… colgaban de una cruz a los ladrones.
Y ahora, en pleno siglo de las luces,
del pecho del ladrón cuelgan las cruces.
Tienen ya años los versos; más que los años que hace que desapareció el Ateneo Obrero de Gijón, más incluso que los años que hace que se fundara la desaparecida institución.
Viene esto a cuento porque la prensa de hoy (por ejemplo La Nueva España o El Comercio) da cuenta de que el pleno del Ayuntamiento de Gijón se dispone a otorgar la medalla de oro de la villa (ellos dicen «ciudad») al «Ateneo Obrero, coincidiendo con su 125.º aniversario».
Veamos. El Ateneo Obrero de Gijón desapareció definitivamente en 1937. La asociación que ahora usa ese nombre se montó, con dinero de los contribuyentes, más de cuarenta años después, por capricho de Daniel Palacio, difunto marido de la ahora alcaldesa. El farmacéutico Palacio, de verdadera profesión sus fincas y sus ocurrencias, fue variando de color político a medida que sus luces se lo indicaban. Con cierto retraso, vaya. Así, de exaltado nazifascista y riguroso falangista devino en socialcomunista, tras otros devaneos (entre ellos dos intentos de hacerse carlista, lo que no consiguió porque en la Comunión Tradicionalista le rechazaron). Cuando el Ayuntamiento ya estaba en poder del PSOE, éste utilizó los impuestos de los gijoneses para montar el nuevo Ateneo Obrero. Entre otras muchas diferencias con el original, no había ningún obrero entre los promotores del nuevo. Pero sí había una irresistible vocación al parasitismo social, como muestran las subvenciones de que ha seguido gozando, tras su instalación «gratis total».
El Ayuntamiento, en su estrategia mixtificadora, da también merecidas medallas de plata a «Los Xustos», «Aires de Asturias», la agrupación «Pelayo» de Buenos Aires, el grupo «Jovellanos», la Hermandad de Donantes de Sangre y al grupo de montaña Torrecerredo. En realidad ofende a estas entidades, dando la de oro a una cara fantasía sectaria como el nuevo «Ateneo Obrero». Y ofenden ambos a dos –el contubernio municipal PPSOE/IU/BA y el neoAteneo Obrero– la inteligencia y la memoria de los gijoneses celebrando ese 125º aniversario, tan verdadero como el cristianismo según José María Díez-Alegría o las historias navideñas de Carmen Rúa.



En La Nueva España de hoy:
Nótese que Fernández Pardo considera bien otorgadas todas las restantes medallas. La particular omertà de los políticos.