles patadas, puñetazos y empujones». Finalmente, lograron reducirle, esposarle y trasladarlo a la Comisaría. Dos de los efectivos policiales tuvieron que ser atendidos en un centro sanitario por las lesiones que presentaban.

    Encantador lo de «Según la versión de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado». Que se trata de un moro (magrebí, según los papanatas) y a lo mejor su versión merece más crédito. (Por cierto: ¿se trataba en verdad de «su» bici, como dice la edición gijonesa del bilbaíno Correo ex Español, o era la de alguien más?) y lo de usar ocho palabras, por no decir simplemente «la Policía»… Asco de medios, preparándose para la Umma, y con penosa redacción.

  • Una buena entrada de La Yijad en Eurabia:

    EL REGRESO DEL ISLAM

    Nadie medianamente despierto y mínimamente informado está autorizado a ignorar a estas alturas que el imparable y acelerado avance musulmán en España es la manifestación de un proceso de islamización en curso, que ya no puede engañar a nadie ni pasar por desapercibido al más despistado. No estamos ante un fenómeno demográfico temporal y reversible de carácter económico y laboral: una inmigración de mano de obra extranjera hacia un país desarrollado en una fase de crecimiento, etc. (Por cierto España va camino a marchas forzadas hacia las realidades socioeconómicas del Tercer Mundo, y en cuanto al crecimiento, eso hay que buscarlo en el pasado, pues en el futuro no nos espera más que retroceso en todos los campos).

    Resulta evidente que la presencia de un millón/millón y medio de musulmanes en España (¿quién sabe exactamente cuántos hay en realidad?) al día de hoy no resulta de la contratación en origen de una fuerza de trabajo necesaria a nuestra economía y solicitada por nuestro mercado laboral; no estamos ante la aplicación de una política diseñada a la medida de nuestros intereses y objetivos nacionales, ni de la concreción de algún acuerdo bilateral entre el gobierno del país receptor y aquellos de los países emisores de esta migración masiva. No estamos trayendo trabajadores a España para arreglarnos la casa, se nos están colando intrusos para quedarse con ella. En efecto, se trata de una invasión en toda regla, una empresa de conquista, una colonización poblacional, una expansión territorial de una cultura enemiga que desborda su marco geográfico histórico, alentada por la debilidad de un vecino rico y reblandecido, aparentemente idiotizado y ciertamente incapaz de poner freno al empuje de una fuerza adversa.

    La mal llamada inmigración ha traído a suelo español a millones de extranjeros de pueblos no europeos, una oleada masiva, salvaje, sin control, generadora de muchos problemas y de escasos beneficios para nosotros. Sobre esto ya no hace falta insistir, sería como repetir una y otra vez que el mar es salado. Para mayor información basta salir a la calle con los ojos abiertos. El grupo más perjudicial para nuestros intereses, más peligroso para nuestra seguridad, más hostil hacia nuestra identidad y más agresivo hacia nuestros valores es el compuesto por elementos de cultura y religión musulmanas, sobre todo los ahora llamados magrebíes, pero también por cada día mayores contingentes llegados de otras comarcas del orbe islámico, árabes de distintas procedencias, paquistaníes, mahometanos del África negra y cien etnias más: un conglomerado conflictivo y dañino que nunca hubiéramos debido dejar instalarse en nuestro país, al que llevarán a la catástrofe mucho antes de lo que la mayoría de los españoles se imaginan. La colonización musulmana es una bomba de relojería con el minutero en marcha.

    Estos moros (los llamaremos así, ya que la mayoría de esta nube de langostas viene del norte de África, y por extensión así designamos en España a los musulmanes en general) que retornan por sus fueros por caminos ya andados (y desandados) vuelven a contar, en ese regreso que nunca hubiera de haberse consentido, con las simpatías, complicidades y ayudas de esos infaltables renegados, traidores y colaboracionistas que todo invasor siempre encuentra entre los peores elementos de un país en bancarrota, una infame escoria con alma de esclavo siempre dispuesta a ponerse al servicio de un nuevo amo y prosternarse ante la fuerza bruta.

    El cúmulo de noticias que se producen a diario vienen a reforzar la percepción de que estamos ante una voluntad inequívoca y un proyecto perfectamente diseñado. Los ejemplos sobran y aparecen a diario en distintos medios de comunicación, ya sea masivos o en otros medios más modestos.

    En España, el islam no sólo ha asomado el hocico por nuestra puerta entreabierta o ha entrado tímidamente de visita invitado por los dueños del lugar: ya ha echado de nuevo raíces en nuestro solar patrio. Convencidos de la fuerza que les da nuestra propia debilidad, estos molestos inquilinos no deseados ya levantan el tono reclamando, exigiendo, amenazando incluso sin ningún complejo ni temor. Si un extraterrestre llegara mañana a este rincón del planeta sin ningún conocimiento previo de nuestra realidad, tendría cierta dificultad para identificar a los dueños del país y a los extranjeros que en él habitan, tan subvertidos están los roles y las actitudes de unos y otros. El elemento musulmán, extraño a nuestra nacionalidad, a nuestra cultura, a nuestro sentimiento, a nuestra alma, a nuestra sangre (extraño y radicalmente opuesto a todo lo nuestro) expresa sin disimulo no sólo una fuerte vocación de poder, sino además de apropiación, basada en los “títulos de propiedad” que el islam reclama para sí de la tierra de Al-Ándalus. Su objetivo, a mediano plazo, es la disolución de la cultura occidental, la erradicación de su sistema de valores, sus leyes, sus costumbres, etc., porque esa es la vía más segura y directa para la desintegración nacional de España y su reemplazo por otra cultura, otras creencias, otra civilización, otro pueblo: la umma. Se trata, en definitiva, de desarmar al enemigo para someterlo a gusto y ponerle el yugo.

    No es posible admitir que en la sociedad española existan grupos étnicamente agresivos que no son españoles (ni en lo cultural, ni en lo político, ni lo social, ni en lo moral, ni en lo religioso…) pero que sin embargo están empeñados en poseer ventajas sociales y derechos políticos no sólo iguales, sino superiores a los de los autóctonos. Y eso en virtud y aplicación de dos principios: el de su superioridad de naturaleza “divina” como adeptos de Alá, el verdadero Dios, y el de sus “derechos antiguos” sobre lo que ellos llaman Al-Ándalus. Estos grupos no vienen como extranjeros dispuestos a someterse a la ley y los intereses de los legítimos dueños del país: vuelven a casa, a recuperar lo suyo, a retomar posesión de un bien largamente expoliado. No se comportan como huéspedes agradecidos por haber sido admitidos entre nosotros, se sienten dueños a la espera de las circunstancias idóneas para recuperar lo que ven como suyo.

    Esta realidad, claramente expuesta en un discurso perfectamente estructurado (que no por solapado es menos evidente) que se viene difundiendo sin mayores obstáculos en España, con la complacencia bobalicona de los tontos útiles y la entusiasta colaboración de los “compañeros de viaje” de esta marabunta, exige la respuesta política y social adecuada. Resulta urgente plantear a la sociedad entera la necesidad perentoria de la expulsión de esos grupos étnicos hostiles. Ellos no son integrables al conjunto social-nacional: son su mayor amenaza, un ejército enemigo acampado dentro de nuestros muros, una gangrena que exige el bisturí. Es vital que sepamos identificar el quién, el cómo y el porqué de esta empresa de conquista, de esta voluntad de dominación, y conocer los motivos y las herramientas del regreso del islam a tierra española.

    El islam reaparece entre nosotros de la misma manera que ya lo hizo hace 1300 años: una avalancha demográfica. La primera vez, violenta, a punta de cimitarra; en esta ocasión a golpe de pateras y embarazos. España no adopta el islam, es el islam que la invade. Otra vez. Para alcanzar el objetivo de la conquista, cuenta con tres instrumentos: la inmigración (traer cuantos más moros posible a nuestro país), la reproducción in situ (tasa de natalidad que dobla o triplica la española) y el continuo goteo de las conversiones, que no influye numéricamente de manera significativa aún en el crecimiento de la “comunidad de los creyentes”, pero que evidencia el estado mental de algunos españoles y por ende la penosa degradación de la sociedad capaz de producir a estos renegados. España se ha convertido en una playa de desembarco y el grueso de las legiones enemigas espera frente a nuestras costas el momento y la orden del asalto definitivo.

    La insuperable repugnancia y hostilidad que desde los albores de la Historia sintieron los pueblos europeos hacia este compuesto norteafricano-medio oriental se manifiesta nítidamente en la larga pugna hispano-musulmana de la Reconquista. Y este multisecular enfrentamiento, que se prolonga hasta nuestros días, a pesar de la retórica hueca y falaz del Nuevo Evangelio de la Multicultura, la Tolerancia y la Diversidad que se viene a superponer a la sobada fábula de las “Tres Culturas”, es la confirmación de un antagonismo fundamental, la prueba concluyente de la insalvable incompatibilidad de estas dos estirpes y sus respectivos sistemas.

    La derrota final del islam en la Península Ibérica, marcada por la caída de su último bastión andaluz en 1492, trajo como consecuencia obligada y bienvenida, no la simple subordinación del vencido a la autoridad de los amos del momento, sino su erradicación completa que se cierra con la deportación en 1609 de los moriscos, falsamente convertidos al cristianismo, quinta columna beligerante del Turco y maldición permanente de aquella época. El fracaso islámico no significó únicamente el fin de la idea, constituye realmente la extirpación de nuestro territorio del elemento portador de la misma. Los moros no fueron “absorbidos”, integrados, incorporados de alguna manera al cuerpo nacional: fueron echados como indeseables, tratados como un mal que no se podía sufrir por más tiempo, arrancados como un cuerpo extraño que había que desterrar sin titubeos ni contemplaciones, so pena de tener que resignarse a vivir eternamente con el organismo envenenado por la ponzoña de la traición enquistado en el propio seno, y ver malogrados para siempre los destinos que la Providencia le reservaba todavía a una pueblo que ha protagonizado a lo largo de su andadura multisecular una de las historias nacionales más gloriosas de Occidente. Para acabar con la rabia islámica, hubo que matar al perro moro.

    La toma de Granada por Fernando e Isabel tuvo como primera consecuencia el regreso de España a la escena del mundo. Algo más de cien años después del desenlace triunfal de una jornada épica, la drástica medida, lógica y acertada por demás, de la limpia final ordenada por Felipe III, acabó con aquel lastre y baldón y garantizó la supervivencia y la estabilidad de la nación española durante los siguientes 400 años. España vivió porque se sacó de encima la brutal tiranía que la esclavizaba. España puede morir si sus hijos llegaran a carecer del valor y la inteligencia que la coyuntura presente exige para librarse de la nueva opresión que se está gestando en las entrañas mismas de nuestra patria.

    Definitivamente, no hay afinidad posible entre el español y el moro. Ni la hay ni la puede haber, pues la rivalidad es demasiado marcada, la diferencia de temperamentos es excesiva: nos separa un abismo moral y espiritual insalvable. Entre el español y el moro existe una hostilidad profundamente arraigada que limita fatalmente el campo de nuestras relaciones comunes a un conflicto latente, cíclico, inevitable. Entre ellos y nosotros no hubo ni podrá haber nunca unión, cooperación, amistad, sino desconfianza, rechazo y enemistad. El peligro que nos viene de ese lado no es, por lo tanto, el de una improbable fusión con ese elemento indeseable y nocivo, sino la realidad de una invasión en curso, una colonización avanzada que busca la suplantación de los españoles y la dominación musulmana en la recobrada Al-Ándalus.

    Este es el verdadero dilema que se nos plantea en los albores del tercer milenio: un desafío real, una amenaza cierta, un peligro inminente, una conquista en marcha. Así pintamos un cuadro que no surge de ninguna especulación ociosa ni constituye un ejercicio gratuito de política-ficción. La realidad es proclamada por los hechos mismos que perciben los sentidos y no escapan a la inteligencia.

    Puestos ante una situación tan sorprendente como inesperada, sometidos al interrogante de su razón de ser, nos hemos detenido a observar el fenómeno para intentar comprenderlo a través del examen de sus manifestaciones más señaladas y del estudio de sus métodos ejercidos y sus objetivos anunciados, buscando desentrañar la lógica de este movimiento y tratando de encontrar, por encima de nuestro asombro y angustia, una respuesta a esta agresión, una esperanza ante este desafío, una solución a este dilema. Hemos identificado el mal, hemos descrito el problema, hemos propuesto un remedio. Ahora conviene hacer algo. Y pronto.


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