La rapiña recaudatoria del Ayuntamiento de Gijón se exhibe hoy en los titulares de la prensa. Recogemos dos de La Nueva España:
Veamos. Como la inflación (de la que se omite siempre su 66% inmediato que supuso el cambio de la peseta al euro) crece, sufre el derroche de fondos públicos, sufre la mala administración, sufren los bolsillos de los cientos de cargos de confianza, sufre la tela de araña de la izquierda subvencionada… Así que los vecinos de Gijón, que al parecer no sufren bastante –en realidad, los políticos parásitos miran a los gijoneses como los buitres a la carroña– tendrán que pagar más. ¿Que el valor catastral de las viviendas gijonesas no se corresponde con el de mercado? Ya lo sabemos. Tampoco hace falta que lo haga. El llamado precio de mercado ha sufrido la distorsión de años de especulación, propiciada por los mismos que ahora se preparan a exprimirnos una vez más.
(Como esa misma especulación ha propiciado un endeudamiento desorbitado, y los hermanos mayores del PPSOE/IU local –los del Banco Central Europeo– lo acaban de aprovechar para obligar a los hipotecados a soltarles a los bancos unos cuantos euros más, todo resulta encantadoramente coordinado).
Lo anuncia, por cierto, el profesional revienta instituciones Santiago Martínez Argüelles, convertido en concejal de Gijón gracias a sus lazos familiares con capos socialistas locales. Qué apropiado.



Lo malo no es sólo el afán recaudatorio de la sección local del Frente Popular, sino el destino que le van a dar al dinero de todos los gijoneses.
Hoy en La Nueva España.