Triunfó el Señor. En la cruz ofreció el sacrificio que limpia nuestros pecados; al resucitar de entre los muertos nos ofrece la esperanza de resucitar nosotros también. Siempre que –pro multis– permanezcamos en gracia y en su Iglesia.
Para estropear la alegría de este domingo, en La Nueva España de Gijón el infame presbítero Díaz Bardales, inveterado enemigo de la Semana Santa y en general de todo lo que es católico. Sale en defensa, cómo no, de los payasos de la iglesia madrileña de San Carlos Borromeo y del clero separatista de las diócesis vascongadas, del cual imita hasta la parla batúa. Lástima que no empaqueten para San Sebastián al reverendo señor Díaz. Allí, en la diócesis más disminuida de España, encajaría perfectamente. (No caerá esa breva: el honor de Cristo y de su Iglesia, la defensa de la Fe y el castigo de los escándalos no son prioridades para don Carlos Osoro).
Resarzámonos un poco. Vamos a recordar con El Comercio la procesión del Santo Entierro, el pasado Viernes Santo:
Cerca de 400 personas integran la comitiva de la procesión de Viernes Santo, seguida por miles de fieles y turistas. La Soledad regresó ayer a su capilla
TEXTO:/MIGUEL ROJO / FOTOS: JOAQUÍN BILBAO / GIJÓN
Apenas sin descanso, tras la multitudinaria procesión del Viernes Santo, los cofrades madrugaron ayer para acompañar a la Virgen de la Soledad en el viaje de regreso a su capilla, en el barrio de Cimadevilla. La procesión, conformada por un centenar de miembros de las tres hermandades gijonesas, estuvo presidida por el arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro y el párroco de San Pedro, Javier Gómez Cuesta, acompañados por el rector de la Basílica del Sagrado Corazón, Julián Herrojo.
Acompañada por el frío de la mañana y San Juan Evangelista (o San Juanín de la Barquera, como le conocen sus devotos), la Soledad partió de la iglesia de San Pedro a las nueve en punto bajo los compases de un también solitario tambor. Los miembros de las hermandades de la Santa Misericordia, el Santo Sepulcro y la Santa Vera Cruz formaron en los jardines de Campo Valdés ante la atenta mirada de un centenar de fieles, que coincidieron en la calle con algún rezagado que volvía a casa aún embriagado por la noche gijonesa y los vendedores que montaban sus puestos en la feria de artesanía de la plaza Mayor.
Tras una lectura a cargo de uno de los nazarenos, el arzobispo dio inicio al rosario y, tras el primer misterio, la comitiva inició su camino. En cada parada de los pasos (o ‘chicotá’ que dirían en Andalucía), se recordaba un nuevo misterio y se le rezaba a la Virgen. Tras atravesar la plaza Mayor, con las dos imágenes ya de cara a la mar en la plaza del Marqués, se llegó al cuarto misterio y se inició la subida al histórico barrio de Cimadevilla.
Frente a la capilla de la Soledad, Osoro rogó que «con la intercesión de la Virgen, esta mañana desde Gijón, ayudes a esta Iglesia de Asturias que camina unida y nos des la salud del cuerpo y el alma». Después inició el canto de la Salve, que fue seguido por todos los presentes.
Fue entonces cuando un grupo de nazarenos comenzó la operación de devolver a la Soledad a su capilla mientras el resto de la comitiva acompañaba a San Juan Evangelista de regreso a San Pedro. «Ya está de vuelta en casa y ahí se quedará hasta setiembre», celebró uno de los cofrades una vez que la Virgen había entrado en la capilla. Será en la festividad de la Soledad cuando vuelva a la calle para que pueda ser contemplada por los vecinos.
Osoro destacó de esta procesión «el silencio, la serenidad y la reflexión con las que la Iglesia acompaña en el dolor a la Virgen, a la espera de las promesas de resurrección del Señor».
«¡Arriba con ella!»
Más multitudinaria, con las calles abarrotadas, fue la procesión del Viernes Santo. Poco después de las ocho de la tarde, fueron saliendo también de la iglesia de San Pedro las imágenes para celebrar el Santo Entierro de Cristo. «¡Arriba con ella!» animaba el capataz de la hermandad de la Santa Misericordia a sus costaleros. Entre los 16 cofrades, uno de ellos descalzo, elevaron por primera vez la imagen de la Dolorosa, que abría la procesión.
Tras el paso, las camareras de la Virgen, veinte mujeres de negro riguroso, con mantilla española y rosario en la mano, acompañaban a la madre de Jesús en tan luctuoso día. La Banda de Música de Gijón daba ceremoniosidad al discurrir lento y parsimonioso de los cofrades y su séquito.
De gris y púrpura, los hermanos de la Santa Vera Cruz -uno de ellos portando la corona de espinas que sufriera Jesucristo- acompañaban a la Piedad al pie de la Cruz, a la que abrían paso 16 miembros del Cuerpo Nacional de Policía con su traje de gala. Tras ellos, la banda de tambores de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades Penitenciales de Gijón.
Junto a la urna con el Cristo yacente desfilaron los hermanos del Santo Sepulcro, escoltados por siete miembros de la sección de gala de Protección Civil, que se sumaban a otros 20 voluntarios que se encargaron de apoyar a la Policía Local en la complicada tarea de dirigir el tráfico y controlar a la multitud que contemplaba el paso de la comitiva. También participó con una representación de su banda de cornetas y tambores la hermandad de Jesús Cautivo, de Oviedo.
Mientras los pétalos caían de alguna ventana, Nuestra Señora de la Soledad cerraba la procesión sobre los hombros de 18 portadores. Arropada con un manto negro y oro, pasó ante la mirada de miles de personas que, con su silencio, sólo roto por los compases de las bandas de música, acompañaban con respeto el paso del Santo Entierro. En total, cerca de 400 personas tomaban parte de la procesión, que se dio por concluida cuando las imágenes regresaron a la iglesia de San Pedro poco después de las diez y media de la noche.
Muchos fieles aprovecharon para tocar los tronos de las imágenes y, algunos, hasta derramaron alguna lágrima. Fueron días de luto y llanto que hoy se verán aliviados con la celebración del Domingo de Resurrección, en el que los pasos de la Virgen de la Alegría, San Pedro Apóstol y Jesús resucitado se encontrarán en el Campo Valdés a eso de la una menos cuarto de la tarde. Después se celebrará la misa de Pascua en la iglesia de San Pedro.
Lo sentimos por el cronista Miguel Rojo, pero más lo sentimos por tener que leerlo nosotros. ¿A qué viene, por desgraciado ejemplo, lo de «parada de los pasos (o ‘chicotá’ que dirían en Andalucía)»? ¿Tan superficial, tan televisivo es su conocimiento de las procesiones de Semana Santa, como para suponerlas de origen sevillano? Aunque pensándolo bien: si su conocimiento de la religión viene por las palabras de los Osoros, Díaz Bardales o Gómez Cuestas, bastante bien lo hace.
En todo caso, quedémonos con el mejor hacer de Villaviciosa:
El Desenclavo reunió el viernes a más de 5.000 personas en la procesión culminante de la Semana Santa maliaya, una de las más notables del Norte de España
LUIS CASO/VILLAVICIOSA
Majestuosas a su paso por el casco antiguo de la población, las procesiones de Semana Santa en Villaciciosa han vuelto a demostrar por qué los visitantes están de acuerdo con los vecinos al calificarlas de «imponentes, espectaculares y emotivas». Las celebraciones religiosas maliayas han refrendado, una vez más, que son las mejores del norte de España. Lo han constatado las miles de personas, llegadas de dentro y fuera de la región, que participan en ellas mezclando la religiosidad, el turismo y la reconocida gastronomía del concejo, cuyas instalaciones hoteleras, tanto en la zona urbana y la rural, están este año al ciento por ciento.
Aunque los actos finalizan esta mañana con la procesión de El Encuentro, el punto culminante tuvo lugar el viernes por la tarde con la celebración del Desenclavo, también conocido como Descendimiento. Con su dramatismo, es un acto muy emotivo tanto para los creyentes como para los que no lo son tanto.
Impresión literaria
Acerca de ese momento, el dramaturgo Alejandro Casona llegó a escribir: «Nunca podré olvidar el pasaje litúgico que más emoción sentí: el Descendimiento, en la tarde de Viernes Santo en Villaviciosa. La imagen de Cristo era desclavada de la Cruz, recogida y llevada al Sepulcro por los nazarenos, como figuras animadas, mezcla insólita de verdad humana y teatro litúrgico de carne popular y bellas tallas. No llegué a sentir tanto patetismo, con tanta fuerza de sugestión ni cuando la vi realizada en vivo en la Semana Santa de Lorca, ni cuando la vi interpretada por los indios de Ixtapalapa en México»
El acto, presidido por el pleno municipal con su alcalde a la cabeza y varias autoridades militares, comenzó con el sermón del sacerdote, Juan Hevia. Al mismo tiempo, varios nazarenos iban desclavando el cuerpo de Jesús para postrarlo en una urna plateada velada por gastadores del regimiento Príncipe -con base en Cabo Noval- con movimientos marciales. Después de ese momento de emoción, se formó la procesión, a la que no faltó como costalero, una vez más, el conocido gaitero maliayo José Angel Hevia.
El desfile, organizado por la Cofradía de Jesús Nazareno, estuvo formado por una docena de pasos de gran valía artística, acompañados por la banda de cornetas, gaitas y tambores del regimientoo, la banda de música local y la policía urbana con uniforme vestida de gala. Las imágenes pasaron por varias calles de la villa, acompañada por más de 5.000 personas, entre las que se encontaban los diputados regionales del PP José Manuel Felgueres, Ramón García Cañal y Ovidio Sánchez. Sólo los sonidos de trompetas y tambores rompieron un silencio sepulcral durante una hora de recorrido.
(Suponemos que los del PP estaban allí en calidad de escribas y fariseos rezagados). Lo de mezclar el Viernes Santo con la gastronomía y la hostelería es vomitivo. Parece que para conservar la alegría de la Pascua, va a ser necesario dejar de leer los periódicos.
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3 comentarios
Domingo, 8 Abril 2007 a las 8:05
Más crónicas, por no hacer demasiado larga la entrada principal, a continuación. De La Nueva España de hoy:
¡Home, Julianón! ¿Qué ye eso de «la creciente implicación ciudadana, que viene de ciudadano por si la aclaración fuera precisa»? Gijón es villa, y no ciudad; y villanos tampoco lo somos especialmente. Lo de «ciudadano», además de cursi, suena al himno anticristiano por excelencia: Aux armes, citoyens ! Formez vos bataillons ! Marchons, marchons ! Qu’un sang impur… Abreuve nos sillons !. Mejor alabemos «la creciente implicación vecinal, que viene de vecino por si la aclaración fuera precisa». En cuanto a la Chata Isabel, ni era Infanta ni era de Borbón; era, eso sí, una mujer simpática, y piadosa a su manera.
Lo del «único paso que se libró de la destrucción durante la guerra civil» quiere decir, ya saben, el único que se libró de su destrucción a manos de los rojos (o sea: a manos de los del PSOE, PCE y CNT. Sobre todo de los del PSOE, porque los otros eran poquitos). Como en Gijón, que –excepto una urna– nada se salvó de la imaginería de la villa. Ni de los templos, ni de los ornamentos, ni de los archivos… Todo destruido por los antecesores de la «Ciudad de la Cultura» (oh la la, la culture).
Lunes, 9 Abril 2007 a las 0:18
Debería usted diversificar más la temática de sus comentarios de bitácora.
Lunes, 9 Abril 2007 a las 0:28
Limitados somos… En Voluntad hay un poco de casi todo; pero estos días preferimos ocuparnos de la Semana Santa más que de otras cosas. En todo caso gracias por la sugerencia.