La Nueva España de hoy se ocupa de la parroquia gijonesa de Baldornón. Parroquia que sufre, como casi toda Asturias, la tiranía llingüística (qué se va esperar de esa tropa de ignaros que aún se empeña en llamar «Xixón» a la villa de Gijón), mientras carece de línea de autobús o de saneamiento. En cuanto a la señal de televisión, no saben la suerte que tienen: mucho mejor vivir sin ella.
La parroquia, contraria a que el Ayuntamiento haya cambiado la forma de escribir su topónimo, avanza a paso lento y se muestra cada día más necesitada de savia joven
Miriam SUÁREZ
Hace poco más de un año, en Baldornón todavía funcionaban los teléfonos de batería. La instalación de la línea de palo, tan esperada, no fue, sin embargo, un avance para tirar cohetes. Y es que, para entonces, hasta en la última casa de la parroquia se usaba el móvil. Cosas de la tecnología, que en territorio rural se atropella.
Baldornón es y ha sido, en general, de transformación lenta. Hoy en día, en pleno dominio del cable, los vecinos claman por un receptor de televisión convencional. Se conforman con poder ver los canales básicos, porque a la sombra de la Peña de los Cuatro Jueces no se recibe con nitidez ni la señal de las cadenas públicas. Encender el televisor es, sobre todo para los mayores, sinónimo de compañía. En Baldornón abundan las canas, así que no es de extrañar que este receptor sea una de las prioridades vecinales.
La parroquia entró en 2007 con 198 habitantes, tres más que el año pasado. A pesar de esta pequeña alegría demográfica, los vecinos de Baldornón tan sólo representan el 0,7 por ciento de la población rural gijonesa y siguen viviendo en una de las zonas más mermadas del concejo, junto con Ruedes y Veriña. Las tres cuartas partes de sus habitantes superan los 65 años de edad, y este envejecimiento es ya idiosincrasia de la parroquia.
«Por toda esa gente mayor es tan importante que nos pongan un receptor de televisión o que nos doten del servicio de autobús», incide Eduardo Suárez, presidente de la Asociación de Vecinos «La Raposa». En su opinión, es incluso más importante que la llegada del saneamiento, que ya es decir. Actualmente, el transporte público para a tres kilómetros de Baldornón, en la carretera de la Pola. Que los autobuses de la empresa municipal Emtusa no entren en el corazón de la parroquia supone un trastorno capital para quienes ya no están en edad de coger el coche.
Con estas carencias, los vecinos no entienden cómo es posible que los políticos «se entretengan cambiándonos el nombre del pueblu». Ampollas ha levantado en toda la parroquia la reciente revisión de la toponimia gijonesa.
Urbanismo sólo ha consentido 18 construcciones en la zona durante los últimos seis años
Según publicó el «Boletín Oficial del Principado de Asturias», el extremo suroriental del concejo ya no se llamaría Baldornón, sino Valdornón. Los vecinos no reconocen esa «v» e instan a la Administración a que «se deje de pijaes», enarbolando libros del siglo XIV en los que su parroquia viene escrita con «b».
Pese al cambio, hay papeles expedidos por el propio Ayuntamiento en los que todavía sigue apareciendo el topónimo anterior. Pero los expertos de la «llingua» recuerdan que el nombre de la parroquia viene de Val del Ranón y que si acabó escribiéndose Baldornón con «b» fue por una transcripción errónea.
Los sabios de la zona tienen respuesta para eso y para mucho más: «Mira tú por dónde, durante todos estos siglos no hubo más listos que ellos para enmendar el error». Está claro que quienes revisaron el nomenclátor de Baldornón no hablan el mismo idioma que los vecinos. Si no tampoco habrían cambiado el nombre del Bebederu de Tarna por un «fino» Abrevadero de Tarna.
Con todo, el debate de la «b» y la «v» no es más que una anécdota en comparación con la polémica urbanística de la que fue partícipe Baldornón y, en definitiva, toda la zona rural. La parroquia apenas puede crecer con el nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). Sus 7,3 kilómetros cuadrados de extensión están sujetos mayoritariamente a protección paisajística y, por tanto, las fincas urbanizables se cuentan con cuentagotas.
En los últimos seis años, el Ayuntamiento sólo ha concedido 18 licencias de construcción en la parroquia, y en su mayoría para rehabilitaciones de casas ya existentes. Se intenta así preservar la la esencia rural de una de las aldeas más puras del concejo. Pero los vecinos, que dicen ser los primeros interesados en que la zona no se masifique, advierten de que las restricciones municipales son excesivas y ahuyentan a las nuevas generaciones. Ya no queda ni quien organice las fiestas del Rosario.
«Los nativos de aquí, si no tienen sus fincas dentro del núcleo rural, no pueden edificar y sus hijos o nietos tienen que irse a vivir a otra parte. La gente joven se nos está marchando», lamenta José Manuel Vallina, otro de los portavoces vecinales de la parroquia. Ahora mismo, Baldornón no llega al centenar de viviendas. En el borde periurbano del concejo, por el contrario, cruzan los dedos para que el cemento no siga ganando terreno. Los vecinos se preguntan si no puede haber un término medio.
¿Cómo retener a los más jóvenes de la parroquia si no se les facilita una parcela urbanizable donde poder echar raíces? Baldornón tiene un solo bar, una pequeña pista deportiva y una bolera. Todo ello en Santa Eulalia (Santolaya), barrio que ejerce la capitalidad de la parroquia. En las antiguas escuelas, rehabilitadas por el Ayuntamiento, comparte con Fano un centro social «muy curioso».
Son las dotaciones de una parroquia donde, en estos últimos tres años, el gobierno municipal ha invertido un total de 451.534 euros. Según los números que echa la concejalía de Zona Rural, se han gastado 2.316 euros por vecino. La obra estrella: la urbanización del barrio de Quintana, donde se sitúan algunos de los tesoros arquitectónicos y etnográficos de la parroquia. Como, por ejemplo, la panera de doce pegollos y la casona del año 1760 que Pedro Farias, director de la Escuela de Ingeniería Geológica de Mieres, ha rescatado del paso del tiempo.
El presidente de «La Raposa» reconoce que los caminos están muy mejorados y que es todo un avance que, antes de que termine el año 2007, el Ayuntamiento vaya a iluminar los del Gañón, Castañeda, Treboria y el Caleyón. Ahora, haría falta pavimentar la carretera general desde la Bustia a Salientes. Esta vía de entrada a la parroquia, además de curva y cosida a baches, tiene tramos con un ancho que apenas llega a los cuatro metros.
Pero, a la hora de hablar de cambios, no sale a relucir ni ésta ni ninguna de las obras ya ejecutadas en la parroquia. Porque si Baldornón ha cambiado no es tanto por el hormigón de los caminos como por el vuelco que ha experimentado su actividad ganadera y agrícola. En este caso, para peor. «Hace diez años, casi todo el mundo tenía siete u ocho vacas de leche y podía vivir de ello. Ahora las vacas ya no dan leche, dan pena», señala Eduardo Suárez, «y las huertas que hay son algo testimonial».
Los últimos datos de la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei) confirman las palabras del portavoz de los vecinos de Baldornón. En 2005 había registradas en la parroquia 41 explotaciones ganaderas -de tamaño más bien pequeño- y ya ninguna de ellas se dedicaba exclusivamente a la producción de leche. Desde la entrada del nuevo siglo, el sector en Gijón ha menguado un 61 por ciento, y Baldornón no se escapa al declive de las estadísticas. Les queda la esperanza de que «quizás algún día» haya jóvenes que levanten la parroquia.
Y con b de buena idea nos unimos desde Voluntad a la convocatoria de ACA: manifestación el sábado 21, contra la destrucción de Asturias.
La Asociación de Colectivos Asturianos convoca en el Día de la Tierra una protesta contra el «expolio»
La Agrupación de Colectivos Asturianos (ACA) ha convocado para el próximo sábado, 21 de abril, Día de la Tierra, una manifestación contra el «expolio y la destrucción de Asturias». Saldrá a la una de la tarde de la plaza de El Humedal. Varios representantes de ACA estuvieron ayer en la Escalerona repartiendo folletos informativos sobre la manifestación y el urbanismo en la región.
En varias pancartas colocadas en el Muro los convocantes critican la actuación de los políticos y ayuntamientos en sus actuaciones urbanísticas. «Tolerancia cero con la ilegalidad» o «De Paraíso Natural a Basurero Industrial» eran algunos de los lemas que se podían leer como crítica a la construcción de viviendas en las costas, de campos de golf y de las centrales de ciclo combinado. Y en Gijón, más concretamente, con la regasificadora.
Los responsables de ACA decidieron hacer la concentración en Gijón como conmemoración del tercer aniversario de la segunda «marcha verde» y por ser una ciudad costera. Además, coincide con la reciente anulación por parte del Tribunal Superior de Justicia de Asturias del Plan General de Ordenación Urbana de Llanes.
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5 comentarios
Domingo, 15 Abril 2007 a las 19:29
Aunque no toque directamente a nuestra comarca, merece reproducirse este artículo, aparecido en La Nueva España de Gijón el 13 de abril de 2007.
Martes, 17 Abril 2007 a las 18:30
Hoy en La Nueva España:
Agricultura ecológica sí, por favor. No «turismo rural de calidad». Ya hay demasiadas cosas «rediseñadas» en el concejo.
Jueves, 19 Abril 2007 a las 20:52
En La Nueva España de hoy:
Martes, 22 Julio 2008 a las 21:25
Carta al director en El Comercio.
Nada hay en contra de la denominación popular del Cerillero, dada a La Calzada Alta. Es ridículo oficializarla, y encima en detrimento de la de siempre. Y encima hacerla terminar en u, cosa que sus vecinos nunca hicieron. Otro atropello más, este en la línea imbécil, de la izquierda plural municipal y sus aliados (que no oposición) del PP.
Martes, 29 Julio 2008 a las 21:28
Carta al director en El Comercio.