Domingo, 27 Abril 2008...22:47

Bicentenario: Carreño por Dios y por el Rey (legítimo)

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Regimiento de Candás y Luanco

  • Un soldado con el uniforme y la bandera del Regimiento de Candás y Luanco, constituido a principios del XIX (ilustración de Bueno, reproducida por La Nueva España)
  • Ya encima las fechas principales del bicentenario del alzamiento contra Napoleón, en el cual tan destacado papel jugó Asturias (y en concreto Carreño y Gijón, sin desmerecer al resto de los concejos), los medios oficiales y oficiosos y los bobalicones que los secundan nos están inundando de propaganda que deforma hasta lo absurdo el sentido de aquel levantamiento. La llamada (con muy poca fortuna) Guerra de la Independencia fue un movimiento popular de resistencia de signo católico, monárquico (de la monarquía verdadera; que el Juan Carlos de aquella época se llamaba José Bonaparte) y antieuropeo (Napoleón y los suyos promovían una suerte de Unión Europea de la época). Los muy escasos elementos liberales que se camuflaron en el bando patriota, a la postre utilizaron el caos para meter por la puerta falsa las mismas ideas y la misma organización política –las de la Revolución francesa– que los ejércitos napoleónicos y los afrancesados locales (el PPSOE/IU de entonces, para entendernos) fracasaron en imponer por la fuerza.

    La Nueva España de hoy dedica un recuerdo a la resistencia y los sufrimientos de Carreño durante la francesada. No falta, no puede faltar, el recuerdo de Marino Busto, cronista oficial del concejo:

    Hicieron falta 4.000 franceses

    Candás,
    Braulio FERNÁNDEZ

    España conmemora el próximo viernes, 2 de mayo, el segundo centenario de la invasión francesa y el comienzo de la guerra de la Independencia. Una contienda en la que Asturias tuvo un gran protagonismo, ansiosa por «jugarse la vida en una partida». Y Carreño también.

    Dos acontecimientos marcaron el devenir de la guerra para los locales de forma muy singular: la creación y honrosa participación del Regimiento de Candás y Luanco en la batalla y la entrada de 4.000 franceses armados y, aún peor, hambrientos en la villa candasina.

    La documentación sobre la singladura de Carreño a lo largo de los años que duró la guerra de la Independencia es abundante, recogida mayormente en el Archivo Histórico Municipal y en los diferentes archivos parroquiales. Además, numerosas obras de carácter general han arrojado luz sobre los acontecimientos referidos al concejo y, sobre todo, al regimiento que llevaba el nombre de su capital y de la población vecina. Destaca uno dedicado especialmente a los avatares de la contienda en los límites de la comarca a cargo del recordado Marino Busto, quien fuera cronista oficial de Carreño, que lleva el romance implícito desde su título: «Historia heroica de Carreño en la guerra de la Independencia».

    Las «casacas gabachas»

    Entre los acontecimientos que les tocaron vivir a las gentes de Carreño destacó la entrada de 4.000 franceses en la villa de Candás, el 21 de mayo de 1809. Tal cantidad de «casacas gabachas» sobre la villa marinera se debió al paso de los regimientos 25 y 27 de Infantería y Caballería por la costa de Peñas, con 2.000 hombres cada uno. De ello da cuenta el Juez Noble -denominación antigua del alcalde local, don Juan del Busto Valdés- en un acta dirigida al presidente de la Junta de Armamento de Asturias el 29 de junio de 1809.

    Según describe Del Busto, los franceses se dividieron al entrar en Candás. Mientras que el regimiento número 27 se quedó en la villa, el 25 la abandonó, para dirigirse a la vecina Luanco. Nada más llegar los invasores ocuparon las camas de los candasinos para descansar y se hicieron con facilidad de sus aprovisionamientos de carnes, pan o leña.

    Los franceses no encontraron resistencia a su entrada, ya que el Regimiento de Candás y Luanco se encontraba más allá de las fronteras municipales, donde decidió la patria española llevarlos.

    Además, el sitio estratégico de Candás permaneció desguarnecido a la llegada de las tropas de Bonaparte, debido a que a comienzos del siglo XIX fueron retiradas de la villa las fuerzas militares del polvorín local y las guardias sobre las baterías de San Antonio, que luego fueron ocupadas por el paisanaje sin éxito, ya con la guerra comenzada. Los franceses cercenaron cualquier posibilidad de insurrección por parte de los locales, lanzando al mar las 200 armas que se estima, según la documentación existente, que se encontraban en la villa, así como los cañones que se hallaban en el alto de San Antonio, frente al mar.

    Estos cañones, recuperados, apuntan hoy en día amenazantes, aunque inofensivos, a un mar que hace doscientos años fue escenario del paso de los navíos franceses y también ingleses. Durante el tiempo que duró la defensa inglesa en apoyo de la flota española de la costa carreñense, el pueblo disfrutó -espabilado, como es el caso de Carreño- de unos pocos días de faena en la mar. Los marineros candasinos se sentían seguros con la presencia de los navíos ingleses, lo que aprovechaban para desarrollar la más ancestral de las labores del lugar: la pesca.

    Para Marino Busto no cabe ninguna duda de que al paso de los franceses por la capital de Carreño le es justa la leyenda negra que sobre ello se ha escrito: «Las personas de más edad solamente recordaban oscuras noticias, difuminadas e inconcretas, sobre las fechorías cometidas por los franceses, que habían arruinado a los labradores y empobrecido el concejo». La población del concejo las sufrió no sin desesperación, y, como recuerdan las actas parroquiales, la iglesia de San Félix tocó a rebato varias veces, ante el temor de la presencia de las tropas extranjeras en el lugar.

    Hambruna

    Y es que el pueblo sufrió duramente la ocupación extranjera. Si bien se tiene constancia de algún ajusticiamiento esporádico entre los locales, fue la hambruna la que se cebó con los candasinos y la que sumió a la villa marinera en la más absoluta pobreza. Todo ello al margen de crímenes, robos e incluso violaciones por parte de los de Bonaparte. Mientras se imploraba al Cristo de Candás por el éxito de las armas del Ejército, los franceses se llevaban al cuartel de Gijón el tesoro del «Camerín».

    Y, entre tanto, el Regimiento de Candás y Luanco, también conocido como «División de Carreño», formado en su mayoría por voluntarios y, dicen, «obligados» de ambas localidades, dejaba, a tenor de los historiadores, en muy buen lugar el nombre de sus orígenes, defendiendo a la nación en crueles batallas como la de Espinosa de los Monteros, en Burgos, donde perecieron más de 300 de los 400 soldados que la integraban. Fue en noviembre de 1808.

    La bandera de este regimiento, convertido posteriormente en símbolo del orgullo del pueblo carreñense, fue aclamada en Candás un 23 de junio de 1816, una vez los franceses fueron expulsados más allá de los Pirineos. La enseña, raída y ensangrentada por todos los avatares que había padecido, fue paseada por las calles de la villa hasta encontrar descanso a los pies del Santísimo Cristo de Candás, que finalmente había escuchado las plegarias de sus fieles candasinos.

    ¡Cuántos paralelos con nuestra situación, doscientos años después! Con la diferencia de que, ay, nuestro pueblo no tiene la solidez, la coherencia y el valor del de entonces. Las escasas Fuerzas Armadas actuales son empleadas para servir a los intereses extranjeros, y dejan desprotegidos a los nuestros. Hablando de pescadores, como los de Candás de cuando la francesada, ¿qué decir de los pescadores españoles? El afrancesado Gobierno de la nación paga rescate a los piratas somalíes que secuestraron el pesquero vizcaíno «Playa de Bakio», invitando así a que los piratas sigan atacando y ganando buen dinero. Mientras tanto, las unidades de la Armada bombardean a la resistencia iraquí por cuenta de la ocupación estadounidense; la Fuerza Aérea está destinada en Afganistán, por lo mismo, en falsa misión humanitaria (en combate, pero sin que nuestras tropas cobren por ello, ni se reconozca ante la opinión pública). Vamos, restos godoyescos, pero sin la dignidad y sin el poder de entonces.

    2 comentarios

    • La Nueva España, domingo 18 de mayo de 2008:

      Los héroes vuelven a tomar la calle

      El Ateneo Jovellanos organizó en la plaza del Marqués una recreación de la algarada del 5 de mayo de 1808, cuando el pueblo gijonés se sublevó contra el cónsul francés

      La plaza del Marqués revivió ayer la revuelta del 5 de mayo de 1808, el episodio más importante ocurrido en Gijón durante la guerra de la Independencia contra los franceses. La casa de Paquet, cónsul honorario de Francia hoy, hizo las veces de Consulado francés y el palacio Revillagigedo se convirtió en el acuartelamiento de la tropa del Regimiento Provincial de Oviedo. La simulación, encargada por el Ateneo Jovellanos al grupo cultural Arhca, contó además con miembros de la Banda de Gaitas «Villa de Gijón» y del Grupo de Danzas Jovellanos, que interpretaron al pueblo. LA NUEVA ESPAÑA publica, a partir del próximo domingo, un coleccionable gratuito sobre la guerra de la Independencia: cuando Gijón rechazó al invasor francés. Tal como ayer.

      Eloy MÉNDEZ

      Hace doscientos años Gijón era un polvorín a punto de estallar contra la invasión del Ejército francés. Las tropas napoleónicas se habían echo dueñas de la situación en la práctica totalidad de España; y Asturias no era la excepción. Desde Madrid llegaban noticias de la dura represión que los soldados del país vecino habían impuesto por orden del Emperador y de su hermano, el rey José Bonaparte. El pueblo gijonés cogió entonces las riendas de su propia historia y se echó a la calle para luchar contra un poder que entendían ilegítimo. Ayer, el grupo cultural Arhca, por encargo del Ateneo Jovellanos, organizó una recreación de la algarada del 5 de mayo de 1808, uno de los principales sucesos que conmocionaron a los gijoneses en aquel tiempo. Las inmediaciones de la plaza del Marqués se retrotrayeron doscientos años y por las calles de Cimadevilla volvieron a transitar gentes del pueblo llano entre soldados de la tropa de Regimiento Provincial de Oviedo. Fue, en palabras de los propios organizadores, «la mejor forma» de rendir homenaje a los héroes populares de la guerra de la Independencia.

      Aproximadamente medio millar de personas presenciaron la exhibición detrás de unas vallas colocadas a escasos metros del palacio Revillagigedo. «Hay que tener en cuenta que los hechos que hoy interpretamos ocurrieron realmente en la calle Corrida, donde estaba por entonces el Consulado francés, pero por razones de seguridad no podíamos hacer allí la representación», aseguraba un miembro de Asociación de Recreación Histórica y Cultural de Asturias (Arhca). La simulación comenzó con los personajes del pueblo llano, a los que dieron vida miembros de la Banda de Gaitas «Villa de Gijón» y del Grupo de Danzas y Coros «Jovellanos», a las puertas de la casa de Paquet, Consulado francés años más tarde y hasta hoy. Estos sublevados pedían explicaciones al cónsul por el lanzamiento de unos panfletos contra la monarquía española. Los gritos y golpes contra la puerta se acallaron con la llegada de los soldados del Regimiento Provincial de Oviedo, que hicieron sonar la pólvora en defensa del diplomático y por orden del poder establecido.

      A pesar de ser gijoneses, los miembros de este cuerpo provincial se vieron obligados a cargar contra el pueblo, «muy a su pesar», tal y como se recordó por la megafonía durante el acto. Una vez acallada la protesta, la segunda parte de la acción se desarrolló en el palacio Revillagigedo, que hizo las veces del acuartelamiento militar. Allí, el pueblo vuelve a pedir explicaciones a las tropas, ataviadas con los uniformes de la época, y éstas deciden finalmente no cumplir con el encargo gubernamental de reprimir las protestas. Un comportamiento heroico que ayer recibió el homenaje de los descendientes de aquellos héroes de la calle.

      Para entender mejor el espíritu del alzamiento contra los bonapartistas y los afrancesados, que poco tiene que ver con lo que ahora nos cuentan, sugerimos estar atentos a este enlace: http://www.carlismo.es/2demayo/

    • En relación con lo que en la entrada comentábamos sobre los secuestros por los piratas somalíes y la indigna actitud del Gobierno, un despacho de la agencia FARO.

      Ponen en libertad piratas somalíes capturados

      Madrid, 8 mayo 2009. En una nueva demostración de la absoluta degradación del papel de España, de la indefensión de los súbditos españoles en el extranjero y de que el sacrificio de los exiguos restos de las Fuerzas Armadas en misiones internacionales sirve para bien poco, el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu se ha visto obligado, contra su voluntad expresa, a decretar la puesta en libertad de los piratas somalíes apresados por la Armada española.

      De la confusa espiral de explicaciones dadas por la fiscal Blanca Rodríguez, la Ministro de Defensa Carmen Chacón y el Secretario de Estado para la UE, Diego López Garrido, sólo se saca en claro que un “canje de notas” entre la Unión Europea y el Gobierno de Kenia se considera motivo suficiente para renunciar a la jurisdicción y permitir la segura fuga de los piratas; que el Gobierno, una vez más, evita cuidadosamente cualquier acción que conduzca a la recuperación del respeto que España y sus Fuerzas Armadas merecen, y se muestra en cambio preocupado por evitar que en los posibles juicios en Kenia se aplique la pena de muerte a los piratas (la que corresponde según la vieja ley del mar, y que la propia Armada española debería aplicar in situ). La “oposición”, por supuesto, no tiene nada que decir.


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